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domingo, 8 de enero de 2012

SPIELBERG CABALGA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

EL PAÍS, Madrid, JESÚS RUÍZ MANTILLA 08Ene12
Aunque lo es todo en el cine, Steven Spielberg guarda muchos de sus miedos de niño y sus curas de humildad a cargo de Hitchcock. En 'war horse' aborda la i guerra mundial. Nos cuenta Su nueva aventura cinematográfica durante un encuentro en excLusiva en Londres.

Aunque del uso se le haya agotado en sí mismo ese tan cacareado tópico de rey Midas de Hollywood; aunque según la revista Forbes posea una fortuna de 3.000 millones de dólares gracias al cine y siga haciendo dinero a espuertas con productos de éxito como la reciente Tintín o ahora War horse (Caballo de batalla), sentado ahora en un sillón de un lujoso hotel londinense cara a cara frente a un extraño, Steven Spielberg sigue siendo el niño de unos cinco años que un día entró a contemplar El mayor espectáculo del mundo,de Cecil B. DeMille, y pensó: "¡Esto es lo más alucinante que he visto en mi vida!".
Y eso que en un primer momento el pequeño Steven se sintió estafado. Pensó, no sabe por qué ambigüedad no resuelta ni debidamente clarificada, que su padre le invitaba al circo, cuando en realidad le llevaba a ver una película sobre circo. Pero ese doble juego, la magia inagotable entre la realidad y la ficción que él luego supo captar y explotar como nadie, es algo que no parecía entender del todo bien hasta que pasó un buen rato con las luces apagadas...
"Yo pensé que mi padre me había engañado, que me había traicionado. Creí que me llevaba al circo, pero aquello no era el circo. Aquello era una sala a la que entramos después de haber pasado un frío de muerte en la cola durante hora y media de pie, en una calle de Filadelfia. Allí había butacas alineadas y una enorme cortina roja, pero yo sabía que no era el circo, no olía a circo y sí, cuando se abrió, se proyectaron sobre la pantalla unas imágenes con grano en la que había leones y trapecistas y elefantes, pero no era el circo...".
Hasta que un cambio brusco le puso en situación: "Hay un momento en el que se produce un accidente de tren. Las cosas salen volando hechas pedazos y fue entonces cuando yo entendí, como niño, que aquello era la cosa más impresionante que había visto en mi vida". Quizá por eso, pocos años después, su primera película en super 8 se limitara a regodearse en un choque rodado en un restaurante con su maqueta de trenes eléctricos.
Aunque haya firmado ya 50 películas desde Amblin hasta ahora Lincoln con Daniel Day-Lewis como protagonista, producido 130 y lo haya ganado todo, incluyendo dos oscarscomo director por obras maestras como La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan,otro Premio Irving Thalberg a toda una carrera y alguna estatuilla como productor, Spielberg todavía guarda memoria viva y tiene mucho del pringadillo que fue sistemáticamente expulsado de los rodajes de su maestro, Alfred Hitchcock...
"Me recuerdo en mis inicios metiendo las narices en los estudios, fijándome en cómo se hacían las cosas". La primera vez que le largaron fue cuando se coló a husmear en el set de Cortina rasgada. "Me echó un colaborador, me vio en el rodaje y me preguntó: ¿Quién eres? Me dijo que me encontraba en un espacio privado y que no podía estar allí. Nunca lo conocí. Hitchcock no me echó una vez, me echó dos...".
A ver, ¿cómo fue la segunda piedra en la que tropezó frente al mago? "Después deTiburón, cuando ya era un exitoso joven realizador, me fui con un reportero que estaba haciéndome un perfil a ver el rodaje de La trama. Me presenté allí, ya como director deTiburón, muy ufano, creyéndome suficientemente reconocido como para saludar al maestro, como si tuviera el derecho incuestionable de ser recibido. Él estaba de espaldas, no sé ni cómo pudo notar que andaba por allí".
A partir de ahí, lo mismo de la primera vez. "Habló con su asistente, le dijo algo al oído, vino hacia mí con la mirada fija y me explicó: 'El señor Hitchcock quiere que le diga que no permite visitas en los sets'. Y volvió a echarme. No sé si tenía un ojo en el cogote. El caso es que para mí era un papelón saber que aquel periodista contaría cómo el director de Tiburón fue expulsado de un rodaje. Así que ostento el dudoso honor de haber sido echado no una sino dos veces de su lado, sin siquiera llegar a conocerlo. Más cuandoTiburón era todo un homenaje a su cine".
Aunque haya dirigido películas negras o llenas de acción, misterios, violencia, tensión y lágrimas, obras desde las que se exploran las simas del alma humana a las que buscan el entretenimiento por el entretenimiento, Spielberg todavía es ese muchacho asustado a quien su padre, ingeniero electrónico, le fabricó un caleidoscopio para hipnotizarle y que durmiera las extrañas noches en las que creció entre Haddon Heigths (Nueva Jersey) y Scottsdale (Arizona). Fue en el seno de una familia judía, circunstancia que, como niño, producía entre rechazo y perplejidad a quien más tarde dirigió La lista de Schindler. "En mi casa no teníamos todavía televisión y lo único que había visto que se pareciera fue un invento de mi padre que me fabricó: un caleidoscopio, y creó una ola que daba vueltas y me llevaba a dormir cada noche, cuando era un crío".
El miedo explica muy bien el mundo de Spielberg. Hasta el punto de haberlo reflejado como muy pocos en pantalla sin haber hecho propiamente ninguna película pura del género. Reinventándolo, como hizo en Tiburón o aderezando sus obras más realistas con ese sentimiento. Sobre todo en las secuencias iniciales de Salvar al soldado Ryan, donde el retrato del miedo abre la épica. Es una losa, una parálisis que une como nadie al director que lo muestra y a los espectadores que lo sienten, lo padecen o lo huelen en sus secuencias.
"Tenía miedo de la oscuridad, miedo de todo. Cualquier cosa que le diera miedo a un adulto o a otro niño, yo lo adaptaba a mi propio temor y me producía espanto. Mi madre, durante un tiempo, padeció agorafobia, temía los espacios abarrotados. Ya no. Cuando me lo contó, al día siguiente, yo también tenía miedo de los sitios abarrotados. Me sobrepuse pronto, pero en aquellos tiempos yo me sugestionaba por cualquier cosa".
Ha pasado e interiorizado tanto el terror que hoy es el día en que le resulta imposible verE. T. con su nieto de cuatro años y no destripársela para que no sufra. "Ya soy abuelo", asegura este padrazo de siete hijos fruto de sus matrimonios con Amy Irving y Cate Capshaw. "Tengo dos: Eve, de un año, y Luke, de cuatro. Con él he visto E. T. este verano. Le encantó, recita varias frases. 'Teléfono, mi casa...'. Si hay algo que me apasiona a la hora de volver a ver mis películas, es hacerlo de nuevo a través de sus ojos. Pero me angustiaba mucho que sufriera, y cuando la criatura parece que ha muerto, yo le decía a mi nieto: 'No te preocupes, se va a poner bien, no le pasa nada". Hay que imaginarse la escena. El director que hizo llorar a medio mundo con aquel muñeco del espacio exterior consolando a los espectadores de la tercera generación que la disfruta, negándose a sí mismo para que no sufran sus criaturas. Aun así, Spielberg sabe que una vez que su cine pasa a los ojos de otra gente ya no le pertenece: "Cada uno que lo ve se queda con algo de la película, algo propio. Cuando superas el estreno te conviertes en su huérfano y pasa a ser de los millones de personas que la ven".
Spielberg y los niños... Una entente inagotable de E. T. a Indiana Jones y el templo maldito, El imperio del sol o A. I. Inteligencia artificial. O como en su nueva película,War horse, la historia de un muchacho y un caballo que, según escribió Vargas Llosa después de haber visto la obra de teatro en Londres, resume perfectamente lo que fue la I Guerra Mundial.
"Yo la conocí gracias al libro de Michael Morpurgo que luego fue adaptado al teatro. Lo leí y me conmovió tanto que fui a Londres a ver la obra. Lo que me impactó fue la peripecia de un chaval que se entrega a educar un caballo al que su padre cede al ejército británico. Lo que ocurrió con ocho millones de animales que llegaron a servir en la I Guerra Mundial", afirma el director. "El caballo nos conduce a diferentes ángulos del relato, tanto del ejército aliado como del alemán, inspira respeto, es una historia preciosa, casi un poema".
Con War horse, Spielberg ahonda en otra de las obsesiones que le movían ya desde adolescente: el cine bélico. Pero en este caso cambiando el escenario. Él ha revolucionado la concepción cinematográfica del conflicto más desolador de la historia no solo con sus obras maestras en gran pantalla -La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan-, sino también en Band of brothers y The Pacific, las producciones para televisión que produjo aliado con su amigo Tom Hanks, según Spielberg, "el actor que más naturalidad ha dado en pantalla desde Spencer Tracy". Para probarlo ahí quedan los títulos que ha rodado con él de protagonista desde su experiencia en Soldado Ryan: La terminal y Atrápame si puedes.
Ahora entra de lleno en la I Guerra sin olvidar los pocos referentes que la han llevado al cine: "A mí me encantó Senderos de gloria", comenta sobre la película abiertamente pacifista de Stanley Kubrick, uno de sus maestros reconocidos. "Pero creo que fue Lewis Milestone quien rodó la mejor sobre ese conflicto: Sin novedad en el frente".
Con War horse, Spielberg ahonda en la épica. Nos cuenta cómo un animal capaz de arar una tierra yerma puede sobrevivir a cuatro años de guerra: "Fue un conflicto muy interesante, pero no popularizado como la segunda porque aquella fue un trauma global, el fin de la civilización como la entendíamos. La I Guerra supuso, entre otras muchas cosas terribles, el fin del caballo frente a la tecnología como arma. El caballo era un arma. Millones de animales murieron a cargo de otros inventos y herramientas como el tanque, desde entonces fue relegado a convertirse en una bestia de carga a un precio tremendo. Lo pagó caro. El hecho, además de no ser de utilidad, influyó en su conservación después como especie".
Aunque Spielberg revolucionara de la mano de una generación irrepetible la industria del cine, hoy, mirando hacia atrás, no podríamos entender el séptimo arte sin su paso por él. No solo como creador, sino como reinventor del negocio y urdidor de alianzas junto a Lucas, Coppola, Scorsese, sus colegas retratados por Peter Biskind enMoteros tranquilos, toros salvajes, este paradigma ya con 65 años cumplidos. Aun así, vestido con vaqueros, zapatillas deportivas, gorra y cazadora de aviador, sigue siendo aquel meritorio chaval aparentemente nada rebelde y sombra del tímido y retraído empollón con granos que solo quería dejar buena impresión en los despachos para que le volvieran a contratar. Aunque fuera para hacer nuevos episodios de la serie Colombo.
"Nosotros no pensábamos en cambiar Hollywood. Siempre sentí que solo quería salvarme a mí y nunca al sistema. Solo pretendía que cada película me ayudara a hacer otra. No era por el bien de la industria, sino por mí, para seguir adelante".
El chico que asombró a público y crítica desde sus inicios no tenía intenciones iconoclastas, como sostiene John Baxter en una biografía no autorizada. Ni tomaba LSD, ni vertía sus traumas a propósito o aparentemente en su obra, como recuerda su amiga Margot Kidder en el libro de Biskind. Él era un chico aparentemente inofensivo, que se alimentaba de galletas Oreo y dormía con calcetines.
Sin embargo, así, sin querer, dio la vuelta a los pilares. Todo lo puso patas arriba. No solo como un artista que empezó siendo de culto tras El diablo sobre ruedas en los circulillos intelectuales franceses, por ejemplo, algo que levantó la envidia de aquellos colegas que se empeñaban y no lo lograban tanto, sino como emprendedor de iniciativas revolucionarias en el puro entretenimiento. Eso y no otra cosa fue el inicio de la saga Indiana Jones, emprendida junto a George Lucas después de que este acometiera la saga de Star wars.
"El objetivo era crear un héroe diferente a James Bond. Mientras que Bond nunca se despeina, ni sangra, ni se hiere, salvo ahora en la nueva concepción que le ha dado Daniel Craig, en la época de Connery sobrevivía por la ironía y el estilo. Indiana, en cambio cae herido con frecuencia, le revuelcan, comete errores. Las bases de la comedia son fundamentales. Y está envejeciendo sin perder facultades".
El héroe es otro de los grandes temas de Spielberg: héroes claros como Jones, como Schindler, como ahora Tintin, y oscuros, como los agentes secretos del Mossad al servicio de Israel que retrata en Múnich, su obra más política e incomprendida hasta el momento por ambos bandos en permanente conflicto.
"Es cierto, quizá es más bien una película antiheroica. Da miedo, es negra, conflictiva. Me inspiró mucho la controversia, me pareció interesante. Se polarizó, queríamos crear debate; si no lo hubiera conseguido, habríamos fracasado. Esa película debía volver a poner las conversaciones en la mesa. No trataba de equiparar moralmente a ambos bandos. Hablaba de lo que aquellas personas que son instrumentos de guerra sienten en los momentos más dramáticos a los que se enfrentan, cuando no hay nadie que les consuele y cuando afrontan las consecuencias de sus actos: es introspectiva".
Aun así, aquella película compleja y desgarrada cuenta con su plano más político. El último, en el que un travelling lleva directamente a las Torres Gemelas para cerrar la historia: "No quise decir que aquello que estaba contando trajera esta situación. Simplemente que el mundo cambiaría y que las cosas iban a empeorar y no a mejorar".
Lo que no tiene claro es si dentro de Hollywood y con la que está cayendo, los cineastas deben hoy emplearse en hacernos soñar más que nunca debido a la moral arrasada por la crisis de Occidente. "¿Qué puede hacer Hollywood?", se pregunta: "A mi juicio, no es una herramienta política, pero sí de sueños. Y en ese sentido es caprichosa: los sueños pueden convertirse en realidad, pero no todos están dirigidos a cambiar el mundo. Son personales, de cada artista. La situación presente no es como la del final de la II Guerra Mundial en la que Hollywood se volcó a colaborar con películas que recaudaban fondos para apoyar al ejército o con musicales que ayudaran a la gente a olvidar lo vivido. Hoy Hollywood no está volcado en eso, sino que se empeña en hacer reales los sueños eclécticos de la gente. No tiene por delante una misión. Necesita independencia".
Los sueños, como eclécticos, varían. Y él, como nadie, conoce los gustos del público, algo en lo que se aplicó de joven estudiando cada semana las revistas más populares, deTigger Beat a Esquire, Time o Play Boy, según recuerda su colega John Milius. "Creo que soy una persona con muchas inquietudes, y mis inquietudes son eclécticas. Reconozco el hecho de que el cine europeo y el asiático ahora, por ejemplo, han hecho al personaje el centro de la historia. Para los americanos, la historia vale por la historia misma. Yo aprecio ambas concepciones. Los problemas a los que ciertos personajes se enfrentan en conflicto y luego productos como Avatar, un concepto épico. En este mundo de gustos variados, algo así puede unir grandes públicos al tiempo que otras películas como El discurso del rey se dirige a otros segmentos para justificar en sí su existencia".
Aunque avanzados los años setenta y en plena década de los ochenta, esta generación irrepetible de cineastas, liderada entre otros por él, cambiara la historia del cine para siempre, ahora les toca a otros. Ellos lo salvaron de productores decadentes y cegatones, de seres incapaces de ver hacia dónde se dirigía el arte y el negocio. Tomaron el poder y lo ejercieron a fondo; ahora le toca el turno a otra generación, quizá más difusa. Pero para hacerlo, según Spielberg, tendrán que conocer profundamente el pálpito de la gente.
"Cada generación tiene diferentes sensibilidades y nadie debe salvar Hollywood de nadie: ni de mí, ni de Scorsese, de Lucas, de Coppola o de Cameron... La diferencia entre hoy y cuando nosotros empezábamos es el público. Ahora no se conforman con un género: no basta. Existen muchos tipos de público a los que dirigirse, mucha gente adoradora del cine en todos sus abanicos. Hay que ser capaces de hacer películas para varios segmentos".
Un detallado vistazo a su riquísima filmografía podría ofrecer varias pistas: del pasado, del presente y del futuro del cine, ese que todavía va a escribirse con su nombre.

