viernes, 9 de abril de 2010

HALLAN UNA NUEVA ESPECIE PREHUMANA

Nota de Clave 88: Ver artículo relacionado haciendo clic aquí.
La Nación, Buenos Aires, Argentina, 09Abr10
Los huesos fósiles de dos ejemplares serían restos de ancestros o de individuos de una rama evolutiva cercana al Homo sapiens


Foto: NYT
C. Dugger y J. Noble Wilford
The New York Times
CUNA DE LA HUMANIDAD, Sudáfrica.- Matthew Berger, de nueve años, corría tras su perro Tau una mañana soleada, tropezó con un tronco, trastabilló y dio con un descubrimiento arqueológico mayor. Un equipo de científicos anunció ayer que había encontrado los huesos de una nueva especie de homínido que vivió hace alrededor de dos millones de años durante el misterioso período que abarca el surgimiento de la familia humana.

"¡Papi, encontré un fósil!", gritó Matthew a su padre, Lee R. Berger, paleoantropólogo norteamericano que había estado buscando huesos de homínido a sólo una sierra y media de distancia durante aproximadamente dos décadas. Los cazadores de fósiles recorren estos pastizales al norte de Johannesburgo desde los años 30.
Matthew tenía en sus manos los antiguos restos de una criatura de 1, 27m de altura que había muerto a su misma edad. Berger, que trabaja en el Instituto de Evolución Humana en la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo, y sus colegas encontraron luego muchos más restos de su esqueleto, incluido el cráneo, extraordinariamente bien preservado, y otros tres individuos. Chicos sudafricanos competirán para nombrar al nuevo homínido.
En un trabajo que se publica hoy en Science , Berger y un equipo de científicos dijeron que los fósiles del individuo joven y de una hembra eran una mezcla sorprendente de rasgos primitivos y avanzados y, por lo tanto, podían ser considerados una nueva especie de homínido, los ancestros y otros parientes cercanos de los seres humanos. Se le dio el nombre de Australopithecus sediba .
La especie sediba , que significa “fuente” en lengua sotho, caminaban en posición erecta, su cadera y su pelvis tenían forma humana, pero todavía se trepaban en los árboles y tenían brazos similares a los de los simios. Tenían los dientes pequeños y la cara más moderna del Homo , el género que incluye a los seres humanos modernos, pero los pies relativamente primitivos y el cerebro diminuto del Australopithecus , según Berger.
Los geólogos estimaron que estos individuos vivieron entre 1,78 y 1,95 millones de años atrás, un período durante el cual los australopitecinos y otras especies tempranas de Homo fueron contemporáneos.
El equipo de Berger dijo que la nueva especie probablemente desciende del Australopithecus africanus . En una teleconferencia realizada el anteayer, él describió la especie como un posible ancestro del Homo erectus , un predecesor inmediato del Homo sapiens , o una rama cercana que no condujo a los seres humanos modernos.
Científicos no involucrados en la investigación debaten si los huesos pertenecen al género H omo o a los Australopithecus , pero la mayoría coincidió en que el descubrimiento de los esqueletos hallados en Malapa, en la Cuna de la Humanidad, un sitio protegido donde cuevas dolomitas contienen fósiles de antiguos animales y homínidos, es un gran avance en la historia temprana de los homínidos tempranos.
"Son un fascinante mosaico de características -dijo Rick Potts, director, del Programa de Orígenes Humanos del Instituto Smithsoniano-. Nos recuerda de la recombinación de características, la experimentación y el tanteo que se producen a lo largo de la evolución."
Berger dijo que el camino hacia el descubrimiento comenzó en las vacaciones de Navidad, en 2007, cuando comenzó a utilizar el Google Earth para cartografiar las cuevas del lugar. En una reciente visita a su oficina, él rotó las imágenes de Google Earth del paisaje que tenía en la pantalla de su computadora, y mostró cómo había divisado las sombras y distorsiones de la Tierra, que ofrecían claves sobre la ubicación de las cuevas, frecuentemente cubiertas con olivos.
El 15 de agosto de 2008, cuando Matthew llamó a su padre para que viera los huesos que había encontrado, Berger comenzó a maldecir violentamente mientras se acercaba a su hijo. El chico creyó que su padre estaba enojado. Pero a siete metros de distancia, Berger, que había hecho su doctorado sobre los huesos del hombro de los homínidos, entre ellos la clavícula, estaba sorprendido de ver que su hijo tenía entre las manos una clavícula con la inconfundible forma de un homínido.
"No podía creerlo -recuerda Berger-. Tomé la roca, la di vuelta y sobresaliendo de la parte posterior había una mandíbula con un diente, un canino. Casi me muero", dijo.
En marzo de 2009, encontró el cráneo prácticamente intacto del chico sediba cuya clavícula había encontrado Matthew. Donald Johanson, que en 1973 descubrió el famoso esqueleto de 3,2 millones de años llamado Lucy, en Etiopía, describió a éste como "un espécimen fabuloso".
La semana última, en su laboratorio, Berger tomó una caja de metal y extrajo el cráneo de su cama de espuma, lo que reveló una cara llamativamente delicada. "Hermoso, ¿no es cierto?", dijo.
Los investigadores ahora creen que la separación entre los monos y el linaje de los homínidos ocurrió hace alrededor de siete millones de años en Africa. El registro fósil muestra que los homínidos tempranos ya caminaban erguidos, pero eran relativamente parecidos a los monos. Pequeños australopitecinos, con cuerpos y cerebros no mucho más grandes que los de un chimpancé moderno, estaban muy difundidos hace entre 3,8 millones y tres millones de años, especialmente los Australopithecus afarensis , como Lucy.

miércoles, 7 de abril de 2010

LA FICCIÓN Y LA VERDAD PERIODÍSTICA

Clarín, Revista Ñ, Buenos Aires, Argentina, 20Mar10
La biografía del gran cronista polaco Ryszard Kapuscinski, escrita por Artur Domoslawski, desató una polémica mundial. El reportero de guerra habría acomodado muchas veces datos y situaciones a su arbitrio. Responde Domoslawski. Escriben Timothy Garton, Juan Villoro y Leila Guerriero.
Por: Timothy Garton Ash


Foto: KAPUSCINSK Para Timothy Garton, el consagrado periodista del siglo XX debió recibir el Premio Nobel, pero de literatura.
Todos los periodistas y aspirantes a autores de reportajes pueden aprender mucho de la controversia sobre Kapuscinski. La "no ficción creativa" es una pendiente peligrosa.
Si hubiera vivido unos años más, Ryszard Kapuscinski quizá habría podido obtener el Premio Nobel de Literatura. Aunque esas cosas se llevan con un secreto digno del Vaticano, estoy seguro de que era uno de los candidatos constantes de la Academia sueca. Entonces, los periodistas de muchos países habrían celebrado su designación por ser el primer escritor de "no ficción" que lo ganara desde Winston Churchill en 1953. Ahora ha estallado una seria polémica en su Polonia natal por un nuevo libro que sugiere que su no ficción no era tan "no ficción", después de todo. Es una polémica que ya ha dado la vuelta al mundo, porque el nombre de Kapuscinski es sinónimo en todas partes de un cierto tipo de reportaje político-literario.

