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sábado, 24 de octubre de 2009

POETAS EN LA MITAD DE LA VIDA


La Nación, ADNCultura, Buenos Aires, Argentina, 24Oct09
Mapa de una generación que nació alrededor de los años 60 y se afianzó en la década del noventa. El fenómeno de los recitales masivos de poesía, un género noble que resiste a la lógica del mercado.
Por Jorge Monteleone
Para LA NACION - Buenos Aires, 2009
La escena parece un sueño barrial algo absurdo e inmediato, como esas pequeñas epifanías que el poeta Fabián Casas suele escribir. El poeta es hincha de San Lorenzo de Almagro, asiste a un partido en el nuevo Gasómetro y allí divisa a un personaje de El señor de los anillos , el montaraz Aragorn, con las facciones de Viggo Mortensen, pero luciendo la camiseta azulgrana y alentando al local como un hincha más. Con la lógica de los sueños, Aragorn declara que el equipo va a resistir: el Ciclón luchará hasta el fin porque tiene la misma entereza que la Comunidad del Anillo. Más tarde acompaña a Casas desde la Nueve de Julio hasta su barrio, como amigables cuervos. Todo parece tan real que, previsiblemente, un transeúnte que pasea con su novia los ve y exclama: "¡Es Aragorn, no lo puedo creer!". En el sueño cruzan las calles de Boedo, Aragorn lo llama "un guapo sabio" y percibe, como un recuerdo inminente que pertenece a su infancia, el aire como envejecido del tedio suburbano. Casas recuerda o imagina versos de un poema propio sobre una tormenta de verano, y repite ese vocablo imantado de Baudelaire sobre París: "El spleen de Boedo": "Bajo los látigos del agua, las plantas./ En las ventanas, los mosquiteros./ Las cortinas hechas con largas tiras de plástico,/ bailan en las puertas de las cocinas./ Y se encienden los espirales en las mesitas de luz". Aragorn, que ya se transformó en Mortensen, confirma que va a solventar una antología donde estarán muchos de los poetas de la generación de Casas y donde podría publicar el poema sobre Boedo. Lo hará en su propia editorial, llamada Perceval Press, con sede en California, y en la tapa habrá una foto algo abstracta, tomada por el propio Mortensen, cuyo nombre será "Boedo 2". Perceval es el nombre de un caballero de la Mesa Redonda del Rey Arturo, con lo cual el sueño se vuelve simétrico.
Sin embargo todo esto, con mayor o menor detalle, realmente ocurrió. La presentación en Buenos Aires de la Antología de la nueva poesía argentina (Perceval Press, 2009) fue populosa y notoria y por primera vez los cronistas del espectáculo se interesaron en la poesía argentina mientras Viggo Mortensen lucía la camiseta de San Lorenzo y escuchaba la lectura de los poetas. Tal vez no hubo en Buenos Aires una publicidad similar desde 1932, cuando Oliverio Girondo hizo pasear una carroza fúnebre con un gigantesco muñeco, con galera y monóculo, para promocionar su libro Espantapájaros . La anécdota parece cumplir lo que los surrealistas llamaban "azar objetivo": el encuentro entre una causalidad externa y una finalidad interna. Conviene a una generación poética que desde la del sesenta puede reconocerse como una figura social a la vez que literaria. Se trata de poetas cuya infancia o adolescencia transcurrió durante la dictadura -nacidos entre 1960 y 1976- y publicaron en la década menemista, era de cinismos, de malversaciones y de una cultura del espectáculo que ellos supieron cifrar en el poema como decepción y distancia, y que a la vez articularon como novedad, con todos sus riesgos y fracasos, y con presencia pública, opiniones contundentes y asunciones ideológicas. El antólogo fue Gustavo López, director de la revista Vox (ahora en Internet) y de la editorial del mismo nombre, órganos de difusión de la poesía argentina de los últimos quince años.