martes, 26 de julio de 2011

EL PORNO (CHINO) EN 3D QUE DERROTÓ A AVATAR

EL PAÍS, Madrid, TONI GARCÍA - Barcelona – 25Jul11
La película en tres dimensiones 'Sex and Zen' bate récords en las taquillas del país asiático.- Jeffrey Katzenberg, uno de los fundadores de los estudios Dreamworks e íntimo de Steven Spielberg confesaba el otro día a la revista The Hollywood Reporter que Hollywood había abusado del 3D y que el público amenazaba con darle la espalda, harto de las conversiones y las tomaduras de pelo.
Sin embargo, hay otros países donde el formato sigue yendo como un cohete, nunca mejor dicho. China vive estas últimas semanas un fenómeno sin precedentes, una película que ha llegado tan alto que acaba de batir el record de recaudación de Avatar... al menos de momento (las mediciones se han realizado en base a las primeras ocho semanas de ambas películas y no olvidemos que la película de James Cameron fue retirada de los cines chinos). Lo mejor del caso es que el film en cuestión es Sex and Zen 3D: Extreme Ecstay, una película erótica (o porno, según las versiones) que ha arrasado en la taquilla de una forma tan aplastante que ha sorprendido incluso a sus promotores. Además, la cinta ha logrado otro record: la multiplicación del turismo chino a Hong Kong. Sí, Hong Kong forma parte de China, pero la laxitud de sus leyes ha permitido estrenar en la península una versión más explicita de Sex and Zen 3D. La oportunidad de ver la película con más detalle ha llevado hasta allí a miles de visitantes que han llenado las arcas de las salas locales y de las agencias de viajes.

El film, que ha contado con un presupuesto de poco más de dos millones de euros, cuenta una historia ubicada en la corte, en la época de la Dinastía Myng, aunque -como acostumbra a pasar en el género- el guión sea de lo menos. Rodada en cantonés con un actor chino encabezando el reparto y multitud de actrices japonesas con cuerpos de vértigo -obviamente-, la película puede suponer el inicio de una tendencia con suculentas posibilidades financieras y de hecho su productor y guionista, Stephen Shiu, ya hablaba hace pocos días de las negociaciones para la secuela. Aunque cabe decir que Sex and Zen era ya un clásico del erotismo chino con dos entregas manufacturadas, la taquilla nunca había sido tan generosa con la saga hasta que sus creadores decidieron pasarse al mundillo tridimensional.
De momento la película podrá verse en algunas salas de Estados Unidos a partir del 12 de agosto (con estreno de lujo en los Alamo Drafthouse de Austin) y el aficionado de la “piel de toro” (NOTA DE CLAVE 88: Es el “sobrenombre” de España, en el hablar español. Se refiere a la forma de la península “extendida” sobre el Mediterraneo) que lo desee podrá acercarse al Festival de Sitges, a principios de Octubre, donde Sex and Zen 3D tendrá su premiere española. Para aquellos/as que aún no estén convencidos/as solo cabe recordarles una frase de Shiu: "Será como si el espectador estuviera mirando desde la cabecera de la cama".

sábado, 7 de mayo de 2011

ETTORE SCOLA CUMPLE 80

LA NACIÓN, ADNCultural, Por Néstor Tirri para LA NACIÓN, Buenos Aires, 06May11
"El cine italiano y toda Italia han perdido identidad", dice el director de Un día muy particular, ya retirado de los sets. No será recientemente


alguien que se parece a Ettore Scola. ¿Será él? "Sí, soy yo", responde, adivinándome al vuelo. Sorprende la absoluta sencillez con que se ha instalado entre los "mortales", como un espectador más, y también, la cordialidad con la que acepta el diálogo con un desconocido que lo está abrumando con una información que acaso ya tenga, esto es, la calurosa repercusión que su cine obtiene en la Argentina.
Participa como jurado o como veedor (ya no me acuerdo) de una sección paralela. "Quiero ver el film de Agosti -aclara-, que ha sido un colaborador de muchos directores y que ahora tiene su oportunidad aquí, como realizador." Esa tarde competía por Italia, en efecto, Il quartiere (El barrio), la película con la que el montajista Silvano Agosti (había compaginado varios films de Marco Bellocchio, desde el inicial I pugni in tasca ), a punto de cumplir 50 años, hacía su debut en la Mostra del Lido.
También eso llamaba la atención en la casi inadvertida presencia de mi ilustre vecino de butaca: el maestro que para entonces acreditaba obras como Nos habíamos amado tanto o Un día muy particular , que ya integraban el lote más destacado del cine del siglo XX, asistía a una proyección de rutina del Festival, sin anuncio ni pompa, sólo para acompañar solidariamente el difícil trance del amigo, modesto "trabajador del cine", que daba su primer paso en el feérico esplendor de Venecia.
Un año después, en la siguiente edición del Festival de la Laguna, almorzando en el patio del Hotel Excelsior con la vestuarista María Julia Bertotto (que formaba parte del jurado), volví a ver al maestro. Caminaba lentamente, meditativo. Lo saludé y le recordé nuestro fugaz encuentro del año anterior. "Ah, sí -evocó-, cuando compareció Agosti con su film ambientado en el barrio de Prati, el mismo barrio en el que yo, pero idealmente, ambienté La familia ."
Con su voz grave, algo aguardentosa, reflexionó sobre el cine italiano de aquel momento: un discurso sereno y sustancioso que atrajo a otros participantes del Festival que andaban por ahí (entre ellos, un muy interesado Harry Dean Stanton). Después saludó y continuó su caminata por los jardines de aquel hotel, la misma terrazza que había sido el espacio ceremonial de la Mostra Internazionale del Cinema en su inauguración, en aquel final de verano de un ya remoto 1932.
En ese entonces el niño Scola tenía apenas un año: todavía no podía enterarse de que el cine era una peligrosa fascinación que hipnotizaba espectadores desde una pantalla de plata. Cuando años después lo descubrió, se enamoró de él y ya no lo abandonó.

