miércoles, 31 de diciembre de 2008

EN LA HABANA FACILITAN EL ACCESO A 3000 DOCUMENTOS DE HEMINGWAY


La Nación, Buenos Aires, Argentina, 31Dic08
Fotografía: Hemingway, junto a su mujer, Mary Welsh, en La Habana, en 1954 Foto: AFP
Manuscritos, cartas y guiones de sus obras podrán ser consultados por investigadores
Hemingway, junto a su mujer, Mary Welsh, en La Habana, en 1954 Foto: AFP
LA HABANA.-

Manuscritos del epílogo de Por quié n doblan las campanas y el guión del filme El viejo y el mar , cartas, textos en clave y hasta pólizas de seguros de Ernest Hemingway estarán disponibles en formato digital desde el próximo lunes, como parte de un fondo 3000 documentos del premio Nobel estadounidense. La colección, que contiene textos no literarios inéditos, estará abierta a los interesados e investigadores de la obra y vida de Hemingway (1899-1961) que visiten La Habana a partir de enero, fruto de un trabajo de digitalización que comenzó en 2001, informaron fuentes del museo instituido en homenaje al escritor, en Cuba. La selección representa un "monto importante" de los fondos que conserva el Museo Hemingway en Finca Vigía, el hogar cubano del escritor durante 21 años, explicó la especialista Inaurys Portuondo. "Hay una selección exquisita, no es una selección arbitraria", precisó Portuondo, al señalar que la digitalización fue un "proceso paulatino" que el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural de Cuba realizó con la cooperación del Consejo de Investigación de Ciencias Sociales de Estados Unidos.
Además de la conservación y digitalización de los papeles de Hemingway, el acuerdo bilateral establecido entre esas dos instituciones incluyó la restauración de Finca Vigía, última residencia de Hemingway, convertida en museo en 1962 y reabierta al público desde 2006. "No existen textos inéditos literarios. Pero sabemos que a partir de las consultas de especialistas podrán surgir nuevas hipótesis a través de sus investigaciones", apuntó Portuondo, quien explicó que hay gran "demanda y avidez" entre los investigadores por revisar los documentos.

Textos en clave

Entre los archivos más interesantes de la colección hay algunos textos "en clave" que podrían confirmar la presencia de submarinos alemanes en la costa norte de Cuba durante la II Guerra Mundial. Esos apuntes, explicó Portoundo, se han conservado en "distintos formatos" y es muy probable que hasta por "cuestiones de seguridad" Hemingway "no haya destinado para ellos un cuaderno específico". Un mes después de su presentación en La Habana, y por donación de Cuba, los 3000 documentos del Premio Nobel de Literatura en 1954 serán puestos a disposición de la Biblioteca Kennedy de Boston, en Estados Unidos, mientras ya se trabaja en el rescate de otros 1000 documentos "paulatinamente".
Agencias EFE y DPA

martes, 30 de diciembre de 2008

SCHERZO, 9ª SINFONÍA DE BEETHOVEN



http://www.vimeo.com/2337468

Crítica de la Argentina, Buenos Aires, Argentina,
Scherzo
POR Marcelo Arce

sábado, 27 de diciembre de 2008

28 DE DICIEMBRE, ¡DÍA DE INOCENTES!

¡QUÉ CREÍAN QUE ERA, FISGONES! ESTE ES UN BLOG SERIO... ¡QUE LA INOCENCIA LES VALGA!... JAJAJA


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DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES
De Wikipedia, la enciclopedia libre

El origen de esta fiesta se debe a una masacre de los niños perpetrada por el rey Herodes I el Grande. El Día de los Santos Inocentes es la conmemoración de un episodio histórico o hagiográfico del cristianismo: la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén (Judea), ordenada por el rey Herodes con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret.

Conmemoración, bromas e inocentadas
En Hispanoamérica y en partes de España, este día se festeja el 28 de diciembre.
Es costumbre realizar bromas de toda índole. Los medios de comunicación hacen bromas o tergiversan su contenido de tal modo que la información parezca real. Se trata de una libertad que se dan los agentes mediáticos para dar rienda suelta a su sentido del humor, oportunidad que solamente tienen una vez al año. Es tradición que los periódicos publiquen páginas enteras de noticias cómicas, con la advertencia de que es día de los inocentes, que van desde las que son una obvia mofa a cualquier suceso reciente, hasta las que parecen serias y engañan al lector desprevenido.

(Nota de Clave 88: síntesis hecha de artículo de Wikipedia. Clic para ir a nota)

EL BULULÚ


(Cuento.- Entrega III Y ÚLTIMA)
(CLIC PARA IR A ENTREGA II)
La escena había sido tan impactante para esa ingenua gente, que boquiabierta tardó un instante en reaccionar con gritos de aprobación y un nutrido aplauso.
Mi pánico había dejado lugar al asombro, apretando con ambos brazos las rodillas contra el pecho, mientras intrigado me mordía las uñas. Un vistazo en búsqueda del rostro tranquilizador me convenció de que aún estaba allí, riendo, mientras me hacia gestos de tranquilidad con ambas manos.
El silencio que siguió al aplauso, acompañado por la flauta que había acallado sus sones, le indicaron al bululú que su público estaba ansioso por saber como continuaba la historia.
Aguardó un instante más, y luego, pausadamente, recomenzó su actuación a la vez que la niña interpretaba una melopea apenas perceptible en sus comienzos para continuar en un sostenido crescendo.
La forma fantasmal comenzó a moverse perezosamente bajo la capa, como si tras su velo un cuerpo abandonara el ovillo fetal. Brazos y piernas se insinuaban desplegándose lenta y trabajosamente, a la vez que el cuerpo se retorcía convulsionado girando sobre sí mismo, hasta incorporarse de un salto dejando la capa tendida en el suelo.
El cambio de ritmo de la actuación, la nueva máscara de mono del juglar y sus posaderas adornadas por un largo rabo peludo, arrancaron del auditorio un murmullo de sorpresa.
-Enfurecido el Maligno al ver lo mal que le había salido su creación- dijo el bululú, mientras señalaba la nueva estampa que mostraba a un simio en medio de un paisaje similar a los anteriores- quiso vengarse de su fracaso en el inocente mono, y tomándolo por el cuello le atizó tremenda puñada que dio con el animal por el suelo. Avergonzado el Señor de las Tinieblas corrió a esconder su bochorno en su natural refugio, las profundidades del Infierno, donde permanece aguardando la oportunidad de hacer alguna maldad... –mientras esto decía el bululú se arrancó su máscara y quedó a cara limpia, continuando-¡Así querido y sabio público de Manzanares, queda demostrado que Creador hay uno sólo, y que cuando alguien quiere imitar su obra, sólo logra engendros, tristes remedos que en nada se parecen al original!- mientras esto decía y aprovechando una reverencia de saludo, tomó la capa que estaba en el suelo y en el revoleo para echarla sobre su espalda cambió su máscara por la dorada del primer cuadro, diciendo como cierre- ¡El Diablo quiso hacer un hombre y creó al mono que porta cola para recordarles a todos, la maldad de quién lo puso en este mundo!
Aplausos y vítores del auditorio premiaron al bululú y algunas monedas fueron a parar al cestillo que la niña pasaba presurosa entre los asistentes, aprovechando el entusiasmo logrado por el brillante final. Sentí que la moneda me quemaba en la mano y se me presentó una duda... ¿Premiaba al artista con mi tesoro, o compraba la hogaza?... Sin saber bien porqué, mi dinero fue a parar al fondo de la canastilla y alegre me confundí entre la gente en dirección a donde había visto a D. Diego.
-¿Vas a comprar tu pan?- me preguntó el caballero.
-No, D. Diego.
-¿Haz dado tu moneda al bululú?- D. Diego sin duda ya conocía la respuesta.
-Si- sintiéndome en falta, había bajado la vista.
-¿Y porqué lo haz hecho?
-Porque me gustó lo que hizo, D. Diego... me divirtió y divirtió a todo el pueblo.
-No esta mal premiar el esfuerzo de un artista. Ese hombre lo es, y no lo hace mal. ¡Me gustó la historia que contó!
-¿Porqué no escribís algo sobre ella, D. Diego?- me entusiasmé.
-Tal vez... Aquí tienes otra moneda, ve por tu pan. Yo te esperaré en algún lugar de la plaza.

***

Un ruido sordo me sobresaltó. Arrebujado en el sillón volví a paladear con fruición el sabor de carbernet que persistía en mi boca. Me incorporé a medias en el sillón donde me había quedado dormido, buscando la causa del ruido.
Allí, sobre la alfombra, algo despatarrado estaba “Poesía completa” de Don Diego Hurtado de Mendoza, uno de mis predilectos que seguramente había huído de entre mis dedos cuando envuelto en la sutil verba como por una telaraña, y arropado por el cabernet; el silencio de la siesta; y la dulce pesadez de la digestión, las letras fueron perdiendo las formas duras del plomo que las habían parido.
Lentamente, como en un crisol, se habían fundido en una nebulosa que lentamente dio vueltas en un remolino que nunca llegó a cuajar, haciéndose de pronto luces tenues, sonidos, formas en movimiento que me envolvieron introduciéndome en el mundo mágico del cual jamás hubiera querido salir.

Última entrega
Diciembre 2008, a 50 años de constituirse nuestro grupo de amigos.-
Alfonso Sevilla

Nota: 1) Este cuento está inspirado en los versos 125 a 130 (Pag. 356) de la “Epístola en alabanza de la cola” de Don Diego Hurtado de Mendoza, “Poesía completa”, editado por José Ignacio Díez Fernández, Editorial Planeta/Autores Hispánicos.
***

MÚSICA EN LA WEB


ALBADA DEL GACIOSO
Danza, color y gran orquesta. La música de Ravel cuenta un episodio en la España antigua y soñada. (Clic aquí para ver y escuchar un multimedia)
Crítica Digital, Buenos Aires, Argentina, 26Dic08

viernes, 26 de diciembre de 2008

AMALIA NIETO Y FELISBERTO: POESÍA MUSICAL, POESÍA VISUAL


El País, Montevideo, Uruguay, 26Dic08
Victoria Verlichak
(desde Buenos Aires)
AMALIA NIETO tenía cerca de cuatro años cuando el prestigioso bailarín y coreógrafo Vaslav Nijinsky estrenó en 1911, con la compañía de los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev en París, la célebre obra para ballet Petruchka, de Igor Stravinsky. Entonces, no podía saber que la Suite de Petruchka en tres movimientos para piano, escrita en 1921 por el compositor ruso por encargo de Arthur Rubinstein, sería central en la corta y fecunda etapa que ella compartió con el notable escritor y músico Felisberto Hernández.

