martes, 31 de julio de 2007

OSCURIDAD (Novela corta en fascículos)


(Última entrega)
Creo recordar el chirrido de unos goznes... un resplandor de candil enrojeciendo las telas que me envolvían, y manos anónimas colocándome en lo que presiento era un cofre de madera lleno de paja, para ser “cargada” en un carruaje, y ya no me ruboriza pensarme en mi realidad de “carga”, para bambolearme por días en mi oscura cama vegetal. No estoy segura, como de tantas otras cosas de esa época, pero columbro que junto conmigo viajaban los dos hombres que decidieron mi futuro, y cuando pienso esto, sí que me indigno: ¡unos míseros humanos decidir mi futuro! Me indignara o no, terminaron por bajarme en algún lugar tan recoleto como la cava de la que venía, sin sacarme de la cuna en la que dormitaba... No sé el lapso que transcurrió, pienso que breve, hasta que de madrugada fui nuevamente llevada en carruaje a lo que vi, cuando me liberaron de mi prisión de madera y paja, era tierra de labradío, para colocarme en una fosa similar a la que me acunó durante lo que creo fueron siglos, pero para mi sorpresa no me taparon... ¡Estaba tan confundida, más aún cuando escuché decir que acababan de encontrarme en ese lugar!... Confusión que enredó los sucesos de esos días: gente que venía a verme de la villa cercana, mi encierro nuevamente en el cofre de la paja, más traqueteos y barquinazos, parloteo de quienes manipulaba mi caja, pasos que subían escaleras, y por fin nuevamente el sol en lo que era un balcón suspendido sobre una plaza. Allí fui instalada por dos días para que el pueblo me adorara, y llegue a conmoverme al ver la gran cantidad de fieles que concurría a contemplarme en bulliciosa oración...
Algo ha quedado grabado con nitidez de ese lapso: un señor venido desde la Galia a verme, al que trataban con mucha deferencia. Mucho me observó, atusándose sus ridículos bigotes enhiestos como astas de toro. Sin duda reconoció mi origen divino y se interesó en comprarme; hasta ahí el halago, y luego, ¡luego la vejación del chalaneo!... Me pareció que aquellos truhanes debían ser fenicios por la forma en que negociaban, hasta que finalmente columbré que se había cerrado un trato y retorné a sumirme en la íntima niebla de mi vida interior dentro de mi urna, mientras se reiniciaban las subidas y bajadas de carruajes, las breves esperas en lugares silenciosos, el dulce mecerse de un viaje por mar, y nuevamente el subir y bajar de vehículos...
Así llegue a mi suntuoso penúltimo templo, donde desde arriba de una columna podía contemplar a mis adoradores en los que veía rostros de todas las razas del mundo, que me contemplaban con admiración y en respetuoso silencio. Eso me entusiasmó por pocos días ya que el gentío terminó por hastiarme, dejándome caer sin resistencia al reparador gozar de los recuerdos, a vivir dentro de mi cáscara de piedra, a recordar lo que ahora recuerdo.
Pienso que a medida que el tiempo ha pasado, más profundamente caigo en los pozos de oscuridad y hasta creo que ya poco me importa salir de ellos... ¿Hubo otro viaje?... Sí, lo hubo, después me enteré que de regreso a Hispania, siempre dentro de un sarcófago, pero no me interesa recordar los detalles; prefiero olvidarlos tras la dulzura de mi sopor. Una sola cosa conmovió por aquellos días la quietud de la nada en la que, de tanto en tanto, meditaba: ¿qué sería de la Historia sin mi mano al timón de la Guerra, la vieja partera de su evolución?... Nunca lo pude saber con certeza, encerrada en mi templo y sin posibilidades de otear el presente y futuro como otrora, pero sí confío en que los milenios bajo mi férula no pueden haber pasado en vano para la Humanidad, deben haber dejado simiente en su espíritu; no es posible que halla tirado por la borda los esfuerzos que hice para que el gobierno de sus destinos estuviera en manos de los más aptos para dominar, imponer, esclavizar a los ineptos e inferiores, asegurando la marcha permanente por la empinada cuesta del progreso, siempre resbaladiza por la sangre, las lágrimas y el sudor; y con esa idea tranquilizadora torné a hundirme en las profundidades del olvido...
Solamente rompió la oscuridad de mi no existir los resplandores de extrañas cajas negras, engendros de Júpiter ayudado por su herrero Vulcano, seguramente, el día en que me entronizaron en mi nuevo templo en Hispania; donde diariamente cientos de fieles me contemplan. Pero ya nada de lo que ahora suceda me interesa, prefiero quedarme en mi única realidad, en ser yo misma, Ishtar, la hija de Antú, la amante de Tammuz; la Shaushka de los hititas; Astarte para los filisteos; Indrani en los confines de la India; Tanit entre los cartagineses; Danu para los celtas; la Hathor de los egipcios; Afrodita para los griegos; la que gobernó la Guerra y el Amor; la Gran Señora que desde siempre ha moldeado a su antojo a la Humanidad, como un alfarero al barro entre sus manos; la misma para quien el Gran Rey Salomón hizo construir un templo en las cercanías de Jerusalén...
Desde el día en que los resplandores perturbaron por primera vez mi ser, me sumerjo cada vez más en la oscuridad inicial, aquella anterior al escoplo fatal que me sacó de la roca; en esta oscuridad en donde floto sólo perturbada por un pensamiento que da vuelta en mi sesera como un eco infinito que resuena repitiendo una y mil veces: “Qué triste realidad de aquel ser que como yo se ha visto obligada a resignar sus atributos divinos, para quedarse únicamente con los dones de la memoria y la comprensión, aún cuando para una piedra no es poco... Que tristeza profunda me embarga cuando tomo conciencia de estar atrapada por las telarañas de la vejez que embotan mi mente y la hacen deambular por un laberinto desorientador en donde todo se confunde: la realidad actual, los recuerdos de la eternidad transitada y los fantasmas de la ensoñación, hasta el punto de no poder discernir si realmente mis fieles de hoy me llaman respetuosa y devotamente “La Dama de Elche” , o es sólo una fantasía engendrada en las profundidades de mi ancianidad atemporal....”

La “Dama de Elche” se encuentra actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, España.

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