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miércoles, 30 de noviembre de 2011

GOETHE Y LA DEUDA GRIEGA: WEIMAR 1803-2011

LA VANGUARDIA, CULTURA.- ANTONIO MARÍ, 30NOV11
Goethe fue de los primeros en reconocer a Grecia como modelo para una Alemania utópica. Los alemanes no buscan la imitación de esculturas y templos griegos, sino el espíritu que los hizo posibles | La asimilación griega incidió de forma decisiva en todos los aspectos de la nación germana | En 1953, veintidós países, Grecia incluida, perdonaron la mitad de una deuda insostenible para Alemania.


La presión a Grecia es hoy una renuncia a los valores helénicos que hicieron de Alemania un país moderno.
Grecia aparece últimamente como responsable de los males de Europa, y el dedo acusador se levanta a menudo desde Alemania. Pero Europa y la moderna Alemania se forjaron sobre los valores helénicos. ¡Quién sabe si Goethe no pediría hoy el perdón de la deuda griega, como los griegos perdonaron, tras la guerra, la deuda alemana!


En la pintura mural Weimar 1803 Otto Knille retrató a la sociedad literaria más conspicua de la ciudad. En el centro de la imagen un busto de Homero de considerables dimensiones con el consejero áulico Goethe que apoya su brazo derecho sobre la escultura. La derecha del mural –que tiene gran peso compositivo– está ocupada por Schiller, que lo observa todo desde la distancia; alrededor, los hermanos Humboldt, Wieland, Schleiermacher, Herder, Gauss, Wilhelm Schlegel, Klinger, Tieck, Jean- Paul, Pestalozzi… acompañados por Terpsícore, musa de la danza y el canto coral.
Weimar 1803 fue realizado en 1884 como una idealización de los representantes de la aristocracia del espíritu de la ciudad más ilustre del territorio germano. Aunque no estaban instalados en ella, hubieran podido pasar por allí Hegel, Hölderlin, Schelling, Fichte, el menor de los hermanos Schlegel y Kant, aunque era mayor –moriría al año siguiente– y no estaría dispuesto para el paseo.
Puede parecer extravagante que la figura de Homero recoja bajo su presencia autoritaria a tantos de los mejores alemanes, pero no lo es. Goethe, que está junto a él, fue de los primeros en reconocer a Grecia como el modelo para una Alemania utópica que habría de esperar más de setenta años para ver su unificación. Ya en Werther (1774) Homero canta canciones de cuna al melancólico muchacho y esos lieder son el único consuelo para sus penas. Años más tarde, Schiller identificaría a Goethe con Homero por su elegancia ingenua y su realismo.
Goethe descubrió Grecia en los libros de J.J. Winckelmann Reflexiones sobre la imitación de las obras griegas en la pintura y la escultura (1755) y la Historia del arte en la antigüedad (1764), y aunque el historiador nunca llegó a Grecia, pudo deducir de las copias romanas todas las cualidades estéticas, físicas y ontológicas de los griegos; cualidades que podrían resumirse en “una noble simplicidad y una serena belleza”.

Winckelmann describía las esculturas –la del Apolo de Belvedere, el Laocoonte, las tres Vestales, etcétera– con imágenes minuciosas y sensuales y las exponía como ejemplo de un ideal en que la materia y el espíritu se identifican en la belleza del cuerpo humano.
Esta declaración de principios tuvo unas consecuencias imprevisibles en un país donde la sensualidad era una perversión del alma bella que debía renunciar a los sentidos para llegar a la transparencia de la pureza: la mística y el pietismo protestante renegaban de la carne. La reivindicación de la estética griega era la reivindicación del hombre, de su cuerpo, de sus sentidos y del placer, del gozo íntimo y propio con uno mismo.
Para Winckelmann este gozo lo provoca la experiencia estética que reconoce que estas obras son el fruto de la civilización y la expresión de un sistema político que sólo es posible gracias a la libertad. Es muy explícito: “Desde el punto de vista de la constitución y del gobierno de Grecia, es la libertad la principal causa del lugar eminente del arte (...). La manera de pensar de los griegos ha sido muy diferente de la que tienen los pueblos dominados. Herodoto muestra cómo la libertad ha sido la razón de la potencia y la grandeza sobre las que reposa Atenas (...). Es gracias a la libertad que el espíritu del pueblo entero se eleva como una noble rama que brota de un tronco robusto.”
Es perfectamente imaginable el efecto detonante que debió ejercer entre la aristocracia espiritual alemana la idea que el arte surge de la libertad, y que la libertad sólo puede brotar de un pueblo y de un gobierno libres. La supuesta imitación de los griegos no debía ser una copia ruda y servil de las esculturas y los templos; lo que se debía imitar era el espíritu que los hizo posibles. Eran la emulación y el estímulo griegos los que harían que surgiera y se consolidara en Alemania un arte propio y se descubrieran los principios del arte, que sólo puede practicar un hombre libre en un pueblo libre.
Belleza y libertad es lo que ofrece Grecia. Sin embargo Alemania se siente inválida y anacrónica, sin una tradición sobre la que construir los preceptos griegos y sin una idea común que los ponga en práctica. Tal responsabilidad no la pueden arrogar ni políticos ni administradores, sólo pueden proponerlo y realizarlo los humanistas, los que asimilaron de un modo íntimo y propio el espíritu griego, el único capaz de armonizar la cultura con la naturaleza.
La paideia griega –la educación que ilustra los valores humanos y enseña a ser ciudadanos– es el gran proyecto alemán para que el país adquiera los principios fundamentales del hombre y que se adquieren con la formación. La educación y la enseñanza empiezan por el conocimiento y el dominio de la lengua, la alemana y la griega; después, la expresión oral, que responde a la necesidad de discutir, persuadir y dirimir cualquier cuestión; finalmente, las ciencias puras –la matemática y la filosofía–, disciplinas que preparan para la objetividad crítica, necesaria para cualquier legislador de sí mismo y de los demás.
El ámbito cultural alemán, desde los últimos años del siglo XVIII, tuvo como referente nada más que lo griego. Los términos lyceum, gymnasium, athenäum, elysium sustituyeron a los originales germanos. Las revistas Die Propyläen. Die Horen y Thalia proponían una renovación germana desde presupuestos helenos. Goethe, publicaba los dramas Sócrates yPrometeo, Ifigenia, Pandora, Aquiles, el poema Ganímedes y tantos otros eran testimonios de una nostalgia ontológica que había que recuperar. Los estudios de griego y latín fueron obligatorios en todos los liceos, una exigencia que se mantuvo casi hasta ahora mismo.
Goethe y Schiller, con dos temperamentos distintos, dos concepciones de la vida y del arte radicalmente opuestas, tenían en común la confianza en que Alemania aprendería de la sabiduría griega y llegaría a ser una nación. Ellos fueron los primeros helenos germánicos que practicaron con el ejemplo: Schiller con la gracia y la dignidad, Goethe con la sensualidad y el pragmatismo. Críticos con la sociedad cultural, se dedicaron a escribir dísticos irónicos, rabiosamente sarcásticos, contra las autoridades y las instituciones, con epigramas a la manera de Marcial; fueron publicados en el Almanaque de las Musas que trastornó a la sociedad cultural y a todos los que habían caído bajo el dardo sardónico y humorístico de la crítica.
El auténtico heleno, sin embargo, es Schiller; Goethe prefiere Roma, sobre todo después de su viaje a Italia donde reconoce sus tendencias científica y hedonista. Schiller, en cambio, se mantiene fiel al espíritu didáctico de la paideia griega y en 1795 publica Cartas sobre la educación estética del hombre, donde propone el valor educativo de la belleza que proporciona armonía y equilibro y orienta al hombre sensual hacia el pensamiento y al intelectual hacia el mundo de los sentidos. El dominio de lo político queda incluido en la educación estética puesto que de la armonía de la belleza se deduce la ley de la comunidad política y ha de equilibrar los instintos opuestos: “Lo que consigue la cultura estética es que el hombre, por naturaleza, pueda hacer por sí mismo lo que quiera, devolviéndole así por completo la libertad de ser lo que ha de ser.” En los Poemas filosóficos afirma que en el acto creador se sintetizan el corazón y el entendimiento, el sentir y el pensar y que crear supone obedecer la propia ley interior, la más alta dignidad del hombre.
Emulado por su maestro Schiller, que le publicó en la revista Thalia un fragmento de Hiperión, Friedrich Hölderlin recogió el testimonio de Grecia y en ella vio una humanidad que por su pureza, eficacia, belleza y alegría estaba próxima a lo divino y se encarnaba en la tierra. Con dolorida nostalgia se absorbe y se identifica con la tradición griega que vivió en unión con las potencias divinas pero que el hombre moderno ha olvidado al separar el mundo entre naturaleza y espíritu, objeto y sujeto, sensibilidad y conciencia. El hen kai pan griego (la unidad de todo) se ha perdido para siempre. Hiperión es el fracaso de la voluntad por levantar al pueblo griego oprimido y esclavo: en el fragor y el torbellino de la lucha, el ideal de humanidad se esfuma, no es el momento todavía de transformar la vida.
En el fragmentario drama La muerte de Empédocles, Hölderlin toma al filósofo que se arrojó al cráter del Etna como símbolo de la misión imposible del poeta moderno y de su fracaso. Empédocles, filósofo, sacerdote, poeta y guerrero, purga su ambición por el saber y su soberbia en un acto de expiación que debe salvar a todos los hombres. Tradujo Edipo rey yAntígona de Sófocles y no pudo cumplir su voluntad de traducir las odas de Pindaro, vivió cuarenta años enajenado. También confiaba en que el ejemplo de Grecia se cumpliría en una Alemania ideal, pero posible.
Íntimo amigo de Hölderlin, estudiantes en el seminario de Tubinga, Hegel compartió la fascinación griega en su juventud y afirmó que le mantenía “el deseo ardiente y doloroso de reencontrar el genio original del pueblo griego” y lo buscó comparando la poesía alemana con la griega. Sin embargo no se limita a comparar dos formas literarias, sino a analizar la esencia del mundo griego y del alemán. Para Hegel, la helenidad se desarrolla en el reino de la presencia, la modernidad en el de la representación. Cuando el poeta griego habla es el mundo luminoso y oscuro el que habla a través de él y su palabra es la palabra de todos, fiel a la presencia de la naturaleza en los actos y decisiones de los hombres. El poeta moderno elabora una imagen, la analiza y vuelve claro y brillante lo que parecía oscuro, su lenguaje no es el de las cosas mismas sino su representación: es una operación de la conciencia que se representa un mundo y considera esencial esta representación.
En su madurez, Hegel renunció al helenismo a pesar de que informa su pensamiento posterior: imaginar la historia universal como manifestación de la razón divina y el proceso de realización de la idea como un proceso dialéctico de la conciencia de la libertad. Al afirmar que todo lo real es racional afirmaba que las tareas primarias de la vida eran el cuidado de los intereses políticos, económicos y científicos, frente a la literatura y la religión, y con ello instauraba el estado moderno. Nietzsche, a su vez, con argumentos griegos, arremetía contra el estado moderno.
La asimilación griega de Alemania incidió de manera decisiva en todos los aspectos de la nación germana, desde la estructura de la lengua, la administración, la política, la enseñanza, la formación, la universidad, los hábitos sociales y la cultura. Y Grecia, a su vez, reconoció el esfuerzo de un país para integrarse en la modernidad: de pasar de un sistema agrario a una sociedad industrial. Ese tránsito abrupto conmocionó el país, puesto que mientras los modos de producción eran industriales y modernos, la estructura de la sociedad seguía siendo medieval. Esta grave situación dio lugar a las dos guerras mundiales que ella misma provocó y sus derrotas tuvieron la dimensión de las razones que las suscitaron.
Al final de la Primera Guerra Mundial, en 1918, Alemania fue obligada en el Tratado de Versalles a indemnizar a sus enemigos. En Weimar había perdido la guerra y la deuda era de 20.000 millones de marcos oro. Esta cifra creció hasta 296.000 millones, que debía de pagar en 42 años. La humillación de la derrota y las consecuencias económicas de la guerra, y de la deuda llevaron al país a una situación límite que, en parte, explica la ascensión del nazismo. Adolf Hitler dejó de pagar la deuda y se enfrascó en la Segunda Guerra Mundial, que perdió otra vez con consecuencias desastrosas.
La situación de la deuda era tan insostenible que en 1953 Alemania pidió a sus acreedores que le perdonaran los pagos. Veintidós países, incluida Grecia, firmaron el Tratado de Londres. Les perdonaron la mitad de los 50.000 millones que debían de la Primera Guerra Mundial y accedieron a que los intereses generados se pagaran cuando Alemania volviera a estar unida. “Para la joven Alemania, aquel gesto supuso una ayuda enorme”, dice Jürgen Kaiser –coordinador de la iniciativa Año para la Condonación de Deuda (Erlassjahr). “El interés de la deuda de aquel entonces es comparable con el que hoy tiene que pagar la propia Grecia.”
La reunificación alemana se materializó el 3 de octubre de 1990. Pero las autoridades alemanas tardaron veintiún años en pagar la deuda. En el 2010 se pagaron 25.000 millones generados por la Primera Guerra Mundial.
Alemania es el país de la comunidad europea que más presiona para que Grecia ajuste sus finanzas, pero algunas voces han recordado a los alemanes que están en deuda con Grecia, por otras muchas razones más que por su condonación. El profesor de historia económica Albrecht Ritschl ha pedido a Berlín que no olvide su pasado, así como el responsable de Erlassjahr, Jürgen Kaiser. Estas iniciativas alemanas piden que se cree la figura de la insolvencia internacional. Erlassjahr reivindica que se tome el Acuerdo de Londres en 1953 como ejemplo. Entonces los griegos permitieron descargar de deuda a Alemania y contribuyeron parcialmente al milagro económico alemán. Hoy, Grecia tiene sobreendeudamiento, pero podría recibir ayuda mediante la condonación parcial de su deuda por parte de Alemania y de otros países como se hizo en 1953. ¿Tanto le urge a Alemania el cobro de Grecia?
Es una paradoja, una falta de memoria, un olvido voluntario, una renuncia a los valores helénicos que transformaron Alemania en un país moderno y en una nación; no únicamente por la decisión de Grecia a condonar la deuda germana, si no por los mismos humanistas alemanes que recogieron el testimonio griego, europeizaron Alemania y procuraron el ejemplo de la democracia de Grecia.
Ese menosprecio de los alemanes es el menosprecio al humanismo de Weimar de 1803.