Kapuscinski non fiction
Acabo de leer el libro, que se titula, en polaco, La no ficción de Kapuscinski. Su autor es el periodista Artur Domoslawski, de quien Kapuscinski fue modelo, mentor y amigo, y ha sido criticado por varios motivos. Entre ellos, su forma de abordar las numerosas aventuras amorosas del escritor viajero, que es verdad que me parece poco delicada, y su tratamiento del pasado comunista y los contactos ocasionales de Kapuscinski con la policía secreta, que en mi opinión está bien explicado.
Más en general, se ha criticado al libro por denunciar a un antiguo mentor. La viuda de Kapuscinski lo llama "parricidio". Yo creo que no lo es. Creo que el autor trata de ser imparcial y permite que hablen muchas voces diferentes. Capta al Ryszard que yo conocí, empezando por una brillante evocación de su cálida sonrisa, con la que desarmaba a cualquiera. Desarmaba a cualquiera literalmente, porque aquella sonrisa de humildad casi infantil le permitió salir bien librado de muchos enfrentamientos peligrosos con hombres armados, en Africa y otros lugares. Por otro lado, este libro es el grito prolongado de un discípulo preocupado e incluso desilusionado, alguien que, en sus casi tres años de investigación, encontró cosas que le perturban enormemente.
El quid de la cuestión, para Domoslawski, para mí y probablemente para el resto del mundo, es que se cruce el límite entre la realidad y la ficción. Es un tema que a algunos nos preocupa desde hace años. En 2001, para conmemorar el centenario del Premio Nobel de Literatura, la Academia sueca organizó un simposio sobre la Literatura de testigos, una delicada forma de sugerir que la Literatura, con mayúscula, no consistía sólo en ficción y poesía. Yo di una charla (reproducida en mi libro Facts are Subversive) en la que comenté que "con Kapuscinski pasamos sin cesar de la Kenia real a la Tanzania de ficción y viceversa, pero la transición no está claramente indicada en ningún sitio".
Ese mismo año, el antropólogo y escritor John Ryle escribió una brillante reseña en The Times Literary Supplement en la que documentaba numerosas inexactitudes, exageraciones y mitificaciones de Kapuscinski en sus escritos sobre África. Decía que, en su mayoría, tendían a lo que él denominaba el "barroco tropical", un estilo en el que todo se vuelve más exótico, salvaje, descontrolado, extremo y, por qué no decirlo, oriental. Ahora, Domoslawski sigue en parte las huellas del maestro, hasta Addis Abeba, por ejemplo, donde Kapuscinski investigó para escribir su famoso libro sobre la caída de Haile Selassie, El emperador, y a Santa Cruz, Bolivia. Y se ha encontrado con que los propios testigos de Kapuscinski se quejan de que hay material falso e inventado. Da numerosos ejemplos.
Lo que hizo Kapuscinski está ya fuera de toda duda. La cuestión es cómo reaccionar. Una corriente de opinión es la representada por el escritor estadounidense Lawrence Weschler, quien, según Domoslawski, ha dicho "¿qué más da en qué estante tengamos que colocar El emperador (1978) y El Sha o la desmesura del poder (1987), en ficción o no ficción? Siempre seguirán siendo unos libros magníficos". Un compañero de colegio de Kapuscinski afirma que El emperador es "la mejor novela polaca del siglo XX". Y, por supuesto, esos libros hablaban también de Polonia. Los lectores polacos los leían en parte como alegorías de su propia situación, y los censores del comunismo podrían haberlos prohibido si no se hubieran presentado como libros de no ficción que trataban de lugares reaccionarios y lejanos.
Una segunda corriente, que podríamos llamar de los "nerviosos defensores de Ryszard", está bien representada por Neal Ascherson, autor a su vez de soberbios reportajes sobre Polonia y otros países. Kapuscinski era un gran narrador de historias, no un mentiroso –escribe en la página web de The Guardian–, y existe una diferencia importante entre dar noticias y escribir libros. Pero luego hace esta afirmación, que me resulta muy sorprendente: "Casi todos los periodistas, excepto un puñado de santos, sacan punta a las citas o varían ligeramente las horas y los lugares para causar más efecto. Quizás no deberían, pero lo hacen; lo hacemos". ¿De verdad, Neal? ¿Y cuánto es, si no te importa explicarlo, "ligeramente"? ¿Y hasta dónde puede atreverse uno a "sacar punta"? No obstante, en el resto de su blog muestra su preocupación por el hecho de que Kapuscinski no dejara suficientemente claro al lector lo que hacía.
La tercera postura, en la que me incluyo, afirma que, aunque no haya –en los gráficos términos que emplea Ascherson– una "frontera con alambrada y focos", sí existe un límite fundamental, una zona fronteriza, que los escritores de no ficción debemos intentar no cruzar jamás. Si cruzamos ese límite, entonces debemos asignar una etiqueta distinta al producto final. Domoslawski ofrece una razón por la que hay que hacerlo: sencillamente, el deber de ser justos con nuestros lectores. Ustedes necesitan saber qué están leyendo. Al fin y al cabo, parte de la emoción de leer a un escritor como Kapuscinski nace de pensar que esas cosas han ocurrido. El estaba allí. Lo vio con sus propios ojos. Estuvo a punto de morir por informar de los hechos. Es un principio que su propia retórica ha defendido con frecuencia a capa y espada.
El segundo motivo es más profundo. Me da la impresión de que, para una persona armada con una pluma, existen pocas obligaciones más serias que la de ser testigo veraz de grandes acontecimientos. Al presentar el simposio de 2001 sobre la Literatura de testigos, el entonces secretario de la Academia sueca, Horace Engdahl, sugirió que "la verdad, en un principio, no es nada más que lo que certifica un testigo fiable". Quizá no sirva como regla filosófica universal, pero desde luego sí es aplicable a lo que hacen quienes escriben testimonios, sobre todo cuando se alzan solos en medio de la tragedia o el triunfo. Ser testigos de genocidios, guerras, revoluciones y muestras de valor humano en medio de la humanidad es –perdónenme el tono melodramático– una responsabilidad sagrada.