López señala "el ímpetu cultural que la salida de la dictadura militar desata a mediados de los ochenta" y la tarea de editoriales y revistas literarias "entre las que se destaca Diario de Poesía , publicación que repondrá nombres de obras y autores silenciados o poco considerados por efecto del exilio y la chatura impuesta en los años oscuros". Destaca la recuperación de poetas soslayados: Joaquín Giannuzzi, Ricardo Zelarayán, Leónidas Lamborghini, Juana Bignozzi. Podrían agregarse otros, pero lo importante radica menos en su lectura que en su uso, porque los poetas encontraron en ellos una visión crítica para la representación de lo real y sobre todo, una lengua. La poesía de los años ochenta lidiaba con un lenguaje que había sostenido en la sociedad argentina el discurso de la dictadura y que en el escándalo de la desaparición forzosa de miles de personas no sólo había corrompido el habla, sino también el lazo social básico: el reconocimiento del otro en la relación cara a cara. Lo visto y lo dicho, la mirada y la voz como facultades de una poeticidad en acto estaban alterados. Esto se ve en poemas como "Cadáveres" de Néstor Perlongher, donde se leía: "Era ver contra toda evidencia/ era callar contra todo silencio/ era manifestarse contra todo acto/ contra toda lambida era chupar/ Hay cadáveres". O en la serie de poemas escritos por Diana Bellessi bajo el nombre "Tributo del mudo", donde la mudez se ofrecía como una forma de la elocuencia poética para decir lo que no podía ser nombrado. Esa poesía había sido política de un modo oblicuo y creativo, junto a otros poetas que escribieron esa experiencia de otro modo, como Juan Gelman en el exilio. En la década del ochenta se desarrollaron el afianzamiento del neobarroco, ciertas derivaciones de la poesía concreta en la revista XUL , la impronta neorromántica de la primera época de la revista Último Reino , la irrupción de una nueva enunciación femenina en la poesía escrita por mujeres.
Reiniciada la democracia, apareció Diario de Poesía , dirigida por Daniel Samoilovich, y se volvió una de las revistas más importantes de América latina, por su alcance y su continuidad (su primer número data de 1986 y sigue publicándose). Realizó, con sus tiradas y su influencia, lo que Carlos Battilana llamó, en su tesis sobre las revistas de poesía de los años ochenta, el "gesto de la masividad". Varios de sus integrantes constituyeron la corriente del "objetivismo" que conformó la recuperación de la mirada corroída durante la dictadura: el objeto como correlato de una renovada percepción de lo real y como sustento de una palabra que los volvía evidentes para fundamentarse en ellos. No se trataba de una representación fenoménica ingenua, porque acarreaba también las dudas sobre los alcances de ese "realismo" presunto e incluía su propia crítica -como en los libros de Guillermo Piro, La golosina caníbal (1988), Las nubes (1993) y Estudio de manos (1999)-. También disputaba con la estética neobarroca, cuya exploración de los efectos de superficie y de las derivas del signo lingüístico confrontaba con la impronta de lo objetivo. Otros poetas confrontaron desde otra posición estética e ideológica, como Ricardo H. Herrera, director de la revista Hablar de poesía , en su ensayo "Del maximalismo al minimalismo", de La hora epigonal (1991). En ese contexto surgen los que entonces fueron llamados "los chicos de los noventa" o "perritos de ceniza", agrupados en modestas pero influyentes revistas de la época, como 18 Whiskys , dirigida por José Villa y donde, además de Casas, se nucleaban entre otros, Teresa Arijón, Daniel Durand, Rodolfo Edwards, Darío Rojo -que no están en la antología publicada por la editorial de Mortensen, pero escribieron obras representativas del período-. Jorge Aulicino, que integraba por entonces Diario de Poesía , escribió que el grupo que dio origen a 18 Whiskys fue "la tribu más influyente" en la poesía de los últimos quince años, de la cual partieron tres líneas: una nueva poesía urbana, una poesía de observación que disloca el pensamiento mágico o el comentario desmañado, una poesía de reflexión o de imaginación lírico-épica. Pero Diario de Poesía fue el marco en el cual muchos de estos poetas tuvieron su expansión: Martín Gambarotta con Punctum , Washington Cucurto con Zelarayán y Santiago Llach con "Los Mickey" ganaron concursos de la revista. Su primer antólogo también integraba Diario de poesía : Daniel Freidemberg, con Poesía en la fisura (1995). Martín Prieto y especialmente D. G. Helder, miembros de la