En 1935, al amparo de Stravinsky, los uruguayos Amalia Nieto (Montevideo 1907-2003) y Felisberto Hernández (Montevideo 1902-1964) comenzaron a escribir un notable capítulo artístico en la costa más amable del Río de la Plata, en paralelo a la historia amorosa que tejieron. Es cuando a instancias de Amalia -según dijo a El País Cultural (Nº 676) el nieto de ambos, Sergio Elena Hernández- Felisberto incorporó la Suite de Petruchka a su repertorio de concertista de piano.
A pesar de los coloridos acordes y del marco festivo en que se desenvuelve gran parte del argumento de la obra, el final es triste. El personaje de Petruchka -en ruso, cariñoso diminutivo de Pedro- es una marioneta con sentimientos humanos, que se enamora perdida e imposiblemente de la bailarina. La Suite de Petruchka, inevitablemente, remite al imaginario del ballet que la originó.
Feliz hallazgo. De este lado del río, en una Buenos Aires con una actividad en artes visuales incesante, pero no siempre estimulante, la deliciosa muestra "Amalia Nieto. Cartas a Felisberto" fue un feliz hallazgo. La galería Jorge Mara-La Ruche presentó más de cien vibrantes acuarelas y dibujos que la artista pintó o pegó en la correspondencia que le envió a Felisberto hace más de setenta años, entre 1935 y 1937, cimentando su noviazgo mientras él recorría con sus conciertos hasta el último rincón de Uruguay, y de localidades brasileñas y argentinas.
El galerista Jorge Mara ofició de curador y logró reunir nuevamente a Amalia y a Felisberto a través de la exhibición de las ilustraciones originales, recortadas de las misivas por la propia artista, y de varias vitrinas con documentación de ambos. En su texto "Acordes aplastados" presentando esta muestra, Sergio Elena Hernández destacó: "Dentro de este contexto, y dentro de lo que hemos llamado junto al escritor Jorge Sclavo, el `Teorema Felisberto`, es decir el carácter de aventura-periplo de las giras, y su resolución insólita, es que aparecen entonces los citados dibujos, de carácter emotivo-geométrico, y que llevan implícitas - pese al fuerte contenido mercurio-mental- las fuertes cargas subjetivas del momento".
La muestra constituyó un acontecimiento excepcional por la calidad de lo exhibido y porque invitó a indagar en la obra de ambos. En Argentina, prácticamente se desconoce a la perceptiva artista y al Felisberto músico, a pesar de sus cientos de conciertos públicos, incluido el de 1939 en el afamado Teatro del Pueblo de Buenos Aires, institución vinculada desde su fundación en 1930 al Partido Comunista. Fue otra de las paradojas en la vida del músico, un conocido anticomunista. Sus libros -Fulano de tal (1925), Nadie encendía las lámparas (1947), Las hortensias (1949), entre otros-, están agotados desde hace años.
Aunque la exhibición tiene a la obra de Amalia como eje principal, "la idea fue abrir una puerta al mundo de Felisberto", dijo Mara. Así, en las múltiples e importantes reseñas y tapas sobre la muestra publicadas por la prensa gráfica argentina, tomó preeminencia la mítica figura del escritor, generosa en anécdotas y excéntricas ocurrencias, antes que la figura de la artista visual, de delicada sensibilidad y perfil más bajo.
Es que la obra de Amalia Nieto circuló marginalmente en la Argentina. Exhibió con anterioridad solamente dos veces, al margen de la presencia ocasional de sus obras en algunas ferias de arte contemporáneo, como arteBA, de la mano de galerías como Sur (Uruguay) y Cecilia de Torres (Estados Unidos).
La artista fue invitada en 1964 a la II Bienal Americana de Arte de Córdoba, patrocinada y organizada por Industria Kaiser Argentina. Con sede en la Universidad Nacional de Córdoba, el prestigioso encuentro -trascendente para la historia del arte regional- publicó un catálogo, donde se reproduce una de las tres pinturas presentadas por Nieto de su serie de los "búhos": América insólita (1964), en la que brotaban algunos gestos informalistas. La Bienal fue vista por un público algo reducido. Después de todo, en un país tan centralizado como Argentina se sabe que Dios atiende en Buenos Aires. La muestra otorgó el primer premio al colombiano Alejandro Obregón y tuvo entre sus jurados a Marta Traba, que menciona a Nieto al pasar en su señero libro Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas, 1950-1970.
La segunda exhibición de la artista en la Argentina fue en la Embajada de Uruguay en Buenos Aires (1989), donde mostró su serie Naturalezas muertas mentales, con las que -como afirmó el crítico Nelson Di Maggio en La República cuando fallece la artista, en 2003- "alcanzó la cima de su parábola creadora, utilizando un lenguaje coloquial y recoleto, de música de cámara, necesario para percibir con cuidado los sutiles matices de su propuesta estética".
Tan cerca y tan lejos, hasta "Amalia Nieto. Cartas a Felisberto" no existía bibliografía sobre la artista generada en Buenos Aires.
Cartas a Felisberto. La exhibición "Amalia Nieto. Cartas a Felisberto" fue realizada con material prestado por unos pocos coleccionistas y con obras que actualmente son de la familia de los artistas. Verdadero encuentro visual-literario-musical, la inauguración contó con una presencia inusual. Rodeado por las obras de Amalia, en un piano especialmente instalado en la galería, el músico Sergio Elena Hernández interpretó, entre otras, "Negros", una de las composiciones "propias que Felisberto incluyó con más frecuencia en sus programas, seguramente por considerarlo uno de sus logros más importantes. Se trata, en verdad, de un piano tratado como radicalmente percusivo", señala el experimentado crítico argentino Federico Monjeau (revista Ñ, 20/9/2008). "Sus programas no eran estrictamente clásicos, sino más bien contemporáneos; rara vez faltaban obras de los españoles Falla o Albéniz. También solía incluir a Mussorgski, Borodin (…). Se inclinaba más por las formas breves y las piezas de color que por la gran narración de la sonata (el cuento más que la novela)".
Las piezas compuestas por Hernández -"Crepúsculo, "Tres preludios", "Un poco de Mozart", entre otras- , algunas inéditas, fueron grabadas para esta ocasión por Elena Hernández en un CD que acompaña al espléndido catálogo, editado por Jorge Mara-La Ruche y el Centro Cultural de España de Montevideo. Profusamente ilustrado a color con todas las obras de la exhibición, el catálogo incluye los conocidos y valiosos textos de Julio Cortázar e Italo Calvino sobre Felisberto escritor y fragmentos de apreciaciones de Joaquín Torres-García sobre la obra de Amalia, junto a nuevos y provocadores ensayos de Sergio Elena Hernández y Claudia Cerminatti acerca de la relación entre ambos artistas.
En un sector diferenciado, cuatro vitrinas desplegaron la totalidad de las primeras ediciones de los libros de Hernández, partituras musicales incluyendo la de Petruchka ilustrada por Amalia (que, junto al boceto del afiche que anunciaba la Suite de Petruchka, pertenecen a Norah Giraldi de Dei-Cas) programas y reseñas de prensa de sus conciertos, fotos de familia y de los protagonistas del Montevideo cultural de los años 30 y 40, junto a los curiosos manuscritos con la taquigrafía inventada por Felisberto.
En 1935, cuando se inició la correspondencia, ya Amalia formaba parte de la Asociación de Arte Constructivo -creada por Torres-García luego de su regreso a Montevideo en 1934-, de la que fue secretaria durante años. Pero, observando las acuarelas y dibujos de "Cartas a Felisberto" resulta evidente que Amalia durante su primera estadía en París, entre 1929 y 1931, frecuentó las sutilezas de la vanguardia a través de sus profesores (algunos adscribían al fauvismo o al cubismo) de la Academia de la Grande Chaumière y del taller de André Lhote, y que conoció la abstracción geométrica rusa.
La serie aquí exhibida tiene la impronta constructiva y emotiva del Kazimir Malevich de los años treinta. Simplificadas y de brillantes colores, Nieto crea enternecedoras figuras de trazos ciertos, por momentos temblorosos y sencillos, que se asoman a la geometría y transitan ciertas formas de la abstracción y la figuración.
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miércoles, 24 de diciembre de 2008

LAS NAVIDADES DE BORGES


La Nación, Buenos Aires, Argentina, 24Dic08
Alina Diaconu
Para LA NACION

Le preguntamos hace poco a María Kodama cómo era la Nochebuena para Borges. Así supimos que, de niño, Borges pasaba la Navidad en la casa de su abuela inglesa, Frances Haslam, la madre de su padre, quien vivía al lado de su casa. Que le encantaba mirar cómo ella armaba el árbol, pero que luego sentía algo muy singular para un chico: que no merecía los regalos que le hacían.
Esta idea, de no ser merecedor de presentes, es reconocida por el propio Borges en la dedicatoria que le hace a su madre, Leonor Acevedo de Borges en la primera edición de sus Obras Completas (1974): "Yo recibía los regalos y yo pensaba que no era más que un chico y que no había hecho nada, absolutamente nada para merecerlos. Por supuesto, nunca lo dije: la niñez es tímida".
Algo de ese descontento interno, de esta autodemonización está latente en los primeros versos de su poema El espejo que comienza así: "Yo, de niño, temía que el espejo/Me mostrara otra cara o una ciega/Máscara impersonal que ocultaría /Algo sin duda atroz".
¿Qué monstruo interior se alojaría en ese Georgie tímido, amante de las lecturas de Stevenson, no de los juegos de destreza, atento observador, en el Zoológico, "del tigre rayado, asiático, real". Su infancia transcurrió en Palermo, en la calle Serrano, luego se trasladó a Ginebra, para volver a Buenos Aires y mudarse varias veces.
María Kodama supone que, más tarde, Borges pasaría las Navidades con sus padres y su hermana Norah, y después de la muerte del padre, con su madre en la casa de Norah.
A partir de los años 60, María es invitada al departamento para pasar la Nochebuena con Borges y su madre. Una que otra vez festejaban con amigos. ¿Cómo eran las celebraciones en la calle Maipú? Parece que no había árbol ni pesebre (todos sabemos de su agnosticismo), pero sí una mesa festiva, con un centro sembrado de lamparitas, velas y algún otro símbolo navideño. Por supuesto, la sidra y el pan dulce no faltaban.
Muchas veces, después de la muerte de doña Leonor, Borges y María pasaron juntos las Navidades en Nueva York, en los restaurantes de los hoteles, tan maravillosamente adornados para las fiestas, en pleno invierno. Otras veces, lo hicieron en Ginebra. En alguna oportunidad también festejaron en algún restaurante de Buenos Aires, con Enrique Pezzoni y Alberto Girri. El ritual de ambos consistía en comer pavo, brindar con champagne a la medianoche de la Nochebuena, y hacerse regalos.
Ahora, sí, él aceptaba de buen grado los presentes. ¿Se creería merecedor de ellos, o aún no? Nunca lo sabremos. María le regalaba corbatas, libros, marrons glacés ("le encantaban"), y él, siempre, sin excepción, libros. ¿Qué libros? Sagas islandesas, épica anglosajona, en alguna ocasión, poemas de Valéry.
¿Qué significaba la Navidad para Borges?, le preguntamos a María. Ella cree que lo que le gustaba era el espíritu de la Navidad, sobre todo, seguir una tradición.
Desmond Morris, en su ilustrativo libro Tradiciones de Navidad , dice que "la misa de medianoche es la más antigua de las costumbres cristianas de las fiestas navideñas. Se celebra desde el siglo V, cuando el Papa la oficiaba en Roma, en la iglesia de Santa María la Mayor. Tradicionalmente, se celebran tres misas: una a medianoche, otra al cantar el gallo y una tercera a plena luz del día". Hay quienes consideran a la misa de gallo la más importante porque cuentan que, justo antes del alba, fue un gallo el que anunció el nacimiento de Cristo.
Pero seguramente Borges sólo rememoraría las Navidades de su infancia, el árbol que adornaba su abuela Fanny mientras él la observaba con atención y quizá dejaría en el olvido una Nochebuena que fue decisiva en su vida. Son nuestras suposiciones, claro está. Para los que conocen a fondo su biografía, el dato no va a ser sorprendente. Pero sí para otros.
En la Nochebuena de 1938, pocos meses después de la muerte de su padre, Borges -que ya no veía bien- tuvo un accidente que lo llevó al borde la muerte. "Fue en vísperas de Navidad -contó su madre a la revista francesa L´Herne - y él fue a buscar a una invitada a cenar. El ascensor no funcionaba y él subió la escalera muy rápido, no se apercibió de la hoja abierta de una ventana. La herida no fue, al parecer, bien curada, y se complicó con una infección, alta temperatura y alucinaciones. Al cabo de dos semanas, la fiebre empezó a descender y él me pide que le lea una página. [?] De vuelta a su casa, él se dispone a escribir un cuento fantástico, el primero." Tuvo una septicemia, la infección de esa herida producida por el golpe contra la ventana recién pintada.
Lo más peculiar es el giro que a partir de entonces toma su literatura. Sería como el disparador de un nuevo estilo en Borges, de una nueva concepción creadora. Algo pasó en su cerebro, opinaba su madre, quien, por otra parte, prefería las cosas que su hijo escribía antes de ese incidente. Es a partir de ese momento también que Borges comienza a dictar sus textos con cierta asiduidad.
En su libro Borges por él mismo , el crítico uruguayo Rodríguez Monegal se refirió a este hecho de la siguiente manera: "Después del accidente, Borges reaparece transformado en un escritor distinto, engendrado sólo por sí mismo. Antes del accidente era un poeta, un crítico de libros; después del accidente será el redactor de arduos y fascinantes laberintos verbales, el productor de una nueva forma, el cuento que es a la vez un ensayo. El nuevo Borges [el nuevo escritor] va mucho más lejos que cualquier proyecto de su padre".
Esto sucedió en la Nochebuena de 1938, cuando Borges tenía la edad de treinta y nueve años. Y hoy se cumplen exactamente 50 años de este extraño y significativo accidente.
¿Le debemos a esa Navidad y a ese desgraciado hecho personal, el nacimiento de una faceta absolutamente distinta en su obra? Esa singularidad y ese género que son llamados "literatura fantástica" y que quizás -en su faceta metafísica- mucho hayan aportado para la construcción de su celebridad mundial y para la maduración de su voz creadora.
No hay mal que por bien no venga, dicen los mayores. En este caso, seguramente les daremos la razón.
En este día tan especial, en esta noche de Natividad, que nos invita a nacer a lo bueno, a lo nuevo, que nos invita a dar y recibir amor ¡felicidades para todos y un brindis especial a la memoria de Jorge Luis Borges!