La verdad de la historia
Es cierto que, al elegir los hechos, las imágenes y las citas, al caracterizar a las personas reales sobre las que escribimos, quienes realizamos reportajes trabajamos, en muchos aspectos, como los novelistas. Pero, si tenemos en cuenta esa responsabilidad respecto a la historia y la promesa de "no ficción" que hacemos a nuestros lectores, debemos atenernos a los hechos de la mejor forma posible. No debemos cambiar el orden de los acontecimientos ni siquiera "ligeramente", ni "sacar punta" a nada que aparezca entre comillas. Todos cometemos errores. Nadie puede ver una situación en su conjunto ni ser totalmente objetivo. Todo el mundo tiene un punto de vista. Ahora bien, si digo que vi una cosa, es que vi esa cosa. No estaba en otra calle, en otro momento, ni me lo contó alguna otra persona mientras tomábamos una copa en el bar del hotel.
Creo que podemos hacer dos cosas. Una, sugerida en tono humorístico por el propio Domoslawski en una entrevista tras la publicación del libro, es que debería haber en las librerías una sección entre la ficción y la no ficción, en la que estuviera una nueva categoría llamada simplemente Kapuscinski. La otra es aprender del maravilloso trabajo de Kapuscinski pero también de sus transgresiones y, de esa forma, dar un testimonio más veraz.

KAPUSCINSKI BASICO
VARSOVIA 1932-2007.
PERIODISTA

Luego de sus estudios en Varsovia, trabajó hasta 1981 como corresponsal extranjero de la agencia polaca PAP. Obtuvo numerosos reconocimientos, entre ellos, en 2003, el Premio Grinzane Cavour a la Lectura y el Premio Príncipe de Asturias. Entre sus libros-reportaje de mayor éxito figuran "Ebano", "El Negus", "Esplendores y miserias de un autócrata" (1983-2003), "Imperium", "Lapidarium" y "La primera guerra del fútbol y otras guerras de los pobres". Además publicó "El Sha o la desmesura del poder", "Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo"; "Un día más con vida"; "El mundo de hoy"; "Viajes con Heródoto" (Todos en Anagrama). "Los cinco sentidos del periodismo" (FCE y FNPI). Murió en Varsovia el 23 de enero de 2007.

martes, 6 de abril de 2010

RON MUECK, IPERREALISMO EN ESCULTURA

Ron Mueck (1958) es un escultor hiperrealista australiano que vive en Inglaterra. Su origen profesional fue en el mundo de los efectos especiales para el cine, trabajando para Jim Henson en películas como Labyrinth (donde llegó a interpretar a uno de los personajes, Ludo) o The Dark Crystal. Sin embargo ya había dado un paso hacia el mundo del arte aprovechando su talento para desarrollar creaciones plásticas con un realismo sorprendente.Mueck se mudó a Londres para establecer su propia compañía, creando utilería y “animatronics” para la industria de la publicidad.

A pesar de ser altamente detallados sus trabajos, eran diseñados para ser fotografiados desde un ángulo muy específico, ocultando así el desorden de la obra vista desde otro ángulo. Mueck con más y más frecuencia deseaba producir esculturas que se vieran perfectas desde cualquier ángulo.En 1996 Mueck cambió hacia el “arte refinado” colaborando con su suegra Paula Rego, para producir pequeñas figuras como parte de una escena que ella estaba mostrando en la Galería Hayward. Rego lo presentó con Charles Saatchi quien inmediatamente quedó sorprendido con su trabajo y comenzó a coleccionar y solicitar trabajos. Esto lo dirigió hacia la creación que le formó un nombre a Mueck, “Dead Dad” (papá muerto) que es una escalofriante e hiperrealista obra de silicona y otros materiales, del cuerpo muerto de su padre, reducido aproximadamente a dos tercios del tamaño natural. Es la única obra de Mueck que usa su propio pelo para el producto final.Las esculturas de Mueck reproducen fielmente los detalles del cuerpo humano, pero juega con la escala para crear imágenes que nos sacuden. Su obra de cinco metros “Boy”, fue mostrada en 1999 en el “Millenium Dome” y más tarde se exhibió en la “Biennale de Venecia”.Éste escultor formó parte de la exposición “Sensation” que causó polémica y otras reacciones extremas entre los críticos y el público. La pieza que expuso en esa ocasión era “Dead Dad”. Esa exposición incluyó también a otros “nuevos” artistas británicos como Damien Hirst y los hermanos Jake y Dinos Chapman, que llevan su quehacer a extremos definitivamente estremecedores.
CLIC PARA VER ESCULTURAS

domingo, 4 de abril de 2010

LOS DIRIGENTES SE OCUPAN MÁS DE SEXO QUE DE POLÍTICA

Clarín, Buenos Aires, Argentina, 04Abr10
Siempre importaron, pero hoy seducen más, incluso, que el poder mismo.
Por: Umberto Eco
Fuente: ESCRITOR ITALIANO


Los votantes solían estar acostumbrados a que la vida de los políticos estuviera gobernada por dos principios. El primero se resume en el atrevido dicho siciliano Megghiu cumannari c'a fottiri, que dicho castamente se traduce como "ejercitar el poder es mejor que el sexo". El otro es que los hombres poderosos generalmente van detrás de gente como Mata Hari, Sarah Bernhardt o Marilyn Monroe. Lo sorprendente es que muchos políticos o empresarios actuales no sucumben a, digamos, la tentación de robar dinero de proyectos de obras públicas, sino a la seducción de prostitutas finas que cobran cantidades muy superiores a las solicitadas por Madame de Pompadour en sus días.
En verdad, a lo largo de la historia los grandes hombres no fueron indiferentes a los placeres de la carne. En Italia, pese a que pudiéramos esperar cierta austeridad de políticos prominentes del pasado, Julio César de buena gana encamaba centuriones, nobles romanos y reinas egipcias por igual.
Sin mencionar que el Rey Sol tenía abundantes amantes, el rey Víctor Emmanuel II de Italia perseguía a su Rosina y el presidente estadounidense John Kennedy ... bueno, cuanto menos se diga es mejor. Sin embargo, estos hombres consideraban a las mujeres (o jóvenes) como cierto tipo de descanso y recreación soldadesca.
En otras palabras, lo primero era conquistar Bactria, humillar al jefe galo Vercingetorix o unificar a Italia. El sexo era un beneficio adicional, como beber un Martini seco después de un día agotador.
En contraste, en estos días los hombres en el poder parecen aspirar primero y antes que nada a pasar una tarde de juerga con coristas, y los grandes proyectos nunca entran en escena. Mientras los héroes del pasado leían a Plutarco para deleitarse, sus colegas modernos sintonizan en cambio ciertos canales locales de televisión después de medianoche o navegan por sitios picantes de Internet. ¿Qué se encuentra en esos 130 millones de sitios pornográficas? Las opciones más básicas contestan vívidamente los quién, qué, dónde y por qué del sexo. El resto se dedica a todo tipo de cosas, desde varias formas de incesto (que sonrojarían incluso a Edipo) hasta fetiches especializados.
La pornografía puede tener una función positiva: proveer una salida para los que, por el motivo que sea, no pueden tener sexo real o vigorizar la vida sexual de parejas con relaciones decadentes. Pero también lo puede engañar y hacer creer que una acompañante cara puede lograr cosas que Friné, la cortesana más famosa del mundo clásico, nunca se hubiera imaginado.
Actualmente, la gente está expuesta al sexo mucho más frecuentemente que lo estuvieron sus abuelos. Considere el caso de un pobre sacerdote de parroquia: hubo un tiempo en que su ama de llaves era la única mujer que veía y el periódico religioso L'Osservatore Romano era todo lo que leía. Ahora hay chicas escasamente vestidas pavoneándose en la televisión cada noche.
Entonces, ¿hay algo que nos haga dudar de que esta incesante estimulación del deseo también esté afectando a las autoridades gubernamentales, provocando una mutación de especies y modificando el propósito mismo de su papel en la sociedad?
Copyright Umberto Eco / L'Espresso, 2010