En la terrazza del Excelsior, en aquel mediodía veneciano, ese porte nada ostentoso, solitario, ascético y poco locuaz pero al mismo tiempo preciso y denso permitía intuir algunos de los atributos que distinguen a los creadores auténticos. Esos simples rasgos subyacen tanto a la esencia del cine de Scola como a la actitud que este notable cineasta del siglo XX viene sosteniendo a lo largo de todo su periplo productivo y vital; su trayectoria, en fin, se funda en convicciones políticas definidas (aunque siempre se mantuvo al margen de cualquier manejo circunstancial), en una reticencia a participar de frivolidades ("Nunca fui al programa de TV de Costanzo", advirtió, como para afirmar su rechazo a la exhibición mediática) y en una voluntad de profundizar, con sensibilidad y talento para la ficción, en peripecias de la gente y en sacudimientos históricos que, desde su perspectiva dialéctica, repercuten en el individuo.
Como el profesor que él mismo concibió para Vittorio Gassman en La familia , en estos días Scola cumple años y redondea una edad propia de patriarcas. "Sí, ochenta: cada edad tiene su encanto, ¿no?", dice al teléfono, desde su apartamento romano del barrio de I Parioli, y es evidente que se ufana de ello. Llega con la conciencia de haber recorrido un camino de artista y de pensador, una labor luminosa que, sin embargo, según le dictó su proverbial ascetismo, hace unos años decidió dar por concluida, porque consideró que había cumplido su ciclo.

Recóndita armonía
Desde su inicial Parliamo di donne (comedia en episodios de 1964, exhibida en la Argentina con ese título, en italiano, que abreviaba el original Se permettete, parliamo di donne ) hasta el "documental" Gente de Roma , de 2004, la trayectoria de Scola como realizador reitera, a lo largo de una treintena de films, un motivo que se vuelve identificatorio, no tanto como "tema" sino como módulo estructurador de sus obras: el viaje. No siempre el de las road movies clásicas sino más frecuentemente el del corte "vertical", el del viaje en el tiempo, con la intención de revisar los comportamientos sociales a través de etapas históricas.



Nos habíamos amado tanto arranca en el final de la Segunda Guerra y va siguiendo el disímil periplo de tres amigos que se van transformando a lo largo de 30 años ("Queríamos cambiar el mundo, y el mundo terminó cambiándonos a nosotros", dice Nicola, el álter ego del realizador).
La familia centra las vicisitudes de un grupo familiar de clase media desde principios del siglo XX hasta la década de 1980; en ambos casos, mientras el primer plano lo ocupan las peripecias de algunos individuos, la historia del país pesa, en un segundo plano pero indisimulada, sobre sus vidas. Lo mismo ocurre con El baile , La terraza , Mario, María y Mario , así como, en su etapa de guionista (y en colaboración con la implacable dupla Age-Scarpelli), con la inolvidable La marcha sobre Roma , de Dino Risi.
Pero está la otra travesía, la espacial, presente en El viaje del capitán Fracassa (una novela de Théophile Gautier reelaborada por Vincenzo Cerami y Silvia Scola, sobre la gira de unos comediantes) y en la impecable La noche de Varennes (el fallido intento de fuga de Luis XVI y su familia de París, mientras triunfa la Revolución Francesa), sin olvidar la temprana comedia ¿Lograrán nuestros héroes reencontrar al amigo misteriosamente desaparecido en África? , de 1968.
A propósito de esa etapa inicial de su producción, vale señalar que la impronta de la commedia se instalará en la estética de Scola -como también en la de varios de sus colegas coetáneos- para impregnar la mayoría de sus tramas, incluso algunas que se precipitan en la tragedia, como Celos estilo italiano (cuyo título original imitaba irónicamente, en 1970, el estilo de los titulares de los diarios sensacionalistas: "Drama de celos: todos los detalles en la sección Policiales"), con aquel trío irrepetible que formaron MarcelloMastroianni, Monica Vitti y Giancarlo Giannini.
En la dimensión opuesta al viaje, la apelación al "encierro" como recurso de concentración dejó un título clave de la cinematografía italiana: Un día muy particular , exaltado como impecable pieza dramática por aquel maestro de la narrativa peninsular que fue Alberto Moravia en un artículo de L'Espresso de 1977. Mientras un ama de casa y un homosexual se descubren accidentalmente en un condominio que ha quedado desierto, toda la ciudad aclama, en la célebre jornada de julio de 1938, la visita de Hitler a Roma y el encuentro del Führer con Mussolini. Un verdadero hallazgo, que en Estados Unidos se alzó con el Golden Globe al mejor film extranjero (la misma distinción obtuvo en Francia con el César, sin olvidar la nominación para la Palma de Oro que mereció en el Festival de Cannes).
En La cena , ya en una etapa avanzada de su trayectoria (1999), Scola revisa, también, fragmentos de vida que se concentran en el espacio único de un restaurante, ámbito emblemático de los rituales urbanos romanos, durante dos horas.
El restaurante de Flora es una suerte de templo convocante en el sentido de que, con agudeza, allí se congregan figuras de cierta heterogeneidad social, dentro de la complejidad propia de una clase media de rango extendido; se exhiben diversidades sociales y antropológicas, así como una caracterología tan variada como las relaciones y conflictos interpersonales que se desatan en cada una de las mesas.
Con semejante profusión de asuntos y registros, esa vasta producción no podía esquivar el eclecticismo, y en esa condición tal vez resida parte de su fuerza y de su vigencia; es así como se producen saltos sorprendentes en la impronta estética del cineasta: ¿cómo conciliar la aspereza cruelmente grotesca de Feos, sucios y malos con el arrebato melodramático, no exento de cierto halo romántico, de Pasión de amor ?
Sin embargo, hay, en toda la filmografía de Scola, una coherencia interna, una suerte de "humanismo crítico" que va un paso más allá del que ejercitó, antes que él, Vittorio De Sica: una especie de "recóndita armonía" -por apelar a un tópico pucciniano- en la que él mismo se reconoce y que, en definitiva, consagra la continuidad estilística de un autor.

PARA USAR LA EXPRESIÓN "OBRA MAESTRA"
Por Tullio Kezich y Alessandra Levantesi, LA NACION


"Nadie es un gran hombre para su mucamo", se dice desde tiempos de Napoleón. Análogamente se podría afirmar que ningún film, en el momento en que aparece, es una obra maestra para el crítico cinematográfico. Incluso cuando un título es recibido con una justa consideración desde el primer momento, como ocurrió en 1977 con Un día muy particular ; aun en casos así es necesario darles a los clásicos un tiempo para que se revelen como tales. Sólo hoy, cuando gracias a las sofisticadas manipulaciones tecnológicas de la restauración la obra vuelve a resplandecer en la plenitud de su preciosismo de imagen y sonido, se puede usar con tranquilidad la comprometedora expresión "obra maestra". [...]
Después de haberse cruzado casualmente en ese condominio convertido en una suerte de tierra de nadie, desde el momento en que sus habitantes han salido corriendo a festejar y vitorear al dictador alemán, los dos personajes (el ama de casa Antonietta y Gabriele, ex animador radial de la EIAR -la primitiva Rai-, expulsado por homosexual) intercambian frases e inesperadas confidencias, descubren consonancias y disonancias de sus respectivos caracteres y de sus elecciones de vida; llegan a pelearse, movidos por una furia recíproca, y cuando están casi a punto de odiarse, terminan haciendo el amor. Al borde del abismo en el que Europa y el mundo entero están por precipitarse, asistimos a la efímera identificación recíproca de dos almas perdidas. [...]
Visitando o revisitando Un día muy particular , no es ciertamente superfluo el hecho de que el pequeño Ettore Scola, uniformado como ballila [milicias infantiles fascistas], haya visto con sus propios ojos a Hitler en el palco. O enterarse de que Carlo Ponti, siempre atento a la necesidad de conseguir buenos roles para su mujer Sophia, aceptó, sin vacilaciones, producir el film. O recordar cómo el iluminador Pasqualino De Santis, para no desentonar con las imágenes documentales en blanco y negro del prólogo, llegó a la solución de plasmar una textura fotográfica especial, tenue, casi descolorida. O que fue el propio Mastroianni quien sugirió el motivo de la rumba "Aranci!", recuerdo de bailantitas familiares frecuentadas de joven. O que el maestro Armando Trovajoli,a requerimiento del director, en media hora y en un pianito vertical cualquiera, improvisó la genial combinación de la rumba con el himno de las SA, que golpea al corazón en el final del film. La peculiaridad del gran cine reside justamente en esta posibilidad de englobar (mientras la obra se plasma bajo el signo dominante de la dirección) las experiencias, los sentimientos, las fantasías y los sueños de quienes participan de esa creación.
De Incontrarsi e dirsi addio nella Roma del '38 . Edizioni Lindau. Associazione Philip Morris, Progetto Cinema.

domingo, 1 de mayo de 2011

GARY COOPER, QUE ESTÁS EN LOS CIELOS... DESDE HACE 50 AÑOS

EL MUNDO, Madrid, 01May11
Foto: Cooper, en la película 'Veracruz', con Sara Montiel. Efe | Madrid
Hace medio siglo que Hollywood se quedó sin su héroe más impecable. 'Gary Cooper.


El héroe americano' es el título de la biografía que ahora se edita en España y que repasa la vida de quien motivó 'El orgullo de los yanquis' y se quedó 'Solo ante el peligro', pero también fue amigo de Hemingway y Picasso.
'Gary Cooper, que estás en los cielos' era una película de Pilar Miró de 1981, pero al margen del juego de palabras, es cierto que el actor estadounidense fue durante muchos años todo un dios para el público del mundo entero.
Había ido de la mano con el nacimiento del Hollywood dorado: interpretaba la primera película que ganó el Óscar, 'Alas', redujo a la irreductible Marlene Dietrich en 'Marruecos' y fue el rostro de la gran esperanza democrática estadounidense gracias a 'El secreto de vivir' y 'Juan Nadie', de Frank Capra. Cuando murió el 13 de mayo de 1961, Hollywood sintió que enterraba al símbolo de una época.

'Los ojos más amables'

Pero además de una filmografía excepcional jalonada con dos Óscar en competición y uno honorífico, el libro escrito por Jeffrey Meyers con asesoramiento impagable de la única hija de Cooper, Maria Janis, va más allá en la vida de quien fuera descrito por Audrey Hepburn como "el hombre más alto, delgado y de ojos más amables".
Dietrich, despechada por descubrirse una simple conquista más para el actor -junto otras compañeras de reparto como Clara Bow o Ingrid Bergman- fue menos amable: "No era ni inteligente ni culto, lo reclamaban por su físico, como a los demás, porque a fin de cuentas es lo que importaba".

