domingo, 8 de mayo de 2011

JANIS RECUERDA A SU PADRE A LOS 50 AÑOS DE SU MUERTE

LA VANGUARDIA, Barcelona, Luis Fernando Romo | Nueva Cork, 08May11
Cooper se arrepintió por rechazar 'Lo que el viento se llevó', y del aborto de su amante, Patricia Neal.


Millones de personas le soñaron en blanco y negro y representó el icono de la bondad, pero para Maria fue, simple y llanamente, papá. El próximo 13 de mayo se cumplen cincuenta años de la desaparición de Gary Cooper y así, de repente, a 24 fotogramas por segundo, recordamos sus magistrales interpretaciones en Bola de fuego, El sargento York o Sólo ante el peligro.
Pero los cotillas cinematográficos hurgan en su corazón y sacan a la palestra sus romances con otras estrellas de su mismo universo como Clara Bow, Lupe Vélez, Marlene Dietrich, Ingrid Bergman o Patricia Neal. Su hija se queda atónita. Y matiza: “¡Pero si Ingrid fue una amiga de la familia! De hecho, me llevo fenomenal con su hija Pia”. No dice casi nada de Neal, con quien se lió durante el rodaje de El manantial (1949), se quedó embarazada, abortó y siempre se arrepintió. Por ello, Gary y su esposa, la guapísima Verónica Balfe, alias Rocky, se separaron entre 1951-54.
“Lo pasé muy mal. Estuve sin hablarme con Patricia durante muchos años, hasta que ella tuvo una apoplejía, le escribí una carta, nos reencontramos, me contó que su marido, el escritor Roald Dahl la había dejado por su mejor amiga y nos reconciliamos”. Maria es una prestigiosa pintora. De hecho algunos de sus cuadros cuelgan en casa de alguno de los miembros del clan Kennedy, como Patricia Kennedy, exmujer del actor Peter Lawford.
Sentada en el salón de su apartamento de Park Avenue, recuerda a su padre: “Era un caballero y trataba por igual a todo el mundo, fuera la reina de Inglaterra o ante el que arreglaba las bicicletas. Tenía un gran sentido de la justicia y una vena cómica que solo supo explotar Billy Wilder”.
Debutó en el cine en 1925 e intervino en Alas (1927), que ganó el primer Oscar y supuso su despegue en Hollywood y el inicio de su romance con Clara Bow. A finales de los treinta protagonizó la metedura de pata más grande de su carrera: “Rechazó el papel de Rhett Butler (Clark Gable) en Lo que el viento se llevó porque pensó que iba a ser un fracaso. Siempre se arrepintió”, asegura Maria.
Estuvo nominado tres veces a los Oscar por El secreto de vivir (1936), El orgullo de los Yankis (1942) y Por quién doblan las campanas (1943), y lo obtuvo en tres ocasiones, por El sargento York (1941), Solo ante el peligro (1952) y otro honorífico en 1961.
En las reuniones familiares alrededor del piano de su casa era habitual ver a Maria rodeada de Bing Crosby, Judy Garland o Frank Sinatra, pero a pesar del entorno, recalca que su infancia fue muy normal. “Mi padre quería que limpiara mi cuarto o que hiciera la cama. Junto a él aprendí a montar en bici, a esquiar, a bucear...”. Fue gran amigo de Hemingway, con quien iba de caza y toreaba en España, e intimó con Picasso, que decoraba sus fotos y dibujaba los sobres que enviaba a los Cooper.
Maria recuerda el rodaje de Veracruz pero no conoce a Sara Montiel. Se troncha de la risa con la anécdota de la actriz. Cuenta Sara: “Como no sabía inglés me estudié el guión fonéticamente. Recuerdo la siguiente frase: ‘Would you like to fight with me?’ (¿Te gustaría luchar conmigo? [‘fight’ se pronuncia fait]), la repetí varias veces, y cuando el director dijo acción, dije: ‘Would you like to fuck with me?’ (¿Te gustaría follar conmigo? [Fuck se pronuncia casi parecido a fait], y Gary contestó: ‘Of course’ (Desde luego)”.
“Papá tenía una gran facilidad para quedarse dormido en medio de un rodaje”, confiesa su hija. Enfermo de cáncer, no pudo recoger su Oscar honorífico, así que lo hizo su íntimo amigo, James Stewart. “Eran inseparables. Mis padres fueron sus celestinos. Jimmy tenía cuarenta y pico y no se casaba, así que le presentaron a Gloria, separada y con hijos. Se cayeron bien, se casaron y fue el amor de su vida”. Gary murió seis días después de cumplir 60 años. Unas semanas después, Hemingway se pegó un tiro.

sábado, 7 de mayo de 2011

PÉREZ-REVERTE, TRAS SER CONDENADO POR PLAGIO: «ES UNA EMBOSCADA»

ABC, Madrid, 06May11, 18:05 hora española.