EL BULULÚ


(Cuento.- Entrega II de III)
(CLIC AQUÍ PARA IR A ENTREGA I)
-El Mal sentía como sus tripas se anudaban al ver el fruto de la creación divina correr libre por el bosque, reír al sentir su perfección y adorar a Nuestro Señor en agradecimiento por haberle regalado la vida y con ella su condición de Rey de toda la creación- hubo una mirada picaresca del juglar y una breve pausa en el relato- ¡Esta creación que fue hecha para todos los hombres, y no para que sólo algunos disfrutaran de ella!- Lucifer cambió entonces su actitud de amenazadora a meditante; agachó su cabeza y su gesto se tornó pausado y sobrio.
Un estudiado movimiento embozando la capa, subrayó el compás de espera. Sorpresivamente- a mí me pareció que enviado por la Divina Providencia- un perro flaco de andar perezoso ingresó distraído al centro del improvisado escenario, y se sentó a contemplar con desparpajo y aire aburrido las evoluciones del bululú, mientras su boca se abría en un ruidoso bostezo. Un murmullo de la gente y algunas risas contenidas estuvieron a punto de disipar la magia del ambiente, creado con oficio y esfuerzo. ¡El éxito de la actuación se encontraba a punto de naufragar por obra y gracia del vagabundo can, que se rascaba con desenfado el flaco costillar! En ese momento en mí renacía la alegría con mi atención más fija en el podenco, que en la obra del artista.
-Quiera Dios nuestro Señor, que le atice un mordisco- pensé balanceándome nerviosamente sobre mis posaderas.
-¡Atento Lucifer, que Yavé te ha enviado un ángel para castigar tu maldad!- se escuchó una voz desde el público, coreada por estruendosas de carcajadas.
El juglar, ante la adversidad de las circunstancias, reaccionó con oficio y rapidez. Un certero garrotazo con el tridente, arrancó un aullido al inoportuno chucho, haciéndole desaparecer de escena. Dio un fuerte golpe a la caja, y con un par de saltos de volatinero quedó junto a las pintarrajeadas telas, arrancando el lienzo del primer plano al tiempo que la niña atacaba con vehemencia una música alegre y pegajosa.
Ahora en el bastidor una nueva lámina mostraba al demonio haciendo un muñeco de barro. El bululú no esperó un segundo. Había retomado la atención de su público y no estaba dispuesto a perderla nuevamente...
-¿Porqué no puedo yo, señor de las tinieblas, hacer una criatura tan prodigiosa como la de Yahvé?- El gesto del bululú, con una mano levantada hacia los cielos y la otra señalando con la horquilla el suelo hacia donde su máscara de diablo miraba, causaron entre los rústicos la ilusión de que realmente se hallaban ante un hombre de barro tendido a sus pies, escapando del auditorio un murmullo de admiración y respetuoso temor.
Me aferré a la anónima pierna a mi lado... No, no podía creer que el Demonio, allí, frente a todos, hubiera logrado igualar la obra del Creador... Algo pasaría... ¡Algo tenía que pasar!... ¿Porqué Dios no había hecho que ese perro arruinara todo, antes de que el Demonio terminara su obra?
Ya el bululú se había adueñado totalmente del auditorio, al que percibía presa de pánico y admirado por el prodigio que su arte había generado. La horquilla apuntó hacia el supuesto cuerpo yacente, diciendo:
-Satisfecho Satanás con su obra, alzó ambos brazos al cielo- el juglar seguía con sus gestos la actitud que describía- Ya todo él era soberbia en su desafío al Poder Divino- vociferaba- ¡Ese era el momento para hablarle a Dios de igual a igual!... ¡Ya lo había igualado en su obra máxima!... ¡Oh Yahvé, ved aquí a una creatura tan perfecta como la que tú hiciste! ¡Reconoce en mí a tu igual y entrambos repartamos el poder de manejar al Universo en sus destinos!
El silencio de la gente era absoluto, la tensión de sus espíritus pendía de un hilo, ante un desenlace que pondría en juego incluso lo más profundo de sus creencias.
Estaba aterrado y me aferré a las enseñanzas del buen Padre Juan y a fuerza de fe soporté la última escena sin perder la confianza de que finalmente el Bien triunfaría sobre el Mal. Busqué con mis ojos temerosos algo en que aferrar mis inseguros conocimientos viendo sólo caras angustiadas o nerviosas sonrisas. De pronto, tras el grupo de gente, encontró un rostro moreno que sobresalía por sobre el resto. Su aspecto era divertido, con una amplia sonrisa endulzando sus facciones, mientras su mirada se paseaba escrutadora, más atentos a las expresiones del público que a la actuación del bululú. En su recorrida, su mirada encontró la mía, y me saludó alegremente con la mano.
El alma volvió a mi cuerpo... ¡Si D. Diego estaba tranquilo, todo iba bien!... ¡A disfrutar del espectáculo!...
El artista mientras tanto había continuado su relato:
-Sólo haz hecho lo más fácil, Satanás, un muñeco de barro. ¡No haz sido capaz de darle vida!... ¿Te atreves?- decía, mientras agazapaba su cuerpo, cubriéndose con un trozo de capa, representando la consternación de Satanás ante la voz tonante del Creador.
Hubo un corto silencio... El Demonio de un salto se puso de pié exultante de soberbia. Miró desafiante a los cielos y con voz de trueno respondió:
-¡Si que le daré vida, Yahvé! ¡Y veras un ser tan perfecto como el que tú hiciste!- el bululú se arrodilló como si se encontrara al lado de un cuerpo yacente al que miraba con fijeza, y con los brazos en alto, desplegando la capa en toda su amplitud, sopló aparatosamente... Permaneció un instante inmóvil saboreando el silencio del auditorio y como castigado por un rayo dio una serie de volteretas en el aire golpeando acompasadamente el pandero, repitiéndose la explosión de colores y el sonar de cascabeles. En el frenesí de sus cabriolas había descubierto otro lienzo cayendo por fin a tierra convertido en un informe bulto íntegramente cubierto por la capa.
(Última entrega el domingo 28)
Diciembre 2008, a 50 años de constituirse nuestro grupo de amigos.-
Alfonso Sevilla

martes, 23 de diciembre de 2008

LA CIUDAD DE BUENOS AIRES RECUPERÓ EL MUSEO PERLOTTI


La Nación adnCULTURA, Buenos Aires, Argentina, 23Dic08
Ubicado en Caballito, reúne 900 esculturas del artista y reabrió después de cuatro años, tras una completa renovación
Laura Casanovas
LA NACION

Luego de permanecer cerrado durante cuatro años por una renovación arquitectónica, el Museo de Esculturas Luis Perlotti reabrió ayer sus puertas en un moderno edificio, que revaloriza la obra del escultor argentino y la actividad cultural del barrio de Caballito. Perlotti falleció en 1969 y quiso que su casa, una propiedad horizontal situada en la calle Pujol 644, pasara a ser patrimonio de la ciudad junto con sus obras. Así, se convirtió en el único museo de esculturas que depende del gobierno porteño. Un proyecto del destacado arquitecto Mario Roberto Alvarez convirtió la propiedad horizontal que el artista habitó con su esposa, Filomena Bianco, en el edificio de dos pisos de características museográficas que el público puede visitar y disfrutar desde ayer. Nacido en 1890, Perlotti es autor de obras emblemáticas, como el monumento a Alfonsina Storni en Mar del Plata; el que rinde homenaje al general José de San Martín en Tunuyán, Mendoza, y el monumento a los galeses en Puerto Madryn.

Extensión cultural

Uno de los objetivos de esta nueva etapa de la institución que ayer destacó el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, es que el museo se convierta en un ejemplo de extensión cultural. Se dictarán cursos y talleres sobre distintas prácticas artísticas y se continuará con la modalidad de visitas guiadas, con práctica de taller para los alumnos de escuelas. "La idea es volver al barrio. La gente de Caballito quería que el museo volviera", comentó el director, Dario Klehr. El museo cuenta con un patrimonio de 900 obras de Perlotti, además de otras que fueron donadas por distintos artistas a la institución. De la casa preexistente se conservó el espacio que constituye el alma de todo artista: su taller de trabajo, incluso con sus estanterías originales.
Pero antes de llegar a este espacio, que ocupa en altura todos los pisos del edificio, hay un sector de la planta baja con varias esculturas y relieves del artista, que podrán ser conocidos por personas no videntes: podrán tocar las obras y contarán con información de cada una en sistema braille. Se busca que nadie quede al margen del conocimiento de la obra del escultor argentino, que desarrolló un estilo figurativo de temática indigenista, dentro de la corriente de pensamiento que buscaba revalorizar el pasado prehispánico, con el fin de resaltar la identidad de los pueblos americanos. Así, Perlotti viajó por la Argentina, Bolivia y Perú, para documentarse, realizar bocetos y tomar fotografías de los habitantes de los pueblos originarios -aymara, guaraní, quilmes, ona-, a quienes luego inmortalizó en bronce, mármol y madera, como el quebracho y el palo santo.
En el primer piso del contemporáneo y luminoso edificio, hay una sala de exposición que se destinará a muestras temporarias de escultura. Y en el segundo nivel, hay una biblioteca, un auditorio, una sala para la realización de talleres y otra destinada a restauración. El director del museo, que ha restaurado muchas de las obras de Perlotti, brindará cursos de formación para restauradores en escultura. Asimismo, se buscará conformar un polo escultórico con la casa-taller de Juan Carlos Ferraro (Nicasio Oroño 556), ayudante de Perlotti, que el año pasado adquirió el gobierno de la ciudad. El pintor Quinquela Martín fue un gran amigo de Perlotti, de lo que dan testimonio dos obras murales que el artista de La Boca le regaló al escultor para su casa y que hoy pueden verse restauradas. Además, se exhibe un busto en bronce de Quinquela, hecho por Perlotti, y al lado se expone una gran fotografía en blanco y negro, en la que están ambos amigos.
"Es un logro enorme la reapertura. Era necesario el cambio porque la estructura de la casa tenía problemas", comentó contenta a LA NACION Rosa Bianco, sobrina del escultor. Un logro para el patrimonio artístico de la ciudad, que vuelve a contar con un espacio renovado y vital.