'Yo me callo'
Pero Cooper, si bien era parco en palabras, fue desvelando que bajo su cotizado continente había mucho contenido. "Si los demás tienen cosas más interesantes que decir, yo me callo", decía.
Su abierta afiliación a los ideales conservadores no impidió que, en época de la Caza de Brujas, defendiera al guionista Carl Foreman, autor de uno de sus mejores títulos, 'Solo ante el peligro'. Y pronto se aficionó a los poemas de Kipling, el arte moderno y los toros.
'Gary Cooper. El héroe americano' recoge algunos de sus momentos más taurinos junto a Hemingway. "Fuimos a una ganadería en Toledo, dimos unos cuantos capotazos a una vaquillas y lo pasamos muy bien (...) volvimos al hotel oliendo como cabras", relata.

Torero
Y este icono de la masculinidad, reconoció a propósito de su experiencia con Luis Miguel Dominguín el día que se inauguró el Castellana Hilton de Madrid y le invitó a entrar en la arena: "Nunca en mi vida había experimentado un miedo semejante al que experimenté en aquel ruedo". "De alguna manera me las arreglé para dar un par de buenos pases y que me gritaran unos cuantos olés, que me supieron mejor que todos los aplausos que había recibido en Hollywood", aseguraba.
Hemingway le presentó a Pablo Picasso a finales de los cincuenta, quien le invitó a cenar en su casa de la Riviera Francesa. Cooper le regaló un inmenso sombrero Stetson que había usado en el rodaje de 'La exótica', junto a Ingrid Bergman, y un revolver Colt del 45.
Pero con quien no acabó de entenderse fue con Sara Montiel, con quien rodó 'Veracruz'. "Volvía del rodaje en exteriores diciendo que casi le resultaba insoportable tenerla que tocar o besar. Ella nunca utilizaba champú. Me dijo su peluquero que cada día no hacía más que añadirle aceite de oliva a su pelo", recordaba la actriz, amiga y amante de Cooper Lorraine Chanel.
Pero esa fortaleza incólume y divina de la gran pantalla sucumbió a los síntomas del cáncer demasiado pronto, cuando le fue detectado en diciembre de 1960, a punto de cumplir los sesenta años.
Sus últimas voluntades fueron: "viajar a París, ir a cazar faisanes con Hemingway y decir adiós a mis amigos".

martes, 19 de abril de 2011

EL LADO OSCURO DE LOS CUENTOS DE HADAS

LA NACIÓN, Buenos Aires, Natalia Trzenko, 19Abr11
Con el estreno de La chica de la capa roja, pasado mañana, se inaugura la tendencia de adaptar relatos infantiles para el público adulto

Había una vez una nena, la más linda del pueblo, que siempre usaba una capita o caperucita roja que le había hecho su abuela. Y cada vez que la chica se animaba a caminar por el bosque, se encontraba con un leñador del que estaba enamorada y que podía ser-o no- el lobisón que aterrorizaba al lugar. Aunque La chica de la capa roja, el film que estrena Warner pasado mañana, toma la estructura básica y la iconografía del clásico infantil Caperucita roja, éste no es el cuento que cientos de millones de niños escuchan con atención y bastante aprensión desde que los hermanos Grimm lo popularizaron a partir del relato original de Charles Perrault. Esta vez, el cuento con moraleja -no hablar con desconocidos en el bosque si no querés terminar como su almuerzo- funciona como atractivo material de base para atraer al público adulto.
A partir del éxito global de la serie Crepúsculo y Alicia en el país de las maravillas, según Tim Burton, en Hollywood tomaron nota y empezaron a revolver el arcón de los recuerdos. De esa búsqueda, surgieron un puñado de cuentos de hadas o cuentos tradicionales para chicos susceptibles de transformarse en películas para grandes, un concepto que en realidad pone todas sus fichas en atraer al siempre rentable mercado adolescente. Así, los proyectos empezaron a tomar forma, algunas veces muy parecidos unos de otros. A saber: ya están en marcha dos superproducciones que reinterpretarán a Blancanieves. La primera tiene a Julia Roberts en el papel de la malvada reina que manda al exilio permanente a su hijastra cuando descubre que la supera en belleza. Para competir en el espejo contra Roberts e interpretar a la protagonista de la historia, sus productores ya seleccionaron a Lily Collins, una actriz de 22 años que participó de Un sueño posible , aunque es más conocida por ser la hija de Phil Collins y la supuesta novia de Taylor Lautner, el Jacob de Crepúsculo. Además , Armie Hammer, el actor que interpretaba a los gemelos Cameron y Tyler Winklevoss en Red Social , hará del príncipe azul que todo cuento de hadas -no importa cuál sea su público- tiene que tener. El estreno del film ya fue anunciado para junio del año próximo, ganándole la carrera a la otra Blancanieves, en la que participarán Charlize Theron como la villana y Kristen Stewart -otra vez Crepúsculo- en el papel central. En este caso, el eje estaría puesto en la relación entre Blancanieves y el cazador encargado de matarla. Para ese papel se habló de Viggo Mortensen -descartado por estar filmando en la Argentina Todos tenemos un plan- y de Hugh Jackman. La película se estrenaría a fines del año próximo.

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Claro que no sólo de Blancanieves vive la nueva tendencia. En los Estados Unidos ya se estrenó Beastly , una adaptación situada en la actualidad de La b ella y la bestia, con Alex Pettyfer y Vanessa Hudgens (ex High School Musical ) en el centro del relato, que ya no transcurre en un indefinido reino europeo sino en el exclusivo mundillo de las escuelas privadas de Nueva York, donde la brujería y los encantamientos comparten espacio con celulares de última generación y las redes sociales.
Con la ventaja de contar con personajes que el público ya conoce -tanto de la literatura como del cine, con Disney a la cabeza de la difusión generalizada de princesas en apuros-, los cuentos revisados permiten a sus productores hasta un cambio de género, siempre y cuando algunos guiños permanezcan en el relato. Así, La chica de la capa roja es un romance con elementos sobrenaturales que aprovecha al máximo la increíble fotogenia de su protagonista, Amanda Seyfried, y tiene más de un punto en contacto con... Crepúsculo: Catherine Hardwicke es la directora de los dos films, y ambos plantean un triángulo entre una bella chica y dos muchachos opuestos y apuestos (ver aparte).
Otro cuento infantil vuelto aventura para grandes es Hansel y Gretel: cazadores de brujas, que retoma la historia de los hermanitos secuestrados en la casa hecha de golosinas quince años después del traumático acontecimiento. Habiendo convertido lo que fue una tragedia en profesión de tiempo completo, los hermanos interpretados por Jeremy Renner ( Atracción peligrosa ) y Gemma Arterton ( El príncipe de Persia ) se dedican a pelear a puño y ballesta limpia contra las fuerzas del mal. Algo similar le tocará hacer al protagonista de Jack, el asesino de gigantes , el nuevo film de Bryan Singer ( Los sospechosos de siempre , X-Men, Superman regresa ). Inspirado en Jack y las habichuelas mágicas, el film contará desde el presente cómo la larga tregua establecida entre humanos y gigantes se rompe y la responsabilidad de restablecer la paz y salvar a la princesa, claro, recaerá en un joven agricultor llamado Jack. El elenco del ambicioso proyecto incluye a los británicos Ewan McGregor, Bill Nighy y Nicholas Hoult ( Un gran chico ). Otros dos héroes de cuento están en camino a la pantalla grande: la historia de cómo el mago de Oz llegó a ser tal será dirigida por Sam Raimi (el protagonista será James Franco), cineasta conocido por sus films de terror y las tres entregas de El hombre araña , mientras que hay posibilidades de que también Peter Pan consiga, paradójicamente, su propia película para grandes.
La TV también cuenta
Este apetito feroz por explotar los mundos de fantasía de la infancia y recrearlos fuera del contexto en que se los conoce también atacó a la TV. Así, en plena temporada de pilotos para lo que será la televisión de mitad de 2011 en adelante hay, por lo menos, tres series que les deben su trama a los cuentos de hadas, brujas, príncipes y princesas. El más obvio se llama Grimm , un policial que imagina un mundo en el que todos los seres fantásticos creados por los escritores alemanes existen, y no sólo eso: están decididos a complicar la vida de los humanos que no saben que están rodeados por ellos.
Otro de los programas se llama, apropiadamente, Había una vez... y está respaldado por la experiencia de dos productores de Lost, Edward Kitsis y Adam Horowitz, casi una garantía de que la ficción llegará a la pantalla. La historia gira en torno a una mujer -interpretada por Jennifer Morrison de House-, que descubre que los personajes de cuento son reales y viven en un pueblito de Maine. Finalmente, después de tantos programas policiales construidos alrededor de medicina forense, en 17th Precinct , la protagonista será una nigromante, equivalente de esa profesión en un mundo donde la magia y los elementos sobrenaturales tienen prioridad frente a la ciencia.
Está claro que la industria está en busca de nuevas formas de atraer al público adulto que no se resigna a dejar la infancia atrás y todavía busca encontrar historias donde todos terminen felices y comiendo perdices.
MAS FANTASIAS EN EL HORIZONTE
Reina malvada I
Julia Roberts encabeza el elenco de Blancanieves como la bella pero envidiosa reina que hará lo que sea para mantener su estatus como la más bella del reino.
Reina malvada II
Charlize Theron está preparada para interpretar a la villana de otra versión de Blancanieves, en la que contrata al cazador como sicario para asesinar a su hijastra.
Blancanieves I
Lily Collins, la hija de Phil, consiguió uno de los papeles más codiciados de Hollywood. Su príncipe será Armie Hammer, revelación de Red Social.
Blancanieves II
Para mantener la estirpe de Crepúsculo y atrapar al público adolescente, Kristen Stewart será la damisela en peligro que consigue conquistar a su asesino.
UNA CAPERUCITA Y DOS GALANES EN PANTALLA GRANDE
No hay cuento de hadas sin príncipes encantados y no hay fantasías adolescentes sin vampiros u hombres lobo. Algo de los dos mundos tiene La chica de la capa roja. Parte de su trama, la que no involucra a la abuela (Julie Christie) que vive en el bosque y a una hermana asesinada de una mordida, parece estar muy inspirada por los conflictos amorosos de Bella en Crepúsculo. Así, el personaje central, Valerie (Seyfried), es obligado a decidir entre dos galanes: el pobre, misterioso y sensual Peter y el rico, bueno y anodino Henry.
Para interpretar a Peter, la directora Catherine Hardwicke -conocida por su capacidad para descubrir jóvenes talentos y volverlos estrellas (siendo Robert Pattinson el caso más extremo pero no el único)- eligió a Shiloh Fernandez, tan parecido al joven Joaquin Phoenix pero sin parentesco con él. Dicen que este papel fue una especie de premio consuelo para Fernandez, que estuvo a punto de ser el vampiro con alma y conciencia de Crepúsculo. Para encontrar a Henry, la realizadora volvió a recurrir al semillero de galanes británicos de donde salió Pattinson y contrató a Max Irons, que, aunque no se le parece demasiado, es el hijo del actor Jeremy Irons.

sábado, 9 de abril de 2011

FALLECE A LOS 86 AÑOS SIDNEY LUMET, DIRECTOR DE 'DOCE HOMBRES SIN PIEDAD'

El realizador fue un implacable retratista de los rincones oscuros de la sociedad de Estados Unidos
EL PAÍS, GUILLERMO ALTARES - Madrid – 09Abr11
Sidney Lumet, el realizador de filmes como Doce hombres sin piedad, Sérpico, Tarde de perros o Network. Un mundo implacable, ha fallecido hoy a los 86 años en su domicilio de Manhattan a causa de una leucemia, informaron fuentes familiares al diario The New York Times. Lumet, que permaneció en activo durante casi 60 años, fue un implacable retratista de la sociedad estadounidense.