El escritor recurre ante el Supremo la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid que le obliga a pagar 80.000 euros al cineasta Antonio González-Vigil
Foto: Pérez-Reverte, el pasado 29 de abril en el Círculo de Bellas Artes de Madrid
La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado al escritor y académico Arturo Pérez-Reverte a pagar 80.000 euros al cineasta Antonio González-Vigil, que demandó al novelista por plagiar el guión de la película «Gitano», estrenada en el año 2000.

La Audiencia ha estimado parcialmente el recurso de apelación interpuesto por González-Vigil y la entidad Dato Sur S.L contra la sentencia dictada en 2008 por el Juzgado de lo Mercantil de Madrid número cinco que absolvía a Arturo Pérez-Reverte y al director de cine Manuel Palacios de copiar el guión del demandante. Ya en 2003, González-Vigil presentó una querella ante el Juzgado de Instrucción número 29 de Madrid que también fue archivada. Ahora, ocho años después del inicio del proceso judicial en diferentes instancias, el fallo de la sección vigésimo octava de la Audiencia Provincial, al que ha tenido acceso Efe, considera probado que la línea argumental del guión de «Corazones púrpura» de González-Vigil «se ha incorporado» a la obra «Gitano» de Pérez-Reverte, «sin perjucio de que ésta esté además enriquecida con otros matices». En la sentencia, que no es firme y contra la que Pérez-Reverte ya ha presentado recurso ante el Tribunal Supremo, la sala estima que existe «un alto grado de coincidencia entre ambas obras» tras la lectura de los guiones y del análisis de siete informes comparativos. En cuanto a la condena, la Audiencia rebaja de 160.890 a 80.000 euros la indemnización que solicitaba González-Vigil.
Pérez-Reverte, que ya comentó la setencia en Twitter, cree que la decisión de la Audiencia Provincial de Madrid es «una emboscada» de este tribunal y «una clara maniobra de chantaje» para sacarle dinero «después de diez años». En declaraciones a Efe, el novelista considera «extraña» la sentencia y destaca que después de casi diez años, la Audiencia Provincial ha ignorado «dos sentencias penales firmes y una sentencia del juzgado mercantil, además de cinco informes periciales solventes de peritos de la SGAE» y de otras entidades.
«En las tres sentencias se afirma que no hay plagio», asegura Pérez-Reverte, que no entiende cómo ahora la Audiencia basa su fallo, según él, «en un informe parcial de una perito argentina y en el testimonio como perito de un jugador profesional de ruleta que afirma en un informe que, según el cálculo de probabilidades, hay plagio en el guion». Según Pérez-Reverte, el informe de la perito argentina «estuvo encargado y pagado por el demandante, frente a los cinco informes periciales que fueron encargados a petición de juez y fiscales» de las anteriores sentencias. «Me han hecho una cama preciosa», asegura el autor. «Que me digan que necesito copiar un guion de un tío que no conozco ni por lo visto conoce nadie es tan grotesco y ridículo, que sería para reírse si no hubieran llegado tan lejos como han llegado», concluye el novelista.

ETTORE SCOLA CUMPLE 80

LA NACIÓN, ADNCultural, Por Néstor Tirri para LA NACIÓN, Buenos Aires, 06May11
"El cine italiano y toda Italia han perdido identidad", dice el director de Un día muy particular, ya retirado de los sets. No será recientemente


alguien que se parece a Ettore Scola. ¿Será él? "Sí, soy yo", responde, adivinándome al vuelo. Sorprende la absoluta sencillez con que se ha instalado entre los "mortales", como un espectador más, y también, la cordialidad con la que acepta el diálogo con un desconocido que lo está abrumando con una información que acaso ya tenga, esto es, la calurosa repercusión que su cine obtiene en la Argentina.
Participa como jurado o como veedor (ya no me acuerdo) de una sección paralela. "Quiero ver el film de Agosti -aclara-, que ha sido un colaborador de muchos directores y que ahora tiene su oportunidad aquí, como realizador." Esa tarde competía por Italia, en efecto, Il quartiere (El barrio), la película con la que el montajista Silvano Agosti (había compaginado varios films de Marco Bellocchio, desde el inicial I pugni in tasca ), a punto de cumplir 50 años, hacía su debut en la Mostra del Lido.
También eso llamaba la atención en la casi inadvertida presencia de mi ilustre vecino de butaca: el maestro que para entonces acreditaba obras como Nos habíamos amado tanto o Un día muy particular , que ya integraban el lote más destacado del cine del siglo XX, asistía a una proyección de rutina del Festival, sin anuncio ni pompa, sólo para acompañar solidariamente el difícil trance del amigo, modesto "trabajador del cine", que daba su primer paso en el feérico esplendor de Venecia.
Un año después, en la siguiente edición del Festival de la Laguna, almorzando en el patio del Hotel Excelsior con la vestuarista María Julia Bertotto (que formaba parte del jurado), volví a ver al maestro. Caminaba lentamente, meditativo. Lo saludé y le recordé nuestro fugaz encuentro del año anterior. "Ah, sí -evocó-, cuando compareció Agosti con su film ambientado en el barrio de Prati, el mismo barrio en el que yo, pero idealmente, ambienté La familia ."
Con su voz grave, algo aguardentosa, reflexionó sobre el cine italiano de aquel momento: un discurso sereno y sustancioso que atrajo a otros participantes del Festival que andaban por ahí (entre ellos, un muy interesado Harry Dean Stanton). Después saludó y continuó su caminata por los jardines de aquel hotel, la misma terrazza que había sido el espacio ceremonial de la Mostra Internazionale del Cinema en su inauguración, en aquel final de verano de un ya remoto 1932.
En ese entonces el niño Scola tenía apenas un año: todavía no podía enterarse de que el cine era una peligrosa fascinación que hipnotizaba espectadores desde una pantalla de plata. Cuando años después lo descubrió, se enamoró de él y ya no lo abandonó.