jueves, 10 de noviembre de 2011

EL SECRETO DE LA CÚPULA DE FLORENCIA

El arquitecto italiano Massimo Ricci descubre la técnica que utilizó Filippo Brunelleschi
EL PAÍS, LUCIA MAGI - Bolonia – 10Nov11


Ha tardado casi cuarenta años el arquitecto italiano Massimo Ricci en descubrir lo que para sus colegas fue un misterio durante seis siglos: la técnica que utilizó Filippo Brunelleschi para construir la cúpula de Santa María del Fiore, la Catedral de Florencia. El genio renacentista no solo se esmeró en elevar un monumento robusto y espectacular, símbolo de la renovada confianza humanista tras los temores medievales, sino también en esconder el truco gracias al cual se sostiene la estructura. "Hacer trampas, despistar, confundir las ideas fue un rastro típico de la personalidad de Brunelleschi", comentó anoche Ricci al presentar su hallazgo a los ciudadanos reunidos en el Palazzo Vecchio -el ayuntamiento- y a quienes seguían la conferencia en la página web de la National Geographic Society.
"Brunelleschi encontraba divertido el hecho de que nadie pudiera dar con su secreto". Un secreto bien guardado bajo la piel de la cúpula de ladrillos rojos y costillas de mármol. Desde que empezaron las obras, en 1425, el misterio fue custodiado con un truco: los obreros dispusieron los ladrillos vistos de una forma distinta a los de la bóveda interna, la que de verdad aguanta el peso de la construcción, para despistar todos los que, solo mirando desde fuera la cúpula, pensaban tener frente a sus ojos la técnica adoptada. Los ladrillos internos "están colocados en diagonal, como la espina de un pescado", explicó Ricci, "sin utilizar material metálico alguno, como sostuvieron algunos estudiosos en el pasado, sino solo gracias a un sistema de cuerdas que permitía calcular la posición y el ángulo exactos en los que poner cada ladrillo". Para confundir aún más las ideas a eventuales imitadores, Brunelleschi ordenó "marcar el costado de los ladrillos que quedaban en superficie con un surco, para dejar creer que fuesen dispuestos en longitud en lugar que de lado. Un sistema único y nunca más repetido en la historia".
Ricci y su equipo lograron desvelar el misterio gracias a inventos tecnológicos muy refinados y a una grieta que se abrió en la bóveda. A través de esta fisura pudieron colar una sonda que se abrió camino entre un ladrillo y otro, mientras grababa lo que veía. Ricci dirigía la minúscula cámara y -como si se tratara de un médico que practica una endoscopia a su pacient - fue trazando un diagnóstico de las entrañas del monumento. Vio lo que nunca nadie pudo admirar antes.
En la sala del Ayuntamiento de Florencia también se enseñaron anoche las maquetas de las tres grúas utilizadas para edificar la cúpula y la del barco inventado por Brunelleschi para llevar el material desde el mar hasta la ciudad, sobre el río Arno. "Esta embarcación es otro ejemplo de su genio", cerró Ricci. "Es el primer ejemplo en la historia de un barco que funciona con una hélice, igual que hacen los aviones hoy. Y es el primer caso de derechos de autor: Brunelleschi la construyó por si solo y poniendo el dinero de su propio bolsillo. En cambio, obtuvo por el Palazzo Vecchio el permiso de alquilarla y exigió que se quemara cualquier intento de imitación". Menudo personaje, el Brunelleschi.

martes, 8 de noviembre de 2011

LONDRES REÚNE EL PERIODO MÁS GRANDIOSO DE LEONARDO

La National Gallery abre al público la primera gran exposición dedicada a la pintura del maestro del Renacimiento
El país, Madrid, ÁNGELES GARCÍA - Londres – 08Nov11


Pocas exposiciones vienen precedidas de una expectación semejante como la que hoy se ha presentado en la National Gallery de Londres: Leonardo da Vinci: pintor en la corte de Milán. Todo son récords en la exposición: el máximo de pinturas nunca reunidas (hay sesenta obras entre dibujos y cuadros) de un artista del que se conservan poco más de veinte; se exponen por primera vez frente a frente sus dos versiones de La virgen de las Rocas (la prestada por el Louvre) y la recién restaurada por la National Gallery. Es la primera vez que parte de la rica colección de dibujos propiedad de la colección Real británica, 33 bocetos relacionados con las obras expuestas, se muestran al público. Y se asegura que es también la primera vez que se aborda la obra artística de Leonardo de una manera tan ambiciosa. Las exposiciones que hasta ahora se le han dedicado en todo el mundo han estado dedicadas a su actividad como inventor de deslumbrantes artilugios, a sus estudios científicos o a sus dibujos. Su revolucionario visión de la perspectiva y su descubrimiento del "esfumado" descubren su forma de entender la pintura.
MÁS INFORMACIÓN
Las 1.001 peripecias de 'La dama del armiño', de Leonardo da Vinci
Descubierto un manuscrito de Leonardo da Vinci en Nantes
'Leonardo' o no, una obra maestra
Una huella dactilar permite atribuir un cuadro a Da Vinci.

Por si fuera poco, la exposición certifica la autoría de Leonardo de una de sus obras hasta ahora más controvertida: El salvator mundi. El Cristo, que con una mano bendice y con la otra sostiene una bola de cristal, ocupa un lugar de honor en la exposición; lo mismo que La bella principessa, retrato de perfil de una joven rubia, cuya autoría de Leonardo aparece ahora sin dudas.
Los préstamos de los principales museos del mundo han sido decisivos para poder hacer esta exposición que no se podrá ver después en ningún otro lugar. España, cuyos museos y colecciones carecen de Leonardos, contribuye con uno de los grandes tesoros del Museo Lázaro Galdiano de Madrid: El salvador adolescente, una tabla de 25 centímetros de alto por 18,5 de ancho que pese a su pequeño tamaño, acapara las miradas en el espacio dedicado a los seguidores del maestro renacentista.
La exposición, que se puede visitar hasta el 5 de febrero se centra en el período del mayor apogeo del artista florentino, las décadas de 1480 y 1490, el tiempo que estuvo a las órdenes del gobernador de la ciudad, Ludovico Maria Sforza, el Moro. Es en esta etapa cuando pinta obras como Retrato de un músico, San Jerónimo, La dama del armiño, La bella herrera, la Virgen de las rocas... Y La última cena, el mural cuya historia se reconstruye en una planta especial dentro de la exposición.

martes, 26 de julio de 2011

REPORTAJE: SI LOS EDIFICIOS HABLASEN... CÓMO EXPLICAR UN CASTILLO

EL PAÍS, Madrid, PATRICIA GOSÁLVEZ - PATRICIA GOSÁLVEZ – 25Jul11

Visitas teatralizadas nocturnas sobre el palacio de los Mendoza en Manzanares
Tras la visita teatralizada al castillo de Manzanares el Real una cosa queda clara: don Pedro de Zúñiga y Salcedo es un mayordomo soberbio que se las da de noble ante la mofa de su insolente esposa. Los personajes, bien interpretados y vestidos de época, mantienen durante una hora una guerra de sexos en versión siglo XVII..
El castillo de Manzanares el Real fue levantado en el siglo XV y reconstruido casi medio milenio después.-

"Es un lugar lleno de obras de arte donde disfrutar de teatro y conciertos".- La representación está trufada de datos, aunque entretiene al público.- La obra está trufada de datos (la galería es gótica flamígera, el arquitecto fue Juan Guas, el título de este tapiz es tal); sin embargo, no explica claramente la historia del monumento y da por sentado que los asistentes saben qué es una barbacana o un adarve. Eso sí, entretiene, a juzgar por las sonrisas picaronas del público ante las matrimoniadas de la pareja.