Sus películas, de factura clásica, eran muchas veces oscuras y siempre mostraban los recovecos menos amables de Estados Unidos. Nacido en Filadelfia, aunque pasó la mayor parte de su vida en Nueva York, una ciudad profundamente ligada a su cine, Lumet es autor de cerca de 40 películas (y de más de 70 títulos si se incluyen también sus trabajos para televisión).
Recibió un Oscar honorífico por el conjunto de su obra en 2005: hicieron falta cincuenta años de cine para que Hollywood reconociese el trabajo de un director que había rodado muchas escenas que formaban parte de la memoria colectiva.
Pero nunca se mudó a California, ni fue complaciente con la industria ni quiso adaptar su discurso a las modas. Como buen artesano, hizo mucho cine alimenticio pero siempre con un sello personal.
Su carrera, en una industria que acorrala demasiadas veces a los veteranos, fue extraordinariamente larga: dirigió sus primeros capítulos para series a principios de los años cincuenta, realizó su primer filme en 1957 -Doce hombres sin piedad, su segundo fue Todos los hombres del rey, una versión para televisión de la implacable novela ganadora del Pulitzer de Robert Penn Warren- y el último en 2007, Antes que el diablo sepa que has muerto.
Lumet siempre concibió el cine como una forma de análisis del mundo en el que vivía y, desde sus primeros títulos, lanzó una mirada nada complaciente hacia el mundo contemporáneo. Con los años no se fue dulcificando, más bien todo lo contrario, porque pocas películas tan desangeladas y certeras ha ofrecido el cine contemporáneo como Antes que el diablo sepa que has muerto. Su título más conocido es Doce hombres sin piedad (1957), una versión de la obra de Reginald Rose con la que se estrenó en la gran pantalla, en la que despedaza el sistema judicial estadounidense.
Este filme, convertido en un clásico, refleja perfectamente su estilo: blanco y negro sin concesiones, una historia llena de suspense que esconde mucha crítica social y, a la vez, un canto a la solidaridad y el compromiso, encarnado en la figura de Henry Fonda, que decide no dejarse arrastrar por la rutina sino tratar de que se haga justicia.
En la última entrevista que concedió a este diario, escrita por Barbara Celis, Lumet explicaba que no tenía móvil ni ordenador. "La gente se pasa 10 horas frente al ordenador y lo triste es que piensa que está comunicándose", dijo entonces. "Escribo a mano. Y no quiero que me impongan el estar siempre disponible. Si me buscan pueden llamarme por teléfono y dejar un mensaje en el contestador. Y en cuanto a Internet, creo que me queda poco tiempo de vida y prefiero invertirlo en aprender más sobre las personas que sobre las cosas".
En aquella entrevista, que se desarrolló en su barrio, en el Upper West Side de Manhattan, relataba también su forma de enfrentarse a las películas: "Hay muy buenas historias que contar relacionadas con el lado oscuro del ser humano. Y si creas razones que justifiquen las decisiones de los personajes, te sale una buena película".

Retratos de la corrupción

Y en esa búsqueda constante del lado oscuro, Lumet no dejó títere con cabeza.Network. Un mundo implacable (1976), con Robert Duval, Faye Dunaway y William Holden, es todavía uno de los retratos más devastadores que se han hecho del mundo de la televisión y se rodó mucho antes de que la telerealidad asaltase las pantallas. Tarde de perros (1975), con un Al Pacino para algunos sobreactuado, describe a través de la historia de un perdedor que asalta un banco para que su pareja pueda hacerse una operación de cambio de sexo en una sociedad rota en medio de una enorme crisis económica (la del petróleo de los años setenta). De nuevo, un tema totalmente contemporáneo.
Sérpico (1973), con Al Pacino otra vez, y La noche cae sobre Manhattan (1996), con Andy García, Ian Holm, James Gandolfini -sí, Toni Soprano antes de entrar en la familia de Nueva Jersey en una de sus mejores interpretaciones para el cine- y Lena Olin- son dos títulos impresendibles sobre la corrupción, sobre las grietas en el sistema, en las que personajes idealistas tratan de sobrevivir sin manchas en un mundo que no tiene piedad.
Incluso las películas alimenticias que dominaron sus últimos años (Negocios de familia, Una extraña entre nosotros, El abogado del diablo, A la mañana siguiente,hasta el remake de Gloria) tienen ritmo y suspense, una factura más que correcta y, sobre todo, siempre dejan escapar ese sentido social, ese compromiso del creador con la sociedad en la que vive, que dominó todo su cine. En su obituario, The New York Times recuerda una frase de Lumet en este sentido: "Aunque el objetivo de todas las películas es entrener, el tipo de cine en el que creo va más allá. Obliga al espectador a enfrentarse a su propia conciencia, a estimular su inteligencia". Sería justo añadir que su cine también obliga a los espectadores a enfrentarse a la conciencia de toda la sociedad en la que viven.
Gran parte de sus filmes más importantes están ambientados en Nueva York, una ciudad con la que mantuvo siempre una relación profunda. "He vivido en Nueva York toda mi vida y es como una segunda piel para mí. Es una ciudad extraordinariamente poderosa, además. Las ciudades atraviesan períodos muy marcados en su existencia y, ciertamente, desde 1950 Nueva York está pasando por un gran momento artístico", señaló en otra entrevista con este diario, realizada en los años noventa.
Resulta difícil elegir un sólo título de Lumet (más allá de Doce hombres sin piedad),pero quizás El prestamista (1964) sea su filme más completo y devastador. El filme relata la historia del dueño de una tienda de empeños, interpretado por Rod Steiger, en el barrio neoyorquino de Harlem.
Es un superviviente del Holocausto, un hombre que ha perdido la confianza en los seres humanos, que se enfrenta a profundas contradicciones que le provoca su oficio. Es una película sobre la justicia y la injusticia, sobre la soledad, sobre la solidaridad y el egoísmo. Es, al final, un filme sobre los abismos de la humanidad. Como todo el cine de Lumet.

sábado, 26 de febrero de 2011

WOODY ALLEN: EL AMOR COMO FUNDAMENTO DEL CONFLICTO


La Gaceta, Tucumán, 20Feb11.- En las últimas cinco décadas protagonizó una de las aventuras artísticas más singulares del cine contemporáneo. Forjó un heredero como Jerry Seinfeld y mostró cómo desde la comedia, un género poco valorado, pueden formularse reflexiones geniales. En su última película, recientemente estrenada en la Argentina, vuelve a exponer las dificultades del amor, su tópico más recurrente.
Por Claudio Rojo Cesca
Para LA GACETA - SANTIAGO DEL ESTERO

Si bien el amor continúa siendo, luego de casi 50 años, el tópico más reiterado del irreverente Woody Allen, éste ha sabido mantener su carácter complejo, contradictorio, netamente "alleniano". En este ejercicio recurrente reside también el corazón de "Conocerás al hombre de tus sueños" (You Will Meet a Tall Dark Stranger, 2010), título cuya traducción literal, "Conocerás a un alto y oscuro extraño", acentúa el carácter ambiguo de un futuro anunciado bajo la forma de una promesa. Y como suele suceder en la filmografía de Woody Allen, cada vez que el amor prometido se presenta es por medio del engaño, el desencuentro o fruto de un mero malentendido. En el filme en cuestión, el lazo amoroso que tejen los personajes viene fundado en la decepción de matrimonios inconducentes o proyectos de vida devaluados, frente a los que se ofrece como una alternativa inmediata.
Es así que Alfie (Anthony Hopkins) confronta la vejez y la muerte vivificando su sexualidad al casarse con una joven prostituta; Roy (Josh Brolin), un novelista que sufre un severo impasse creativo y financiero, se enamora de Dia (Freida Pinto), la misteriosa muchacha a quien observa desde su ventana; y Sally (Naomi Watts), esposa de Roy, hace lo propio con Greg (Antonio Banderas), un hombre refinado que contrasta con la vulgaridad y obstinación artística de su desdichado marido. En el centro del alienado tándem de personajes, está la figura de Helena (Gemma Jones), ex esposa de Alfie, que encuentra una perspectiva más amable de la vida en los vaticinios de una adivina, suerte de oráculo que nada desconoce sobre el futuro de quienes rodean a la amargada Helena.
Desde el comienzo hay cierta intuición de fiasco en cada una de estas aventuras, edificadas todas ellas con poco más que la desesperación de sus héroes. Los poderes de la adivina, ilusorios o no, confirman reiteradamente lo que el sentido común nos dicta como espectadores: que las infatuaciones románticas pueden tener la apariencia de una bocanada de aire fresco, pero difícilmente superen la fugacidad que tiene el oxígeno en nuestros pulmones. El amor en la obra de Woody Allen está distanciado de ese otro amor de pantalla de cine que se resuelve sin contradicciones ante la adversidad. Muy por el contrario, la retórica del amor es, para Allen, la contradicción misma, su propia adversidad. Como ocurría en "Crímenes y Pecados" (1989) donde el personaje de Judah Rosenthal (Martin Landau) elige, ante el temor de perder el tierno amor de su matrimonio, recurrir al crimen y asesinar a Dolores Paley (Angelica Huston), su apasionada amante.
Esta dicotomía entre pasión y familia también tiene su relieve en "Conocerás al hombre de tus sueños", manifiesto de la polaridad del amor como fundamento del conflicto y la tensión que restituye, sostiene o reemplaza los lazos amorosos: por eso los hombres de Allen son casados pero infelices o torturados individuos en plena pugna frente a dos mujeres, por lo general, muy diferentes entre sí, aunque aparentemente capaces de alojar a esos seres imperfectos y crueles. Por su lado, la mujer "alleniana" suele quedar empantanada en encrucijadas similares; desde Annie Hall (la maravillosa Diane Keaton) hasta Vicky (Rebecca Hall en "Vicky Cristina Barcelona"), ninguna de ellas desconoce lo amoroso como escenario donde la insatisfacción es el único componente invariable.
Esta nota de fatalidad anunciada desborda el texto de "Conocerás al hombre de tus sueños", una forma del destino que desde las sombras digita el imposible; un sueño cuya única verdad es la de caminar siempre algunos pasos por delante de la realidad, como sucede con todas las utopías, para mantener abierta la promesa del deseo.
© LA GACETA

jueves, 11 de marzo de 2010

EL FENÓMENO AVATAR


La Gaceta, Suplemento Literario, Tucumán, Argentina, 07Mar10
La superproducción de James Cameron se convirtió en el film que más ingresos generó en todos los tiempos y es una de las grandes candidatas a llevarse esta noche, entre otros, el Oscar a la mejor película.
Avatar no es El acorazado Potemkin, con la que Eisenstein dejó hace 85 años poco margen para inventar en materia de montaje y narración cinematográfica; no evolucionó la concepción del discurso fílmico como Ladrones de bicicletas; no será un jalón de la filmografía romántica como Casablanca, ni una epopeya inolvidable como Lo que el viento se llevó; no es un paradigma de la construcción dramática como El ciudadano; no es la definición del "thriller" como Psicosis; no bucea en las profundidades del alma como Amarcord, Persona o Los 400 golpes; por cierto, Avatar no es muchas cosas. Pero es, sin dudas, el fenómeno más resonante de los últimos años en la industria del cine cuya capital global es Hollywood. Se pretende ver a Avatar como una bisagra en la historia del séptimo arte, y que habrá un antes y un después de la película de James Cameron.