domingo, 21 de diciembre de 2008

EL BULULÚ


(*) (Cuento.- Entrega I de III)
-¿Podéis padre, comprar pan en la tahona?
-¿Padre?- se rió el señor- Anda, corre y cómprate ese pan- la moneda lanzada al aire me obligó a saltar para atraparla, iniciando una rápida carrera hacia la plaza. ¡Siempre me fascinó la Plaza de Manzanares el Real! Miré la moneda con los ojos brillando por la pura avaricia de mis ocho años, no por lo que ella significaba en riqueza, ni por la esfinge de Carlos V Emperador campeando en una de sus caras; sino pensando en la hogaza aún caliente y perfumada en la que la transformaría. ¡Me ilusionaba ir a la plaza!... Podía jugar con otros niños de mi edad, corretear entre los carros, ver abrevar a las bestias en la fuente, o colarme en la venta donde los parroquianos jugaban al boliche (1) , bebían y chanceaban con voces ásperas templadas por las inclemencias del clima y el grueso vino de la tierra. ¡Siempre pasaba lo mismo!... Aparecía la bolichera; gruesa y ruda matrona acostumbrada a expulsar borrachos; para recordarme con sus escobazos que ese no era lugar para reunión de niños. Impenitente pecador, regresaba una y otra vez atraído por el sabor de lo prohibido y la disimulada protección de las mozas de servicio, anónimas cómplices que hacían la vista gorda, sin faltar alguna que diera la voz de alerta cuando la impiadosa escoba estaba próxima.
En la plaza algo fuera de lo común aglutinaba en uno de sus extremos tanto a niños como a mayores, dejando casi desierto el resto. Dudé un instante y emprendí rápida carrera hacia el corro, ¡el pan podía esperar en la tahona! Aprovechando mi escasa talla serpenteé por entre las piernas logrando llegar a la disputada primera fila.
De inmediato me atrapo la febril actividad de un hombre que con hábiles maniobras disponía contra un muro una serie de lienzos primitivamente pintados pendientes de un marco de madera. Vestido con estrafalario jubón de mangas y piernas de dispares y chillones colores; abarcas cuajadas de cascabeles haciendo juego con los que pendían de las numerosas puntas de su gorro y el toque mágico que le daba una remendada capa negra; trozo de nocturno cielo donde fulguraba una pléyade de astrales signos.
Entre el bufón y la gente que se apiñaba, una niña, señuelo y pregón, tocaba la flauta acompasando con su música las monerías de una cabra, despertando la hilaridad de los rústicos. Terminando el acto, con plástica cabriola el animalito se encaramó a una pequeña columna de madera sobre una improvisada mesa, permaneciendo con sus cuatro patitas juntas en precario equilibrio. Un estudiado grito de la niña arrebatando la columna en exagerado gesto, a la vez que la cabra saltaba al suelo y permanecía sentada sobre sus patas traseras, arrancó un nutrido aplauso de los villanos retribuido por la reverencia de la pequeña que dirigía con su gesto la atención hacia el multicolor personaje, en ese momento de espaldas e inmóvil. Un golpe de pandero lo activó girando velozmente, sorprendiendo a todos con la máscara dorada de exagerada nariz aguileña y prolongado mentón, que cubría su rostro. La voz impostada y el gesto exagerado del aquel ser me sacó de mi momentánea evasión devolviéndome a la plaza, en el momento en que el artista comenzaba su parlamento:
-Inspirado por los duendes del bosque, y conocedor del secreto del Gran Gigante, he venido ha relatar a la hermosa y avisada gente de esta villa sobre las hechuras del Maligno cuando quiso superador al Creador, para abrir las entendederas de tanta buena gente como aquí veo- un silencio en su discurso y otro golpe de pandero tensó la atención de su público, acallando las voces de algunos niños que persistían en sus rencillas para acomodarse en un puesto de privilegio.
Embozado con la capa, con afectado movimiento echó hacia atrás al primer lienzo, que a modo de telón cubría otro de pintura multicolor representando una floresta rica de frutos, en donde presidía la escena una figura con aires y ropajes de emperador romano coronado por apéndices que tanto podían ser rectos cuernos, rayos de luz divina o ridícula corona, mientras con su brazo derecho señalaba a un hombre que pugnaba por salir de una informe masa de color pardusco. En el fondo del dibujo, tras un árbol se encontraba el rostro de un demonio espiando la escena, envuelta al cuello su larga cola con punta de saeta.
-Hace más de cinco milenios, cuándo Yahvé, como entonces se llamaba Dios Nuestro Señor, creó el mundo donde hoy por su gracia habitamos- continuó su discurso señalando con ampulosa gesticulación a la figura con aspecto imperial- Hizo también al primer hombre, Adán, con el polvo del suelo y las aguas de los ríos que regaban el jardín donde vivían.
El bululú rompió su pausada actitud con un sorpresivo salto hacia atrás para caer en actitud de felina amenaza, sazonada con el cantar de los cascabeles, provocando una exclamación de admiración del público sorprendido por la cabriola y el mágico cambio de la máscara que ahora representaba a un demonio de grandes cuernos.
Lucifer se retorció en una carcajada empuñando un rojo tridente e inició una rápida corrida amenazando a su público que retrocedió, entre nerviosas risas de los mayores y gritos de espanto de los pequeños.
Me agazapé aterrado abrazándome a una pierna anónima, aterrado por la sonora voz del Diablo.
-No había escapado a la malvada curiosidad del Demonio- señalaba el fantoche con su tridente el rostro que espiaba detrás del árbol en el pintado lienzo- el prodigio que Yahvé había hecho, haciendo de barro un hombre, e insuflándole vida con su aliento.
La flauta de la niña había subido su volumen, acompañando el crescendo del juglar que describía con sus contorciones y movimientos espasmódicos la lucha interior del Maligno aprisionado entre la admiración y la envidia atacando con sorna su parlamento.

(*) bululú. (Voz imit.). m. Farsante que antiguamente representaba él solo, en los pueblos por donde pasaba, una comedia, loa o entremés, mudando la voz según la calidad de las personas que iban hablando. (RAE)

( 1 )Juego que consistía en arrojar una bola en una mesa cóncava con orificios, dependiendo el puntaje que se lograba, del orificio donde se introducía.
(Continuará el miércoles 24)
Diciembre 2008, a 50 años de constituirse nuestro grupo de amigos.- Continuará el miércoles 24.
Alfonso Sevilla

sábado, 20 de diciembre de 2008

UN JUSTO DESAGRAVIO AL VINO


Días pasados publicamos LOS CALIFORNIANOS ENVASAN VINO DE CALIDAD EN TUBOS DE CARTÓN (Clic para ir a la nota)
Hoy cumpliendo con nuestro deber cultural, publicamos este soneto de Don Jorge Luis Borges, a modo de desagravio para este elixir que dio brillo a milenios de cultura. Degústenlo... ¡Salud!

SONETO DEL VINO
¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?

Con otoños de oro la inventaron. El vino
fluye rojo a lo largo de las generaciones
como el río del tiempo y en el arduo camino
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.

En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo nuevo que este día le canto

otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.

J.L.Borges

LECTURA PARA LAS VACACIONES


Luis María Anson, de la Real Academia EspañolaEl Cultural, www.elcultural.es, España, 20Dic08
En el sabio de las literaturas, en el crítico literario, se asoma de repente el alma escondida del poeta. Miguel García Posada es, hoy, uno de los líricos españoles de más prolongado aliento. He leído Inclemencias con la misma emoción que me produjeron sus tres libros anteriores. Su impresionante poema a la ejecución de Sadam Hussein eriza la carne y es un espejo colocado delante de la sociedad hedonista que padecemos. El libro rezuma por todos los poros aciertos de concepción, una adjetivación sugerente, la deslumbrante metáfora, el sentimiento profundo. “Desdichado de aquel –escribe el poeta– que nunca tuvo o no retuvo, el triste, una flor palpitante en su memoria, pues empezamos a morirnos el día que la dejamos en los sucios desmontes del olvido”.Tenía atrasado Tú, a quien llamo amor de Nino Júdice, una antología traducida con ternura por Jesús Munárriz. Se trata de un poeta desdeñoso e interesante. Inés Pedrosa ha escrito con acierto sobre la nueva teoría de la pasión del escritor. Cada uno de los poemas de Júdice, afirma, “ilumina ese estremecimiento sísmico que nos lleva hacia el territorio enigmático del sueño y del ser”. La amada arrastra los ojos del poeta en un barco tan hondo como su propia muerte. Se recrea así la idea de Hölderlin, sobre el que Antonio Pau ha escrito un gran libro definitivo: El rayo envuelto en canción. He entendido la agria profundidad del poeta de los Himnos de Tubinga gracias al estudio maestro de Antonio Pau. Un ensayo fundamental.José Manuel Sánchez Ron hace tiempo que no me proporciona libros de ciencia accesibles para un lector no especializado. Así es que le he puesto los cuernos, entendiéndome con una científica ilustre, y he leído de un tirón Yo soy un extraño bucle de Douglas R. Hofstadter. El matemático, no sé si con más imaginación que ciencia, se adentra en extraños meandros especulativos para explicar que la consciencia, incluso el alma, puede surgir de la materia inanimada. El cerebro del hombre, afirma Hofstadter, en la traducción de Luis Enrique de Juan, puede sentir amor y tener amigos, con el regalo adicional de experimentar el vasto mundo que nos rodea. Ahí se instala el don de la consciencia. Me falta formación para juzgar científicamente este libro, que, en todo caso, fascina.Pocos intelectuales españoles se adornan hoy con el prestigio, el reconocimiento, la calidad de Antonio Fontán, sobre todo si tenemos en cuenta que no pertenece al circuito de los que militan en la izquierda política. El autor se adentra con Príncipes y humanistas en el estudio de escritores como Erasmo, Moro, Vives, Maquiavelo, Dantisco, Nebrija o el cardenal Margarit. No se puede leer deprisa el libro de Fontán. Es tan sugerente que exige la calma y la reflexión. Hay toda una vida de trabajo y serenidad del alma detrás de esta obra que el catedrático ha puesto en manos de sus lectores.He ojeado el Diccionario filosófico del Siglo de Oro de Julio Cejador en la edición de Abraham Madroñal y Delfin Carbonell. Conozco bien a este último que, a pulso y con escasos colaboradores, ha levantado una obra lexicográfica ingente. Su mano, su conocimiento, su buen sentido, están presentes en la versión del diccionario de Cejador que desborda erudiciones y saberes.Darío Villanueva es un sabio de la literatura. He conocido a pocos intelectuales con una cultura literaria tan sólida como la que exhibe el que fue rector de la Universidad de Santiago. En Las fábulas mentirosas ha agavillado seis ensayos enlazados por el lenguaje y la verdad poética de El Quijote. A caballo sobre la idea de Cervantes de que “tanto la mentira es mejor cuanto más parece verdadera”, Darío Villanueva cabalga al galope de su cultura por la galaxia de Gutenberg, por la razón de McLuhan al anticipar la aldea global de internet. Shakespeare y Sor Juana Inés de la Cruz, Román Ingarden y Alejo Carpentier, los autores españoles y americanos, se tienden en la mesa de operaciones para que Darío Villanueva haga filigranas con su bisturí literario.No son suficientes pero sí interesantes los libros que propongo al lector de El Cultural para que no pierda demasiado tiempo durante las vacaciones con los turrones y las cantinelas de la diversión obligada y estéril del fin de año.Luis María ANSON

LA DICHA EN MOVIMIENTO


La Nación, adnCULTURA, Buenos Aires, Argentina, 20Dic08
"El periodismo es una variante ilustrada y lúdica de la pobreza", dice el autor, quien desde 1996 trabajó como cronista en España, Hungría, México y Brasil. Fantasma de Bukowski en Barcelona, extra de Evita en Budapest y compañero de un funkeiro en Río de Janeiro, deja claro que tanto en los viajes como en el periodismo sólo se necesita una cosa: buenos amigos
Por Leonardo Tarifeño
De la Redacción de LA NACION