En la terrazza del Excelsior, en aquel mediodía veneciano, ese porte nada ostentoso, solitario, ascético y poco locuaz pero al mismo tiempo preciso y denso permitía intuir algunos de los atributos que distinguen a los creadores auténticos. Esos simples rasgos subyacen tanto a la esencia del cine de Scola como a la actitud que este notable cineasta del siglo XX viene sosteniendo a lo largo de todo su periplo productivo y vital; su trayectoria, en fin, se funda en convicciones políticas definidas (aunque siempre se mantuvo al margen de cualquier manejo circunstancial), en una reticencia a participar de frivolidades ("Nunca fui al programa de TV de Costanzo", advirtió, como para afirmar su rechazo a la exhibición mediática) y en una voluntad de profundizar, con sensibilidad y talento para la ficción, en peripecias de la gente y en sacudimientos históricos que, desde su perspectiva dialéctica, repercuten en el individuo.
Como el profesor que él mismo concibió para Vittorio Gassman en La familia , en estos días Scola cumple años y redondea una edad propia de patriarcas. "Sí, ochenta: cada edad tiene su encanto, ¿no?", dice al teléfono, desde su apartamento romano del barrio de I Parioli, y es evidente que se ufana de ello. Llega con la conciencia de haber recorrido un camino de artista y de pensador, una labor luminosa que, sin embargo, según le dictó su proverbial ascetismo, hace unos años decidió dar por concluida, porque consideró que había cumplido su ciclo.

Recóndita armonía
Desde su inicial Parliamo di donne (comedia en episodios de 1964, exhibida en la Argentina con ese título, en italiano, que abreviaba el original Se permettete, parliamo di donne ) hasta el "documental" Gente de Roma , de 2004, la trayectoria de Scola como realizador reitera, a lo largo de una treintena de films, un motivo que se vuelve identificatorio, no tanto como "tema" sino como módulo estructurador de sus obras: el viaje. No siempre el de las road movies clásicas sino más frecuentemente el del corte "vertical", el del viaje en el tiempo, con la intención de revisar los comportamientos sociales a través de etapas históricas.