Esta es, cuanto menos, una amable exageración; pero no por ello debe minimizarse la importancia de esta gigantesca producción, histórica por muchos motivos: uno de ellos (tal vez, el central) es el formidable aprovechamiento de una tecnología capaz de procesar colosales cantidades de información; y uno de los principales méritos del realizador reside en su poco común capacidad de servirse de esta tecnología para lograr un espectáculo magnífico en lugar de sucumbir a la tentación de sepultar a la platea bajo una desmedida dosis de trucos visuales y efectos especiales sin mayor sustento dramático. Por el contrario, el fascinante desafío de concebir un planeta completo, con habitantes, flora y fauna cósmicamente exóticas fue resuelto por el realizador y sus equipos con una destacable libertad creativa en función de un concepto estético más que sólido y coherente.
Cameron ha conseguido su objetivo: el filme lo ha colocado en la envidiable situación de discutirse a sí mismo la condición de amo de las taquillas mundiales, sitial en el que había quedado entronizado desde el clamoroso éxito de Titanic hace más de una década. Pero además, el realizador logró desatar con su última película una serie de polémicas y de discusiones que exceden la esfera habitada exclusivamente por los aficionados al cine. La historia de los azulados habitantes de Pandora no sólo ha dividido a la platea en defensores y detractores (con absoluta preeminencia de los primeros) y ha despertado el previsible apoyo de grupos ecologistas y defensores de la preservación del medio ambiente, sino que ha merecido embates y reivindicaciones en nombre de la ciencia, de la fe, de la economía o de la política; las referencias a las aventuras plasmadas por Cameron en la pantalla han desbordado los espacios específicos del mundo del espectáculo y se han disparado en todas las direcciones. Desde luego que el director y los productores aceptan con beneplácito este estrépito informativo, que contribuye a acercar espectadores a los cines; pero seguramente se trata de una consecuencia que excede a sus expectativas. Por ejemplo, grupos que luchan contra la adicción al tabaco han atacado a la película porque sostienen que es indulgente con el hábito de fumar (el personaje de Sigourney Weaver se desvive en un par de oportunidades por encender un cigarrillo) y han obligado al director a realizar una desmentida oficial acerca de su intención de promocionar el consumo de tabaco. El idioma de los Na´vi (los nativos de Pandora), desarrollado exclusivamente para el filme, mereció el estudio (y el elogio) de no pocos lingüistas, quienes se manifestaron sorprendidos por la consistencia del resultado obtenido. Y la película también disparó estudios antropológicos acerca del desdoblamiento entre los seres humanos y sus "avatares", réplicas creadas a partir de la manipulación de ADN y gobernadas desde una especie de sueño hipnótico inducido tecnológicamente.
El realizador desliza un mensaje ecológico, pero siempre apuesta al espectáculo. Si bien la anécdota gira alrededor del enfrentamiento de los nativos de Pandora con los invasores humanos para defender su planeta amenazado por la explotación irracional de sus recursos naturales, Cameron jamás renuncia a centrar el relato en el despliegue visual, y lo hace con recursos legítimos.
Si el realizador hubiera querido proponer una reflexión sobre la condición humana, el ritmo de su relato hubiera sido fundamentalmente distinto: Avatar está más cerca de La guerra de las Galaxias o de Viaje a las estrellas que de 2001, odisea del espacio o de la Solaris de Tarkovsky. Con sus nueve postulaciones a los Oscar, el filme ha perdido la posibilidad de imponer una nueva marca; no será, definitivamente, la película que más premios consiguió. Hay muchas cosas que Avatar no es, y muchas otras que tal vez será; una trilogía, por ejemplo (la imagen final del filme abre francamente una puerta para, por lo menos, la secuela). Lo cierto es que al conducirnos a través de la espesura de Pandora, en tres dimensiones y con sonido envolvente, Cameron nos ha fascinado, nos ha sorprendido y nos ha divertido. Seguramente no era otra cosa lo que esperaban provocar con su invento, hace ya más de un siglo, los hermanos Lumière.

martes, 5 de enero de 2010

LIBROS / LANZAMIENTO: CONFESIONES DE UN EXITOSO PESIMISTA


Cronista.com, Buenos Aires, Argentina, 05Ene10
“Conversaciones con Woody Allen” de Eric Lax (Random House Mondadori) reúne más de 35 años de entrevistas con el genial director norteamericano. Desde sus inicios en la comedia Stand-up hasta su film “Scoop”; reflexiones, apuntes y frases únicas acerca del cine y la vida moderna de un personaje que excede cualquier encasillamiento.
Sebastián Salvador (ssalvador@cronista.com)
El joven comediante judío Allan Stewart Konigsberg sube al escenario. Su aspecto raquítico y nervioso ya causa alguna risa en algunos presentes en el local "Blue Angel" de New York.
"¿Ven este reloj?, era de mi padre. En su lecho de muerte…me lo vendió”, dispara.
“Siempre me dio resultado ese chiste”, recuerda el ya consagrado Woody Allen 40 años después en el libro “Conversaciones con Woody Allen” de Eric Lax.

Lax es colaborador habitual de The New York Times, Vanity Fair y la revista Esquire, y es el periodista que más ha seguido la carrera de Woody Allen y con el que compartió rodajes, castings y procesos creativos a lo largo de la carrera del genial escritor y director de cine, a pesar de la reticencia del neoyorkino a dar notas a la prensa.
El voluminoso libro de entrevistas abarca desde sus inicios como humorista, la creación de la idea y los gags, la elección de actores y castings para sus películas (uno de los mejores capítulos) y por supuesto intimidades de rodajes.
Su gran creatividad y producción artística llevó al joven salido de Brooklyn hasta la cima hace años. Manhattan es su lugar en el mundo, aunque sus últimas producciones lo llevaron a Londres, donde rodó “Match Point” y “Scoop” y también a Barcelona donde filmó, junto a Javier Bardem, Scarlett Johansson y Penélope Cruz, "Vicky Cristina Barcelona". “Encontramos en Europa la financiación necesaria para mis últimas películas, los ejecutivos de Hollywood son unos muchachos oficinistas y poco entienden del quehacer del cine, hacen muchas películas por año, pero en general, de poco éxito; en Europa aún confían en mi y nos dan las libertades con las que me gusta trabajar”, dice el entrevistado.
El director de “Annie Hall” desnuda a lo largo del libro su admiración por Los hermanos Marx, Bob Hope y Humphrey Bogart, entre otros. A pesar de su formidable carrera cinematográfica, que alcanza 40 películas filmadas, no se considera un gran cineasta.
Director, guionista, actor, músico y escritor, Allen reiventó su carrera en varias ocasiones y pudo gambetear el escándalo que supuso casarse con la surcoreana Soon-Yi, la hija adoptiva de la que era su esposa, Mia Farrow, con la cual tiene 35 años de diferencia de edad.
“Mis películas no han revolucionado la historia del cine, como si lo han hecho las de Bergman o Fellini. No tuve muchos éxitos de taquilla, mis films son mejor recibidos en el extranjero que en los Estados Unidos”. “He tenido mucha suerte en mi carrera”, sostiene en varias ocaciones Allen y se pregunta: "Eres Allan Konigsberg de Brooklyn ¿No deberías estar comiendo en el sótano?".

domingo, 13 de diciembre de 2009

"EL MURAL", LA HISTORIA DE UNA GRAN OBRA

Clarín, Buenos Aires, Argentina, 12Dic09, 09:10 hora argentina.


Héctor Olivera filma la historia del mural que pintó en la Argentina el mexicano Siqueiros. La película cruza a Natalio Botana con Pablo Neruda, Antonio Berni y otros grandes artistas. En el elenco están el mexicano Bruno Bichir, Carla Peterson, Ana Celentano, Luis Machín y Sergio Boris.
Por: Diego Papic. Especial para Clarín.
El despacho de Natalio Botana, legendario director del diario Crítica, tiene la apariencia típica de los años '30: el escritorio pesado, los sillones mirando el hogar, la biblioteca repleta de libros gastados y el cuadro que retrata al excéntrico millonario con gesto adusto. Botana le ofrece un habano a un joven David Siqueiros: el muralista mexicano quiere pedirle ayuda económica para un proyecto artístico de contenido social. "Yo hago periodismo, no política", aclara Botana. "Creí que eran la misma cosa", retruca Siqueiros.