ENLOQUECEDORA MODA

La Gaceta, Suplemento Literario, Tucumán, 04Abr10
Adelanto de Elogio del placer (Editorial Sudamericana).
Por Marcos Aguinis
Para LA GACETA - Buenos Aires
¿Trasladamos la mirada hacia otro indiscutible campo del placer que se llama moda? Un amigo de Flaubert, Maxime Du Camp, dijo con un bucle de retórica que "la moda es la búsqueda siempre vana, a menudo ridícula, a veces peligrosa, de una belleza ideal".


Antes se la pretendió limitar a lo femenino, pero hace unas pocas centurias saltó el contestatario Beau Brummell para refutar semejante error e instaló en la cumbre de los hábitos modernos la elegancia masculina. Hasta Brummell, sólo la hembra se embellecía para agradar al varón, excitarlo, deslumbrarlo, seducirlo. El varón, en cambio, se conformaba con una presencia austera. Aunque en las cortes ya se usaban elementos femeninos tales como pelucas, tacos altos, polvos faciales y otros adminículos. Brummell hacía conocer el tiempo que le demandaba elegir sus prendas y vestirse, el cuidado que tenía al abrochar botones, estirar las sedas de su camisa y airear los encajes. Dicha rutina superaba cualquier récord conocido, inclusive el de Luis XIV. Aunque lo llamaban Beau, el nombre de Brummell era George Bryan. Nació en Londres, en 1778. Viajó mucho y en 1840 falleció en Caen. La capital de la elegancia siguió sus pasos y se trasladó de Inglaterra a Francia. Brummell se convirtió en el árbitro del buen gusto. Sus trajes estaban bien cortados, las camisas exhibían una calidad impecable y siempre llevaba un perfecto nudo de corbata. Todo ese refinamiento exigía dinero para ciertas excentricidades, como por ejemplo lustrarse las botas con champán. Se lo calificó de dandy, palabra que a partir de ese instante cambió su significado original, que era completamente opuesto. El dandysmo se puso "de moda".
Brummell había desarrollado una sólida amistad con el príncipe de Gales, luego coronado como Jorge IV. Nuestro hombre, en cambio, era el hijo del secretario de un lord y nieto de un sastre. Se llevaron muy bien hasta que una broma sobre la obesidad del príncipe acabó con su protección. En 1816 Brummell se mudó a Francia para huir del ostracismo social. En ese país vivió el resto de sus días, devorado por la sífilis. Honoré de Balzac, en su Traité de la vie élégante (1830) lo había descrito como un individuo avejentado, pero que determinaba la elegancia de los franceses. Su leyenda no terminó con la muerte. Sir Arthur Conan Doyle decidió resucitarlo con vigorosos trazos en su novela histórica Rodney Stone; ahí, el notable tío del personaje que da nombre a la obra está inspirado en Brummell. Antes de que terminase el siglo tuvo éxito una comedia de Clyde Fitch donde el Bello Brummell reapareció con su propio nombre, casi dispuesto a despedirse para siempre.


Pero no fue así. En los comienzos del cine, John Barrymore lo representó con eficacia. Más adelante Robert Montgomery le puso voz en el Lux Radio Theater. Incluso la novelista Virginia Woolf, nada menos, dictó una conferencia en la BBC dedicada a tan curioso personaje. Desató aplausos la película Beau Brummell (1954) con Stewart Granger, donde el rapto de Lady Patricia es transformado en una historia romántica. El cantautor de rock Billy Joel, en su álbum Glass Houses (1980), incluyó estas palabras: You could really be a Beau Brummell, baby, if you just give it half a chance. Hace poco se difundió el drama televisivo Beau Brummell, ese hombre encantador, con James Purefoy.
Además de machacarse su nombre en novelas, piezas teatrales, relojes, bandas musicales y sastrerías de alta costura, Brummel ha podido convertirse en un héroe detectivesco para la serie de misterio que escribió Rosemary Stevens, algunos de cuyos títulos lograron bastante popularidad. Tanta presencia fue celebrada con una estatua cincelada por Irena Sedlecka, cuya sonrisa saluda a los peatones londinenses en la calle Jeremy. Como si fuese poco, Brummell ya había sido incorporado al musical Cats porque T. S. Eliot lo había mencionado en un verso al que los productores no iban a dejar de sacarle jugo.