redacción y compañeros generacionales, publicaron un discurso crítico que fue casi un manifiesto tardío en la revista Punto de Vista , 60 (1998): "Boceto Nº 2 para un... de la poesía argentina actual". En el 2001 una antología mayor unificó la variedad: Monstruos. Antología de la joven poesía argentina , con selección y prólogo de Arturo Carrera. Así la poesía de la década del noventa fue un índice proliferante, un tópico, un lugar común, un espacio de polémicas y enfrentamientos, un objeto de estudio. Surgieron nuevos poetas y editoriales, numerosos textos, antologías, recitales, blogs y un cuerpo crítico creciente, incluso en la universidad: entre otros, los ensayos críticos de Ana Porrúa, de Delfina Muschietti, de Silvio Mattoni, de Edgardo Dobry, de Ana Mazzoni, Violeta Kesselman y Damián Selci. Poetas como Bellessi, Tamara Kamenszain -que les dedicó un ensayo en su notable La boca del testimonio -, o Fogwill se interesaron en ellos y hasta existe una tesis doctoral, "La poesía joven de los noventa en la Argentina", escrita por Anahí Mallol.
La poesía es "joven" hasta que se vuelve un arte de museo. La cultura juvenil, en cambio, sí formó parte de la visión del mundo de los años noventa, del modo en que el rock contó con esa idea como un valor constitutivo, siquiera como ilusión. El sujeto imaginario de la poesía de ese período suele ser un joven que se halla en un vacío de memoria y en consecuencia debe restaurar un relato de la historia donde la épica está ausente y donde la tradición de los ancestros carece de sentido o está clausurada. Ya no puede anclarse en lo sentimental porque no existe una conciencia fundante, ni siquiera biográfica. "No es cierto que la emoción perdure", escribió Helder. Carece de futuro, en el sentido utópico de una proyección en la historia, porque el futuro llegó hace rato: se siente un desclasado y a la vez sabe que su segura herencia fue la derrota de la generación que dio los pasos previos. El presente, dijeron, fue su tiempo absoluto y lo inmediato, el sitio de su nostalgia vacante. Era una versión nueva del "solicitante descolocado", imaginado por Leónidas Lamborghini, pero en la era de la convertibilidad. En la Antología... hay fragmentos de libros emblemáticos en que se manifiesta este carácter en 1996: La Zanjita , de Juan Desiderio, o Punctum , de Martín Gambarotta. El primero comienza en la zanja donde alguien se corta la mano para desenterrar un billete. Allí no hay un yo que enuncia, sino espacios donde se escenifica un habla menesterosa en que la oralidad corta el cuerpo de la lengua, corta las eses y los tendones: "Meté la mano/ sacá lo hueso de poyo/ de la zanja/ meté la mano/ te cortaste lo dedo/ por sacar la mitá/ de lo cien peso/ de la tierra/ y sus tendones/ se vieron hermosos/ bajo el sol". El segundo muestra una pieza aislada, donde alguien "no sabe quién es" y percibe los pobres objetos que lo rodean como figuras estáticas de un ruinosa cotidianeidad y donde la luz proviene de un televisor al final de la programación, como única ventana al mundo: "nada/ hace suponer el final de la transmisión nocturna/ que ahora termina y deja/ la pantalla nevada/ trasladando a la penumbra del pasillo/ la oscilación de un aire gris que no provoca/ ninguna emoción salvo en las cosas". Y así los objetos están allí pero sin aura, nuevos para la poesía porque no son poéticos. Integran un paisaje urbano de fábricas cerradas y persianas bajas, donde el progreso ha cesado, recorren las calles anónimas figuras hambreadas, y hay sitios donde sólo se halla el óxido, animales sueltos, detritus, restos, toda la "gama de lo inútil": D. G. Helder lo describió así en El guadal (1994), donde "toda pretensión de certidumbre tiene el destino/ de las gotas que caen desde un alto inútil/ alambique en un tambor de aceite". Un solitario texto de 1993 pudo ser un modelo: 40 watt de Oscar Taborda. Un poema narrativo o nouvelle en verso, que se demoraba en un paisaje de desechos y carencia, objetos cariados en el río que se angosta junto a la basura industrial y que incorporaba los sujetos de la pobreza con un ademán político que otros retomaron: construir una épica