Las visitas (en verano, también nocturnas) forman parte del Plan de Aprovechamiento Turístico puesto en marcha por la Comunidad de Madrid en 2007. Fue entonces cuando el castillo (100.000 visitantes al año, el monumento más popular de la región tras El Escorial y Aranjuez) dio el salto al siglo XXI, en el que los edificios se explican con conceptos museográficos y mucho espectáculo. "Antes, el mismo funcionario que te cobraba la entrada te lo explicaba, la gente subía a ver las almenas, tiraba unas fotos y se iba", cuenta Isabel, una de las funcionarias que gestiona el castillo. "Pero este ya no es un sitio donde guarecerse del calor si vas a la Pedriza. Es un lugar lleno de obras de arte, donde puedes disfrutar del teatro o un concierto y pasar una hora en el centro de interpretación".
En ese museo se entiende mejor el monumento. Al final del recorrido (con paneles sobre los Mendoza, la caza en la Edad Media o las armaduras) se detiene en las tres intervenciones que han adecuado el castillo desde que llegó al siglo XX medio en ruinas. En 1914 se reconstruyó el exterior porque "los monumentos constituían hitos visuales pero no objetos culturales"; en los setenta se rehizo el interior para abrirlo al público. En ambas ocasiones se usó un discutido método que consiste en recrear lo que había a partir de algunas piezas supervivientes, siendo imposible para el espectador discernir qué es original y qué no (dentro, muy poco lo es). El objetivo de la reforma de 2007: "Facilitar la comprensión del monumento" con las visitas, el museo y la ambientación de las salas. Cada intervención responde a lo que en su época se entendía que debía ser el castillo: paisaje, espacio o experiencia.
Para terminar de comprender el castillo, un viejo truco: leer un libro. En Palacios de Madrid (editado por la Comunidad), Miguel Lasso de la Vega resume en dos estupendas páginas el significado de esta arquitectura que representa como pocas la transición "del castillo al palacio señorial, en el cambio de la Edad Media a la Edad Moderna". Aunque lo parezca, no es una fortificación, sino un edificio "que resuelve la propuesta de vida rústica temporal del noble en sus señoríos; una casa de campo, en realidad, que por su pertenencia debe mostrar su supremacía, adoptando formas pretéritas". Lasso explica, sin disfraces ni pantallas táctiles, las fases de construcción (y la relación de este castillo "nuevo" con el anterior, en ruinas en una loma cercana) y el complejo linaje de los Mendoza (un lío, porque tenían la manía de llamarse siempre Diego o Íñigo).
Admite que el bretón Juan Guas pudo ser el arquitecto, pero acepta que es una atribución. Se detiene en detalles constructivos -las bolas que adornan las torres estaban estucadas originalmente en rojo- y políticos -se colocó sobre una antigua ermita para no competir con ella, en un "anticipado reflejo de la mentalidad renacentista, que pretendió igualar, e incluso dar preeminencia, a lo civil sobre lo religioso"-. Y da en el clavo de lo que es un castillo que en realidad es un palacio: "Un baluarte ante un enemigo inexistente". Es decir, un símbolo.

domingo, 29 de mayo de 2011

EDITADA EN ESPAÑA LA PREMONITORIA BIOGRAFÍA DE EMIL LUDWIG (*) SOBRE HITLER, EL DUCE Y STALIN

LA VANGUARDIA, Barcelona, Domingo Marchena, 30May11, 01:49 hora española.
El 'Führer', un ser demencial, convulso, proclive a las locas empresas e incapaz de amar | El autor adelantó la invasión nazi de la URSS y que Hitler sufriría atentados | La obra también supo ver que tras la guerra Alemania acabaría partida en dos.


Hitler es quizá después de Napoleón el personaje histórico que más biografías y ensayos ha suscitado. No hay en su pasado ni un palmo de terreno sin explorar. Resulta sorprendente encontrar entre el alud de obras sobre el peor verdugo del pueblo alemán una que destaque por su originalidad, lucidez y clarividencia. Esa obra existe y explica de forma tan concisa como brillante las causas del ascenso y caída del Führer. Se trata de Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin (Acantilado). Su autor, Emil Ludwig (1881-1948), parece tener una máquina del tiempo, pues adelanta el desastroso final del pacto Ribbentrop-Molotov, los juicios de Nuremberg o la división de Alemania en dos bloques, entre otros muchos acontecimientos. Y lo hace en la temprana fecha de septiembre de 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial acababa de comenzar.
La intuición de este escritor, hoy casi olvidado y que consagró la biografía como género literario, no es un caso único en la literatura. La estadounidense Kressmann Taylor lanzó en 1938 una premonitoria advertencia contra la vesania nazi y el holocausto con una breve y maravillosa novela epistolar, Paradero desconocido (RBA, en castellano y catalán). Y el austriaco Stefan Zweig, el genio hecho carne, puso punto final en 1929 a dos obritas maestras, dos muescas más en su brillante bibliografía, Mendel el de los libros (Acantilado) y Viaje al pasado (Acantilado y Quaderns Crema, en catalán). La primera es un aldabonazo contra el odio irracional y los campos de concentración; la segunda, contra el fanatismo que se iba a apoderar de Alemania ("¿qué quieren estos locos? ¿qué quieren?", se pregunta el protagonista). Reparen de nuevo en el año: 1929.
Pero no todos los intelectuales que anunciaron la tormenta supieron prever su final. El propio Zweig se suicidó en 1942 en Brasil con una carta de despedida que todavía hoy pone los pelos de punta: "Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me adelanto". Por el contrario, el alemán Emil Ludwig, nacionalizado suizo cuando tuvo que huir de su país y sus libros fueron condenados a la hoguera por Joseph Goebbels, supo desde el principio que la pesadilla acabaría tarde o temprano con la derrota de Hitler, "el más consumado farsante de la historia moderna". Y así lo proclamó en Tres dictadores..., un ambicioso opúsculo que ahora se publica por primera vez en España y que entre sus muchos méritos tiene una traducción de lujo, la que realizó Francisco Ayala en su exilio de Buenos Aires.
Ludwig se ocupó de un sinfín de personajes, de Goethe a Bolívar, Freud o Lincoln. Con él, las biografías dan un paso adelante y ya no se limitan a una enumeración de datos, a una retahíla aséptica de fechas. Los biografiados no nos cuentan su vida, la viven. En su obra sobre Napoleón (Juventud), el lector siente un pellizco cuando Madame Mère dice, al enterarse de que la estatua de su hijo, ya fallecido en su último destierro de la isla de Santa Elena, va a ser repuesta: "El emperador regresa a París". En Tres dictadores..., subtitulada Y un cuarto: Prusia, el escritor va más allá y crea algo así como si Manhattan Transfer o La colmena hubieran sido escritas por un historiador, y no un novelista.
El antisemitismo y las locuras de Hitler cobran un nuevo sentido en función de la pusilanimidad de Mussolini o la frialdad de Stalin. La fórmula ha dado lugar a todo un género, las biografías cruzadas, del que dan fe recientes éxitos, como Napoleón y Wellington (Almed), de Andrew Roberts; Caballo Loco y Custer (Turner), de Stephen E. Ambrose; o Dictadores, la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin (Tusquets), de Richard Overy.
Emil Ludwig allanó el camino en el que otros han alcanzado la excelencia, como los ya citados o Ian Kershaw con Hitler (Península), Paul Preston con Franco, caudillo de España (Grijalbo) y Geoffrey Parker con Felipe II (Planeta). Todas ellas son monografías monumentales, canónicas, pero una vez más hay que recalcar que nuestro autor escribía en 1939. Llama poderosamente la atención que muchas de las cosas que sostuvo entonces coincidan con las conclusiones que, más de medio siglo después y con la perspectiva histórica, alcanzó Kershaw en su impresionante biografía sobre el Führer o con las explicaciones de los autores de otro manual de referencia sobre la Segunda Guerra Mundial, La guerra que había que ganar (Crítica), de Allan R. Millet y Williamson Murray.
Hitler era, en palabras de Ludwig, un "convulso demencial", un ser de aspecto insignificante "proclive a las locas empresas". La guerra, sostiene, acabaría indefectiblemente con su derrota. En caso de que todavía estuviese vivo, "este hombre incapaz de amar y con una capacidad inagotable de odiar" debería afrontar un juicio por crímenes contra la humanidad ante un tribunal especial, que él sitúa en la corte de justicia de La Haya, lo cual vuelve a ser insólito, puesto que el tribunal penal internacional de esta ciudad no se creó hasta 1998 (acertar con Nuremberg ya hubiera sido cosa de brujos o augures). El autor agrega que la vista oral sería el momento en que psiquiatras serios deberían decidir sobre la cordura del acusado y su imputabilidad, aunque "si le consideran un enfermo mental, entonces habría que castigar a todos los cuerdos que le han obedecido".
Del retrato que Emil Ludwig traza sobre el personaje "se deduce cuán poco significa un tratado con él o una promesa suya". Francisco Ayala, que iba traduciendo a medida que el historiador le enviaba sus manuscritos, precisa que este capítulo le llegó el 15 de septiembre de 1939. Apenas un mes antes se firmó la alianza de no agresión entre el III Reich y la Unión Soviética, el pacto Ribbentrop-Molotov. Tres dictadores... ya dejaba claro en su época que ese acuerdo era papel mojado y que Hitler sólo trataba de ganar tiempo antes de lanzarse sobre la URSS, como ocurrió el 22 de junio de 1941 con la operación Barbarroja. Ludwig también se adelanta al desenlace de aquella terrible tormenta de fuego: "Todo el mundo puede comprender –admitió con modestia– que Hitler y Stalin quisieran engañarse el uno al otro al concertar su pacto. Pero no todos saben que el segundo tiene muchas perspectivas de ganar en este gran juego". El autor acertó incluso al asegurar que sólo el Padrecito Stalin seguiría en el poder tras la guerra.
A pesar de declararse un enfervorizado enemigo del fascismo, Emil Ludwig no puede evitar una sombra de ternura por Mussolini, el más humano de los tres sátrapas. De ellos, "el único loco es Hitler; el único convencido, Stalin; y el único con personalidad, Mussolini". Del Duce explica algo que parece alcanzar en el tiempo al mismísimo Silvio Berlusconi: "Es tan consciente del efecto de la apariencia externa que de buena gana daría una batalla ganada a cambio de no ser calvo". Por desgracia para él, no hizo caso de la advertencia del libro: si decide apoyar a Hitler, "se hundirá con él".
Los vaticinios no acaban ahí. El autor barrunta la operación Walkiria, uno de los atentados fallidos para asesinar a Hitler en las postrimerías de la guerra, cuando afirma que podría llegarle "un fin violento por parte de su propia gente en circunstancias malas". La guerra, añade, "terminará con la partición de Alemania". El biógrafo se humaniza con algunos errores de bulto y afirma, por ejemplo, que Estados Unidos ayudaría a las democracias europeas contra el nazismo "con todo lo imaginable, a excepción de hombres". No tenía una bola de cristal para ver el enorme tributo en sangre que pagarían los estadounidenses, tanto en Europa como en el Pacífico.
Es una isla negra en un mar de aciertos. El escritor está convencido de que llegará un día en que diremos adiós al tiempo de los dictadores y "nuestros hijos viajarán con pasaportes europeos". Probablemente ese optimismo sea su peor fallo. Hoy más que nunca hay que estar alerta ante el peligro de los totalitarismos. Nadie lo resume mejor que la periodista y escritora Martha Gellhorn en el capítulo Una mirada a la madre Rusia, incluido en sus Cinco viajes al infierno (Altaïr):
–La situación nunca volverá a ser tan mala– dije.
–¿Qué?–El mundo. Nunca volveremos a tener un Hitler y un Stalin, ni siquiera un Mussolini.
–Oh, Martha– dijo la señora M., y se puso a reír y a toser.