En el centro de la habitación, una cámara montada sobre un dolly es el intruso que delata que esto no es un viaje de setenta años al pasado, aunque lo parezca, sino el rodaje de una película. El mural, dirigida por Héctor Olivera, cuenta la historia de la realización del célebre Ejercicio plástico, que Siqueiros pintó por encargo de Botana. Una historia fascinante en la que, además, hay pasiones cruzadas y personajes históricos que formaron parte esencial de la cultura latinoamericana.
Luis Machín es Natalio Botana y el mexicano Bruno Bichir es David Siqueiros. A ellos los acompañan Carla Peterson (Blanca Luz Brum, la mujer y musa de Siqueiros), Ana Celentano (Salvadora Medina Onrubia, la mujer de Botana) y Sergio Boris (que interpreta al poeta chileno Pablo Neruda, que fue amante de Blanca Luz Brum).
El lugar de la reconstrucción del diario Crítica son los legendarios estudios Baires, ubicados en Don Torcuato. En uno de los bancos del jardín, bajo el sol de la tarde, Héctor Olivera charla con Clarín acerca de este proyecto que viene gestando en su cabeza prácticamente desde que empezó su carrera, cuando trabajó como ayudante de Eduardo Bedoya, que había sido socio de Botana en Crítica.
"Bedoya contaba anécdotas de Botana, de Salvadora, y de Crítica, recuerda Olivera. Cuando en 1956 formamos Aries Cinematográfica con Fernando Ayala, todos los años, cuando considerábamos el plan de filmación del año siguiente, surgía "los Botana", que era un temazo. Pero era carísimo, imposible de hacer para una película argentina. Recién cuando leí las memorias de Neruda, donde dice que en la torre de la piscina de "Los Granados" tiene una relación amorosa con Blanca Luz Brum, la mujer de Siqueiros, me di cuenta de que había una historia mayor que superaba a los Botana."
"Los Granados" era la mansión donde Siqueiros pintó el famoso mural. Para la película se utilizó una estancia de la zona de Tandil, de estilo español. Los propietarios, celosos de su intimidad, pidieron mantener en reserva el nombre para que no hubiera periodistas. Según trascendidos, la estancia es la Acelain, construida a principios del siglo XX por Enrique Larreta.
Colabora con Olivera, como directo adjunto, su hijo Javier (que realizó películas como El camino y El visitante). "Lo llamé porque como director soy muy audaz, pero como productor soy muy sensato y quería tener al lado de este director de 78 años a un joven, así en caso de un patatús mio me pudiera reemplazar de un día para el otro", bromea.
"Tenía mucha ilusión, años atrás, de poder interpretar a Siqueiros y jamás hubiera pensado que existía esta historia en la Argentina -cuenta Bruno Bichir, mientras pita un cigarrillo sin filtro, de los mismos que fuma su personaje en la escena con Botana. Siqueiros está en el inconsciente colectivo de los mexicanos, porque es una figura primordial para entender la cultura, las artes y una gran parte del movimiento revolucionario creativo que hubo, pero se le conoce más en la faceta de sus cincuenta años, no tan joven."
Todos los actores coinciden en la fascinación que les provocó interpretar a personajes que existieron y que marcaron el pulso de una época, que tuvieron vidas intensas y durante ocho meses, en Buenos Aires, cruzaron sus destinos. "Cada uno de los personajes de esta película merecería una miniserie", resume Ana Celentano, o Salvadora, sentada en su despacho del diario Crítica a medio construir.
"Es una mujer muy especial, muy contradictoria, muy controvertida -describe a su personaje. Sobre todo, porque tiene una historia de militancia anarquista, sentía que la mujer tenía que ser otra cosa que lo que era en esa época y fue muy consecuente con eso que pensaba. Y por otro lado se enamora de Botana y a medida que van pasando los años se convierte también en una señora burguesa con cierto grado de poder."
Luis Machín recorre con su mirada el paisaje de los estudios Baires y sentencia: "Filmar acá tiene como un plus". Claro, los estudios fueron construidos por el propio Botana, y a la sensación de estar interpretando a un personaje central de la historia cultural y política argentina se le suma la de hacerlo en un lugar con tanta significación. "Leí bastante sobre Botana, algunas cosas quería respetarlas como eran. Por supuesto que hay otras cosas que tienen que ver con mi lectura y con la de Héctor", reconoce.
Según cuenta, leyó varios libros sobre Natalio Botana. Principalmente se apoyó en la lectura de El tábano, de Alvaro Abós.
"Era una persona muy querida por sus hijos. Los aspectos que se conocen son los menos humanos, lo más políticos, y me gustó que se realcen en la película los otros porque son los que componen a cualquier ser humano", concluye.
Los tiempos del cine, se sabe, son lentos. La paciencia juega un rol fundamental. Mientras Bichir y Machín repiten la escena de la charla en el despacho de Crítica, Carla Peterson hace tiempo en su camarín. Maquillada y vestida como Blanca Luz Brum, alumbrada por la intensa luz proyectada por los focos que rodean el espejo, se sienta en el sillón y cuenta su personaje.
"Es una poeta uruguaya, una mujer muy moderna para su época, muy comprometida –recalca. Lo que tiene de raro es que hay mucho que no se sabe si es real, si es verdad o mentira sobre su vida. Tenía muchas contradicciones."
Blanca es la musa de Siqueiros, además de su mujer. Su cuerpo desnudo es el que aparece como motivo del mural. "Era una mujer que se daba todos los gustos -ironiza Peterson con picardía--. El día que se inaugura el mural se va a una torrecita y hace sus cosas con Neruda. Es amante de Botana también, es tremenda. Pero no se la puede juzgar."
A unos metros, Machín y Bichir repiten la escena. Olivera observa un detalle: la lámpara del escritorio está a la derecha. "Debería estar a la izquierda, sino haría sombra la mano del que escribe", analiza. Alguien del departamento de arte cambia la lámpara de lugar y busca algún objeto para poner en lugar de la lámpara. Y se repite la escena una vez más.

lunes, 2 de noviembre de 2009

FALLECIO DON LUIS LOPEZ VAZQUEZ A LOS 87 AÑOS.-


UN TAL LÓPEZ VÁZQUEZ
El Mundo, Madrid, España, 03Nov09
por LUIS MARTÍNEZ
«El humor no está bien visto. No sé qué pasa. La gente, sí, se ríe mucho, lo pasa muy bien, te felicita... pero el humor no tiene ese impacto que debería tener...». Hace unos cuantos años, José Luis López Vázquez reflexionaba en voz alta sobre su trabajo. Sonaba amargo. Ha muerto a los 87 años en su domicilio madrileño. Ha muerto de lo que se muere a su edad, de simple, grave e ingrata muerte. Nada más amargo. Detrás de él quedan más de 200 películas que configuran la espina dorsal del cine, del español y del de cualquier español, que, aunque lo parezca, no es lo mismo.

Él estuvo en las mejores películas con las que se descubrió el nuevo cine. 'Mi querida señorita', de Jaime de Armiñán; 'Habla mudita', de Manuel Gutiérrez-Aragón; 'Plácido' y 'El verdugo', de Berlanga, o 'Peppermint frappé', de Saura, configuran el listado apresurado de algunas de sus películas. Se trata de las serias (o no tanto), las que explican el sentido de una época que se abrió a los tiempos nuevos de la mano de un grupo de directores inquietos y voraces. Fueron los años 50 y 60. Nuevas formas de contar. Y en el centro de semejante revolución silenciosa (o no tanto) un cómico, un simple cómico, un tal López Vázquez.
Pero no sólo eso. La mejor y la peor comedia española sólo tiene sentido gracias a él. Y no hablamos de la pareja incombustible que formara con Gracita Morales. Nos referimos a 'Atraco a las tres', de José María Forqué; 'Los tramposos', de Pedro Lazaga; la trilogía de 'La escopeta nacional', de Berlanga, o ya puestos, 'La gran familia', de Fernando Palacios. Todo el mundo tiene derecho a conservar de él una imagen que le hace intransferible y único. De alguna forma, todos somos ese señor de nombre extraño: un tal López Vázquez.
Antes de actor, José Luis López Vázquez fue cartelista, dibujante y lo que fuera preciso en la España dura y hambrienta de los años cuarenta. Luego descubrió el teatro universitario, formó parte de las compañías de Conchita Montes y Alberto Closas, y de ahí, al cine. Y entonces, poco a poco, López Vázquez dejó de ser un simple actor hasta convertirse en la mirada de cualquier espectador, de cualquier español.
¿Su secreto? No había secreto en un actor capaz de cualquier papel. Desde la agonía del protagonista de 'La cabina', de Antonio Mercero, hasta el nerviosismo trémulo de sus mejores papeles cómicos (irresistible de padrino a brazo partido contra Chencho). Se quejaba el actor que llegó a trabajar en Hollywood a las órdenes de George Cukor ('Viajes con mi tía') de que la comedia no estaba bien vista, que nadie se la tomaba en serio. «En el drama estás asistido por un relato y una apostura. Te puedes quedar sin aspavientos y sin nada, con sólo una luz, y conmueves... Nunca les dieron un Oscar a los hermanos Marx, y creo que tampoco a Chaplin», decía.
Lo decía después de admitir que en España la risa es siempre algo trágica. «La carcajada aquí es algo negra». Quizá, y más en días como hoy, hasta amarga.
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viernes, 30 de octubre de 2009

UN TONTO SENTIMENTAL


La Voz del Interior, Córdoba, Argentina, 30Oct09
Lejos de haberse muerto cuando su autor lo dejó de dibujar, el personaje del Negro Fontanarrosa protagoniza ahora una bien lograda película.
Por Emanuel Rodríguez
Especial
No podés volver si no te fuiste: hay regresos que son sólo un exceso de parafernalia para decir que hay cosas que siempre están. Como Boogie, el aceitoso, un personaje que se negó a morir cuando su propio autor lo dejó de dibujar, y que se niega a morir ahora que ese autor, Roberto Fontanarrosa, ya no pisa el mismo maldito suelo de los vivos. Es el destino de los clásicos.

Por eso, más que un rescate nostálgico, más que un homenaje, la película Boogie, el aceitoso es, por suerte, una recreación, un ejercicio lúdico: ver al mastodonte en movimiento, darle a la bestia la oportunidad de actualizar su tierna crueldad. El filme adapta algunas aventuras de la tira "sobre todo sus remates cómicos, las frases que hicieron de Boogie un diccionario ridículo de la brutalidad masculina" a un guión acorde a la naturaleza incorrecta y ultraviolenta del personaje.

Así, el guionista Marcelo Paez Cubells se las arregla para poner a Boogie en situación de preocuparse, no porque le disparó a su chica y le provocó un susto de antología, sino por haberle errado a un blanco a dos metros… o en un diálogo que le permite citarse en su máxima expresión: "Todo lo humano me es ajeno". Lo vemos, a Boogie, como si Quentin Tarantino hubiese decidido filmar su biografía: sucede que los realizadores de la película han sabido encontrar la aberrante belleza que reside en la ficción ultraviolenta, el giro cómico que resulta del exceso y la libertad que otorga prescindir de la metáfora. Boogie no es una sinécdoque de la sociedad. Es su resultado pluscuamperfecto, su derivación lógica.
La locura criminal de Boogie es la consecuencia natural de la razón occidental, mostrada con una brutalidad que provoca risa. Todo se cubre de rojo mientras Boogie sonríe, y los cuerpos débiles sucumben, despojados de cabezas o de cualquier miembro que se cruce en el camino del asesino a sueldo. La película, como la historieta, lleva al extremo de la parodia los lugares comunes de la novela negra y del cine de acción hollywoodense, recrea al Boogie de la primera época, un hombre de acción que luego, en el papel, se convertiría más en testigo implacable de la corrupción que en su agente.
Aquí, con la voz de Pablo Echarri, aparece en su versión más enérgica, para recordarnos que en un mundo cuyos valores son la rapidez y la eficiencia, los mejores empleados son las balas.
No podés volver si no te fuiste: cuando Boogie te apunta y te dice "para ustedes también hay", sabés que algo de él siempre ha estado aquí, ayudándonos a verle el lado ridículo al desastre, a reírnos de la desesperanza, y a sucumbir como tontos sentimentales ante cualquier verdad que salga de los labios de una bella mujer bañada en la sangre de los enemigos.

jueves, 3 de septiembre de 2009

ANTONIO BANDERAS SERÁ 'EL PRIMER PLAYBOY'


El Mundo, Madrid, España, 03Sep09
Antonio Banderas junto a Luis Mandoki, Arnaldo Salazar y Miguel Sierralta.
Interpretará a Porfirio Rubirosa, yerno del dictador dominicano Trujillo
El playboy se hizo famoso por su destreza como amante
Murió el 5 de junio de 1965 en un accidente de coche en París
La película se rodará en Praga, Argentina, España y Santo Domingo
Lissette Valdés-Valle | Miami
Antonio Banderas se meterá en la piel del playboy Porfirio Rubirosa, yerno del dictador dominicano Trujillo, alrededor de cuya vida se ha creado una leyenda por sus virtudes para practicar el sexo y sus innumerables amantes. La película se rodará el próximo año y va a ser coproducida por Banderas a través de su productora Green Moon y Sierralta Entertainment Group. La película llevará por título 'El Primer Playboy' la dirigirá el mexicano Luis Mandoki.