Nos habíamos amado tanto arranca en el final de la Segunda Guerra y va siguiendo el disímil periplo de tres amigos que se van transformando a lo largo de 30 años ("Queríamos cambiar el mundo, y el mundo terminó cambiándonos a nosotros", dice Nicola, el álter ego del realizador).
La familia centra las vicisitudes de un grupo familiar de clase media desde principios del siglo XX hasta la década de 1980; en ambos casos, mientras el primer plano lo ocupan las peripecias de algunos individuos, la historia del país pesa, en un segundo plano pero indisimulada, sobre sus vidas. Lo mismo ocurre con El baile , La terraza , Mario, María y Mario , así como, en su etapa de guionista (y en colaboración con la implacable dupla Age-Scarpelli), con la inolvidable La marcha sobre Roma , de Dino Risi.
Pero está la otra travesía, la espacial, presente en El viaje del capitán Fracassa (una novela de Théophile Gautier reelaborada por Vincenzo Cerami y Silvia Scola, sobre la gira de unos comediantes) y en la impecable La noche de Varennes (el fallido intento de fuga de Luis XVI y su familia de París, mientras triunfa la Revolución Francesa), sin olvidar la temprana comedia ¿Lograrán nuestros héroes reencontrar al amigo misteriosamente desaparecido en África? , de 1968.
A propósito de esa etapa inicial de su producción, vale señalar que la impronta de la commedia se instalará en la estética de Scola -como también en la de varios de sus colegas coetáneos- para impregnar la mayoría de sus tramas, incluso algunas que se precipitan en la tragedia, como Celos estilo italiano (cuyo título original imitaba irónicamente, en 1970, el estilo de los titulares de los diarios sensacionalistas: "Drama de celos: todos los detalles en la sección Policiales"), con aquel trío irrepetible que formaron MarcelloMastroianni, Monica Vitti y Giancarlo Giannini.
En la dimensión opuesta al viaje, la apelación al "encierro" como recurso de concentración dejó un título clave de la cinematografía italiana: Un día muy particular , exaltado como impecable pieza dramática por aquel maestro de la narrativa peninsular que fue Alberto Moravia en un artículo de L'Espresso de 1977. Mientras un ama de casa y un homosexual se descubren accidentalmente en un condominio que ha quedado desierto, toda la ciudad aclama, en la célebre jornada de julio de 1938, la visita de Hitler a Roma y el encuentro del Führer con Mussolini. Un verdadero hallazgo, que en Estados Unidos se alzó con el Golden Globe al mejor film extranjero (la misma distinción obtuvo en Francia con el César, sin olvidar la nominación para la Palma de Oro que mereció en el Festival de Cannes).
En La cena , ya en una etapa avanzada de su trayectoria (1999), Scola revisa, también, fragmentos de vida que se concentran en el espacio único de un restaurante, ámbito emblemático de los rituales urbanos romanos, durante dos horas.
El restaurante de Flora es una suerte de templo convocante en el sentido de que, con agudeza, allí se congregan figuras de cierta heterogeneidad social, dentro de la complejidad propia de una clase media de rango extendido; se exhiben diversidades sociales y antropológicas, así como una caracterología tan variada como las relaciones y conflictos interpersonales que se desatan en cada una de las mesas.
Con semejante profusión de asuntos y registros, esa vasta producción no podía esquivar el eclecticismo, y en esa condición tal vez resida parte de su fuerza y de su vigencia; es así como se producen saltos sorprendentes en la impronta estética del cineasta: ¿cómo conciliar la aspereza cruelmente grotesca de Feos, sucios y malos con el arrebato melodramático, no exento de cierto halo romántico, de Pasión de amor ?
Sin embargo, hay, en toda la filmografía de Scola, una coherencia interna, una suerte de "humanismo crítico" que va un paso más allá del que ejercitó, antes que él, Vittorio De Sica: una especie de "recóndita armonía" -por apelar a un tópico pucciniano- en la que él mismo se reconoce y que, en definitiva, consagra la continuidad estilística de un autor.

PARA USAR LA EXPRESIÓN "OBRA MAESTRA"
Por Tullio Kezich y Alessandra Levantesi, LA NACION


"Nadie es un gran hombre para su mucamo", se dice desde tiempos de Napoleón. Análogamente se podría afirmar que ningún film, en el momento en que aparece, es una obra maestra para el crítico cinematográfico. Incluso cuando un título es recibido con una justa consideración desde el primer momento, como ocurrió en 1977 con Un día muy particular ; aun en casos así es necesario darles a los clásicos un tiempo para que se revelen como tales. Sólo hoy, cuando gracias a las sofisticadas manipulaciones tecnológicas de la restauración la obra vuelve a resplandecer en la plenitud de su preciosismo de imagen y sonido, se puede usar con tranquilidad la comprometedora expresión "obra maestra". [...]
Después de haberse cruzado casualmente en ese condominio convertido en una suerte de tierra de nadie, desde el momento en que sus habitantes han salido corriendo a festejar y vitorear al dictador alemán, los dos personajes (el ama de casa Antonietta y Gabriele, ex animador radial de la EIAR -la primitiva Rai-, expulsado por homosexual) intercambian frases e inesperadas confidencias, descubren consonancias y disonancias de sus respectivos caracteres y de sus elecciones de vida; llegan a pelearse, movidos por una furia recíproca, y cuando están casi a punto de odiarse, terminan haciendo el amor. Al borde del abismo en el que Europa y el mundo entero están por precipitarse, asistimos a la efímera identificación recíproca de dos almas perdidas. [...]
Visitando o revisitando Un día muy particular , no es ciertamente superfluo el hecho de que el pequeño Ettore Scola, uniformado como ballila [milicias infantiles fascistas], haya visto con sus propios ojos a Hitler en el palco. O enterarse de que Carlo Ponti, siempre atento a la necesidad de conseguir buenos roles para su mujer Sophia, aceptó, sin vacilaciones, producir el film. O recordar cómo el iluminador Pasqualino De Santis, para no desentonar con las imágenes documentales en blanco y negro del prólogo, llegó a la solución de plasmar una textura fotográfica especial, tenue, casi descolorida. O que fue el propio Mastroianni quien sugirió el motivo de la rumba "Aranci!", recuerdo de bailantitas familiares frecuentadas de joven. O que el maestro Armando Trovajoli,a requerimiento del director, en media hora y en un pianito vertical cualquiera, improvisó la genial combinación de la rumba con el himno de las SA, que golpea al corazón en el final del film. La peculiaridad del gran cine reside justamente en esta posibilidad de englobar (mientras la obra se plasma bajo el signo dominante de la dirección) las experiencias, los sentimientos, las fantasías y los sueños de quienes participan de esa creación.
De Incontrarsi e dirsi addio nella Roma del '38 . Edizioni Lindau. Associazione Philip Morris, Progetto Cinema.