Lo bueno de viajar es que acaba con las teorías. Mientras otros discuten interminablemente si salir de viaje es bueno o malo, divertido o engorroso, necesario o inútil, peligroso o excitante, uno se sube a un avión o un tren o un barco y al bajar encuentra lo que de veras vale la pena, es decir, ni más ni menos que el mundo.
Formar parte de un paisaje nuevo e impensado, poner los cinco sentidos sobre una cultura diferente y abrirse a una sociedad de la que siempre pueden aprenderse muchas cosas son aventuras que dejan huella y de las que sólo permanece ajeno quien jamás se aparta de sí mismo. Por supuesto, está el que elige viajar despierto, encerrado en un cuarto, entre las páginas de un libro o frente a la pantalla de la compu, con la pura imaginación. Y está muy bien, cada uno es feliz a su manera. La mía ha sido (y aún lo es, me temo) desaparecer de los lugares que solía frecuentar y aparecer en la otra punta del planeta, a miles de kilómetros de quienes opinan y opinan sobre el mundo con más ganas de tener razón que de conocerlo un poco. Ante la tibia luz del rayo de sol que inaugura la primavera de Budapest y quiebra cuatro largos meses de frío y nieve, perdido a las 3 de la madrugada en la negrísima noche africana de Bamako o en el asiento trasero del coche que un músico brasileño conduce a 160 kilómetros por hora por las calles de Río de Janeiro, no hay teoría que valga. Y cuando ya no hay teorías ni opiniones que tranquilicen ni le den seguridad al que cree saberlo todo, lo único que queda es sumergirse en el viaje y crecer a su ritmo. Sentir la marea. Vivir sin prólogos.
Mi manera de viajar no es de las recomendables, ya que consiste en instalarme allí adonde voy. En mi caso, viajar no es ir y regresar, sino llegar, quedarme y en algún momento volver a tomármelas. Así fue que a principios de los años 90 me fui a vivir a Barcelona, tiempo después armé una nueva casa en el Octavo Distrito de Budapest, a fines de esa década salí disparado hacia el Distrito Federal mexicano y ya en este siglo XXI pasé todo 2006 en Río de Janeiro. Sin ser un fundamentalista de la literatura, en cada lugar tuve oportunidad de descubrir textos y autores que me hubiera costado mucho conocer de otra manera. En España, las crónicas de Álvaro Cunqueiro y Josep Pla, y más recientemente, las de Guillem Martínez (compiladas en su notable Grandes ...xitos ). En Budapest, los libros de los gemelos Giorgio y Nicola Pressburger ( El elefante verde , Historias del Octavo Distrito ), la obra de György Faludy, Agota Kristof y Deszö Kosztolányi, y los inolvidables Viaje alrededor de mi cráneo , de Frigyes Karinthy (la primera crónica de una operación de cerebro) y Filosofía del vino , de Béla Hamvas. En México, la crónica Palmeras de la brisa rápida , de Juan Villoro, el extraordinario Nueva grandeza mexicana de Salvador Novo, y Autopsias rápidas y demás textos periodísticos de Jorge Ibargüengoitia. Y en Brasil, la lectura en portugués de la mítica revista O Pasquim , y las crónicas de los dos Nelson (Motta y Rodrigues). Sin embargo, hay que decir que, al menos en mi caso, viajar ha relativizado la pasión por el arte. "Después de todo lo que me pasó, ahora no puedo mandarme la parte y decir que lo más importante para mí es la literatura", me dijo Juan Forn una tarde soleada, mientras tomábamos el catamarán que va de Río de Janeiro a la isla de Niterói. Forn hablaba de las dos pancreatitis que casi lo mandan a otro viaje, el que termina en el más allá. Y ahora que lo pienso, no sé si el gusto por viajar no es una especie de enfermedad, en el sentido de algo extraño e inevitable que se mete en el cuerpo y ya no se va. En relación con la literatura y la cultura con mayúsculas, el efecto colateral de ese virus hace que a uno deje de interesarle el producto artístico o el logro de una obra, para poner la mira en ese otro arte que se enciende al probar un sabor inexplorado, conocer a personas muy distintas o dejarse llevar por el pulso de una ciudad desconocida. Es el arte de viajar, tan parecido al arte de vivir.

* * *
Con el periodismo de por medio, el arte de vivir se transforma en el de sobrevivir. Y si el viaje forma parte del asunto, la supervivencia es un maratón de la bohemia kamikaze, una carrera insensata por saber hasta dónde se llega sin plata ni apoyos ni recursos. Los diarios y revistas resultarían más divertidos si alguna vez se contara cómo hacen muchos periodistas independientes en viaje por el extranjero para llegar hasta parajes del fin del mundo, entrevistar a quien sea en condiciones de pobreza delirante y enviar sus artículos con una dignidad insospechada. Lo que no sé es si al lector le gustaría conocer esa verdad, porque ya he visto que, en ocasiones, los editores y el público parecen más interesados en las historias verosímiles que en la veracidad de los hechos (Ryszard Kapuscinski ha escrito páginas memorables en esa cuerda). Muchas veces, la verdad por sí misma no interesa tanto como que sea creíble; y debo decir que las historias personales de los reporteros en viaje son más increíbles que verosímiles. Tal vez por eso se habla y escribe mucho sobre la crónica de viaje, porque en estas cosas la teoría -y, en definitiva, la invención o la especulación- tiene un mercado intelectual más amplio que la realidad pura y dura.
Yo todavía no he visto que nadie relate el backstage de la miseria feliz que me ha tocado atestiguar o vivir entre los freelance tercermundistas de Europa y Latinoamérica (la mayoría, argentinos) y sospecho que cuando eso se investigue y narre seriamente vamos a tener un periodismo a años luz de la objetividad pretendida, pero mucho más amable y franco. Mi debut en el mundo de la tragedia personal salvada -a medias- por la urgencia profesional fue en 1994, en Barcelona, días después de la muerte de Charles Bukowski. En esa época, yo trabajaba como lector para la editorial Anagrama, pero como nunca tenía el suficiente dinero para pagar el alquiler, había no pocas noches en las que llegaba la hora de irme a la cama y yo seguía sin saber dónde podría descansar ("¡Conocí a un latinoamericano al que todavía le va peor que a ti!", me dijo una vez mi jefe, el editor Jorge Herralde: hablaba de Roberto Bolaño). Mi rutina consistía en darme una vuelta por Anagrama, aceptar el encargo que me hicieran y llevarme los libros o manuscritos que debía leer o corregir. Con ese material iba de drugstore en drugstore , de los que abrían las 24 horas, y entre refugiado y escondido en una mesa me quedaba a trabajar durante toda la noche hasta que me echaran por consumir apenas un café. Si me daba sueño, me colaba en el subte y dormía en los viajes de las líneas más largas; si tenía frío, iba al bar cabaretero Kentucky, en el Barrio Chino, que de tan lleno de gente siempre generaba un calor divino. Esa semana, la casualidad hizo que una de las novedades de Anagrama fuera justamente Hank , la biografía de Bukowski firmada por Neeli Cherkovski. Desde las oficinas de Anagrama, en la callecita Pedró de la Creu, llamé por cobro revertido a Clarín ; allí le hablé del libro a la editora Hinde Pomeraniec, quien me pidió un artículo sobre Hank y un anticipo de esas páginas para la sección cultural del diario. Ya había vendido la nota, en algún momento cobraría un dinero que me serviría para pagar parte de un mes de alquiler compartido. Pero mientras tanto ya no sólo iba a necesitar un cuarto y un colchón en algún lugar de Barcelona, sino también una máquina de escribir.
Como cada noche, esa vez fui con Hank primero a un drugstore , luego a otro y después a otro, mientras esperaba que llegara la hora en que abriera el subte. Con la lectura, las andanzas vitales de Bukowski se cruzaban con las mías, y ese era el único consuelo que encontraba ante la evidencia de no poder escribir y mandar la nota a tiempo. ¿Dónde iba a escribirla? ¿Cómo y cuándo, si ni siquiera podía descansar? A medida que el desconsuelo empezaba a competir con el sueño y el frío, me ganaba una parálisis de duermevela, donde extrañamente la anestesia me hacía sentir que de alguna manera todo iba a salir bien. Mientras leía, ya que no tenía mucho más que hacer, una chica hippie o simplemente sucia se me acercó para preguntar por el libro. "Me encanta Bukowski -dijo-, ¿estás leyendo una novela sobre él?". Le conté parte de la verdad mientras veía que su novio o algo parecido me vigilaba desde un espejo del drugstore . Ella aprovechó para decirme que eran pareja pero se estaban peleando y por eso habían salido a la calle tan tarde, para tomar algo y despejarse. Y que si yo era periodista y debía escribir un artículo urgente podía ir a su casa y usar su máquina, además de dormir un rato en el sillón del living . Así, gracias al dios aparte que tienen los viajeros, hice la nota, se publicó a tiempo y yo cobré el dinero que necesitaba. A la chica y a su novio nunca los volví a ver.
El periodismo es una variante ilustrada y lúdica de la pobreza, y quienes viajamos hemos podido disfrutar de su versión cosmopolita, muy probablemente el mejor camino hacia la alegría de ser reportero. Hay una frase hecha que describe el trabajo periodístico como la forma más divertida de ser pobre, y yo he podido corroborar esa afirmación con hechos que compensan su eternamente oscuro porvenir económico. La anécdota viajera que tal vez retrate mejor esta circunstancia me tocó vivirla en Budapest, en 1996, durante el casting de Alan Parker para Evita . Agobiado por el maltrato peronista a Madonna y las dificultades logísticas que se le impusieron en Buenos Aires, Parker levantó campamento y trasladó la filmación a la capital húngara, por cierto la patria chica de uno de sus productores. Allí, el parecido de ciertos barrios budapestinos con el centro porteño de los años 50 y la mano de obra barata le iban a permitir un final de fiesta cinematográfico acorde con la dimensión del proyecto. De todas maneras, y a pesar de las noticias de la mudanza que llegaban desde Buenos Aires, fue de veras sorprendente que una mañana de febrero la ciudad amaneciera con carteles que en las calles y hasta en los diarios llamaban a todos aquellos que tuvieran alguna apariencia más o menos latina (entre ellos, la mayoría de la población gitana), para ser contratados como extras. La paga sería mínima, pero para el periodista viajero toda paga es buena, incluidas las pésimas.
La cita era un domingo a las 11 de la mañana en el Kossuth Klub, y a las 9 ya había una larga fila de gente. Era pleno invierno, y el invierno en Budapest es mucho invierno. En la cola estaban los bolivianos que tocaban música andina en el subte, los gitanos que asaltaban en el tranvía, algunos chinos que vendían sushi por la calle y los mexicanos de la Embajada, entre otros que no conseguí identificar. Yo pensé que, por ser argentino, podría hacer de argentino, así que confiaba en que me elegirían para ser extra en la película de Madonna. Sin embargo, cuando entré a una pequeña oficina para el casting , lo que se me pidió no fue que hiciera de argentino (ni siquiera que me pareciera a uno), sino que entonara los versos de "My Bonnie Lies Over the Ocean". Por muy argentino que fuera, en Evita no iba a serlo si no sabía cantar. Me fui del Kossuth Klub cerca de las 6 de la tarde, sólo para comprobar que habían contratado a los bolivianos y a los mexicanos, mientras que yo apenas había conseguido la promesa de que me llamarían si necesitaban gente. La promesa se hizo realidad para un solo día, el de la filmación del baile posterior a la elección presidencial de Perón. Estuve todo un día, desde las 6 de la mañana hasta las 12 de la noche, en la gélida Plaza de los Héroes de Budapest, y la verdad es que nunca supe si en la película aparezco o no. Amigos míos dicen que un brazo en la escena del vals es el mío (no identifican mi brazo, sino el pelo de la china con la que bailaba). La paga mínima fue más mínima por tratarse de un solo día. Pero hice la crónica del casting , la publiqué en el diario mexicano La Jornada y así pude contar una de las historias más entrañables que me tocó vivir en el pintoresco mundo de la bohemia periodística global.
De todas maneras, más que dinero o recursos, lo que de veras se necesita así en los viajes como en el periodismo son buenos amigos. Eso me quedó claro hace poco en Río de Janeiro, cuando con el fotógrafo francés Vincent Rosenblatt fuimos a hacer una larga crónica con el funkeiro Mr. Catra para la revista colombiana SoHo . Vincent es un reportero de inquietudes sociales, en Rio fundó la ONG Olhares do Morro y lleva años enseñándole el oficio fotográfico a los chicos de las favelas, tanto para que tengan un oficio como para que cubran periodísticamente la realidad de la miseria, sin depender de la cobertura tendenciosa de cadenas como O Globo. Como ya es un personaje conocido en las favelas de Mangueira, Rocinha y Cidade de Deus, Vincent tiene buenos contactos y así fue que me propuso seguir durante varios días al hiphopero Mr. Catra, tal vez el mayor representante del funk carioca. En Río, el funk es una creación absolutamente favelada, hecha en la más completa ignorancia musical, basada en un ritmo percusivo electrónico y un grito cantado de lo más machacoso. Por si hace falta decirlo, las letras son odas al sexo explícito, a los gritos femeninos y masculinos durante la cópula, largos himnos dedicados a los fluidos intercambiados y al morbo de la temperatura erótica compartida con miles de personas durante alguno de los popularísimos bailes. Vincent ya conocía a Catra; yo iba a verlo por primera vez en un sauna del centro, con chicas semitapadas-semidesnudas con toallitas, y nuestro héroe en un escenario improvisado al que las mujeres se subían para tirar la toalla al ritmo del hip hop . Cuando terminó el show, hubo que esperar a que Catra saliera del cuarto adonde se había encerrado con dos morenas. Como siempre, a Vincent y a mí no nos sobraba el dinero; esperamos al artista con tres de sus amigos-guardaespaldas y, cuando apareció, nos subió con su gorila de confianza a un Renault negro.
Catra iba al volante, la velocidad subía más y más, pasábamos los puentes de la zona sur en un suspiro, desde el asiento trasero yo saltaba tanto que no podía enfocar en el velocímetro y cuando vi que íbamos a 160 kilómetros por hora noté que él tenía un porro en la boca. "Yo tengo que ir a Colombia, hermano, ¿sabes qué fiestas podemos hacer allá?", repetía Catra entre pitada y pitada, y sólo empezó a bajar la velocidad tras advertir que a lo lejos brillaba una estación de servicio. Siempre con el porro en la boca, el funkeiro se bajó y pidió que llenaran el tanque, el olor de la nafta se mezclaba con el de la marihuana, no sé por qué no corrí desesperado si estaba seguro de que íbamos a volar en pedazos. En lugar de irme, le pedí a Vincent que me fotografiara con Catra. El empleado de la gasolinera anunció cuánto era y la estrella le pagó cuatro veces más. De nuevo en el Renault, el martirio del vértigo duró poco porque rápidamente llegamos a un bar en Tijuca. Allí improvisaban Zeca Pagodinho con el rapero Marcelo D2; en un momento Catra compartió el escenario y, al bajarse, nos pidió que nos quedáramos para hacer la entrevista. Vincent y yo esperamos una hora, dos horas, tres horas, bebimos y bailamos y Catra desapareció. Estábamos en Tijuca a las 5 de la mañana, yo no tenía dinero ni para el ómnibus, a Vincent le alcanzaba para el suyo pero prefirió acompañarme para que yo no volviera solo. Estábamos cansados y teníamos más de dos horas de caminata hasta nuestras respectivas casas, la mía en Lapa y la suya en Santa Teresa. El sol salía detrás del mar, el vuelo de los pájaros nos rodeaba, el Cristo del Corcovado nos observaba mientras Río de Janeiro se veía más hermosa que nunca. Hoy no recuerdo el cansancio, sino la belleza de esa mañana. Son las dulces trampas que hace la memoria cuando cada viaje se convierte en una vida pasada pero cercana, donde todas las mañanas el sol sale detrás del mar.