menor de la indigencia. Así también se perpetuaron los relatos y los personajes del margen en libros como Música mala (1997) o Metal pesado (1999), de Alejandro Rubio, que ahora se cobraba las contradicciones de la democracia claudicante que ni curó ni educó ni dio de comer, o como La raza (1998) de Santiago Llach, que en "Los Mickey" escenificó la anécdota de unos descendientes conchetos de las guardias blancas que ahora "cazan negros cerca de la villa del Bajo". Washington Cucurto, seudónimo de Santiago Vega, menos trágico o menos cínico, recreó un glosario de la farsa urbana sexualizado, vitalista y a la vez solidario con sus personajes populares: inmigrantes ilegales, prostitutas y pungas, empleadas y bailanteros, sirvientas con cama adentro, el mundo que Cortázar negaba en su relato "Las puertas del cielo", ahora con valor positivo. Su voz es una invención que al fin se apropia de la identidad del poeta con el uso del seudónimo: en La máquina de hacer paraguayitos (2000) Santiago Vega es el albacea de un tal Washington Cucurto, "poeta dominicano nacido en 1942" que inaugura el "realismo atolondrado". De estas corrientes de los poetas de la década del noventa, los de la generación siguiente toman y procesan muchos rasgos, como en dos interesantes libros de 2007: El Maldonado , de Miguel Ángel Petrecca, o Increíble , de Mariano Blatt.
Otros poetas recrearon mínimos atisbos de la infancia en el espacio familiar. Pero no como nostalgia, sino como la manifestación de una micropolítica donde el universo opresivo de la dictadura se desplazaba en las figuras parentales, en la monotonía cotidiana, en una visión como aniñada carente de un fantaseado encanto, pero bastante siniestra. En este aspecto fueron claves los primeros libros de Verónica Viola Fisher -no incluida en la Antología... -: Hacer sapito (1995), donde se lee: "Los hombres no lloran/ y mi hija tampoco/ llora porque/ tiene los ojos/ de su padre", o de Martín Rodríguez, Agua negra (1998), donde se lee: "el sentido de la palabra casa no lo podés/ cambiar/ la casa en su sentido/ de juntarnos, mamá,/ es la palabra que no me podés quitar/ de adentro, el sentido de la casa/ es estar juntos, si/ se destruye/ lo que queda es agua negra". En la Antología... se incluye un poema de otro libro fundamental de Rodríguez: Maternidad Sardá (2005). No sólo la infancia, sino lo infantil como una especie de miniatura objetiva se lee en El collar de fideos (1997), de Roberta Iannamico. Y asimismo una especie de catálogo perceptivo en los poemas de Laura Wittner -casi todos tomados de un libro de 2001: Las últimas mudanzas - donde el mundo nunca termina de asentarse, de clasificarse: la mirada es "como una ventana más", diluye la totalidad, que muta de una cosa a la otra, no en analogías metafóricas, sino en diferencias concretas. Esa forma de aparición del mundo tiene también algo de infantil y a veces de dichoso, aunque alejado de todo saber unitivo sobre lo real: "Como en la infancia -escribe-/ fuimos felices por error".
Dos poetas marcan en la Antología... un giro cualitativo respecto de los inicios de la poesía de los años noventa: Poesía civil (2001) de Sergio Raimondi, y La impresión de un folleto (2003) de Mario Arteca. El primero ejercitaba de un modo novedoso un nuevo vínculo entre la imaginación poética y lo sociopolítico, con uniones tan agudas como inesperadas: "es curioso que la métrica,/ considerada por el poeta como el elemento similar y constante/ que organiza todo un modo de componer,/ actúe tal como el regulador que por ese tiempo/ Watt introdujo en la máquina a vapor". Su trabajo con la forma, que elude todo lirismo y se oculta en lo argumentativo, en una prosa poética instrumental y hasta informativa sobre el ámbito laboral de Bahía Blanca, indaga críticamente la función de la poesía en la lógica del tardío capitalismo periférico. El segundo compone su libro de poemas como una vasta glosa a un catálogo de pintura del Instituto Di Tella publicado en 1963, donde el objeto percibido es suplantado por la imagen pictórica como otro correlato de la percepción y donde todo "lo que se está viendo" pasa al crédito de lo imaginario. Ya