Sin escrúpulos, sin enemigos y sin moral
Emil Ludwig también fue profético al meter en el mismo saco a Hitler, Mussolini y Stalin. Muchos años después, Sartre seguía siendo condescendiente con el régimen soviético y Juan Benet lanzaba herrumbrosas lanzas contra Solzhenitzin y su Archipiélago Gulag (Tusquets). El desastre del estalinismo no ha penetrado tanto en la conciencia colectiva occidental como el nazismo. A la historiadora estadounidense Anne Applebaum, autora de Gulag, la historia de los campos de concentración soviéticos (Debate), le sorprendió ver en Praga cómo otros turistas que no tolerarían lucir la esvástica se compraban recuerdos con la hoz y el martillo. Es la misma inconsciencia con la que los músicos de la Fundación Tony Manero pedían en la carátula de su disco Bikini: "Amor, unidad y todo el poder para los sóviets". Quizá la explicación sea que los ideales del nazismo eran intrínsecamente perversos y los de la URSS no, aunque se acabaran pervirtiendo. Así lo reconoció Martin Amis en el 2002 con Koba el Terrible (Anagrama), un mazazo contra la tolerancia de los intelectuales occidentales ante el estalinismo. En 1939, Emil Ludwig, hijo de una acomodada familia de judíos alemanes, políglota y culto, periodista e historiador, lúcido y clarividente, ya dijo que Stalin, como Hitler o Mussolini, se caracterizaba por "una voluntad de poder que no consiente ningún escrúpulo, aniquila a todo enemigo y no conoce moral alguna". Su voz tardó en oírse.
Otros estudios comparados
Andrew Roberts. Napoleón y Wellington (Almed)
La obra de Roberts es la de un clásico. Napoleón, explica, denostaba en público a Wellington y le admiraba en secreto; Wellington le elogiaba ante los demás y le criticaba en privado. Debemos a este historiador de Cambridge, de 48 años, más revelaciones sorprendentes, como los accesos de locura que asaltaban al mariscal Blücher y que le hacían creer a sus 74 años que estaba embarazado ¡de un elefante!
Stephen E. Ambrose. Caballo Loco y Custer (Turner)
Ambrose (1936-2002) es el gran historiador estadounidense del siglo XX. Esta biografía comparada, subtitulada Vidas paralhttp://www.blogger.com/img/blank.gifelas de dos guerreros americanos, es un hito en su brillante obra y narra los destinos de los protagonistas con la objetividad de un ensayista y la pasión de un novelista. Dos existencias marcadas desde su nacimiento y condenadas a encontrarse al final en la batalla de Little Bighorn.

NOTA DE CLAVE 88: Información sobre Emil Ludwig, clic aquí.

martes, 19 de abril de 2011

SUBASTAN UN CUADRO PINTADO POR CHURCHILL

El cuadro, realizado por el político inglés en 1945 en el País Vasco francés, será ofrecido al mejor postor el 26 de mayo
ABC, MADRID, EFE / LONDRES, 18Abr11 - 18.31 hora española


Fotografía facilitada por Curtis Brown Ltd de Winston Churchill ante su obra «Villa junto al río Nivelle»
Un paisaje pintado en el País Vasco francés por el primer ministro británico Winston Churchill en 1945 tras la derrota de la Alemania nazi será ofrecido al mejor postor en Christie's de Londres el próximo 26 de mayo.

El político tory (1874-1965) pintó ese cuadro en un período crítico de la historia de su país, entre las elecciones de julio de aquel año, tras la dimisión de su Gobierno de coalición, y el anuncio de los resultados de los comicios, el 26 de julio, que sorprendentemente dieron el triunfo a los laboristas de Clement Attlee.
Sin saber aún que los británicos iban a volver la espalda al hombre que los había guiado durante la guerra en las primeras elecciones tras el conflicto mundial, Churchill se tomó unos días de vacaciones en el suroeste de Francia.
Inspirado por la belleza de los alrededores del Château de Bordaberry, cogió sólo por segunda vez los pinceles desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, hecho que documenta una fotografía de la época.
Empeño de su mujer
Fue su esposa, Margaret, quien convenció al político para que volviera a plantar en el campo su caballete. Pintaron luego juntos en San Juan de Luz, en Hendaya, y en la orilla del río Nivelle, donde surgió el cuadro que se vende ahora por un precio inicialmente estimado entre 227.000 y 340.000 euros.
Churchill comenzó a pintar a la edad relativamente tardía de 40 años, y ese hobby iba a proporcionarle momentos de serenidad en medio de las tribulaciones de su carrera política.

En un número especial de la revista norteamericana Life, publicado en enero de 1946, en el que aparece reproducido ese cuadro, el propio Churchill declaraba: "No hay tema que me haga sentirme más humilde y al mismo tiempo más natural".
Y añadía en tono jocoso: "Cuando suba al cielo, quiero pasar buena parte de mi primer millón de años pintando y llegando al fondo de cada tema elegido". En el libro que le dedicó su hija, Mary Soames, bajo el título de e "Winston Churchill: Su vida como pintor" (1990), se afirma que el político sólo pintó un cuadro en casi cinco años durante la guerra europea.
Durante la conferencia de Casablanca (Marruecos), en enero de 1943, Churchill convenció al presidente de EE.UU. Franklin D. Roosevelt para que le acompañara en una breve visita a Marraquech, donde pintó "Vista de Marrakech con el minarete de la mezquita de Katubia", que regalaría luego a Roosevelt como recuerdo.

jueves, 14 de abril de 2011

PRESENTARON EN MÉXICO EL RESCATE DEL MURAL DE SIQUEIROS

Una delegación argentina dio detalles de la saga de la obra y su restauración.
CLARÍN, Buenos Aires, POR MERCEDES PÉREZ BERGLIAFFA - MEXICO., 14Abr11 ESPECIAL

(NOTA DE CLAVE 88: VARIAS ENTRADAS EN EL BLOG SIGUIERON LA RESTAURACIÓN DEL MURAL. PARA VER UNA DE LAS ÚLTIMAS HAGA CLIC AQUÍ.)

Imponente y arqueológica, futurista y repleta, la Ciudad de México parece un gran pulpo extendido por el que circulan masas sin parar. Como microorganismos o bichitos, los 23 millones de personas van despacio (el calor y la altura impiden el apuro).
En medio de esta maraña cae la noche y, en un lugar coqueto, algo alejado del centro, una casa se ilumina. Es la “Sala de Arte Público Siqueiros”, que se llenó de público el martes, durante la presentación que hizo el gobierno argentino del proceso de rescate de Ejercicio plástico , el mural que David Alfaro Siqueiros pintó en nuestro país en 1933 y que ahora está restaurado, aunque todavía no accesible al público, en la ex Aduana Taylor, detrás de Casa de Gobierno.

El mural tiene una historia complicada, sufrida, que se debe tanto a su valor artístico como al de mercado. Y a un largo intríngulis de amores y sexo, que envolvía al pintor, al periodista Natalio Botana (en cuya casa se pintó el mural), a Blanca Luz Brum (pareja de Siqueiros y amante de Botana) y hasta al propio Pablo Neruda.
Mural fuera de serie, en 1991 fue extraído del sótano donde estaba, cortado en seis partes y guardado en containers. Una difícil trama judicial lo dejó ahí durante 17 años.
De todo esto se habló en la conferencia, donde estuvieron la directora de Asuntos Culturales de Cancillería, Magdalena Faillace –cabeza de la comisión creada para el rescate de la obra–; Miguel Díaz Reinoso –ex agregado cultural de México en Argentina–; la embajadora argentina en México Patricia Vaca Narvaja; la directora del Centro Nacional de Conservación del Patrimonio Artístico Mueble, Gabriela Gil y Cecilia Jaber Breceda, directora de Asuntos Culturales de la Cancillería mexicana.
La casa de Siqueiros estaba llena. Había especialistas, periodistas, estudiantes y “argenmex” como Noé Jitrik y Tununa Mercado. Estaban también Taiana Pimentel, directora de la Casa Siqueiros, y el artista Pedro Roth, quien presentaba fotos del mural, junto a obras sobre el tema de los fotógrafos Annemarie Heinrich y Aldo Sessa (quien, como Roth, donó las fotos para que queden en México). Todo tenía como telón de fondo los inmensos murales originales de Siqueiros, que abarcaban paredes, piso y suelo.
Mientras, la conferencia –intercalada con proyecciones de fotos y videos del rescate– mostraba el mural durante los años que pasó en containers, en San Justo –húmedo, fraccionado y con estalactitas–; los detalles técnicos de la restauración; la historia de colaboración intergubernamental y hasta la alegría de presentar este proceso en el mismo México, lugar de nacimiento del artista y corazón del muralismo político del Siglo XX.
La historia del mural, decía Díaz Reinoso, “fue una cruzada de funcionarios, expertos y periodistas”. Y también “una especie de leyenda para los mexicanos, quienes siempre escuchábamos decir que había un mural de Siqueiros en Argentina… Hasta que supimos que había un litigio y nos dijimos: ‘Finalmente sí, el mural existe’”.
Durante muchos años –dijo Faillace– el mural era algo secreto, de lo que no se hablaba en los círculos culturales, dado que había gente que no quería que se supiera de él”.
La embajadora aludía a supuestas intenciones de sus dueños de sacarlo del país, en los años 90. “Ahora el mural está expropiado”.
Siqueiros, quizás el más grande de los cuatro maestros del muralismo, ya puede descansar en paz. Su Blanca Brum gigante, pintada, erótica, reposa tranquila en Buenos Aires, en la misma Casa de Gobierno. “No hay mas ruta que la nuestra”, decía Siqueiros, “la más alta, la más lógica, la más pura. Porque es para el pueblo”.

miércoles, 13 de abril de 2011

ENCUENTRAN EN UNA MALETACUATRO ANTIGÜEDADES ROBADAS DURANTE LA REVUELTA. VOLVERÁN AL MUSEO EGIPCIO.

Las piezas, del ajuar funerario de Tutankamón, fueron encontradas por casualidad por el arqueólogo egipcio Salah Mohamed en una maleta en el metro de El Cairo
EFE / EL CAIRO
ABC, Madrid, 12Abr11 - 18.29 hora española.
El arqueólogo egipcio Salah Mohamed ha encontrado por casualidad una maleta en el metro de El Cairo que contenía cuatro piezas del ajuar funerario de Tutankamón, las cuales fueron robadas del Museo Egipcio durante la revolución del 25 de enero.