UNA MIRADA SOBRE LA FERIA DEL LIBRO

LA GACETA, Tucumán, por Irene Benito para LA GACETA - Buenos Aires, 30Abr11
Se siguen anteponiendo las necesidades mercantiles de las -grandes- editoriales a las apetencias de escritores y lectores. Donde mandan las ventas todo lo demás es anecdótico y lo mismo da que suceda o no (que la gente lea realmente, que un autor desconocido consiga firmar algún ejemplar).


Donde hay pantallas hay gente: esta es la paradoja constante de una Feria del Libro, todavía regida por el modelo de negocio del papel. Un acontecimiento masivo e inexpugnable en el que algunos ven síntomas de buena salud en la industria editorial y otros advierten una preocupante lentitud para adaptar el comercio de libros al entorno digital.
Es una Feria con un millón de ofertas previsibles (Yo, la autobiografía con título narcisista de Ricky Martin) y algunas novedades ambiciosas (la justificada reedición de la obra borgeana en cuatro tomos). Una Feria colonizada por éxitos falaces cuyos márgenes garantizan los mejores hallazgos: en el stand de Tucumán, por ejemplo, unas Lecciones preliminares de Filosofía esperan al lector deslumbrado con la versión "fotocopia" de la obra de Manuel García Morente.
Salvo por las editoriales especializadas y sus contadas rarezas, los 45.500 metros cuadrados de muestra ofrecen casi lo mismo que las mesas y anaqueles de las librerías bien provistas de cualquier ciudad del país. Pero es lo que hay: un espacio de exposición especial para volúmenes que ya gozan de un lugar privilegiado en el mercado con peores condiciones de pago que las corrientes (la excusa del supuesto descuento de Feria autoriza a buena parte de las empresas a prescindir de los planes en cuotas sin intereses).
Las ventas mandan pero escasean los vendedores con conocimiento amplio del universo editorial. En general, la política de los sellos es resolver la atención al público con jóvenes -promotores- capaces de aguantar las fatigas feriales aunque no necesariamente cultivados en el oficio de vender libros.

El asesoramiento disponible no ayuda a encontrar títulos escurridizos (Argentina: años de alambradas culturales, de Julio Cortázar, y Neuromante, de William Gibson, por mencionar dos de los buscados) ni orienta en la narrativa foránea menos divulgada, donde la exposición minúscula de la obra de autores extranjeros (incluso de figuras de las letras castellanas como Juan Marsé y Ana María Matute, respectivos ganadores del Premio Cervantes en 2008 y 2010) pone en entredicho el carácter internacional de la muestra.
La Feria es una locura de 20 días de duración. En esa vertiginosa obnubilación, cada cual hace lo que debe o puede mientras pasan inadvertidos la mayoría de los creadores que transitan por allí y se olvida, por ejemplo, de que Ernesto Sabato cumplirá 100 años este 24 de junio; o que el 25 de abril hizo un siglo de la muerte de Emilio Salgari. Y tanto libro apilado, apelotonado y apelmazado convoca cada vez menos a una audiencia dispuesta a hacer cola en los espacios interactivos con el afán de llevarse una somera impresión de las prestaciones de las tabletas electrónicas.
¿Qué quedará de esta Feria si el libro digital desplaza al papel tal y como anuncia la tendencia? El programa de presentaciones de títulos, conferencias y diálogos con creadores sin duda sobrevivirá. Contenido el comercio en los territorios intangibles de la red, habrá más lugar para el encuentro entre autor y lector. Si aquello sucede, las pantallas serán paradójicamente la causa de la recuperación de una cantidad infinita de libros hoy descartados por la lógica cerril del best seller.
© LA GACETA

jueves, 5 de mayo de 2011

BEATRIZ DE MOURA, LA DUEÑA DE TUSQUETS, LA CÉLEBRE EDITORA QUE DESNUDA LA INTIMIDAD DE LOS ESCRITORES

LA NACIÓN, Alejandra Rey, LA NACION, Buenos Aires, 05May11
Tuvo trato directo con Vargas Llosa y Kundera.- Beatriz De Moura fue declarada Huésped de Honor de la ciudad; habla de todos sin concesiones y humor. / Eduardo Carreras / AFV


Hay pocas cosas más mezquinas que los datos fríos de una biografía, pero nunca fue más avaro que en este caso. Es que Beatriz de Moura, creadora, dueña y editora de Editorial Tusquets, no se merece que todo comience con una circunstancial fecha de nacimiento y datos de su niñez, sino con lo otro, con eso que dice y con lo que reímos a carcajadas. Por ejemplo:

-Marguerite Duras era fea como un sapo y muy antipática.