no se denuncia siquiera la pérdida del aura, sino el vacío de la percepción toda vez que los objetos en la sociedad globalizada son mercancías o desechos y éstos se reciclan otra vez como mercancía o elemento contaminante: el capitalismo transfigura el mundo de los objetos en campo de pura exclusión subjetiva. Así cae el último bastión de una cierta pureza de la mirada, de modo que los poetas de la segunda promoción de la década del noventa advierten con mayor agudeza que sólo es posible intervenir políticamente en lo real mediante la exploración del habla como pura exterioridad. O bien, como señalaron Selci y Kesselman comentando el precursor La Zanjita , el habla no es sólo un modelo, sino que se vuelve objeto eminente: "el habla es para la poesía la objetividad del presente". Intuyeron que en la poesía argentina, desde la gauchesca, la oralidad como representación poética siempre es social. Y así varios poetas acaban por componer una poesía explícitamente política: Rubio escribe sobre "la mente de Perón" en Novela elegíaca en cuatro tomos y Llach publica Aramburu .
Hay más poetas, no mencionados aquí: aquellas que procesan desde otro lugar la herencia de la poesía femenina cruzada con la estética pop (Fernanda Laguna, Gabriela Bejerman, Marina Mariasch) o con otras posiciones enunciativas (Gabriela Saccone, Patricia Suárez); aquellos más afines, por su dicción poética, a la poesía de la generación que sigue (Damián Ríos, Francisco Garamona, María Medrano, Ana Wajszczuk); y por cierto Martín Prieto y Fabián Casas, reconocidos iniciadores. Y hay también muchos poetas que no están incluidos, cuya obra revela un desarrollo muy considerable y a veces más atractivo que ciertos elegidos. Pueden mencionarse, entre muchos otros importantes, los que Mallol llamó "poetas del sigilo", como Carlos Battilana, Osvaldo Bossi o Silvio Mattoni. Cada uno a su modo no explora el objeto como desecho, sino el sujeto como residuo de lo sentimental o lo autobiográfico, ya ni siquiera en un absoluto presente sino en el tiempo fugaz del instante, casi a punto de desvanecerse, pero que resiste desde lo no intercambiable de la experiencia poética y aun de la experiencia vivida en sí misma. Poetas que no son leídos porque no entran en ese circuito, como Guillermo Saavedra, que trabajó el sarcasmo y la parodia al sentimentalismo con elocuencia ejemplar en El velador (1998). O el patagónico Cristian Aliaga, cuya obra poética, desde Lejía (1988) y No es el aura de Kant (1992), se perfecciona en La sombra de todo (2007), donde expone con minucia una conciencia desgarrada en la "escoria de la duración". O bien poetas para cuya obra no se han creado condiciones de legibilidad, como la de Adrián Navigante, residente en Alemania. Su obra ya es vasta, pero su libro más ambicioso es Unusmundus (2007), texto de cuatrocientas páginas inadvertido, como lo fue el igualmente inclasificable Himalaya o la moral de los pájaros (1970), de Miguel Ángel Bustos. Su tema es el despliegue de la p óiesis (el hacer poético) en la totalidad de una especie de cosmogonía, proyección a la vez personal y suprapersonal, histórica -política- y sagrada, aunque antirreligiosa. Una obra compleja, que trabaja el espacio de la página en dos niveles como figuración especular e invertida, que se resiste a ser cosificada y aspira a existir como acontecimiento.
La Antología... de López es un cierre, una muy parcial pero honesta evaluación de una tendencia consolidada, que cuenta con su propia mitología, con Mortensen como inesperado deus ex machina . Sigue la proyección individual de los poetas, el diálogo especular o divergente que tengan con sus comienzos, donde en algún caso se hallará lo más singular de su trabajo poético. El lector puede descubrir a poetas aún más "jóvenes", nacidos en los años ochenta, en la antología Última poesía reciente (Ediciones en danza, 2008) editada por Javier Cófreces, Eduardo Mileo y Gabriela Franco.
"La poesía no nace", pero siempre comienza, aquí, allá y en todas partes. Todo el resto es literatura o, como parafraseó Daniel Durand en "Segovia": "La poesía todavía no existe/ Nunca va a haber literatura".