El ministro de Estado de Antigüedades, Zahi Hawas, anunció en una rueda de prensa celebrada en la sede del Consejo Supremo de Antigüedades que las cuatro antigüedades robadas volverán al Museo Egipcio después de que sean restauradas.
Por su lado, Mohamed aclaró que halló las piezas dentro de una maleta abandonada en la estación de metro de Shubra al Jeima mientras se dirigía al trabajo. Los objetos recuperados incluyen unaestatua de madera dorada de Tutankamón (1336-1327 a.C.), que representa al faraón en pie sobre una barca y lanzando un arpón. Esta estatua fue robada la noche del pasado 29 de enero, cuando un grupo de personas irrumpió en el Museo Egipcio, causó daños en varias piezas y robó un total de 54, según el inventario del museo. Hawas ha anunciado a la prensa que la estatua será restaurada antes de volver a ser expuesta ya que presenta daños visibles en varios puntos y han desaparecido partes de las piernas del faraón así como de su corona.
Otro de los objetos recuperados es una de las diez estatuillas de los nobles Yuya y Tuya, que vivieron durante el reinado deAmenhotep III (1390 a 1352 a.C.). Esta estatuilla, así como la trompeta de bronce de Tutankamón, otra de las antigüedades encontradas en el metro, se encuentran en perfectas condiciones, por lo que se expondrán tan pronto como lleguen al museo.
En cambio, la cuarta pieza, un fragmento del abanico real de Tutankamón, presenta serios daños puesto que una de las caras se ha roto en once fragmentos y faltan algunas partes. Hawas advirtió a quienes robaron antigüedades durante los disturbios que tuvieron lugar durante la revolución egipcia que todas las piezas sustraídas están registradas. "Si tenéis una pieza en casa, nunca conseguiréis venderla y nadie os la comprará", aseguró.

La protección de los monumentos
El titular del Ministerio de Estado de Antigüedades pidió a quienes tengan antigüedades en su casa que las devuelvan al Consejo Supremo de Antigüedades y aseguró que este organismo, encargado de velar por el patrimonio histórico del antiguo Egipto, no busca condenar a los ladrones.
"No vamos a denunciar a la persona ni vamos a llevarla a la Policía, sólo queremos recuperar las antigüedades", aclaró Hawas, quien agregó que tiene previsto reunirse con el primer ministro egipcio, Esam Sharaf, el próximo jueves para discutir la cuestión de la protección de los monumentos del antiguo Egipto.
Las cuatro piezas recuperadas hoy se suman a la estatua del faraón Akenatón
Hawas quiere proponer a Sharaf "la creación de un nuevo departamento de Policía sólo para antigüedades", cuyos miembros vayan armados y estén especialmente entrenados para garantizar "la seguridad y la protección de los monumentos egipcios".
Las cuatro piezas recuperadas hoy se suman a la estatua del faraón Akenatón que entregó la semana pasada un profesor de la Universidad Americana en El Cairo, después de que su sobrino la encontrara cerca de un contenedor de basura en la plaza Tahrir, donde participaba en una manifestación.

LAS MENTIRAS DE CARRILLO SOBRE LAS MATANZAS DE PARACUELLOS ME PARECEN INFANTILES

ABC, MANUEL DE LA FUENTE / MADRID, Madrid, 11Abr11 - 18.42 hora española.
EFE
Paul Preston, hoy en Madrid
Nunca sobre la milenaria tierra de Gárgoris y Habidis se había desatado tal tormenta de violencia, de venganza, de crueldad. Hacía ya tiempo que el dedo del ángel exterminador había señalado la casa de Sefarad y las campanas del odio tocaron a rebato. Los hijos se volvieron contra los padres, los padres contra los hijos, los


hermanos contra los hermanos. Fue un repicar de sangre (a menudo inocente) que manaba a borbotones, una hemorragia fratricida sin freno, una carnicería que se extendió por las cuatro esquinas de España a partir del 18 de julio de 1936, aunque la siembra de esta odiosa cosecha hubiese comenzado antes, mucho antes.
Paul Preston, uno de los más reputados hispanistas de la actualidad y gran experto en la historia contemporánea de nuestro país, ha viajado a ese mundo de tinieblas, de checas y sacas, de paseos y paredones, en «El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después» (Ed. Destino). Aunque Preston reconoce que su especialidad no son las cifras, la aportación de muchos historiadores locales le han servido de mucha ayuda. Los cálculos son aterradores: cerca de doscientas mil personas fueron asesinadas lejos del campo de batalla, eliminadas extrajudicialmente o en juicios sin garantías. Duele hasta la angustia, pero los últimos estudios, como el José Luis Ledesma Vera, apuntan a cerca de 50.000 simpatizantes del bando nacional asesinados, y no menos de 130.000 republicanos. Pero las cifras son seguramente aterradoramente mayores. Sin ir más lejos, en el caso de la represión republicana en Madrid aún no ha podido determinar con exactitud el número de asesinatos, que podría ser muy superior.
Paul Preston no tiene dudas sobre la magnitud de este terremoto cainita («por supuesto que se puede hablar de holocausto, murieron decenas de miles de inocentes en ambas zonas») y argumenta que éste no «es el libro de un inglés que piensa que los españoles son unos bárbaros, y una gente especialmente violenta. Es un libro que me ha supuesto años y años de estudio, de libros leídos y consultados, de investigación, especialmente en lo referente a la represión en la zona republicana, y es un trabajo que también me ha supuesto un enorme coste emocional, que me ha provocado muchísima rabia y tristeza. Y, sobre todo, quiero que sea un libro que contribuya, a pesar de su crudeza, a la reconciliación».
Los muertos fueron los mismos, igual da una checa que la tapia del cementerio de La Almudena, pero el historiador inglés apunta que «sí, hay diferencias cuantitativas y cualitativas entre la represión ejercida por los dos bandos. Por ejemplo, la violencia franquista se dio mayormente en zonas rurales, sin testigos, debido a la férrea censura militar, y grandes problemas de identificación, ya que muchas de las personas eran asesinadas fuera de sus lugares de origen y sin papeles encima. La represión republicana se ejerció las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, y también en algunas zonas rurales que controlaban los milicianos anarquistas».

El origen del odio
El libro arranca en los años inmediatamente anteriores a la guerra, en lo que Preston denomina «Los orígenes del odio y la violencia», deteniéndose en las raíces ancestrales de la violencia, acumulada durante años de injusticia, de excesos por ambas partes, que sostenían las teorías de los que Preston llama «los teóricos del exterminio». Los de la bomba en la calle Mayor, o los de botas lustradas como el General Mola cuyas palabras citadas por Preston cortan la respiración: «Eliminar sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros».
Seguidamente, el libro se detiene en la represión en Andalucía según avanzan los rebeldes, o también en Castilla la Vieja, León. Y se asienta detenidamente en el terror revolucionario en las dos grandes capitales, Madrid y Barcelona, donde el golpe no triunfó y que quedaron en manos de grupos de milicianos armados descontrolados, delincuentes comunes, comités de barrio....Y, por supuesto, las matanzas de Paracuellos. Con las tropas de Franco en La Moncloa, el Gobierno huye a Valencia. El general Miaja preside la Junta de Defensa de Madrid. Los comunistas se hacen fuertes, y Santiago Carrillo es nombrado Consejero de Orden Público.
A las pocas horas, en la madrugada del 7 de noviembre empieza la pesadilla, la «evacuación» de los prisioneros ante la que parecía probable entrada de Franco en Madrid. «Las mentiras de Carrillo me parecen infantiles. Ha llegado a decir que él no era comunista. Pero si había estado en Rusia en 1935 en reuniones del Politburó. Algo o mucho tiene que saber, alguna responsabilidad tiene. A su mando estaba Segundo Serrano Poncela, Director General de Seguridad, que tenía que darle cuenta de todo lo concerniente a estas “evacuaciones”». Algo ya destacado por ABC el pasado 27 de marzo. Probablemente, en los crímenes, además de gente incontrolada, quizá del Quinto Regimiento de los comunistas, no faltaron los agentes soviéticos, como el italiano Vittorio Vidali. Tristemente conocido como Carlos Contreras, de él contó Hemingway que se decía que «disparaba tan a menudo que tenía la piel quemada en los dedos índice y pulgar de la mano derecha».
Tras la contienda, la pesadilla continuó todavía para muchos españoles. La represión de los vencedores no se hizo esperar, y Preston cree que sí «existía un plan preconcebido de exterminio. Al fin y al cabo es lo que había dicho Mola, y no olvidemos que entre muchos partidarios de Franco se tenía una interpretación casi biológica de España. Consideraban que estaba llena de venenos: liberalismo, socialismo, ateísmo, anarquismo, liberalismo... que había, sencillamente, que extirpar».
No es conveniente hacer adivinanzas sobre la Historia, ni jugar a los acasos. Pero Paul Preston apunta una última opinión: «Tal vez si los militares hubieran apoyado a los republicanos moderados se podrían haber evitado tantos males».

domingo, 3 de abril de 2011

PARA ALFONSO X EL SABIO NO TODO ERA RELATIVO

Las Partidas de Alfonso X 'El Sabio' recomendaban analizar el tamaño del pene del varón para dar por válido el divorcio.
Imagen de Las Partidas, el cuerpo normativo redactado en Castilla durante el reinado de Alfonso X.


En nuestro recorrido diario por la blogosfera hispana rescatamos hoy un texto incluido en Las Partidas, el cuerpo normativo redactado en Castilla durante el reinado de Alfonso X (1252-1284), que versa sobre el divorcio y las causas que lo justificaban en la alta Edad Media. Un fragmento reproducido en el blog “En la trébede” que alcanzó ayer la portada de Bitácoras.
El hombre podía aludir, para iniciar el proceso de divorcio, a la supuesta frigidez o “estrechez” -literal- de su esposa, y esta causa justificaba la separación de los cónyuges. Ahora bien, ¿qué ocurría si la mujer volvía a contraer matrimonio y mantenía relaciones sexuales satisfactorias con su nuevo esposo? La frigidez, entonces, podía ser puesta en tela de juicio.
Para despejar las sospechas sobre el posible fingimiento por parte de la mujer, los legisladores recomendaban analizar el tamaño del pene de ambos varones y, en función del resultado de la prueba, reunir nuevamente a la mujer con su primer marido o, por el contrario, permitirle permanecer junto a su nueva pareja.
"Se debe mirar si son semejantes o iguales aquellos miembros que son menester para engendrar, y si comprobaren que el primer marido no lo tiene mucho mayor que el segundo, entonces la deben tornar al primero, pero si se entendieren que el primer marido tuviera un miembro tan grande que de ninguna manera pudiere conocerla carnalmente, sin gran peligro para ella, aunque se hubiere quedado con él, no la deben separar de su segundo marido porque parece claro que el obstáculo que había entre ella y su primer marido duraría siempre."
ABC, Madrid,BITACORAS.COM, 01Abr11

viernes, 7 de mayo de 2010

COMPLEMENTO A LO NOTA ANTERIOR SOBRE PIOTR ILLICH TCHAIKOSKY

Obertura 1812, datos históricos.
De Wikipedia, la enciclopedia libre


La Obertura 1812, Op. 49 es una obertura romántica escrita por el compositor ruso Piotr Ilich Tchaikovski en 1880. La pieza fue escrita para conmemorar la victoriosa resistencia rusa en 1812 frente al avance de la Grande Armée de Napoleón Bonaparte. La obertura fue estrenada en Moscú el 20 de agosto de 1882. La obra es reconocida por su final triunfal, que incluye una salva de disparos de cañón y repique de campanas.
En su visita a Estados Unidos en 1891, Tchaikovski dirigió la obra en la inauguración del Carnegie Hall de Nueva York. Pese a que esta obertura no tiene relación con la historia de Estados Unidos, su ejecución suele ser una parte clásica de los festejos por la independencia norteamericana.