-Adolfo Bioy Casares, un machista.

-Emile Cioran [el autor de En las cimas de la desesperación] era casi un muerto de hambre que escribía libros con mucho humor.
-Mario Vargas Llosa vivía obsesionado con la raya de los pantalones, y su mujer de entonces, la famosa tía Julia, era una mandona que lo miraba planchar.

La entrevista se realizó en el coqueto bar del hotel Alvear, donde Beatriz, nacida en Río de Janeiro, en 1939, radicada en España, adora sentarse. Es una mujer muy linda, elegante, de risa fácil, conmovedora por todo lo que sabe y detallista para el relato, que le sale con mucha facilidad.
Durante una hora ella hablará de todo y habrá que hacer pausas para secarse los ojos de lágrimas de tanto reír. Porque Beatriz, que sabe mucho de la vida íntima de algunos escritores, cuenta anécdotas desopilantes. La editora viajó a Buenos Aires para participar de la 37a. Feria del Libro.

-La declararon huésped de honor de la ciudad de Buenos Aires.
-Sí. Fue un lindo homenaje, especialmente porque para mí no hay corte cuando vengo de Barcelona para acá; es como más de lo mismo, son ciudades similares. Y a mí me encanta estar en Recoleta, porque acá conocí a todo ese grupo de escritores, como Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Pepe Bianco...

-¿Se juntaban a charlar?
-Más bien acompañábamos a Bioy a La Biela a que comiera su bife, o el revuelto gramajo, las comidas que más le gustaban y que matarían a cualquiera antes de los 30 años. El decía que se sentía mejor en Madrid que en Barcelona, porque había más bife.

-¿Cómo era el trato de Bioy?
-El sabía a quién tenía que seducir y a quién no, y siempre nos trataba con una distancia aristocrática. Era machista y tenía una enorme incapacidad para comunicarse naturalmente con las mujeres.

-¿Y con Silvina cómo era?
-Muy cariñoso, tenían mucho humor juntos, con ella se reía mucho. Pero ya ves, con estas contradicciones, por un lado, un seductor nato, por el otro, la incapacidad de comunicarse naturalmente con las mujeres y, por último, eso de comportarse como un hijo, como un hermano de Silvina.

-¿Coincidió con Borges alguna vez?
-Sí, estaba con mi marido. Lo curioso que Borges, que ya estaba ciego, llegó solo y se pusieron a hablar entre ellos, con Bioy. Creo que a nosotros no nos vieron directamente. La que se puso mal fue Silvina, se hundió en un silencio profundo.

-¿Y por qué cree que es?

-Porque creo que Silvina pensaba que Borges no lo trataba a Bioy como se merecía.

-¿Por qué la editorial se llama Tusquets?

-Porque era el apellido de mi primer marido. En realidad, primero fuimos pareja viviendo juntos, en plena era franquista. Y si no te casabas, casi que te delataban; los porteros no te sacaban la basura ni te limpiaban la escalera. De modo que nos casamos. Decidimos no tener hijos, luego nos separamos y me he vuelto a casar, pero seguimos siendo muy amigos.

-Me imagino que por la época usted debe de haber pertenecido al Partido Comunista.
-Sí, pero sin carnet. En mi juventud yo estudiaba en Ginebra y tenía un 600. Entonces me daban una dirección, yo dejaba el auto, me lo llenaban del diario Mundo Obrero y, como tenía pasaporte diplomático (mi padre lo era), pasaba la frontera y nadie me paraba.

-¿También contrabandeaba armas para la resistencia?

-No... Bueno, supongo que no [carcajadas].

-¿Cuáles fueron los primeros grandes éxitos de Tusquets?

-Milan Kundera, a quien yo traduje del francés personalmente, y Marguerite Duras.

-¿Cómo era ella?
-Fea como un sapo. La pobre estaba devastada. Era una vieja dura y antipática. Jeanne Moreau, que puso la voz en la película El amante de la China del Norte , siempre decía: "Y pensar que hablé para ese sapo". Después, la Duras tuvo un amante, Jean Andrea, que fue quien la llevó a la bebida y que vivía en una buhardilla de París pagada por ella. La misma a la que fue a vivir años más tarde Enrique Vila-Matas.

-Un París muy concurrido, ¿no?
-Sí, allí vivía Gabriel García Márquez, para nosotros Gabo, que decía que escribía, y un día llegó su amigo Mario, que no era otro que Vargas Llosa, con Julia, su mujer, que era su tía. Recuerdo que eran tan pobres que colgaba un cable desde la lamparita para planchar la raya del pantalón.