Ahora dejemos a este personaje y movamos el objetivo en otra dirección. Si bien la moda y su seguimiento brindan placer, hay quienes prefieren ignorarla mediante un estilo al que se suele llamar "Me cago en la elegancia". Adoptan el desaliño como una clarinada de protesta. Al principio fueron pocos, ahora constituyen legión. En última instancia, todos nos agrupamos en el mismo redil y, unos más otros menos, la gente se empeña por lo general en no parecer extravagante, pero tampoco carente de cierta diferenciación. La moda es tan pícara y flexible que, en vez de expulsar a los rebeldes, los toma de modelos. Se ha vuelto cool vestir jeans agujereados, trajes con arrugas, camisas que desbordan el pantalón, zapatos sin medias, corbatas desajustadas en torno a un cuello desabrochado, telas que parecen sucias, zapatillas sin cordones, peinados estrambóticos. El mandato pareciera decir: que cada cual haga según le plazca.
Lo cierto es que se ha producido la democratización en el vestir. Una persona modesta puede usar la misma ropa durante años y no seguir las modificaciones que impone cada temporada. Pero... si va a una entrevista de trabajo con prendas gastadas, le será más difícil obtener el puesto.
Antes había una frontera entre el buen gusto y el mal gusto, entre la vulgaridad y la elegancia, entre lo fino y lo popular, como si se definiera un estrato social mediante ese recurso. Si bien no han desaparecido las clases sociales, ha disminuido la obligación de exhibir los rasgos de cada clase. Se ha expandido la des-reglamentación. Tampoco hay forma de ser completamente distinto, ni hace falta. Las pertenencias se han vuelto relativas, aunque subsisten prejuicios como por ejemplo "¡quién se cree que es!" o "¿ésa de dónde salió?". No obstante, el antagonismo entre "ellos" y "nosotros" cae mal y sólo puede susurrarse al oído. Otro progreso de la humanidad.
Pese a las continuas modificaciones que aporta la moda con sus novedades de invierno y verano, varones y mujeres siguen usando prendas que no pueden retornar a dos siglos atrás, por más fuerza que se haga en recuperar invenciones góticas. Con la excepción de pueblos o sectas donde se mantienen tradiciones antiguas, la ropa de Occidente se ha tornado universal y hasta los chinos dejaron las chaquetas Mao por los trajes, corbatas y otros detalles del estilo norteamericano o europeo. Ningún varón se vestiría como en los siglos XVII o XVIII con medias blancas visibles hasta la rodilla, peluca empolvada y un jabot de encaje en el cuello. Persiste la tendencia a encolumnarse tras el sector más exitoso.
De ahí la gravitación que han conseguido determinadas marcas, convertidas en emblemas. Las marcas equivalen a un antiguo tótem. Las venera el fervor de millones. Quienes no pueden adquirir marcas auténticas apelan a las falsificaciones, convertidas en plaga industrial. Hasta se sospecha que las favorecen los propietarios de las marcas verdaderas para azuzar el mercado. Relojes, carteras, zapatillas, remeras, llaveros y miles de otros artículos exhiben su logo como si fuese un blasón nobiliario.
La marca se ha impuesto en la sociedad de consumo. Facilita el ingreso al club de los mejores. Brinda, consciente o inconscientemente, seguridad y autoestima. Lo cual, desde luego, genera placer. ¿Te acordás, Marcos, cuando visitaste Leningrado justo un año antes de que asumiera Gorbachov? Te perseguía un joven para que le vendieras tus zapatillas haciendo flamear unos dólares que vaya a saber dónde y cómo había conseguido.
Se desesperaba por zapatillas que a vos te parecían vulgares y gastadas. Pero tenían marca. Elegir y sentirse libre armonizan. Aunque suene raro, te diría que en la sociedad de consumo uno está más "obligado" a elegir que antes, cuando prevalecían la uniformidad y el conservadurismo. Somos espoleados a tomar decisiones, como ya te dije. Para muchos la abstención es una saludable resistencia. ¿Conviene que la sociedad de consumo estimule ese gusto por elegir? Sabemos que el rol activo inyecta vitalidad, entusiasmo. Visto de forma más esquemática, uno siempre debería querer estar más informado, tomar más iniciativas, elogiar o criticar productos que llenan los ojos o se derraman a los pies.
La sociedad moderna martilla sin cesar, incluso ante preguntas como ¿en qué barrio vivir? ¿qué coche comprar? ¿qué película ver? ¿cuál CD o DVD tomar prestado, alquilar o adquirir? ¿qué libro leer? ¿a qué candidato votar? ¿adónde ir de vacaciones? ¿qué régimen de comida escoger? Por lo tanto, es innegable que la renovación de la moda -nos guste o no- expresa energía, y también angustia. ¿Por qué?
Porque su reinado, aunque luzca musculoso, tiene fecha de vencimiento. Los artículos son reemplazados sin piedad, inclusive las megamarcas. En consecuencia, no hay tiempo para perder. En su novela La lentitud, Milan Kundera desarrolló el vínculo estrecho entre velocidad y olvido: "El nivel de la velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido". También dice que "los escenarios permanecen iluminados apenas durante los primeros minutos". Aquello que se demora queda afuera. Hay una predilección generalizada por las novedades. Hasta marcas que fueron objeto de culto pueden convertirse en víctimas de una precipitada desafección. Hoy nada es invulnerable. Bien, Marcos, daré una vuelta de campana y te pondré en otro aprieto. No te dejaré en paz, soy un moscardón. Me parece que ya aceptás varias de mis teorías, aunque algunas a regañadientes. Pero te señalaré un aspecto llamativo, para forzar la contradicción. En la moda predominan estilos. Nos ilusionan con el cuento de que tenemos absoluta libertad para elegir, pero no es así. ¡No es cierto! Nuestra libertad ha sido limitada antes de enterarnos. ¿Cómo?, me preguntás irritado. Fijate bien. Las alternativas de cada nueva moda no son innumerables: unas pocas fueron preseleccionadas y rigurosamente prescriptas por cenáculos a los que no tuviste acceso. ¿Que me he vuelto paranoico? ¿Que hay una "conspiración"? No, nada de eso. Sólo te indico una paradoja. Estamos condenados a elegir, es verdad, pero únicamente lo que se nos ofrece. ¿Sorprendido? Me parece adecuado que te sorprendas y te desencantes. Porque el consumidor no inventa, ni controla, ni decide cuáles son las características de la moda que inundará el mercado. Ésa es una tarea de estilistas y gerentes aposentados en las nevadas cumbres. ¡Qué le vamos a hacer!

Marcos Aguinis - Escritor y psiquiatra. Es uno de los autores que más ejemplares vende en la Argentina. Su último libro, "¡Pobre Patria mía!", vendió más de 100.000 copias.

ADVERTENCIA. "El placer apela a cualquier recurso, lícito o ilícito", sostiene el escritor en el texto en el que analiza la importancia del goce. El 20 de noviembre de 2007 cerró el ciclo de conferencias de LA GACETA de ese año.