Composición
Artículo principal: Invasión napoleónica de Rusia
El 7 de septiembre de 1812, en Borodino (a 120 km al oeste de Moscú) las tropas de Napoleón se enfrentaron a las fuerzas del general Mijaíl Kutuzov en la única batalla formal presentada por los rusos contra el hasta entonces invicto ejército francés.
La batalla de Borodino tuvo un saldo estimado de 100000 bajas y resultó una victoria pírrica para Napoleón.

Con sus recursos agotados las fuerzas maltrechas de Napoleón avanzaron hasta Moscú, que se rindió sin presentar resistencia. Esperando la capitulación del zar Alejandro I, los franceses se encontraron atrapados en una ciudad incendiada, lejos de sus líneas de abastecimiento. Al no poder asentar sus cuarteles de invierno, Napoleón se vio obligado a abandonar Rusia. Entre el 19 de octubre y hasta diciembre el ejército francés se enfrentó a varios contratiempos abrumadores en su larga retirada: hambre, bajas temperaturas, y el constante asedio de las fuerzas rusas. Abandonada por Napoleón en diciembre, la Grande Armée se encontró reducida a la décima parte de su número al momento de alcanzar Polonia. La Obertura 1812 puede ser interpretada como una representación literal de la campaña napoleónica en Rusia: en junio de 1812 el ejército francés compuesto por más de medio millón de soldados y casi 1200 piezas de artillería cruzó el río Niemen en Lituania. El Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, consciente de que el ejército imperial ruso, inexperto y pobremente equipado, no podría hacer frente a la maquinaria de guerra más poderosa de su tiempo, convocó al pueblo a rezar por la liberación y la paz. El pueblo ruso respondió en masa, congregándose en las iglesias de toda Rusia para ofrecer sus oraciones para una intervención divina (representado por el himno religioso inicial). Las notas ominosas que suenan a continuación expresan la inminencia del conflicto y la preparación para la batalla, en un cruce entre la desesperación y un gran entusiasmo, seguido por los sones distantes de La marsellesa representando el avance francés. Los dos ejércitos se encuentran en Borodino, y La marsellesa se impone tras una dura lucha. El zar apela al espíritu ruso con una súplica elocuente, llamando a su gente a seguir adelante y defender a la Madre Rusia. Este pedido apasionado y la respuesta popular quedan plasmados en la pieza tradicional rusa que sigue. La marsellesa vuelve a elevarse, indicando el avance sobre Moscú por parte de las fuerzas francesas. Los rusos abandonan sus pueblos y ciudades en el camino a Moscú dejando atrás tierra arrasada, y el crescendo de la música tradicional rusa va imponiéndose contra el himno francés, hasta que este choque llega a un punto elevado, indicando la caída de la última línea de defensa rusa, al tiempo que Moscú arde. En el momento de la toma de Moscú, cuando todo parece perdido, el himno religioso del inicio es oído de nuevo representando la intervención divina, que trae un invierno extremo para el que los franceses no estaban preparados. Las tropas invasoras comienzan su retirada, pero sus cañones, atrapados en el terreno congelado, son capturados por los rusos que los disparan para expulsarlos. En el final apoteósico los cañones son disparados en señal de triunfo, con el apoyo de las campanas de iglesia.
CLIC PARA MÁS INFORMACIÓN

domingo, 4 de abril de 2010

LENGUA, PAÍS Y MEMORIA

Clarín, Revista Ñ, Buenos Aires, Argentina, 04Abr10
"La lengua es un oficio distinto al de la vida", dice la escritora rumana Herta Müller, Premio Nobel 2009, que vive en Berlín y escribe en alemán. En este reportaje exclusivo, respondió por teléfono acerca de su literatura, la economía verbal, el recuerdo de la dictadura y la diferencia entre los campos de exterminio nazis y los del estalinismo. Hija de un hombre que fue de las SS y de una prisionera de los soviéticos, tiene motivos para pensar que nació en un mundo difícil.
Por: Mariana Dimopulos


Foto: HERTA MULLER: "Todo cuanto poseo lo llevo conmigo".
Hija de Alemania y de Rumania hasta que consiguió el exilio, Herta Müller empezó a escribir sentada sobre un pañuelo en el descanso de una escalera. Por entonces trabajaba en una fábrica como traductora de manuales técnicos. El servicio secreto quería obligarla a convertirse en informante, y ella se negaba, a riesgo de muerte. Hija de un hombre que durante la Segunda Guerra se había enrolado en las SS nazis, y de una mujer que había pasado cinco años en un campo de trabajos forzados soviético, Herta Müller pronto supo que había nacido del lado equivocado.

En tierras bajas
, su primer libro, es una vivisección descarnada y fascinante de su pueblo natal, que le valió el repudio de unos y la aclamación de otros: "Cuando aparecieron el primero y el segundo libro, aquí en Alemania, yo todavía vivía en Rumania. Y por el primer libro recibí dos o tres premios. Eso me protegió de las represalias del servicio secreto. Se dieron cuenta de que yo ya no era anónima y que no podían hacer conmigo muchas cosas que antes sí se hubiesen permitido." Para la ganadora del Premio Nobel de Literatura, no hay separación posible entre la política y la literatura. En la larga era de Ceausescu, que gobernó Rumania durante veinticuatro años alejado de la línea soviética y con apoyo de Occidente, las mujeres debían tener cinco hijos a pesar del racionamiento de la comida, y los ajustes se volvieron tantos que, a mediados de los años ochenta, Ceausescu empezó a fomentar la cría de caballos para ahorrar nafta y evitar el uso de los coches. La minoría a la que pertenecía Herta Müller, impregnada del pasado nazi y arrinconada por el nacionalismo rumano, fue vendida (literal) de a poco a la República Federal Alemana. Por cada uno que lograba salir, se pagaban entre 4 mil y 10 mil marcos. Pero no era fácil conseguir el pasaporte al exilio, y los disidentes como ella sufrieron amenazas y persecuciones.
En esta vida doble, intrincada y solitaria, la escritora fue inventando un lenguaje mordaz y minucioso por el que obtuvo un reconocimiento inmediato.
Como en los casos de Franz Kafka y Paul Celan, el alemán fue la lengua de su casa y no del país donde había nacido. Así, su obra viene a confirmar que muchas veces la literatura se escribe en una lengua extranjera, aunque esa lengua sea también la propia.

-A los 15 años, cuando se fue a vivir a la ciudad, aprendió el rumano. Desde entonces usted vive en dos idiomas. ¿Sus libros son un intento de acercarlos?

-Esas dos lenguas ya están cerca, porque están dentro de mi cabeza. Y sólo tengo una cabeza. El rumano es una lengua romance con partes eslavas y el alemán es una lengua germánica. Muchas cosas son distintas. Cuando en rumano se dice "la mesa" en alemán es un sustantivo masculino. Y eso ya se vuelve otro objeto. O las flores. En alemán los lirios son femeninos y en rumano lo contrario, el lirio es un señor. Y yo siempre me hice estas preguntas, tuve que hacérmelas, porque las dos lenguas chocaban entre sí, y cuando pienso en la palabra rumana para lirio la planta se ve distinta. Como escritor, eso uno lo recibe como un regalo. Tenemos dos miradas sobre todas las cosas, y no es porque lo queramos, es simplemente así. Y eso se refleja en todo lo que hacemos, también en la escritura.

-Jorge Semprún dice en un libro que antes de la guerra tenía muy poco para contar, y después de la guerra y del campo de concentración, demasiado. ¿Usted conoce esta sensación?
-Claro, también tengo mucho para contar, pero yo estuve en una dictadura. Gracias a Dios, una dictadura no es un campo de concentración. Probablemente, el campo de concentración sea lo más extremo en métodos de vigilancia y represalias que uno puede experimentar. Supongo que cuanto más uno haya estado en un país donde existen situaciones represivas, tanto más uno tiene que vivir, ¿cómo decirlo?, con precisión. Hay que vivir con precisión para protegerse. Cada día uno ve tantas desgracias. Y las desgracias no les son indiferentes a las personas. En este sentido es que la percepción es distinta en las dictaduras, está como forzada, todo se vuelve intensivo. Y uno tiene daños. Creo que al escribir, los daños juegan un papel importante; quizá sea así para todos los autores. La gente que viene de una dictadura está dañada, y son daños que no se ha buscado. Yo hubiera preferido vivir en un país donde no hubiese tenido esas experiencias y quizás nunca escribir un libro. ¿Por qué escribir? Podría haber hecho cualquier otra cosa.

-Esa precisión en el lenguaje y en la mirada aparece una y otra vez en su obra. ¿Se origina en este tipo de experiencias?
-Creo que cuando era niña también miraba todo con mucha atención, y también estaba forzada a hacerlo. Era hija única, pasaba mucho tiempo sola, en un pueblo pequeño y en una familia de campesinos. Tenía que trabajar en la casa, en el establo con las vacas, eran todas responsabilidades que yo no podía asumir, y las hacía con el miedo de "no puedo, no puedo cumplir con mis tareas".

-¿Es esa la mirada infantil de sus primeras historias?
-Siempre pensé que la soledad aumenta la mirada. Y como uno está todo el tiempo vuelto sobre sí mismo, para vivir, uno tiene que hacer algo con todo eso, lo quiera o no. Además, no es fácil ser niño. Creo que ser niño es difícil porque uno está siempre dependiendo de los otros, y porque uno no puede decidir por sí mismo lo que quiere hacer. Ser niño no es lindo, es un lindo cuento de hadas. Y tampoco la situación material es lo determinante. Claro que el niño pobre la tiene peor, pero pienso que de niños somos demasiado vulnerables.

-Por un lado, para usted la literatura es inseparable de la política. Por el otro, alguna vez dijo que no cree tener ninguna misión. ¿Qué piensa de la "literatura testimonial"?
-Creo que nadie la elige. Una gran parte de la literatura en general, en el mundo, es literatura de testimonio, porque uno ha vivido algo y cuando uno escribe, escribe sobre eso. ¿Qué debería hacer si no? En las dictaduras el tema es la dictadura, y cuando al fin pasaron, en las personas que han sobrevivido dejan muchos traumas. En cada familia hay alguna catástrofe. Y eso es resultado de la realidad. Para hablar sobre algo así no necesitamos ninguna misión. Desconfío de la misión o del encargo. En las dictaduras hubo arte encargado por el Estado, y por supuesto, también una larga serie de escritores que sirvieron a esa ideología. Yo no quiero tener nada que ver con eso; en todo caso lo que tengo es un encargo interior, es más bien una necesidad, tampoco es una misión. Lo misional es peligroso. Los misioneros se salen de tono muy rápido, y eso no aporta nada a la literatura.