jueves, 9 de julio de 2009

ODA ESCRITA EN 1966


Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete
que, alto en el alba de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce por el tiempo,
ni los otros que miran desde el mármol,
ni los que prodigaron su bélica ceniza
por los campos de América
o dejaron un verso o una hazaña
o la memoria de una vida cabal
en el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.

Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
cargado de batallas, de espadas y de éxodos
y de la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,
y de rostros que van envejeciendo
en los espejos que se empañan
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba
y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.

La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo. (Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y brusco relámpago, Su olvido.)
Nadie es la patria, pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros
de ser lo que ignoraban, argentinos,
de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.

Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso.

Jorge Luis Borges

domingo, 3 de mayo de 2009

LAS DULCES PALABRAS DEL REGRESO


La Capital, Rosario, Argentina, 03May09
Aquí y ahora. “La poesía está signada por un elemento romántico en el sentido profundo del término”, dice Bellessi. (Gentileza: Página 12)
La reciente aparición de Tener lo que se tiene. Poesía reunida, de Diana Bellessi (Zavalla, 1946), publicada por Adriana Hidalgo editora, con prólogo de Jorge Monteleone, pone a disposición del lector una obra que se cuenta entre las más influyentes y singulares de la poesía argentina contemporánea, y vuelve a confirmar la plena vigencia de una producción que se ha venido desenvolviendo con una solidez incontestable durante más de treinta años, al tiempo que nos deja entrever la vitalidad en la que se afirma su desarrollo futuro.

La amplitud de matices que caracteriza la voz poética de Bellessi, y que se deja apreciar aquí sin interrupciones, constituye uno de los rasgos distintivos de esa potencia lírica que imprime a su obra una fuerza de irradiación y una intensidad inconfundibles, en la medida que “lírica es —según palabras de la misma autora— una voz desnuda en la impudicia de volverse sobre sí y hallar, en lo profundo del yo, aquello que lo rebasa, aquello que también le hace lugar de habla cuando se hablan las pequeñas cosas, las pequeñas voces en concierto”.
En este sentido, no es un dato menor el que esta Poesía reunida, integrada por los diez primeros libros de Bellessi —muchos de ellos prácticamente inconseguibles— más un inédito (Tener lo que se tiene), que da título al conjunto completo, ciña su ordenamiento “a una cronología de escritura y no de edición”. De tal modo, propone un itinerario que permite apreciar en toda su envergadura el despliegue de una producción tan orgánica como sorprendente, delimitando una franja temporal que se extiende desde mediados de los setenta —fecha aproximada de escritura de Buena travesía, buena ventura pequeña Uli, que abre el presente volumen— hasta la actualidad; para cerrarse —aunque quizás sería más justo decir “para volver a abrirse”— con la entrega de una última sección que ha sido intencionalmente excluida del índice, “Pista oculta”, en la cual se enmarca el extraordinario poema “La corona”, ofrecido como anticipo de un libro por venir.