LENGUA, PAÍS Y MEMORIA

Clarín, Revista Ñ, Buenos Aires, Argentina, 04Abr10
"La lengua es un oficio distinto al de la vida", dice la escritora rumana Herta Müller, Premio Nobel 2009, que vive en Berlín y escribe en alemán. En este reportaje exclusivo, respondió por teléfono acerca de su literatura, la economía verbal, el recuerdo de la dictadura y la diferencia entre los campos de exterminio nazis y los del estalinismo. Hija de un hombre que fue de las SS y de una prisionera de los soviéticos, tiene motivos para pensar que nació en un mundo difícil.
Por: Mariana Dimopulos


Foto: HERTA MULLER: "Todo cuanto poseo lo llevo conmigo".
Hija de Alemania y de Rumania hasta que consiguió el exilio, Herta Müller empezó a escribir sentada sobre un pañuelo en el descanso de una escalera. Por entonces trabajaba en una fábrica como traductora de manuales técnicos. El servicio secreto quería obligarla a convertirse en informante, y ella se negaba, a riesgo de muerte. Hija de un hombre que durante la Segunda Guerra se había enrolado en las SS nazis, y de una mujer que había pasado cinco años en un campo de trabajos forzados soviético, Herta Müller pronto supo que había nacido del lado equivocado.

En tierras bajas
, su primer libro, es una vivisección descarnada y fascinante de su pueblo natal, que le valió el repudio de unos y la aclamación de otros: "Cuando aparecieron el primero y el segundo libro, aquí en Alemania, yo todavía vivía en Rumania. Y por el primer libro recibí dos o tres premios. Eso me protegió de las represalias del servicio secreto. Se dieron cuenta de que yo ya no era anónima y que no podían hacer conmigo muchas cosas que antes sí se hubiesen permitido." Para la ganadora del Premio Nobel de Literatura, no hay separación posible entre la política y la literatura. En la larga era de Ceausescu, que gobernó Rumania durante veinticuatro años alejado de la línea soviética y con apoyo de Occidente, las mujeres debían tener cinco hijos a pesar del racionamiento de la comida, y los ajustes se volvieron tantos que, a mediados de los años ochenta, Ceausescu empezó a fomentar la cría de caballos para ahorrar nafta y evitar el uso de los coches. La minoría a la que pertenecía Herta Müller, impregnada del pasado nazi y arrinconada por el nacionalismo rumano, fue vendida (literal) de a poco a la República Federal Alemana. Por cada uno que lograba salir, se pagaban entre 4 mil y 10 mil marcos. Pero no era fácil conseguir el pasaporte al exilio, y los disidentes como ella sufrieron amenazas y persecuciones.
En esta vida doble, intrincada y solitaria, la escritora fue inventando un lenguaje mordaz y minucioso por el que obtuvo un reconocimiento inmediato.
Como en los casos de Franz Kafka y Paul Celan, el alemán fue la lengua de su casa y no del país donde había nacido. Así, su obra viene a confirmar que muchas veces la literatura se escribe en una lengua extranjera, aunque esa lengua sea también la propia.

-A los 15 años, cuando se fue a vivir a la ciudad, aprendió el rumano. Desde entonces usted vive en dos idiomas. ¿Sus libros son un intento de acercarlos?

-Esas dos lenguas ya están cerca, porque están dentro de mi cabeza. Y sólo tengo una cabeza. El rumano es una lengua romance con partes eslavas y el alemán es una lengua germánica. Muchas cosas son distintas. Cuando en rumano se dice "la mesa" en alemán es un sustantivo masculino. Y eso ya se vuelve otro objeto. O las flores. En alemán los lirios son femeninos y en rumano lo contrario, el lirio es un señor. Y yo siempre me hice estas preguntas, tuve que hacérmelas, porque las dos lenguas chocaban entre sí, y cuando pienso en la palabra rumana para lirio la planta se ve distinta. Como escritor, eso uno lo recibe como un regalo. Tenemos dos miradas sobre todas las cosas, y no es porque lo queramos, es simplemente así. Y eso se refleja en todo lo que hacemos, también en la escritura.

-Jorge Semprún dice en un libro que antes de la guerra tenía muy poco para contar, y después de la guerra y del campo de concentración, demasiado. ¿Usted conoce esta sensación?
-Claro, también tengo mucho para contar, pero yo estuve en una dictadura. Gracias a Dios, una dictadura no es un campo de concentración. Probablemente, el campo de concentración sea lo más extremo en métodos de vigilancia y represalias que uno puede experimentar. Supongo que cuanto más uno haya estado en un país donde existen situaciones represivas, tanto más uno tiene que vivir, ¿cómo decirlo?, con precisión. Hay que vivir con precisión para protegerse. Cada día uno ve tantas desgracias. Y las desgracias no les son indiferentes a las personas. En este sentido es que la percepción es distinta en las dictaduras, está como forzada, todo se vuelve intensivo. Y uno tiene daños. Creo que al escribir, los daños juegan un papel importante; quizá sea así para todos los autores. La gente que viene de una dictadura está dañada, y son daños que no se ha buscado. Yo hubiera preferido vivir en un país donde no hubiese tenido esas experiencias y quizás nunca escribir un libro. ¿Por qué escribir? Podría haber hecho cualquier otra cosa.

-Esa precisión en el lenguaje y en la mirada aparece una y otra vez en su obra. ¿Se origina en este tipo de experiencias?
-Creo que cuando era niña también miraba todo con mucha atención, y también estaba forzada a hacerlo. Era hija única, pasaba mucho tiempo sola, en un pueblo pequeño y en una familia de campesinos. Tenía que trabajar en la casa, en el establo con las vacas, eran todas responsabilidades que yo no podía asumir, y las hacía con el miedo de "no puedo, no puedo cumplir con mis tareas".

-¿Es esa la mirada infantil de sus primeras historias?
-Siempre pensé que la soledad aumenta la mirada. Y como uno está todo el tiempo vuelto sobre sí mismo, para vivir, uno tiene que hacer algo con todo eso, lo quiera o no. Además, no es fácil ser niño. Creo que ser niño es difícil porque uno está siempre dependiendo de los otros, y porque uno no puede decidir por sí mismo lo que quiere hacer. Ser niño no es lindo, es un lindo cuento de hadas. Y tampoco la situación material es lo determinante. Claro que el niño pobre la tiene peor, pero pienso que de niños somos demasiado vulnerables.

