martes, 20 de mayo de 2008

DESENTERRANDO A SIMÓN BOLÍVAR


Entrega 5 y última.
Por Rodolfo Terragno
Para LA NACION

Por eso San Martín fue a pedir refuerzo y, sabiéndose más débil, ofreció secundar a Bolívar. Rechazada tal subordinación, hizo lo único que podía hacer: dejar el campo libre.
Con ayuda de Sucre, Bolívar cumplió la tarea. Luego pretendió establecer, en el Congreso Anfictiónico de Panamá, la unidad de América. Convocó para eso a todo el continente -incluido Estados Unidos- e Inglaterra, porque "nuestra federación no puede sobrevivir sin la protección inglesa". Fue un fiasco. Estados Unidos no asistió. Del resto de América, solo estuvieron México, Centro América, Colombia y Perú. Inglaterra solo envió un observador. En la Gran Colombia, mientras, la autoridad de Bolívar comenzó a agrietarse, y hasta hubo un atentado contra su vida. Por fin, en 1828, debió renunciar y exiliarse en Santa Marta. Escribió entonces: “América es ingobernable. El que sirve a una revolución ha arado en el mar. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. Este país caerá infaliblemente en manos de tiranuelos.”
Terminó sus días en la casa de un español. Sus médicos fueron un francés y un estadounidense. A su lado estaba un obispo que le tomó la postrer confesión. Antes, escribió una carta a su prima Fanny, cuya memoria no había podido borrar Manuelita Sáenz, "la Libertadora", su amante fiel por 27 años:
“Querida prima: Muero despreciable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores. Te dejo mis recuerdos, mis tristezas y las lágrimas que no llegaron a verter mis ojos. A la hora de los grandes desengaños y las íntimas congojas, apareces ante mis ojos moribundos con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras, y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas, y en tu voz oigo las dianas inmortales de Junín.”
Murió el 17 de diciembre de 1930. Cuando la noticia llegó a Venezuela, el gobernador de Maracaibo, Juan Antonio Gómez, festejó:
“Bolívar, el genio del mal, la tea de la discordia, el opresor de la patria, ya dejó de existir. Su muerte será sin duda el más poderoso motivo de regocijos.”
La historia reivindicó a Bolívar en todos los países que liberó o ayudó a liberar. En la Argentina, se lo ha desdibujado para sostener una innecesaria defensa de San Martín. El olvido de Bolívar hace que hoy, frente al usufructo político de su imagen, la mayoría de los argentinos ignore si el adjetivo "bolivariano" está bien o mal usado. De Bolívar puede decirse que fue un hombre providencial o un caudillo afortunado. Que lo dio todo por América o que tuvo delirios de gloria. Lo único que no puede decirse es que sus actos hayan sido desequilibrados o grotescos.
Gabriel García Márquez afirmó en 1982 al aceptar el Nobel de Literatura:
“La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles.”
Hoy, el presidente de la República Bolivariana quiere abrir el "sacrosanto ataúd" de Bolívar, para ver si lo encuentra en la caja:
¡Ojalá dentro estén los restos de Bolívar! ¡Ojalá! Pero hay dudas. Hay dudas sobre la autopsia de Bolívar. No se ha podido conseguir el cráneo del Libertador. Estamos tras la pista de ese cráneo. ¿Quién sabe si hasta los huesos de Bolívar los desaparecieron [los colombianos]?
Según la partida de defunción, Bolívar murió de tuberculosis; pero Chávez dice que en 1830 la tuberculosis no era "tan mortífera", y quiere averiguar si el Libertador no fue asesinado.

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