adn*TARIFEÑO. Regresó a Buenos Aires en agosto de 2007, tras 15 años en el extranjero. En México fue compilador en la antología Enviados especiales (Aguilar)

viernes, 19 de diciembre de 2008

SOLZHENITSIN REGRESA CON LA QUE FUE SU 'OPERA PRIMA'


La Vanguardia, Barcelona, España, 17Dic08
"Un día en la vida de Iván Denísovich" fue el relato pionero del Gulag y llegó a editarse, en 1962, en la URSS de Jrushov.
Rafael Poch | Berlín. Corresponsal . La editorial Tusquests lanzará en breve la edición de la que fue "opera prima" de Aleksandr Solzhenitsin, "Un día en la vida de Iván Denísovich".
Se trata de un relato que narra la jornada de un preso en un campo de trabajo de la URSS estalinista y que logró ser editada en la propia Unión Soviética jrushoviana de 1962. Es un libro breve y estrictamente literario, sin concesiones al tono profético y explícitamente moralista habitual en el gran escritor ruso.
El protagonista de "Un día..." es un campesino, Iván Denísovich Shújov (el preso S-854), que emplea un ruso muy particular, muy rural y de pueblo, y con giros y términos bastantes complicados para el traductor. "He hecho hincapié en una gramática llana y sobretodo en un léxico muy directo", explica en Berlín Enrique Fernández, traductor de ésta y otras obras de Solzhenitsin. "Iván Denísovich Shújov emplea muchas frases hechas, cada vez que nos topamos en la traducción con un 'no está el horno para bollos', 'en menos que canta un gallo' o 'quedarse a dos velas', la traducción está reflejando la misma pegada que tiene el original", dice.
Residente en Ginebra, donde trabaja en la sede de la ONU, Fernández ha resuelto con oficio las complicaciones del texto. Para ello ha tenido que acuñar términos como "Loritos", "girallaves", "trabajas" y "pasamanos", para dar nombre a la fauna humana del universo penal estalinista. "Algunos ya los había acuñado al traducir el primer tomo del Gulag en los noventa y simplemente los mantuve. En todos los casos, se trató de hacer una apuesta, de inventar algo nuevo basándome en las definiciones que encontraba en diccionarios de germanía y jerga penitenciaria soviética. Al lector hispanohablante tenían que resultarle tan chocantes como al público ruso cuando los escuchó por primera vez y al mismo tiempo conservar en castellano la imagen, la ácida ironía de la jerga carcelaria".
Fallecido el 3 de agosto, el escritor ruso habría cumplido noventa años el miércoles pasado. Sometida a todo tipo de recortes y apostillas, la obra "definitiva" de Solzhenitsin está siendo editada desde hace años por Tusquets con traducciones directas del ruso, bien diferentes a las de los años setenta, cuando Solzhenitsin llegó a España literariamente desdibujado y políticamente estigmatizado como "reaccionario", por el mero hecho de narrar la verdad sobre uno de los grandes dramas del siglo XX ruso. Al lado de aquella epopeya, literaria y personal, que le convierte en un gigante, el hecho de que Solzhenitsin multiplicara hasta el absurdo el número real de víctimas de la represión estalinista resulta bastante anecdótico. Entonces aquellos datos eran imposibles de comprobar.

La evidencia documental de la era de 'terror estalinista'
Solzhenitsin manejó sesenta y hasta cien millones de muertos, pero la evidencia documental ha demostrado que entre 1921 y 1953 unos 4 millones de personas sufrieron la represión del sistema penal estalinista. De ellos, cerca de 800.000 fueron condenados a fusilamiento. Además se estima que otros 600.000 murieron en presidio, por lo que las muertes estrictamente "penales" de aquel sistema fueron 1,4 millones. En el momento culminante de la represión, durante el llamado "gran terror" de 1937-1938 en la URSS se practicaron nada menos que 2,5 millones de detenciones.
Fernández recuerda que "Un día en la vida de Iván Denísovich" fue el libro con el que Solzhenitsin se dio a conocer tanto dentro y fuera de la URSS. "Con él dejó de ser un maestro de escuela perfectamente desconocido. Paradójicamente, a la izquierda europea de la época les resultó mas incómodo vérselas con el libro que al propio Kremlin", dice. "Fue un libro que marcó un punto de inflexión e hizo posible la aparición de Archipiélago Gulag", explica. "Iván Denísovich fue el primer acto, la obertura. Lo gordo venía después... El Denísovich es una versión breve, en forma de relato, es mucho más ameno. En cambio el Gulag contiene todos los datos, fechas y lugares: es exhaustivo y metódico.
Preguntado que obra le gusta más de las dos, Fernández opta por el "Denísovich"; "es más entrañable", dice. "El Gulag, en cambio, es desgarrador, aunque tiene pasajes emocionantes, como el del fin de la guerra contra los nazis". Junto con Varlam Shalamov y sus incomparables "Relatos de Kolymá", tan bien cuidados por la sólida traducción de Ricardo San Vicente, el lector español dispone ya de la mejor edición sobre el Gulag soviético.

jueves, 18 de diciembre de 2008

LOS CALIFORNIANOS ENVASAN VINO DE CALIDAD EN TUBOS DE CARTÓN

AFP, 17Dic08
Los puristas del vino desprecian los corchos de plástico y aúllan ante la idea de un tapón de rosca. ¿Qué dirán entonces del vino en tubos de cartón, última invención de una empresa californiana?
HEALDSBURG, Estados Unidos
Los puristas del vino desprecian los corchos de plástico y aúllan ante la idea de un tapón de rosca. ¿Qué dirán entonces del vino en tubos de cartón, última invención de una empresa californiana?

La venta de vino barato en cajas de cartón no es novedad. Pero la compañía vitícola Four afirma que sus 'Cabernet Sauvignon' y 'Petite Sirah' envasados en tubos en cartón de tres litros constituyen una primicia en el sector de los vinos de calidad en California. Para el gerente de Four, Larry Leigon, estos tubos son más respetuosos del medio ambiente que las botellas, y menos costosos. Además, asegura que el vino se conserva incluso mejor una vez abierto, ya que la tapa del tubo es más hermética que el corcho. Leigon considera que las tradiciones también cambian y recuerda que hubo un tiempo en que las botellas sustituyeron a las ánforas. "El vidrio fue una innovación de los siglos XV o XVI", destaca durante un encuentro en Healdsburg, en el establecimiento del condado de Sonoma (norte de San Francisco) donde se envasan los vinos Four.
"Este tubo también puede iniciar una tradición", dice.
Algunos productores de vino francés son escépticos ante la venta de vinos premium en un tubo de cartón. "No veo la razón. La gente bebe vino con la comida y pone una botella sobre la mesa. Las cajas de cartón cilíndricas se hacen para la leche", observa Alain Vauthier, propietario del Castillo Ausone en Saint-Emilion, famosa región vitícola de Burdeos (suroeste de Francia).
"Para un buen vino, es necesario un vidrio (de botella) bien oscuro y un tapón de gran calidad. La durabilidad del cartón también me plantea dudas. Aquí tenemos botellas de Ausone 1849 que aún son maravillosas. Eso no pasaría con el cartón", prosigue Vauthier.
"Para vinos baratos que se beben en dos a tres años, sí, se pueden usar tubos de cartón, pero no para vinos de calidad que necesitan guardarse durante 10, 20 ó 30 años", insiste.
Incluso en Estados Unidos hay quienes son prudentes ante la nueva propuesta. Mark Friedrich, de 'The Wine Shop', cree que los tubos son perfectos para almacenar y transportar vino, pero pueden quitarle encanto a la ceremonia de tomarlo. "Si llevas a tu mujer en un restaurante de lujo, ¿quieres que el mozo descorche una botella o retire la tapa?", se pregunta. "Pienso que (los tubos) no llegarán nunca al mercado de alta gama".
Los tubos de Four, de 28,5 centímetros de alto y 13 cm de diámetro, contienen el equivalente a cuatro botellas de vino de 750 ml, de ahí su nombre (Four en inglés significa cuatro), y cuestan 40 dólares al consumidor final. El vino no está directamente en contacto con el cartón, puesto que el tubo contiene una bolsa interna de plástico. Todos los materiales se reciclan. La fabricación del tubo insume menos energía que la de hacer cuatro botellas y su peso inferior vuelve el transporte menos costoso. "Creo mucho en el romance entre la botella y el corcho. Me encanta. Y siempre habrá lugar para eso", opina Bill Leigon, hermano y socio de Larry. "Pero no si es a costa del medio ambiente".
Los hermanos Leigon y el viticultor Barry Gnekow esperan a largo plazo comercializar cuatro tipos de Four: dos vinos blancos y dos tintos. La primera partida de 10.000 tubos lanzada al mercado en octubre se está vendiendo bien, aseguran, y una segunda partida de 6.000 tubos está prevista para enero. Habrá que esperar qué impacto tiene la propuesta en la escena internacional, donde hará su aparición en la feria comercial ProWein de Düsseldorf (Alemania) a fines de marzo.