-Por un lado, para usted la literatura es inseparable de la política. Por el otro, alguna vez dijo que no cree tener ninguna misión. ¿Qué piensa de la "literatura testimonial"?
-Creo que nadie la elige. Una gran parte de la literatura en general, en el mundo, es literatura de testimonio, porque uno ha vivido algo y cuando uno escribe, escribe sobre eso. ¿Qué debería hacer si no? En las dictaduras el tema es la dictadura, y cuando al fin pasaron, en las personas que han sobrevivido dejan muchos traumas. En cada familia hay alguna catástrofe. Y eso es resultado de la realidad. Para hablar sobre algo así no necesitamos ninguna misión. Desconfío de la misión o del encargo. En las dictaduras hubo arte encargado por el Estado, y por supuesto, también una larga serie de escritores que sirvieron a esa ideología. Yo no quiero tener nada que ver con eso; en todo caso lo que tengo es un encargo interior, es más bien una necesidad, tampoco es una misión. Lo misional es peligroso. Los misioneros se salen de tono muy rápido, y eso no aporta nada a la literatura.

-En su última novela, "Atemschaukel" (Vaivén de la respiración), el protagonista dice: "para mí mismo soy un mal testigo".
-Eso es porque la memoria es un terreno muy complicado. ¿Qué significa el recuerdo? ¿Quién se acuerda de qué? Cuando la gente recuerda lo mismo, muchas veces los recuerdos son muy distintos, porque los recuerdos son individuales, son propiedad privada, los construimos en la propia cabeza. Mientras uno experimenta las cosas no tiene tiempo, además, de reflexionar sobre lo que pasa. Y el recuerdo viene de la memoria, pero también de las heridas, los daños que uno arrastra consigo. Y también nos pueden obligar a recordar; es como un estado en el que uno se encuentra. Por eso el recuerdo no es un relato que uno va buscando libremente, el recuerdo también es algo torturante. El protagonista de Atemschaukel está escribiendo con una distancia de sesenta años, se ha convertido en un hombre viejo.

-Pero lo dice antes, como si tuviera esa sensación de ser un mal testigo ya en el campo.
-Sí, ya tenía la sensación de ser un testigo falso en aquel momento porque a veces las cosas estaban tan mal que ni siquiera podía contarlas. No importa cómo uno lo diga, nunca será lo mismo que lo que ha ocurrido. La lengua es un oficio distinto al de la vida. Aun cuando uno no escribe, cuando la gente cuenta algo simplemente, también está dentro de la lengua.

-En "El hombre es un gran faisán en el mundo" y en otros de sus libros posteriores, aparecen canciones tradicionales, supersticiones, elementos mágicos. Esto ha sido comparado con el realismo mágico latinoamericano. ¿Cuál es su relación con esta tradición literaria?
-Estuve muy cerca de esa literatura, y desde muy temprano. Cien años de soledad de García Márquez fue para mí un libro muy importante, o El otoño del patriarca. En Rumania, esta cercanía viene como de un natural parecido, la literatura latinoamericana se ha leído mucho, fue muy traducida. No era capciosa. Allá también había dictadores.

-¿Será la cercanía de las lenguas?
-Sí, en esos idiomas románicos, las imágenes utilizadas por la lengua están muy cerca. Creo que en Rumania hay un muy buen olfato para la literatura latinoamericana. Quizá es una forma de mirar el mundo. Lo mágico, lo surreal juegan un papel mucho más importante en la vida cotidiana rumana de que lo que podría ser, por ejemplo, aquí en Alemania.

-Su último libro está basado en notas que usted tomó de conversaciones con el escritor rumano-alemán Oskar Pastior, que pasó cinco años en un campo de trabajos forzados. ¿Fue un desafío especial utilizar esa otra voz?
-Trabajé mucho tiempo con él, tres años, y después fuimos juntos hasta donde habían estado esos campos de trabajos forzados, en la actual Ucrania. Nos conocíamos muy bien, yo tenía cuatro grandes cuadernos con apuntes de esas conversaciones. Traté de mantener todo lo que pude de nuestro trabajo en conjunto. Por supuesto los hechos, pero también su lenguaje. El fue uno de los grandes autores alemanes, y su lengua es muy precisa y plástica. Eso lo dejé en el libro, era lo que el libro necesitaba. Pero el protagonista, Leopold, no es Oskar Pastior, yo también hablé con otras personas y he puesto varias biografías ahí dentro. Sin embargo, la mayor parte proviene de él. En ese sentido, justamente en la musicalidad de la lengua y al inventar situaciones, fui escribiendo a su par. Y me lo representaba al imaginarme y construir las escenas, acaso porque hicimos ese viaje juntos. Pero no fue más difícil que en otros libros. Trabajar con la lengua es siempre difícil.

-¿Y también trató la propia historia familiar?
-Sí, puse cosas que mi madre vivió allá. Y leí muchos libros sobre deportaciones. En cada campo las cosas eran distintas, quiénes lo dirigían, el personal de vigilancia, si eran sádicos o buenos, si eran correctos y se limitaban a aplicar las penas o si tenían un disfrute sádico al hacerlo. Y la casualidad de con quién le tocaba a uno estar en la barraca. La personas son siempre distintas, también en el campo son distintas. En todas las realidades horribles que se iban acumulando en esos campos participaba especialmente la casualidad. Cuando uno está así, tan a la merced de las circunstancias, algo pequeño puede significar la mayor de las tragedias o la mayor de las fortunas, tan fundamentales se vuelven los detalles.

-Apelando a la idea de la culpa colectiva, en 1944 la ocupación rusa en Rumania envía a aquellos alemanes que no estaban participando de la guerra a los campos de trabajo. ¿Las circunstancias se asemejan un poco al Lager de los nazis?
-Diría que las condiciones no son similares. En el campo de concentración son muy distintas que en el campo de trabajos forzados, ya desde la intención. En el campo de concentración había judíos, pero también homosexuales, enemigos del Estado –lo que los nazis entendían por enemigos del Estado–, o discapacitados. Todos estaban ahí para que los asesinaran. Esa era la meta: la extinción. El objetivo de los otros campos era la reconstrucción de Rusia –así lo llamaban. Por supuesto, eso era el estalinismo más puro, era implacable, horrible, y podía acabar en la muerte, pero esa no era la intención. Que dejaran que la gente se muriese de hambre, que la hayan atormentado así, todo eso venía por añadidura, pero la intención no era el exterminio, mientras que en el campo de concentración sí lo fue.

-¿Cree que podría haber tocado este tema antes en Alemania?
-No lo sé. Recién ahora aparecen en Rumania libros al respecto, esas memorias de la gente sencilla que estuvo ahí. Hasta hace poco, allá en Rumania el tema también era tabú, y los archivos se abrieron con la muerte de Ceaucescu para los historiadores. Antes no hubiéramos podido acceder a esa información. Y la gente tenía miedo porque estaba prohibido hablar del tema. Alguien que ha estado por 5 años en uno de esos campos, y vuelve, va a respetar la prohibición. Porque una persona así está domesticada y queda temerosa para toda la vida. Y no sé qué hubiera pasado si hubiese intentado escribir sobre esto hace 15 años. Quizás el público no hubiera tenido la distancia suficiente, o lo hubieran tomado como si lo estuviera poniendo al mismo nivel que un campo de concentración y entonces hubiera habido problemas, pero no es lo mismo.

