domingo, 4 de abril de 2010

LOS DIRIGENTES SE OCUPAN MÁS DE SEXO QUE DE POLÍTICA

Clarín, Buenos Aires, Argentina, 04Abr10
Siempre importaron, pero hoy seducen más, incluso, que el poder mismo.
Por: Umberto Eco
Fuente: ESCRITOR ITALIANO


Los votantes solían estar acostumbrados a que la vida de los políticos estuviera gobernada por dos principios. El primero se resume en el atrevido dicho siciliano Megghiu cumannari c'a fottiri, que dicho castamente se traduce como "ejercitar el poder es mejor que el sexo". El otro es que los hombres poderosos generalmente van detrás de gente como Mata Hari, Sarah Bernhardt o Marilyn Monroe. Lo sorprendente es que muchos políticos o empresarios actuales no sucumben a, digamos, la tentación de robar dinero de proyectos de obras públicas, sino a la seducción de prostitutas finas que cobran cantidades muy superiores a las solicitadas por Madame de Pompadour en sus días.
En verdad, a lo largo de la historia los grandes hombres no fueron indiferentes a los placeres de la carne. En Italia, pese a que pudiéramos esperar cierta austeridad de políticos prominentes del pasado, Julio César de buena gana encamaba centuriones, nobles romanos y reinas egipcias por igual.
Sin mencionar que el Rey Sol tenía abundantes amantes, el rey Víctor Emmanuel II de Italia perseguía a su Rosina y el presidente estadounidense John Kennedy ... bueno, cuanto menos se diga es mejor. Sin embargo, estos hombres consideraban a las mujeres (o jóvenes) como cierto tipo de descanso y recreación soldadesca.
En otras palabras, lo primero era conquistar Bactria, humillar al jefe galo Vercingetorix o unificar a Italia. El sexo era un beneficio adicional, como beber un Martini seco después de un día agotador.
En contraste, en estos días los hombres en el poder parecen aspirar primero y antes que nada a pasar una tarde de juerga con coristas, y los grandes proyectos nunca entran en escena. Mientras los héroes del pasado leían a Plutarco para deleitarse, sus colegas modernos sintonizan en cambio ciertos canales locales de televisión después de medianoche o navegan por sitios picantes de Internet. ¿Qué se encuentra en esos 130 millones de sitios pornográficas? Las opciones más básicas contestan vívidamente los quién, qué, dónde y por qué del sexo. El resto se dedica a todo tipo de cosas, desde varias formas de incesto (que sonrojarían incluso a Edipo) hasta fetiches especializados.
La pornografía puede tener una función positiva: proveer una salida para los que, por el motivo que sea, no pueden tener sexo real o vigorizar la vida sexual de parejas con relaciones decadentes. Pero también lo puede engañar y hacer creer que una acompañante cara puede lograr cosas que Friné, la cortesana más famosa del mundo clásico, nunca se hubiera imaginado.
Actualmente, la gente está expuesta al sexo mucho más frecuentemente que lo estuvieron sus abuelos. Considere el caso de un pobre sacerdote de parroquia: hubo un tiempo en que su ama de llaves era la única mujer que veía y el periódico religioso L'Osservatore Romano era todo lo que leía. Ahora hay chicas escasamente vestidas pavoneándose en la televisión cada noche.
Entonces, ¿hay algo que nos haga dudar de que esta incesante estimulación del deseo también esté afectando a las autoridades gubernamentales, provocando una mutación de especies y modificando el propósito mismo de su papel en la sociedad?
Copyright Umberto Eco / L'Espresso, 2010

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