-¿Cómo era Julia?
-Muy mandona, guapetona, inteligente, pero mandona. Y allí llegó Patricia, la sobrina de los dos, y supongo que se enamoraron y ya. Debe de haber sido un escándalo, me imagino.

-Usted habló de Cioran...

-Sí, una vez le dije: "A mí sus libros me hacen reír mucho" y él me contestó: "¡Por fin alguien que se ríe con mis libros!". El era un apátrida, que vivía en una buhardilla infame, porque sus libros no se vendían, y si lo invitabas a comer, lo hacía con fruición.

-En cuanto a la literatura argentina y española...
-Nunca se tocaron. Lo hispano no cruza el Atlántico, ni siquiera se mezcla en el continente. Lo que es una verdadera lástima.

WILL SANTILLO PLASMA EN FOTOS EL PLACER FEMENINO EN LA MASTURBACIÓN

LA VANGUARDIA, Cultura, Barcelona, 02May11 - 12:28 hora española.
NOTA DE CLAVE 88: TEMA CONTROVERTIDO POR CIERTO.- SERÍA INTERESANTE ENRIQUECER LA NOTA DE ESTE IMPORTANTE PERIÓDICO ESPAÑOL CON LA OPINIÓN DE LOS LECTORES SOBRE ESTE INTERROGANTE. SU COMENTARIO PUEDE SER DE INTERÉS.


Son 200 páginas de instantaneas de color sepia de 37 mujeres anónimas fotografiadas por el autor en escenarios como la cama, el sofá o la bañera.-
Madrid (Efe). Cultura.- El fotógrafo estadounidense Will Santillo, que ha retratado durante ocho años a sesenta mujeres posando sin tapujos mientras se masturbaban o llegaban al orgasmo, publica ahora esas fotos en su libro La petite mort.

El trabajo, editado por Taschen, reúne más de 200 páginas de fotografías de color sepia de 37 de las 60 mujeres anónimas que fueron fotografiadas por Santillo en escenarios como la cama, el sofá o la bañera, aunque también hay algunas en la terraza de un hotel o el asiento de copiloto de un coche.
Habitualmente, ese tipo de imágenes son protagonizadas por modelos y actrices profesionales de las revistas pornográficas o por artistas cuya obra gira en torno a su cuerpo o sus relaciones sexuales.
La interpretación de La petite mort (término que en francés hace referencia al desvanecimiento postorgásmico) depende de cada persona, ya que despierta pensamientos que van más allá de la lectura de la composición de la escena y de la gran carga expresiva, ante todo, de los rostros de esas mujeres desconocidas que se abandonan en el rapto de su masturbación.
Solas o ante la presumible atenta mirada de su pareja, vestidas con lencería, semidesnudas o desnudas y con o sin juguetes eróticos, esas mujeres se ofrecieron voluntariamente para ese proyecto de Santillo, a quien se le empieza a conocer como "el Helmut Newton de la fotografía erótica personal".
Para Santillo, las protagonistas de La petite mort son "osadas y valientes mujeres que han compartido sus momentos más íntimos con la cámara para enriquecer la compresión de nuestra sexualidad".
No sólo han compartido esos momentos ante la cámara sino también con la coautora de La petite mort, Dian Hanson, a quien le han narrado sus sueños eróticos y reflexiones en voz alta de lo que supuso para ellas esas sesiones fotográficas.
Confesiones que son presentadas en textos breves traducidos al castellano, italiano y portugués junto a las instantáneas de cada una de las mujeres.
La petite mort se mueve de forma ambivalente entre la elegancia de las fotografías más abstractas y la estética pornográfica de las imágenes con escenas explícitas alejadas del sensacionalismo.
Dian Hanson, editora de la sección sexy de Taschen, se pregunta en el prólogo del libro que "si el orgasmo se puede definir como la 'pequeña muerte', ¿es la masturbación un 'pequeño suicidio?".
Ante esos "pequeños suicidios", el fotógrafo se movió como un gato: descalzo para que solo el clic de la cámara pusiese ser el único elemento perturbador en la concentración de la modelo, comentó Hanson. Una forma de actuar de Santillo aprendida, entre otras, en el prestigioso MIT (Massachusetts Institute of Technology) de Minor White, un profesor de fotografía pionero en EE.UU. por su método de enseñanza centrado en el aprendizaje de la capacidad de ver, percibir y mirar del autor en detrimento de la técnica fotográfica.
Con gran sutilidad, arte y erotismo se dan la mano en este trabajo en el que la oscuridad y la luz -dos elementos claves de la fotografía- protagonizan incluso las escenas.
Tanto lo que se ve como lo que se percibe camina por una línea muy delgada en La petite mort donde los leves movimientos y gestos que realizan cada una de esas mujeres en escenarios en penumbra se traducen en la foto en halos blanquecinos.
La belleza y elegancia de la fotografía en blanco y negro es traducida en La petite mort al sepia, color que aporta un amplio abanico de significados implícitos y explícitos al igual que las escenas retratadas.
El sepia induce a sentir la calidez de la piel femenina y, también, hace un guiño a la historia del arte y de la fotografía cuando, respectivamente, los bocetos se realizaban con el pigmento sepia, que se extrae de un molusco -la jibia-, y las tempranas impresiones de daguerrotipia se fijaban en tonos amarronado.