-Hace poco publicó un artículo sobre las actividades del servicio secreto rumano, la Securitate, que la persiguió y que motivó su exilio de Rumania. Y según ha experimentado en Bucarest, sigue activo. ¿Qué cree del futuro de Rumania?
-Me gustaría que se convirtiera en un Estado democrático. Pero creo que Rumania ya ha profundizado demasiado la marcha en un rumbo equivocado. Todas las viejas redes y la gente de la Securitate, por ejemplo, los antiguos caciques del partido, han asumido las posiciones decisivas del país. Lo mismo ocurrió con la privatización, son dueños de casi todas las empresas. A ellos les pertenecen las cosas, se sirven los unos a los otros, se conocen de antes y se sirven mutuamente. Por ejemplo, se había abierto una oficina que se ocupaba de los crímenes del comunismo, y ahora la unieron a otra. El jefe de la primera había trabajado muy bien, en el correr de los años fue encontrando muchas tumbas colectivas y anónimas, en los bosques, en los campos adonde llevaban a la gente en ese tiempo. El hizo que sacaran a esa gente de ahí y la enterraran. Entretanto, la política oficial de Rumania empezó a considerarlo como algo molesto. Y todo va ocurriendo de esta forma, ésta es la tendencia. Además, la corrupción es tan grande, y todo eso tiene que ver con los viejos tiempos.

-¿Qué desearía que pasara?
-¿Deseos? Uno siempre puede desear ... que la Unión Europea mire con atención lo que está ocurriendo y que los obligue a cosas que corresponden a un país democrático.
Hay mucha gente que vuelve a ser amenazada. Esto ya no es ideológico, no es el socialismo, lo que hay en marcha es una criminalidad de gánsteres.
Cuando estos dirigentes sienten que los molestan, reaccionan muy claro y brutalmente. Todo es alarmante. Y no mejora, sino que en los últimos años es cada vez peor.

-¿Está descartado que regrese algún día?
-Sí, nunca pensé en volver. No hay por qué vivir en el lugar donde uno ha nacido. En ese país hay muchos que en su tiempo hicieron conmigo lo que quisieron. Están todos en las escuelas, son profesores en las universidades. De mucha gente sé tantas cosas. Y no quisiera volver a vivirlo. Con una vez basta.

LOS SECRETOS QUE GUARDA EL VIEJO BARCO ESPAÑOL DE PUERTO MADERO

Clarín, Buenos Aires, Argentina, 04Abr10
Habria sido usado para contrabando. catorce expertos trabajan para develar sus enigmas.
Por: Nora Sánchez


El barco mercante español hallado en Puerto Madero ya está revelando sus secretos. Se sabe que era una embarcación robusta y de porte mediano, sin refinamientos. Su función no requería pompa: servía para cruzar el océano entre Europa y el Virreinato del Río de la Plata, llevando mercancías. Pero aún esconde otros misterios. No figura en registros y los expertos especulan que podría haber sido un barco que introducía contrabando. Otra intriga es por qué fue abandonado. La hipótesis es que habría sufrido un accidente o encallado. Lo seguro es que todos sus tripulantes lo abandonaron, sanos y salvos, porque no hallaron restos humanos.
En el Laboratorio del Proyecto del Pecio de Puerto Madero, catorce expertos hurgan entre objetos barrosos para investigar los enigmas. Uno de sus logros fue reconstruir digitalmente los restos del barco en tres dimensiones a partir de fotos, con un software llamado PhotoModeler Scanner. La imagen obtenida servirá como base para armar un modelo de cómo podría haber sido el barco. El especialista en preservación de patrimonio cultural subacuático Javier García Cano cuenta que encontraron un pedazo de la quilla de popa quebrado. "Esto indicaría una posible varadura o hundimiento o que la tripulación perdió el control de la navegación", dice.
El conocimiento histórico aporta otra posibilidad: que el barco haya ingresado contrabando en Buenos Aires. Al menos, si se confirma que es del siglo XVII y no del XVIII. "En el siglo XVII, la ciudad era tan marginal que la única forma de sobrevivir era el contrabando -cuenta la historiadora Liliana Barela-. No es que venían barcos 'contrabandistas', sino que su capitán declaraba que habían tenido una avería y pedía permiso para vender parte de la carga para poder alimentar a su tripulación". ¿Cuál era la carga? "Entre los metales encontrados, algunos forman parte de la arquitectura del barco, como clavos o la hembra del timón. Otros son de uso cotidiano, como un cuchillo. Y otros, hallados en el fondo del barco, eran parte de la carga. Como unas planchuelas de hierro apiladas o varias azadas, que se traían para el trabajo agrícola", dice Mónica Valentini, del Centro de Arqueología Subacuática de la Universidad Nacional de Rosario.
Parte de los contenedores de cerámica en análisis también pueden haber pertenecido a la carga, pero otros eran del uso del barco y su tripulación. "Enviamos a analizar restos de algunas substancias. En un par de botijas encontramos brea, que se usaba para impermeabilizar el barco. En otras detectamos restos de sedimento con un resabio aceitoso, por lo que podrían haber contenido aceite. A algunas las encontramos con el corcho todavía puesto, pero estaban rotas. Y otras lo tenían metido para adentro y ya no tenían su contenido original", cuenta Valentini. En los cuellos de muchas botijas se encontraron sellos, dibujados torpemente. Valentini cree que son marcas de propiedad, relacionadas con los talleres donde fueron fabricadas. También había marcas en los cuerpos de algunas vasijas, como cruces o líneas, que podrían haber sido dejadas por los artesanos. El ministro de Cultura, Hernán Lombardi, ya confirmó que el Laboratorio quedará para la ciudad, para seguir investigando la arqueología urbana. Después de todo, Buenos Aires aún oculta un sinnúmero de secretos.

La mudanza, en pocos días
Los restos del barco mercante español, que podría datar de los siglos XVII o XVIII, fueron hallados el 30 de diciembre de 2008, durante la excavación de la obra para el complejo Zencity en Puerto Madero.
Hoy, los expertos dicen que el descubrimiento fue mucho más importante de lo que habían pensado inicialmente, por todos los elementos encontrados. Esta semana, se le colocó una estructura al barco para, en pocos días, poder trasladarlo a Barraca Peña, en La Boca. Allí volverán a enterrarlo en condiciones controladas para preservarlo y harán un centro de interpretación.