La voz, el canto
Y es que si algo se hace evidente aquí es que la lírica, operando según una dinámica que penetra la historia hasta su raíz mítica, y emocional, funda una palabra que se arraiga con intensidad en el presente para sostenerse magnéticamente señalando el porvenir.
Esta cualidad, que se aprecia desde los primeros poemas de Bellessi, supone asimismo la construcción de un yo lírico cuyo rasgo central es la kinesia, en un movimiento que alude al mismo tiempo a la unidad y a la multiplicidad, porque es un yo construido en viaje, en peripecia vital, y porque es un yo siempre “visto desde lo otro, en la hermandad de lo viviente, con la esperanza de la unidad o el horror de lo mortal y lo escindido” —como también señala Bellessi—.
La voz, por su parte, se abre espacio en el seno de esa tarea de construcción, y lo que gana para sí en ese periplo es la anonimia, la diferencia conquistada en la entrega y no en el cierre del ego sobre sí; en la disposición continua de hacerse y deshacerse y no en el apego inerte de la conservación solipsista. Signos de esto encontramos ya en Buena travesía, buena ventura pequeña Uli, y en cada uno de los libros que le seguirán, pero el desborde se produce sin duda en Sur (1998), donde la simultánea intimidad e intemperie del paisaje americano donará un nuevo encuentro con aquellas voces que se creían perdidas pero que, una vez reencontradas, se vuelven revelación de una continuidad que tiende a desarmar las máscaras; y a partir de allí, ya no dejará de ocurrir: “yo” será “yo con otros” y la voz apelará siempre a darse como “la pequeña voz del mundo” y, clara, luminosamente, como canto; y esto no cesará de afianzarse en libros como La edad dorada, Mate cocido, La rebelión del instante, hasta Tener lo que se tiene.
En el camino, la elección por lo otro y los otros irá marcándose de distintas maneras. Lento alzarse de una pertenencia que demandará entrar también a una lengua astillada en el crispamiento de traer a la palabra lo que ésta se resiste a representar, como en Eroica (1988), portando la rebelión de una integridad sentida como derecho propio, para abrirse desde allí, poco a poco, a una nueva forma de la reunión, y dar cauce a aquel concierto de voces atendidas por “cuidado de lo otro y poder/ no de poseer, de dejarse/ ir”.
El poema se afirmará cada vez más como canto, pero para salir al encuentro del habla —a la que Bellessi llama “prima hermana de la poesía”—, aquella que es capaz de saltar y correr y crear sentidos como chispas que estallan y al momento se han perdido; lo que le permitirá al poema entregarse a una forma más blanda, pero, al mismo tiempo, le demandará una creciente atención y oficio, para mantenerse abierto a todo lo que habla.
Y los que hablan son, sí, los otros humanos, pero también la brizna de hierba, el pájaro, el jardín, el montecito. Son los antepasados italianos, y los peones golondrina, y los vecinos, y alguien que pasa, y la murga, y la gente de la tierra, y los que caminan en una manifestación, y la amada, los amigos, y los buhítos, el zorzal, la oruga, el arbolito, la luna, el rocanrol, la cumbia, las coplitas... Y este es el concierto al que se entra con el poema no para dirigir, sino para ser parte.
El canto, ya para siempre enlazado al habla, porta en la voz lírica que sostiene los poemas de Bellessi respiraciones, ritmos, entonaciones que hacen del poema un habla que canta y un habla encantada: embeleso de la repetición y rasgadura, imposibilidad de enlace del sentido en total y encabalgamiento que arma la cadena por entrega de la voz a su vocación de suturar y sostener la herida al mismo tiempo. No puede alcanzarse en plenitud “esto a decir”, pero en su decir entrecortado, a veces quebrado o casi balbuceante, “yo es una fiesta”, y en medio de la fiesta roza la plenitud por su flanco imposible, porque canta y dice, reúne, la palabra suelta, el saludo, las coplitas antiguas, la tradición del siglo de oro, los y las poetas leídos...

De una ética
De esto se trata la dinámica de lo propio y lo ajeno, de lo humano frente a la naturaleza que también lo toca, de la naturaleza ya definitivamente tocada por lo humano, de la historia a la que se entra por la emoción, del semejante que lo es no en el mero “parecerse”, sino en tanto rostro que, vuelto hacia nosotros, demanda la continua tarea del amor. ¿Para qué? Para sacarse de lo uno y devolverse a él, para pelearse con la sordera (la que no deja escuchar al otro humano y al otro del paisaje, es decir, el sonido de los vivientes, la música de los vivientes que tiene sus pausas, que hace también sus silencios de muerte, de vergüenza), la que demanda cultivar la atención, la atención como obediencia a una ética que claramente se inclina por el que es dejado afuera, privado del derecho a presentar su diferencia y a reclamar con ella no sólo un lugar, sino un buen lugar en el mundo, su puesto en lo sagrado, esa “relación pura // de las partes en el sueño del todo enamorado / que por un momento se saluda recordando: yo / soy vos en el conjunto, en la música inefable / y al mismo tiempo al alcance de la mano?”.
Por eso es política esta voz lírica y rebelde y muchas veces furiosa, y también íntima y siempre, siempre en viaje, para no dejar de recordarnos que “el misterio es cerca”.