domingo, 1 de mayo de 2011

GARY COOPER, QUE ESTÁS EN LOS CIELOS... DESDE HACE 50 AÑOS

EL MUNDO, Madrid, 01May11
Foto: Cooper, en la película 'Veracruz', con Sara Montiel. Efe | Madrid
Hace medio siglo que Hollywood se quedó sin su héroe más impecable. 'Gary Cooper.


El héroe americano' es el título de la biografía que ahora se edita en España y que repasa la vida de quien motivó 'El orgullo de los yanquis' y se quedó 'Solo ante el peligro', pero también fue amigo de Hemingway y Picasso.
'Gary Cooper, que estás en los cielos' era una película de Pilar Miró de 1981, pero al margen del juego de palabras, es cierto que el actor estadounidense fue durante muchos años todo un dios para el público del mundo entero.
Había ido de la mano con el nacimiento del Hollywood dorado: interpretaba la primera película que ganó el Óscar, 'Alas', redujo a la irreductible Marlene Dietrich en 'Marruecos' y fue el rostro de la gran esperanza democrática estadounidense gracias a 'El secreto de vivir' y 'Juan Nadie', de Frank Capra. Cuando murió el 13 de mayo de 1961, Hollywood sintió que enterraba al símbolo de una época.

'Los ojos más amables'

Pero además de una filmografía excepcional jalonada con dos Óscar en competición y uno honorífico, el libro escrito por Jeffrey Meyers con asesoramiento impagable de la única hija de Cooper, Maria Janis, va más allá en la vida de quien fuera descrito por Audrey Hepburn como "el hombre más alto, delgado y de ojos más amables".
Dietrich, despechada por descubrirse una simple conquista más para el actor -junto otras compañeras de reparto como Clara Bow o Ingrid Bergman- fue menos amable: "No era ni inteligente ni culto, lo reclamaban por su físico, como a los demás, porque a fin de cuentas es lo que importaba".

'Yo me callo'
Pero Cooper, si bien era parco en palabras, fue desvelando que bajo su cotizado continente había mucho contenido. "Si los demás tienen cosas más interesantes que decir, yo me callo", decía.
Su abierta afiliación a los ideales conservadores no impidió que, en época de la Caza de Brujas, defendiera al guionista Carl Foreman, autor de uno de sus mejores títulos, 'Solo ante el peligro'. Y pronto se aficionó a los poemas de Kipling, el arte moderno y los toros.
'Gary Cooper. El héroe americano' recoge algunos de sus momentos más taurinos junto a Hemingway. "Fuimos a una ganadería en Toledo, dimos unos cuantos capotazos a una vaquillas y lo pasamos muy bien (...) volvimos al hotel oliendo como cabras", relata.

Torero
Y este icono de la masculinidad, reconoció a propósito de su experiencia con Luis Miguel Dominguín el día que se inauguró el Castellana Hilton de Madrid y le invitó a entrar en la arena: "Nunca en mi vida había experimentado un miedo semejante al que experimenté en aquel ruedo". "De alguna manera me las arreglé para dar un par de buenos pases y que me gritaran unos cuantos olés, que me supieron mejor que todos los aplausos que había recibido en Hollywood", aseguraba.
Hemingway le presentó a Pablo Picasso a finales de los cincuenta, quien le invitó a cenar en su casa de la Riviera Francesa. Cooper le regaló un inmenso sombrero Stetson que había usado en el rodaje de 'La exótica', junto a Ingrid Bergman, y un revolver Colt del 45.
Pero con quien no acabó de entenderse fue con Sara Montiel, con quien rodó 'Veracruz'. "Volvía del rodaje en exteriores diciendo que casi le resultaba insoportable tenerla que tocar o besar. Ella nunca utilizaba champú. Me dijo su peluquero que cada día no hacía más que añadirle aceite de oliva a su pelo", recordaba la actriz, amiga y amante de Cooper Lorraine Chanel.
Pero esa fortaleza incólume y divina de la gran pantalla sucumbió a los síntomas del cáncer demasiado pronto, cuando le fue detectado en diciembre de 1960, a punto de cumplir los sesenta años.
Sus últimas voluntades fueron: "viajar a París, ir a cazar faisanes con Hemingway y decir adiós a mis amigos".