-En su última novela, "Atemschaukel" (Vaivén de la respiración), el protagonista dice: "para mí mismo soy un mal testigo".
-Eso es porque la memoria es un terreno muy complicado. ¿Qué significa el recuerdo? ¿Quién se acuerda de qué? Cuando la gente recuerda lo mismo, muchas veces los recuerdos son muy distintos, porque los recuerdos son individuales, son propiedad privada, los construimos en la propia cabeza. Mientras uno experimenta las cosas no tiene tiempo, además, de reflexionar sobre lo que pasa. Y el recuerdo viene de la memoria, pero también de las heridas, los daños que uno arrastra consigo. Y también nos pueden obligar a recordar; es como un estado en el que uno se encuentra. Por eso el recuerdo no es un relato que uno va buscando libremente, el recuerdo también es algo torturante. El protagonista de Atemschaukel está escribiendo con una distancia de sesenta años, se ha convertido en un hombre viejo.

-Pero lo dice antes, como si tuviera esa sensación de ser un mal testigo ya en el campo.
-Sí, ya tenía la sensación de ser un testigo falso en aquel momento porque a veces las cosas estaban tan mal que ni siquiera podía contarlas. No importa cómo uno lo diga, nunca será lo mismo que lo que ha ocurrido. La lengua es un oficio distinto al de la vida. Aun cuando uno no escribe, cuando la gente cuenta algo simplemente, también está dentro de la lengua.

-En "El hombre es un gran faisán en el mundo" y en otros de sus libros posteriores, aparecen canciones tradicionales, supersticiones, elementos mágicos. Esto ha sido comparado con el realismo mágico latinoamericano. ¿Cuál es su relación con esta tradición literaria?
-Estuve muy cerca de esa literatura, y desde muy temprano. Cien años de soledad de García Márquez fue para mí un libro muy importante, o El otoño del patriarca. En Rumania, esta cercanía viene como de un natural parecido, la literatura latinoamericana se ha leído mucho, fue muy traducida. No era capciosa. Allá también había dictadores.

-¿Será la cercanía de las lenguas?
-Sí, en esos idiomas románicos, las imágenes utilizadas por la lengua están muy cerca. Creo que en Rumania hay un muy buen olfato para la literatura latinoamericana. Quizá es una forma de mirar el mundo. Lo mágico, lo surreal juegan un papel mucho más importante en la vida cotidiana rumana de que lo que podría ser, por ejemplo, aquí en Alemania.

-Su último libro está basado en notas que usted tomó de conversaciones con el escritor rumano-alemán Oskar Pastior, que pasó cinco años en un campo de trabajos forzados. ¿Fue un desafío especial utilizar esa otra voz?
-Trabajé mucho tiempo con él, tres años, y después fuimos juntos hasta donde habían estado esos campos de trabajos forzados, en la actual Ucrania. Nos conocíamos muy bien, yo tenía cuatro grandes cuadernos con apuntes de esas conversaciones. Traté de mantener todo lo que pude de nuestro trabajo en conjunto. Por supuesto los hechos, pero también su lenguaje. El fue uno de los grandes autores alemanes, y su lengua es muy precisa y plástica. Eso lo dejé en el libro, era lo que el libro necesitaba. Pero el protagonista, Leopold, no es Oskar Pastior, yo también hablé con otras personas y he puesto varias biografías ahí dentro. Sin embargo, la mayor parte proviene de él. En ese sentido, justamente en la musicalidad de la lengua y al inventar situaciones, fui escribiendo a su par. Y me lo representaba al imaginarme y construir las escenas, acaso porque hicimos ese viaje juntos. Pero no fue más difícil que en otros libros. Trabajar con la lengua es siempre difícil.

-¿Y también trató la propia historia familiar?
-Sí, puse cosas que mi madre vivió allá. Y leí muchos libros sobre deportaciones. En cada campo las cosas eran distintas, quiénes lo dirigían, el personal de vigilancia, si eran sádicos o buenos, si eran correctos y se limitaban a aplicar las penas o si tenían un disfrute sádico al hacerlo. Y la casualidad de con quién le tocaba a uno estar en la barraca. La personas son siempre distintas, también en el campo son distintas. En todas las realidades horribles que se iban acumulando en esos campos participaba especialmente la casualidad. Cuando uno está así, tan a la merced de las circunstancias, algo pequeño puede significar la mayor de las tragedias o la mayor de las fortunas, tan fundamentales se vuelven los detalles.

-Apelando a la idea de la culpa colectiva, en 1944 la ocupación rusa en Rumania envía a aquellos alemanes que no estaban participando de la guerra a los campos de trabajo. ¿Las circunstancias se asemejan un poco al Lager de los nazis?
-Diría que las condiciones no son similares. En el campo de concentración son muy distintas que en el campo de trabajos forzados, ya desde la intención. En el campo de concentración había judíos, pero también homosexuales, enemigos del Estado –lo que los nazis entendían por enemigos del Estado–, o discapacitados. Todos estaban ahí para que los asesinaran. Esa era la meta: la extinción. El objetivo de los otros campos era la reconstrucción de Rusia –así lo llamaban. Por supuesto, eso era el estalinismo más puro, era implacable, horrible, y podía acabar en la muerte, pero esa no era la intención. Que dejaran que la gente se muriese de hambre, que la hayan atormentado así, todo eso venía por añadidura, pero la intención no era el exterminio, mientras que en el campo de concentración sí lo fue.

-¿Cree que podría haber tocado este tema antes en Alemania?
-No lo sé. Recién ahora aparecen en Rumania libros al respecto, esas memorias de la gente sencilla que estuvo ahí. Hasta hace poco, allá en Rumania el tema también era tabú, y los archivos se abrieron con la muerte de Ceaucescu para los historiadores. Antes no hubiéramos podido acceder a esa información. Y la gente tenía miedo porque estaba prohibido hablar del tema. Alguien que ha estado por 5 años en uno de esos campos, y vuelve, va a respetar la prohibición. Porque una persona así está domesticada y queda temerosa para toda la vida. Y no sé qué hubiera pasado si hubiese intentado escribir sobre esto hace 15 años. Quizás el público no hubiera tenido la distancia suficiente, o lo hubieran tomado como si lo estuviera poniendo al mismo nivel que un campo de concentración y entonces hubiera habido problemas, pero no es lo mismo.

-Hace poco publicó un artículo sobre las actividades del servicio secreto rumano, la Securitate, que la persiguió y que motivó su exilio de Rumania. Y según ha experimentado en Bucarest, sigue activo. ¿Qué cree del futuro de Rumania?
-Me gustaría que se convirtiera en un Estado democrático. Pero creo que Rumania ya ha profundizado demasiado la marcha en un rumbo equivocado. Todas las viejas redes y la gente de la Securitate, por ejemplo, los antiguos caciques del partido, han asumido las posiciones decisivas del país. Lo mismo ocurrió con la privatización, son dueños de casi todas las empresas. A ellos les pertenecen las cosas, se sirven los unos a los otros, se conocen de antes y se sirven mutuamente. Por ejemplo, se había abierto una oficina que se ocupaba de los crímenes del comunismo, y ahora la unieron a otra. El jefe de la primera había trabajado muy bien, en el correr de los años fue encontrando muchas tumbas colectivas y anónimas, en los bosques, en los campos adonde llevaban a la gente en ese tiempo. El hizo que sacaran a esa gente de ahí y la enterraran. Entretanto, la política oficial de Rumania empezó a considerarlo como algo molesto. Y todo va ocurriendo de esta forma, ésta es la tendencia. Además, la corrupción es tan grande, y todo eso tiene que ver con los viejos tiempos.

-¿Qué desearía que pasara?
-¿Deseos? Uno siempre puede desear ... que la Unión Europea mire con atención lo que está ocurriendo y que los obligue a cosas que corresponden a un país democrático.
Hay mucha gente que vuelve a ser amenazada. Esto ya no es ideológico, no es el socialismo, lo que hay en marcha es una criminalidad de gánsteres.
Cuando estos dirigentes sienten que los molestan, reaccionan muy claro y brutalmente. Todo es alarmante. Y no mejora, sino que en los últimos años es cada vez peor.

-¿Está descartado que regrese algún día?
-Sí, nunca pensé en volver. No hay por qué vivir en el lugar donde uno ha nacido. En ese país hay muchos que en su tiempo hicieron conmigo lo que quisieron. Están todos en las escuelas, son profesores en las universidades. De mucha gente sé tantas cosas. Y no quisiera volver a vivirlo. Con una vez basta.

martes, 30 de marzo de 2010

BIOGRAFÍA DE UNA TEORÍA

La Nación, ADNCultura, Buenos Aires, Argentina, 27Mar10
En La escuela de Fráncfort , Rolf Wiggershaus presenta la pormenorizada y aguda historia de una corriente filosófica decisiva
FOTO: Horkheimer y Adorno se saludan en los años 60; más atrás, se ve a Habermas Foto: Archivo
Por Pablo Gianera
De la Redacción de LA NACION
La Escuela de Fráncfort
Por Rolf Wiggershaus
FCE
TRAD.: Marcos Romano Hassán
923 Páginas
$ 120