(Nota de Clave 88: Por respeto al vino y sus amantes no hemos colocado ninguna imagen de cartón para vino. Auguramos un rotundo fracaso para este engendro, en aras de que el vino siga siendo vino. Para los que estén de acuerdo con el artilugio les proponemos que no usen copas, sino vasos de papel, también recicables. Y además, amigos, seguramente el producto es inferior a mediocre y, no se dejen engañar, extremadamente caro. Si quieren un buen vino como Dios manda vengan a Argentina y verán lo que es tratar con dignidad el fruto de la artesanía milenaria del vino. Con la diferencia de precio se pagan el pasaje y beberán verdadero vino.Si prefieren envases de cartón trainganlo y les ponemos nuestro buen vino en ese contenedor. ¡Eso sí, se lo cobramos al precio que Uds. dicen, U$S 40 por cada cuatro botellas!)

lunes, 15 de diciembre de 2008

¡A GASTAR PÓLVORA SE DIJO!...


La Voz del Interior, Córdoba, Argentina, 15Dic08
Los ejercicios militares terminaron por ser una obligación los domingos. Era de ver a la mocedad pasar rumbo al cuartel, mientras en los balcones se asomaban sonrisas juveniles, como un prólogo para la retreta de la tarde. Por Efraín U. Bischoff .
Efraín U. Bischoff
Historiador, escritor

Todos los evocadores de aquellos días argentinos de los alrededores del año 1890, no han dejado de puntualizar las amarguras pasadas por el pueblo del país. En consecuencia, nosotros no vamos a descubrir esa faceta histórica, pero anhelamos puntualizar algunas indicaciones vinculadas con la existencia cordobesa. Presidente de la República era el doctor Miguel Juárez Celman, estrechamente relacionado con la sociedad cordobesa. Diversas circunstancias hicieron tener en la juventud el deseo de saber manejar las armas. Pocos eran declarantes de adiestrarse para defender sus ideas, sino por lo general con palabras amables comunicaban a quien querían Irós, que era para no errar el escopetazo ante la salida volando de alguna perdiz o la corrida de un conejo frente al vehículo utilizado para ir a pasar un día en las serranías… Tuve hace muchos años oportunidad de escuchar a hombres mayores de edad que en aquellos días de 1890 estaban en plena juventud, y cuando referíanse a todas las andanzas tenidas no dejaban de subrayar haberlo hecho, en reiteradas oportunidades, para quedar requetebién ante una novia en ciernes o, secretamente, mostrar a alguno de sus adversarios en conseguir un amor que debía con él tener cuidado pues donde él ponía “el ojo ponía la bala”. Pero seguían la amistad… Esa época se deslizó así y siempre que me tocó recordarla a través de los documentos y publicaciones periodísticas entonces dadas a conocer, encontramos nuevas referencias. Lo cierto es que alguien calificó de “epidemia” a la costumbre de saber manejar las armas, tomándola con sonrisas. No faltó el pendolista capaz de largar al vecino de enfrente de su casa, una cuarteta como para hacerle saber que no tenía con él que descuidarse. Así, en unas líneas periodísticas de 1889, aparecieron sabrosas expresiones y ahora copio de mi memoria: “Señor, usted mirado / con bastante asiduidad, / a niña de la otra cuadra / donde yo también he puesto / mis pupilas de galán… / quiero advertirle, vecino, / no estar dispuesto a dejarme / se me escape esa avecilla / y para eso he buscado / un cañón que mi abuelito / utilizaba en los casos / que deseaba conquistar… / vaya, usted, sabiendo ahora / que si mi abuelo no erraba / tampoco yo voy a errar...”. Y el otro, desde la vereda de enfrente, le hacía seña de “pito catalán” con sus dedos sobre la nariz…

Obligación dominguera. Los ejercicios militares terminaron por ser una obligación los domingos. Era de ver a la mocedad pasar rumbo al cuartel, mientras en los balcones se asomaban sonrisas juveniles, como un prólogo para la retreta de la tarde. Casi siempre, sargentos ya curtidos de los batallones de línea tenían a su cargo la instrucción de la muchachada, y a poco de andar en los barrancones del ahora Parque Las Heras, la fusilería forjaba un revolotear de pájaros en las mañanas domingueras. No faltaron algunos cronistas que en diversos tonos comentaron en las páginas periodísticas ser necesario crear entidades reuniendo a los jóvenes y a los que no lo eran, para que pudieran practicar, y de esa manera se encontraran todos adiestrados para afrontar alguna situación peligrosa, ya que fuera de los grupos políticos entonces dominantes (aunque el partido Autonomista Nacional era el apretador de la mano desde el gobierno y distintos sectores del pueblo), los “cívicos” iban apareciendo con apariencia tímida, pero con ganas de ganar cualquier combate...”. Ocurrió que siendo gobernador de la provincia don Marcos N. Juárez, no faltaron quienes le calentaron la oreja para tomar la iniciativa de crear la mencionada institución. Así fue como el 19 de julio de 1889, dio a conocer un decreto mediante el cual se permitía la fundación de “La Sociedad de Tiro al Blanco y Manejos de Armas”. En los considerandos del aludido decreto señalábase que entidades de esa naturaleza “levantan y robustecen el espíritu nacional por el convencimiento de la propia fuerza”. Pocos días después, el 31 de julio, se presentó el denominado Club General Paz, solicitando constituirse en “Sociedad de Tiro al Blanco”, siendo presidente el señor Manuel Fernández Narvaja. Como entendido en la cuestión, el capitán Tristán Villarruel se encargó de redactar el reglamento correspondiente, siendo aprobado por el gobierno provincial el 24 de setiembre de ese año. Desgraciadamente, a poco de comenzarse la organización, sobrevinieron los dramáticos acontecimientos de 1890, pero apaciguados los ánimos en 1891, fundose en Buenos Aires, presidido por el doctor Aristóbulo del Valle, el “Tiro Federal Argentino”. Meses más tarde, nació aquí una institución similar, el 30 de mayo de 1892, siendo sus autoridades provisorias encabezadas por el capitán Pedro Gordillo. Días después, en el Teatro Progreso, el 8 de junio, quedó designada la comisión directiva, encabezada por el doctor Pedro Funes Lastra. Pero el entusiasmo de los momentos iniciales decayó luego. Sin embargo, el 5 de abril de 1895, en otra asamblea realizada por el doctor José del Viso, se retomó. El diario La Libertad había dicho el 6 de marzo de ese año: “No podemos dejar de tener fe en el patriotismo de los hijos de Córdoba”. La respuesta fue la aparición de la entidad de tiro. Pueblos del interior imitaron el gesto: en Deán Funes se creó el 14 de abril de 1895, presidida por don Alejandro Bustamante; en Cruz del Eje, el 8 de mayo siguiente, encabezada por A. Castro y en Villa Dolores, el 12 de ese mismo mes, con presidencia de David Ruiz Palacios. Otras localidades hicieron igual. Era como gritar: “¡A gastar pólvora se ha dicho!...”.
© La Voz del Interior

domingo, 14 de diciembre de 2008

EL MISTERIOSO PADRE DEL TERROR


La Nación, adnCULTURA, Buenos Aires, Argentina, 13Dic08
A dos siglos del nacimiento del escritor estadounidense, Páginas de Espuma publica una nueva edición de sus Cuentos completos, en la que cada uno de los 67 relatos es comentado por un escritor iberoamericano. El libro muestra la vigencia de un creador cuya figura, romántica y atormentada, estuvo rodeada hasta la muerte de sombríos enigmas
Sábado 13 de diciembre de 2008 | Publicado en la Edición impresa
Por Eduardo Berti
Para LA NACION
La existencia y la muerte de Edgar Allan Poe estuvieron rodeadas de un misterio comparable al de algunos de sus mejores cuentos, aquellos que muestran "la cara nocturna de la vida", según dijo el mexicano Carlos Fuentes, y que parecen provenir del "tétanos del alma", como afirmaba Artaud.