"Te digo que me siento hijo de Porfirio", admite entre risas Miguel Sierralta, socio del actor malagueño en esta aventura. "Vengo trabajando en este proyecto desde hace cinco años. Hace un año y medio empecé a perseguir a Antonio."

Entusiasmado con el proyecto
Banderas se entusiasmó con el proyecto. Curiosamente cuando aterrizó en Hollywood uno de los primeros papeles que le ofrecieron fue el de Porfirio. Esa película nunca se concretó pero el actor malagueño cayó bajo el embrujo del legendario playboy dominicano.



Porfirio Rubirosa
Y no fue el único. La 'desesperada' Eva Longoria se fascinó con el papel de Flor de Oro Trujillo, la primera esposa de Rubirosa e hija del dictador dominicano Rafael Trujillo. Longoria está en conversaciones para interpretar ese personaje y posiblemente también se unirá como productora.
Porfirio Rubirosa trabajó como diplomático y fue jugador de polo, piloto de Formula 1, amigo de famosos como John F. Kennedy, Frank Sinatra, el Aga Khan... Pero sobre todo es conocido por haber sido el primer playboy de la jet set internacional, por el tamaño de su miembro viril grande (casi 30 cm) y sus conocimientos como amante.
Rubirosa nació en San Francisco de Macoris en Republica Dominicana en una familia de clase media. Hijo de una española y un general dominicano, Rubi, como le decían cariñosamente, se crió en Francia. A los 16 años perdió su virginidad en un popular prostíbulo en el barrio de Montmartre. "Cuando él fue a pagar, la prostituta le dijo que no le pagara pero que prometiera que iba a volver a verla", cuenta Sierralta.


Se casó con la hija de Trujillo
Regreso a su país natal a los 17 años y allí comenzó la leyenda. Rubirosa conoce a Flor de Oro Trujillo, quien se convierte en su primera esposa aunque su padre, el General Rafael Trujillo, se oponía.

De acuerdo a Sierralta, Trujillo utilizó a Rubirosa para conectarlo al mundo del jet set y sus amigos importantes e influyentes. Al comprobar que Rubi le fue infiel a su hija, Trujillo les obligó a divorciarse y Rubirosa tuvo que buscarse la vida. Lo hace en parte vendiendo visas dominicanas a judíos tratando de escapar de Europa.
Vivió apasionados romances con las mujeres más bellas, famosas y ricas del mundo: Dolores del Rio, Ava Gardner, Rita Hayworth, Marilyn Monroe, Kim Novak, Eva Perón y Veronica Lake. Se casó con la actriz francesa Danielle Darriuex (1942), Doris Duke (1947), Barbara Hutton (1953—sólo duro 53 dias- y a los 47 años se caso con la actriz Odile Rodin que solo tenía 19 años.
Se dice que Rubirosa repitió romance con Flor de Oro años después de su fallido matrimonio cuando estaba casado con Doris Duke, en ese momento la mujer más rica del mundo. También mantuvo una relación con Zsa Zsa Gabor mientras estaba casado con Barbara Hutton, la segunda mujer más rica del mundo.

Rico gracias a sus matrimonios
Estos matrimonios engrandecieron su patrimonio. Duke le dejó una casa en Paris, un establo de caballos de polo, varios coches deportivos, un avión y 350,135 mil euros en el acuerdo de divorcio. Hutton le dejo casi 2,5 milliones de euros, un cafetal en Republica Dominicana y otro avión. Grandes escritores como Mario Vargas Llosa y Truman Capote se quedaron fascinados con él. Se dice que Ian Flemming basó el personaje de James Bond en Rubirosa. Su leyenda se ha utilizado hasta en la publicidad. El personaje llamado 'El Hombre Más Interesante del Mundo' que sale en anuncios para la cerveza Dos Equis está basado en su imagen.
"No era el más guapo ni el más alto pero tenía algo", asegura Sierralta. "Entraba a un lugar y cambiaba las emociones de la gente. La energía que emanaba era increíble". Frank Sinatra le mandaba su avión privado para que asistiera a sus fiestas. Sammy Davis, Jr se quedo asombrado en como Rubi podía lucir siempre tan perfecto, bien vestido y descansado y le preguntó como lo hacía. Rubirosa lo miró, se sonrió al contestar "Amigo, ésta es mi profesión".
El playboy murió el 5 de junio de 1965 al chocar su Ferrari contra unos árboles en el parque Bosques de Bologne en Paris, después de haber celebrado a lo largo de la noche su victoria en el campeonato de polo Coupe de France.
"Se dice que él iba a dejar a su última esposa para juntarse con Pat Kennedy", cuenta Sierralta. "Era muy amigo de su hermano John y existe un rumor que el FBI manipuló el coche con el que se estrelló".
"Queremos mantener esta película como una producción independiente para poder mantener el control artístico y para serle fiel a la historia de Porfirio,’ asegura Sierralta. La película se rodará en Praga, Argentina, España (Sotogrande) y Santo Domingo. Entre las actrices que se están considerando para interpretar a las otras esposas y amantes del legendario playboy están, Sharon Stone, Melanie Griffith, Juliette Binoche y Charlize Theron.

sábado, 18 de julio de 2009

LAS PELÍCULAS DE GUERRA QUE MÁS NOS GUSTAN

La Nación, ADNcultura, Buenos Aires, 18Jul09
En una cena con Javier Marías y Agustín Díaz Yanes, el creador del capitán Alatriste evoca los films bélicos que marcaron su infancia
Por Arturo Pérez-Reverte
Madrid, 2009


Cenaba la otra noche con Javier Marías y Agustín Díaz Yanes. Cada vez que nos juntamos -somos de la misma generación: Hazañas Bélicas, Capitán Trueno y el Jabato, cine con bolsa de pipas- acabamos hablando de libros y de las películas que más nos gustan: las del Oeste y las de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo aquéllas de los años cincuenta, a ser posible con comando inglés dentro.
A Tano, sobre todo, le metes unos comandos ingleses en una película en blanco y negro y se le saltan las lágrimas de felicidad. Y si encima intentan matar a Rommel cerca de Tobruk, levita. El caso es que estuvimos comentando la última que hemos rescatado en devedé, que es El infierno de los héroes -José Ferrer al mando de una incursión de kayaks en la costa francesa-, e hicimos los votos acostumbrados para que a alguna distribuidora se le ocurra sacar dos títulos que llevamos casi cincuenta años esperando ver de nuevo: Yo fui el doble de Montgomery y Fugitivos del desierto: aquélla de John Mills, con Anthonty Quayle de espía alemán. Por mi parte, y ya que mis favoritas son

las de guerra en el mar -los tres coincidimos en que Hundan el Bismarck y Duelo en el Atlántico son joyas del género, sin despreciar, claro, Náufragos y sangre, sudor y lágrimas-, la película que me hará caer de rodillas dando gracias a Dios el día que me la tope es Bajo diez banderas, de la que sólo tengo una vieja copia en cinta de video: la historia del corsario alemán Atlantis, con un inolvidable Van Heflin interpretando el papel del comandante Rogge, y Charles Laughton en el papel, sublime, de almirante inglés. Cine de verdad, en una palabra. Del que veías con diez o doce años y te marcaba para toda la vida.
Comentamos, al hilo de esto, que tanto al rey de Redonda como al arriba firmante nos llegan a menudo cartas de lectores solicitando listas de películas. Yo no suelo meterme en tales jardines, pues una cosa es hablar de lo que te gusta, sin dar muchas explicaciones, y otra establecer listas más o menos canónicas que siempre, en última instancia, resultan subjetivas y pueden decepcionar al respetable. Hay una película, por

ejemplo, que Javier, Tano y yo consideramos obra maestra indiscutible: Vida y muerte del coronel Blimp, dirigida por nuestros admirados Powell y Pressburger -los de La batalla del Río de la Plata, por cierto, sobre el Graf Spee-; pero no estoy seguro de que algunos jóvenes espectadores la aprecien del modo incondicional en que la apreciamos nosotros. Son otros tiempos, y otros cines. Otros públicos.
De cualquier modo, Javier y yo nos comprometimos durante la cena a publicar algún artículo hablando de esas películas, cada uno en el suplemento dominical donde le da a la tecla. Como escribimos con antelación, no sé si el suyo habrá salido ya. Tampoco sé si habrá muchas coincidencias, aunque imagino que las suficientes. En lo tocante a

películas sobre la Segunda Guerra Mundial, yo añadiría Roma, ciudad abierta, Mi mejor enemigo -tiernísima, con David Niven y Alberto Sordi-, Los cañones de Navarone, El día más largo, El puente sobre el río Kwai y algunas más. Entre ellas, Las ratas del desierto, Arenas sangrientas -John Wayne como sargento de marines-, 5 tumbas al Cairo, Comando en el mar de la China, Torpedo, El tren -con Burt Lancaster, obra maestra- o la excelente Un taxi para Tobruk, con Lino Ventura y Hardy Kruger, clásico entrañable de la guerra en el Norte de África. Sin olvidar la rusa La infancia de Iván, la italiana Los cuatro días de Nápoles y la también italiana -ésta de hace muy poco, y buenísima- El partisano Johnny. Pues, aunque las mejores películas de la Segunda Guerra Mundial se rodaron entre los años 40 y 60, es justo mencionar algunos importantes títulos posteriores. Como la primera mitad de Doce del patíbulo, por

ejemplo. O Un puente lejano. O El submarino, de Wolfgang Petersen. Sin olvidar, claro, Rescatando al soldado Ryan, ni la extraordinaria serie de televisión Hermanos de sangre.
No puedo rematar un artículo sobre películas de la Segunda Guerra Mundial sin citar, aun dejándome muchas en el cartucho de tinta de la impresora, dos que están entre mis favoritas. Una es No eran imprescindibles -Robert Montgomery, John Wayne y Patricia Neal-, donde John Ford cuenta la conmovedora historia de una flotilla de lanchas torpederas en las Filipinas invadidas por los japoneses. La otra es El hombre que nunca existió, episodio real de espionaje -Clifton Webb es el protagonista, con Stephen Boyd, el Mesala de Ben Hur, haciendo de agente alemán- sobre cómo el cadáver de un hombre desconocido se convirtió en héroe de guerra y ganó una batalla. En mi opinión, quien consiga añadir esos dos títulos a la mayor parte de los citados arriba, puede darse por satisfecho. Dispone de una filmografía bastante completa sobre la Segunda Guerra Mundial. Un botín precioso y envidiable.
Otro día, si les apetece, hablaremos de cine del Oeste.