La tentativa de escribir una historia de la Escuela de Fráncfort choca con un obstáculo infalible: la existencia lábil del objeto. De ella podrían predicarse los mismos atributos que Theodor W. Adorno había asignado al ensayo: impulso asistemático, configuración móvil, curiosidad por el lado ciego de las cosas, renuncia a la seguridad. Pero el hecho de que, como constató retrospectivamente Jürgen Habermas, no existiera en el grupo una "doctrina coherente" no quiere decir que las preocupaciones filosóficas de los integrantes no convergieran en una zona común.
En La Escuela de Fráncfort , Rolf Wiggershaus (Wuppertal, 1944) avisa ya en la introducción que "es aconsejable no tomar en un sentido demasiado literal la expresión Escuela de Fráncfort". Habría que decir, en principio, que se trató de una formación intelectual nacida al amparo de la República de Weimar e integrada inicialmente por un grupo de pensadores -Max Horkheimer, Theodor W. Adorno, Walter Benjamin, Erich Fromm y Herbert Marcuse, entre otros- que tenían en común el nacimiento en familias judías de clase media y alta, un retorno a las preocupaciones de los hegelianos de izquierda de 1840 y la adscripción a la teoría marxista. Sin embargo, esto último merece algunos matices. Para muchos de ellos, el marxismo constituía menos una praxis que una solución a determinados problemas filosóficos. Y Horkheimer, que nunca renunció a la teoría marxista entendida como línea que prolongaba a Kant, la Ilustración francesa y Hegel, tenía en su despacho un retrato de Arthur Schopenhauer.
El libro de Wiggershaus es deudor de La imaginación dialéctica , el trabajo pionero de Martin Jay, pero el modo en que toma prestado paga tributo también al asunto compartido: supera y conserva al mismo tiempo, en ese doble sentido del verbo alemán aufheben que tanto aprovechó Hegel. Los relatos coinciden en los orígenes: el financiamiento del germano-argentino Felix Weil, la fundación del Institut für Sozialforschung (nombre institucional de la Escuela de Fráncfort, denominación que empezó a usarse en la década de 1960 y que sus integrantes también adoptaron) el 22 de junio de 1924 con la dirección de Clement Grünberg, la creación de la Zeitschrift für Sozialforschung y la asunción, luego de la muerte de Grünberg, de Horkheimer al frente del Instituto. También coinciden en la etapa del exilio estadounidense y el trabajo en condiciones de splendid isolation (espléndido aislamiento) que hicieron posible la escritura de Dialéctica de la Ilustración . Hasta aquí las semejanzas. Jay se detenía en el regreso a Europa después de la Segunda Guerra. Wiggershaus completa la historia hasta 1969, año de la muerte de Adorno. Al margen del alcance temporal, el enfoque es diferente: Wiggershaus pone énfasis en las cuestiones estéticas, que Jay limitaba a un único capítulo.
A pesar de su cercanía (hecha de pugnas) con los ámbitos universitarios, la Escuela no fue una institución académica. Es más, pocos de sus integrantes accedieron a puestos académicos, o lo hicieron muy tarde. Por lo general, las tentativas de obtener una "habilitación" docente fracasaron (el propio Adorno contó que su fugaz paso por Oxford en los años treinta había sido como la pesadilla de volver a la escuela). Como ya había señalado Jay, en el corazón mismo de la llamada "teoría crítica" hubo un rechazo a los sistemas filosóficos cerrados. Ese rechazo encontraba su correlato en la organización del Instituto. Horkheimer era el pivote: con Friedrich Pollock discutía cuestiones administrativas; con Adorno, teóricas. Además de un confidente intelectual, Horkheimer había encontrado en Adorno algo que extrañaba en otros, singularmente en Fromm: la agresividad, "la mirada hacia lo existente aguzada por el odio". En rigor, casi debería decirse que, quizás porque fue discípulo de él, Wiggershaus escribió aquí una solapada biografía intelectual de Adorno, en la medida en que el examen de los intereses y escritos de los otros miembros de la escuela suele quedar justificado por su subordinación al diálogo con las ideas de Adorno. Minuciosas son las descripciones de Filosofía de la nueva música , el libro que fundó la estética musical moderna de orientación filosófica, y de las discusiones de sus intervenciones en las vanguardias musicales de posguerra con los artículos "El envejecimiento de la nueva música" y "Vers une musique informelle". En algunos casos, como cuando despliega las fricciones y afinidades intelectuales entre Adorno y Benjamin, la agudeza de Wiggershaus es ejemplar.
El tema en cuestión era aquí el estatuto actual de la obra de arte. Benjamin abrió para Adorno la perspectiva de la literatura francesa, ante todo el surrealismo (ya su artículo sobre Schubert de 1928 lleva un epígrafe de El campesino de París , de Louis Aragon), y Adorno supervisó su texto sobre la reproductibilidad técnica de la obra de arte y los borradores de El libro de los pasajes . Adorno veía esos trabajos de su amigo en estrecha relación con sus ensayos "Sobre el jazz" y "Sobre el carácter fetichista de la música y la regresión de la escucha". Las soluciones eran, sin embargo, opuestas. Benjamin pensaba que "nunca, por utópico que sea el plazo de tiempo, se ganará a las masas para un arte elevado, sino sólo para uno que les sea cercano". El problema era cómo configurar semejante arte para que fuera también elevado. Adorno creía en cambio que el arte debía mantener ese abismo. Anota Wiggershaus: "Para él, el problema no era cómo se podía acercar mutuamente al arte y las masas, sino el siguiente: ¿cómo puede hacerse plausible que el arte autónomo sea un escenario en el cual se pongan de manifiesto los problemas decisivos de la sociedad y en el cual sea posible la redención?". Es sólo una muestra escasa de la penetración del autor, del modo en que anuda teoría, biografía e historia. Lo mismo podría decirse, en el otro extremo cronológico, de las páginas dedicadas a Habermas o del relato del complejo acercamiento de Adorno al Heidegger de Caminos del bosque , ya en la década de 1960, mientras redactaba Dialéctica negativa y preparaba Teoría estética , su testamento filosófico; una cercanía que contrasta fuertemente con ese fervor tercermundista de Marcuse, ya muy alejado del núcleo de la Escuela, que lo convirtió en súbito ídolo de los revoltosos movimientos estudiantiles de la época.
Hacia el final de su libro, Wiggershaus se pregunta por la atracción y la repulsión que provocaban todavía en los años sesenta los textos de Adorno. La respuesta comporta una caracterización del trabajo del filósofo: "La combinación de amargura y romanticismo, la combinación de la interpretación social de las obras de arte y una interpretación de la sociedad que tomaba como estándar la promesa de felicidad de las obras de arte [...], la combinación de teoría de la catástrofe y atisbo de la libertad, de esoterismo y actitud drástica". Lo que se llamó "teoría crítica" (esas dos palabras radioactivas que, juntas o separadas, conservan ahora más que antes la virtud de deparar incomodidad) tiene, como la forma del ensayo, la permanente actualidad de lo anacrónico.

viernes, 26 de marzo de 2010

CUADERNOS DE MARAÑÓN: AFORISMOS INÉDITOS DE GREGORIO MARAÑÓN, MEDIO SIGLO DESPUÉS DE SU MUERTE

El Mundo, Madrid, España, 26Mar10
Mañana sábado 27 se cumplen cincuenta años de la muerte de Gregorio Marañón (1887-1960), uno de los intelectuales clave del siglo XX español por su triple dimensión de humanista, liberal y científico. También por su impagable labor en el llamado exilio interior . El Cultural recuerda hoy al humanista con estos aforismos inéditos escritos entre 1937 y 1942 que hablan de historia, vida y libertad.


Imagen: Mis amigos, carboncillo y óleo sobre lienzo de Ignacio Zuloaga (1920 - 1936), una de las joyas de la exposición dedicada a Marañón que se inauguró el lunes pasado en la Biblioteca Nacional

La libertad no es legítima si no se da con una dosis semejante de responsabilidad. Y el que no siente la responsabilidad es indigno de ser libre.
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Para juzgar la Historia hay que prescindir de este prejuicio: los hombres se dividen en buenos y malos, y los buenos se adscriben a las buenas causas y los malos a las malas. No hay causas buenas ni malas del todo; y en cada causa, sea buena o menos buena, mala o menos mala, hay siempre hombres buenos y hombres malos.
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Los celos son, casi siempre, una creación artificiosa, para jugar al amor.
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De los enemigos, lo de menos es la enemistad; lo grave es la estupidez.
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Hay hombres fracasados que tienen frente a los que triunfaron […una] actitud de resentimiento subconsciente.
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Los hombres a quienes se achaca que triunfaron porque "aprovecharon una oportunidad"; en realidad es que crearon ellos la oportunidad, sobre un pretexto que otros hubieran desaprovechado. Como los que "tuvieron suerte" es que la crearon con su voluntad de vencer.
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El conservador solo cree en lo que tiene delante. […] Para él, toda variación, es empeoramiento en cuanto concibe el presente, no como lo mejor, sino como lo único.
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La diferencia entre el hombre tonto y el inteligente no consiste en hacer o no hacer tonterías. Todo hombre las hace. La diferencia está en no enterarse o en enterarse de ellas.
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En los enfermos hay el simulador y el disimulador.
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El pronóstico racional es una forma excelsa de experimentación.
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No hay orgullo comparable al de los tímidos. La sabiduría no es extensión sino profundidad. La información (que se confunde con la sabiduría) convierte al cerebro en un almacén; pero la sabiduría no es saber cosas, sino saber comprender [y] crear, es una aptitud y no un amontonamiento de cosas. El que comprende una cosa y la sabe en su sentido profundo […] es, por lo tanto, un sabio.
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A los hombres, mientras viven, se los juzga por el gesto y no por la conducta. A veces se tarda siglos en juzgarlos bien (Felipe II).
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En la revisión de las culpas de la democracia, una de las mayores será, sin duda, la de haber creído que el intelectual está, por el hecho de serlo, capacitado para la política. Cuando el intelectual, por ser, en general, la antítesis del hombre de acción, es fundamentalmente impolítico.
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En la vida es más difícil comprender que olvidar.
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Para vivir sin hacer nada se necesita también su aprendizaje y su técnica. No es tan fácil como parece.
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El que crea una revolución, engendra un hijo que se rebelará contra el padre; tal vez el nieto le amará; tal vez cuando el creador se haya muerto.
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El puritano del deber está muy cerca de ser un sádico o un masoquista. Por eso no es nunca querido. El hombre compasivo con los demás empieza por ser indulgente consigo mismo.
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Cree a todo el mundo: no conozco mejor receta para no ser engañado. Porque más veces que los demás, nos engaña el falso concepto que hacemos de los demás.
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El papel más fácil de la sociedad es el de rey; basta tener sentido común. Ahora, lo difícil es que un rey tenga sentido común.
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Inútil discutir: no se convence a nadie por el razonamiento, sino por la emoción. El apóstol ha sido siempre un hombre que hablaba al corazón y no al intelecto. Las conversiones de los santos, han sido hechas bajo un signo emotivo. Sócrates, al que hoy leemos en frío, convencía, estoy seguro, por la emoción patética de sus palabras. En la política, que es convencer, el intelectual no tiene nada que hacer. Un epitafio que yo desearía: “Jamás denunció”.
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A veces la ovación con que termina una conferencia, significa gratitud del público por haber acabado el conferenciante.
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Tenemos que creer en Dios para que no nos parezca injusto. [¡]Y queremos que los hombres, en los que no creemos, sean justos!
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La ley proporciona dos voluptuosidades: la de cumplirla y la de burlarla.
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En los tiempos de ritmo revolucionario de la Historia, hay hombres; quizá vulgares, que saber percibir ese ritmo. Y ellos son los que aciertan, contra el criterio de los intelectuales y de los políticos expertos.
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Hay cuatro órdenes de categorías éticas ante la vida pública:
1° los que hacen política por ambición de medro personal.
2° los que la hacen desinteresadamente, por amor al bien público y tienen que aceptar el medro para poder vivir.
3° los que pueden hacer política desinteresadamente y no aceptan cargos públicos.
4° los que pueden no aceptar los cargos públicos y los aceptan.
Estos -y no los anteriores- son los mejores.
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No hay divergencia más profunda, más inexorable que la del paralelismo. […] El paralelismo es separación sin principio ni fin. En los caracteres, en las pasiones, es esto verdad, verdad.
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Pasteur ha dicho: el azar solo se muestra propicio con el hombre de ciencia que trabaja. ¡Como que el azar lo crea el esfuerzo!
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Las tres clases de personas que se equivocan más, son, por este orden: financieros, meteorólogos y médicos.
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Nunca me he preocupado, cuando hablo en público, si éste es numeroso o escaso. Siempre sé que hablo a 5 o 10 personas. Me basta con que estén éstos.
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Un enfermo mío, inglés, me decía: el primer pitillo del día, me hace siempre daño, ¿cree Vd. que lo debiera suprimir?
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¿Qué es liberalismo?: saber convivir con los que piensan lo contrario.
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Hay grandes hombres, cuya “obra” es su vida.
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Si aún pusieran los hombres motes sobre su apellido, mi mote sería: “jamás anclar”
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Una de las mayores dificultades para que el hombre sea recto es (sic) que para serlo, muchas veces, tiene que no parecerlo.
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El que no ha sentido el halago de la masa, no puede hablar. Ese no tiene mérito despreciándola. Hay que pasar por la prueba del halago de la gran fiera para que el dejarla tenga una eficacia y una ejemplaridad