De su muerte, ocurrida el 7 octubre de 1849, no hay una versión fehaciente. Poe había finalizado una gira por los Estados Unidos con el objeto de reunir dinero para fundar una publicación propia, cuando viajó a la ciudad de Baltimore. A partir de ese momento la crónica queda envuelta en la bruma. Hay quien aseguró haberlo visto el 3 de octubre, delirante y angustiado por las calles de Baltimore. Hay quien tejió la teoría de que fue emborrachado por agentes electorales que deseaban inducirlo a votar varias veces por un mismo candidato. Se han dado las explicaciones más encontradas: Poe fue asesinado, Poe sufrió una hipoglucemia o un ataque de epilepsia, Poe murió de una sobredosis de drogas, Poe tenía sífilis, Poe estaba deprimido y quiso suicidarse. Los últimos años no habían sido especialmente gratos. Tras la muerte de su prima y esposa Virginia Clemm (con quien se había casado en 1836, cuando ella apenas tenía 13 años), había intentado en vano dejar de beber para, de paso, satisfacer así los deseos de Sarah Whitman, una poeta viuda que lo atraía. No lo logró, ni siquiera uniéndose a una sociedad llamada Los Hijos de la Temperancia.
Con respecto a su nacimiento (del que en breve han de cumplirse dos siglos), suele fijarse como fecha el 9 de enero de 1809, pese a que no existe ningún certificado oficial y pese a que varias biografías publicadas en el siglo XIX indicaban 1811, seguramente a raíz de un breve texto que Poe redactó en 1842 para una antología a cargo del editor y crítico Rufus W. Griswold, texto donde también indicaba que su abuelo paterno, David Poe, había sido general e íntimo amigo de Lafayette. Tal parece que, en verdad, había sido carpintero y recibió un título honorífico de general por haber donado dinero al ejército.
Los padres de Poe eran actores de teatro ambulante. Solían representar a Shakespeare. La madre murió cuando Edgar tenía apenas dos años de edad. Con respecto al padre, no queda del todo claro si se marchó o si murió casi al mismo tiempo que su esposa. De cuidar y educar a Edgar se encargó el matrimonio Allan, una acaudalada familia de Richmond, Virginia. A partir de ese momento, el apellido Allan se agregó, como una cuña, en medio de su nombre y la orfandad lo marcó para siempre.
Precoz poeta, a Edgar le gustaba emular a Byron y no hubo muchacha de Richmond que no recibiera uno de sus versos, sin excluir su primer amor imposible, Jane Stanard, la joven madre de un amigo, que murió muy joven (como la madre de Poe, como su madre adoptiva: Frances Allan) y dejó en el enamorado un recuerdo indeleble que reaparece en numerosos personajes femeninos enfermizos o al borde de la tumba.
Con su paso fugaz por la Universidad de Virginia empezaron el alcohol y la vida aventurera. Se alistó también fugazmente en el ejército como soldado raso (dijo llamarse Edgar A. Perry y se agregó 4 años de edad), rompió con los Allan, o mejor dicho, con su padre adoptivo John, y se volcó al periodismo y a la crítica literaria para sobrevivir.
El dinero fue una de las razones por las que, tras sus comienzos poéticos, incursionó en la prosa. Suele decirse que 1831 fue un año clave o de transición: se mudó a Baltimore y empezó a esbozar poemas y relatos donde la muerte y la locura, por no decir el terror a ambas, son el tema principal. Un periódico de Filadelfia publicó en 1832 su primer cuento, "Metzengerstein". Son palpables al principio las influencias de la literatura gótica, del siempre nombrado E. T. A. Hoffmann y del llamado "romanticismo oscuro". Pronto y sin dejar de satisfacer el gusto masivo de su tiempo, que tendía hacia lo lúgubre, fue afinando su sello personal y forjó una poderosa obra cuentística en la que sobresalen textos inolvidables como "Manuscrito hallado en una botella", "El corazón delator" o "El escarabajo de oro".
La influencia de su ficción (así como de su aureola de "autor maldito") fue inmensa en todo el mundo, incluido el Río de la Plata, pero acaso especialmente en Francia, donde cautivó a su traductor Baudelaire, a Mallarmé, a los poetas simbolistas y al exigente Paul Valéry, quien vio en él al "creador de varios géneros literarios" y de "los primeros y más impresionantes ejemplos de la narración científica, de la moderna poesía cosmogónica, de la novela policial pedagógica y de la introducción de situaciones y estados psicológicamente enfermizos en la literatura".
Sin embargo, lejos de haber sido acogida unánimemente, la obra de Poe también contó con sus detractores. Ralph Emerson lo tuvo como un autor sobrevalorado. Para Stevenson, su constante "despliegue de ingenio" era cansador y poco verosímil.
Uno de los reparos que se le hacen a menudo a Horacio Quiroga podría aplicarse tal vez a Poe: acaso ninguno de ellos dos fue un exquisito estilista (en el caso puntual de Poe, Aldous Huxley objetaba casi lo contrario: un exceso de estilo que linda con cierto amaneramiento), pero fueron, en contrapartida, dos maestros a la hora de suscitar un determinado efecto en el lector. Esto es fruto de la autoconciencia (aquí se rompe con el mito romántico de la inspiración: detrás de cada página hay trabajo) y, en consecuencia, no asombra que tanto Poe como su discípulo Quiroga teorizaran decisivamente sobre el género y dejaran en claro que un cuento "empieza por el fin".
En su tantas veces citado ensayo sobre Nathaniel Hawthorne, Poe sostuvo que en un relato breve no debería haber "una sola palabra" que no esté enfocada a obtener un "efecto preconcebido" y que si la primera frase no tiende ya a la producción de dicho efecto "quiere decir que ha fracasado en el primer paso". En los apuntes que conforman Marginalia puede leerse también: "En el cuento propiamente dicho -donde no hay espacio para desarrollar personajes o para una gran profusión y variedad incidental-, la mera construcción se requiere mucho más imperiosamente que en la novela. En esta última, una trama defectuosa puede escapar a la observación, cosa que jamás ocurrirá en un cuento. No obstante, la mayoría de nuestros cuentistas desdeñan esta distinción. Parecen empezar sus relatos sin saber cómo van a terminar".
La obra de Poe, se ha afirmado incontables veces, excede a su propio autor; y aunque algunos textos en sí mismos hayan envejecido, el conjunto perdura en "infiernos ulteriores", según Borges, es decir, en las obras que ha suscitado (difícil pensar en Lovecraft, en Conan Doyle, en Chesterton, en Maupassant, en Saki o en los scapigliati italianos sin Poe), y también en el universo que fundó. Así como hay cosas kafkianas, hay cosas dignas de Poe. Cosas inasibles de los terrores del alma humana que él parece haber visto y presentado antes que nadie, mediante detalles o indicios que otros hubiesen pasado por alto.
"Los personajes de Poe, o más bien el personaje de Poe (el hombre de facultades sobreagudas, el hombre de nervios relajados, el hombre cuya voluntad ardorosa y paciente lanza un reto a las dificultades, aquel cuya mirada se clava con la rigidez de una espada sobre objetos que se agrandan a medida que él los mira) es Poe mismo. Y sus mujeres, todas dolientes y luminosas, muriendo de males extraños y hablando con una voz que se parece a la música, son él también, o, al menos, por sus raras aspiraciones, por su saber y por su melancolía incurable, participan mucho de la naturaleza de su creador", escribió Baudelaire en una biografía que mucho cimentó la idea que aún perdura del estadounidense.
Esta visión de Baudelaire, no obstante, fue casi inocua al lado de la imagen que construyó el ya mencionado Rufus Griswold, quien pese a una rivalidad acérrima con Poe, llegó a convertirse en su albacea literario. No hay pruebas de que Poe nombrara efectivamente a Griswold como albacea, lo más plausible es que éste usurpara el puesto mediante una serie de ardides y engaños. Como sea, Griswold (bajo el alias de "Ludwig") dio a conocer un obituario a poco de morir Poe, y después una biografía completa donde pintaba al escritor como un ser inescrupuloso, depravado y enloquecido por el opio y el alcohol. Aun cuando muchos allegados a Poe lo denunciaron y hasta probaron que había falsificado documentos y supuestas cartas personales, aun cuando el propio Baudelaire lo criticó en su texto biográfico, Griswold logró que su versión fuese ampliamente difundida; ni siquiera las primeras biografías profesionales (John Ingram) ni otras investigaciones de enorme rigor (Thomas Ollive Mabbott) lograron eclipsar del todo esta leyenda, no tanto la de una vida disipada e irregular (paradigma del "malditismo"), como la de un "hombre malo".
La leyenda forjada por Griswold contrasta, sin embargo, con el ser "bromista, afectuoso, ingenioso" descripto por Frances Osgood (reputada amante de Poe, parece que con la venia de Virginia Clemm) o con el caballero reservado y al mismo tiempo comunicativo que evocó la escritora feminista Mary Gove Nichols en un texto de 1863: "La voz de Poe era melodiosa -escribe Nichols-. Siempre hablaba en un voz baja, incluso en una discusión violenta, obligando de este modo a los demás a hacer silencio si es que deseaban oír sus opiniones".
Probablemente fueron las mujeres quienes mejor supieron ver a Poe. Muchas dijeron que era atractivo, muy a pesar de lo que sugieren los daguerrotipos que han sobrevivido (y que lo muestran, como observó Abelardo Castillo, algo parecido a Chaplin). Una amiga de infancia, Sarah Elmira Royster, quien fue también su última amante, lo definió como "poco locuaz y más bien triste". No faltan los que han subrayado su carácter misántropo. Seguramente él no se habría mostrado tan en desacuerdo con esto último. "Todo lo que he amado, lo he amado solo", reza uno de sus primeros poemas.

jueves, 11 de diciembre de 2008

LOS FASCISTAS LLEVAN CORBATA


Arturo Pérez-Reverte XLSemanal, El Brocal: El Brocal Nº - 77, 21Nov08, http://www.hermandaddelvalle.org/modules.php?name=News&file=article&sid=5614#2
Cuando digo que este país es una mierda, algún lector elemental y patriotero se rebota. Hoy tengo intención de decirlo de nuevo, así que vayan preparando sellos. Encima hago doblete, pues voy a implicar otra vez a Javier Marías, que tras haberse comido el marrón de mis feminatas cabreadas, acusado de machista –¿acaso no se mata a los caballos?–, va a comerse también, me temo, la etiqueta de xenófobo y racista. Y es que, con amigos como yo, el rey de Redonda no necesita enemigos.
Madrid, jueves. Noche agradable, que invita al paseo. Encorbatados y razonablemente elegantes, pues venimos de la Real Academia Española, Javier y yo intentamos convencer al profesor Rico –el de la edición anotada y definitiva del Quijote– de que el hotel donde se aloja es un picadero gay. Lo hacemos con tan persuasiva seriedad que por un momento casi lo conseguimos; pero el exceso de coña hace que, al cabo, Paco Rico descorne la flor y nos mande a hacer puñetas. Que os den, dice. Y se mete en el hotel. Seguimos camino Javier y yo, risueños y cargados con bolsas llenas de libros. Bolsas grandes, azules, con el emblema de la RAE. Cada uno de nosotros lleva una en cada mano. Así cruzamos la parte alta de la calle Carretas, camino de la Plaza Mayor.
Imaginen –visualicen, como se dice ahora– la escena. Capital de España. Dos señores académicos con chaqueta y corbata, cargados con libros, hablando de sus cosas. Del pretérito pluscuamperfecto, por ejemplo. En ese momento pasamos junto a dos individuos con cara de indios que esperan el autobús. Inmigrantes hispanoamericanos. Uno de ellos, clavado a Evo Morales, tiene en las manos un vaso de plástico, y yo apostaría el brazo incorrupto de don Ramón Menéndez Pidal a que lo que hay dentro no es agua. En ésas, cuando pasamos a su altura, el apache del vaso, con talante agresivo y muy mala leche, nos grita: «¡Abajo el Pepé!… ¡Abajo el Pepé!». Y cuando, estupefactos, nos volvemos a mirarlo, añade, casi escupiendo: «¡Cabrones!».
Me paro instintivamente. No doy crédito. «¡Pepé, cabrones!», repite el indio guaraní, o de donde sea, con odio indescriptible. Durante tres segundos observo su cara desencajada, considerando la posibilidad de dejar las bolsas en el suelo y tirarle un viaje. Compréndanme: viejos reflejos de otros tiempos. Pero el sentido común y los años terminan por hacerte asquerosamente razonable. Tengo cincuenta y siete tacos de almanaque, concluyo, voy vestido con traje y corbata y llevo zapatos con suela lisa de material. Mis posibilidades callejeras frente a un sioux de menos de cuarenta son relativas, a no ser que yo madrugue mucho o Caballo Loco vaya muy mamado. Sin contar posibles navajas, que alguno es dado a ello. Además tiene un colega, aunque nosotros somos dos. Podría, quizás, endiñarle al subnormal con las llaves en el careto y luego ver qué pasa con el otro; pero acabara la cosa como acabara –seguramente, mal para Marías y para mí–, incluso en el mejor de los casos, con todo a favor, hay cosas que ya no pueden hacerse. No aquí, desde luego. No en este país miserable. Imaginen los titulares de los periódicos al día siguiente: «El chulo de Pérez-Reverte y el macarra de Marías se dan de hostias en la calle con unos inmigrantes». «Xenofobia en la RAE.» «Dos prepotentes académicos racistas, machistas y fascistas apalean salvajemente a dos inmigrantes.» Aunque aún podría ser peor, claro: «Marías y Reverte, apaleados, apuñalados e incluso sodomizados por dos indefensos inmigrantes».
Marías parece compartir tales conclusiones, pues sigue caminando. A envainársela tocan. Lo alcanzo, resignado, y llegamos a la Plaza Mayor rumiando el asunto. «Es curioso –dice pensativo–. A mí tío, republicano de toda la vida, lo insultaban por la calle, durante la República, por llevar corbata.» Yo voy callado, tragándome aún la adrenalina. Quién va a respetar nada en esta España de mierda, me digo. Cualquier analfabeto que llegue y vea el panorama, que oiga a los políticos arrojarse basura unos a otros, que observe la facilidad con la que aquí se calumnia, se apalea, se atizan rencores sociales e históricos, tiene a la fuerza que contagiarse del ambiente. Del discurso bárbaro y elemental que sustituye a todo razonamiento inteligente. De la demagogia infame, la ruindad, el oportunismo y la mala índole de la vil gentuza que nos gobierna y nos envenena. Ésta es casa franca, donde todo vale. Donde todos tenemos derecho a todo. Cualquier recién llegado aprende en seguida que tiene garantizada la impunidad absoluta. Y pobre de quien le llame la atención, o le ponga la mano encima. O tan siquiera se defienda.
Así que ya saben, señoras y caballeros. Ojito con las corbatas y con todo lo demás cuando salgan de la RAE, o de donde salgan. Nos esperan años interesantes. Tiempos de gloria.