jueves, 26 de febrero de 2009

MORENTE SE FUNDE CON EL TANGO EN BUENOS AIRES


El País, Madrid, España, 26Feb09
Múltiples eventos culturales se dan cita en la I Bienal de Flamenco que comenzó ayer en Argentina.
En la fotografía Enrique Morente, a la derecha, junto al periodista Miguel Mora en Buenos Aires en el marco de la bienal.- EFE
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ - Buenos Aires -
El cantaor Enrique Morente se convirtió ayer en el símbolo de la I Bienal de Flamenco que se desarrolla, hasta el próximo 1 de marzo, en Buenos Aires. La iniciativa cultural, promovida por el Ministerio de Cultura y la Ciudad de Buenos Aires, consiste en la celebración de más de 50 actos (recitales, conferencias, exposiciones y espectáculos de baile y cante, así como talleres de guitarra, cajón o baile), en teatros, locales y bares notables de los diferentes barrios porteños, desde un paseo de Puerto Madero, que acoge una muestra de grandes fotografías, hasta el famoso Café Tortoni (el favorito de Jorge Luis Borges), donde se podrá ver a un gran grupo de bailaoras, pasando por el teatro Presidente Alvear.

El acto central de la bienal será un concierto al aire libre del grupo Lagartija Nick, el próximo sábado, en la avenida de Mayo. Un espectáculo en el que se mezclan rock y flamenco con textos de Federico García Lorca y del poeta y cantante canadiense Leonard Cohen.
Enrique Morente, por su parte, protagonizará un acto de clausura en el teatro Presidente Alvear, en el que el cantaor granadino recibirá a grandes figuras del tango argentino, como ya hace en el tradicional Festival del Tango que se realiza actualmente en Granada y en el que cante flamenco y la canción y el baile más famoso de la historia de Argentina configuran un espectáculo único.
El artista granadino, que asistió a la presentación de dos libros que tratan aspectos de su obra (Voces del flamenco, una amplia colección de entrevistas de Miguel Mora, y Una voz libre, de Balbino Gutiérrez), recordó que el gran cantaor Antonio Chacón visitó en 1914 Buenos Aires y llenó durante un mes uno de los principales teatros de la ciudad. Chacón presidió después el Concurso de Cante Jondo organizado en Granada por Manuel de Falla y García Lorca.
Morente, que ha resaltado siempre los lazos y admiraciones mutuas entre flamencos y gente del mundo del tango, aprovechó su viaje a Argentina para visitar la casa en la que vivió Falla durante sus últimos años de exilio, en Alta Gracia, a unos 30 kilómetros de Córdoba.

sábado, 20 de diciembre de 2008

UN JUSTO DESAGRAVIO AL VINO


Días pasados publicamos LOS CALIFORNIANOS ENVASAN VINO DE CALIDAD EN TUBOS DE CARTÓN (Clic para ir a la nota)
Hoy cumpliendo con nuestro deber cultural, publicamos este soneto de Don Jorge Luis Borges, a modo de desagravio para este elixir que dio brillo a milenios de cultura. Degústenlo... ¡Salud!

SONETO DEL VINO
¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?

Con otoños de oro la inventaron. El vino
fluye rojo a lo largo de las generaciones
como el río del tiempo y en el arduo camino
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.

En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo nuevo que este día le canto

otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.

J.L.Borges

lunes, 21 de julio de 2008

POEMA DE OCTAVIO PAZ


Por Octavio Paz, La Nación- ADN, Buenos Aires, Argentina, 18Jul08
Viernes 18 de julio de 2008

COMO QUIEN OYE LLOVER

Óyeme como quien oye llover,
ni atenta ni distraída,
pasos leves, llovizna,
agua que es aire, aire que es tiempo,
el día no acaba de irse,
la noche no llega todavía,
figuraciones de la niebla
al doblar la esquina,
figuraciones del tiempo
en el recodo de esta pausa,
óyeme como quien oye llover,
sin oírme, oyendo lo que digo
con los ojos abiertos hacia adentro,
dormida con los cinco sentidos despiertos,
llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
aire y agua, palabras que no pesan:
lo que fuimos y somos,
los días y los años, este instante,
tiempo sin peso, pesadumbre enorme,
óyeme como quien oye llover,
relumbra el asfalto húmedo,
el vaho se levanta y camina,
la noche se abre y me mira,
eres tú y tu talle de vaho,
tú y tu cara de noche,
tú y tu pelo, lento relámpago,
cruzas la calle y entras en mi frente,
pasos de agua sobre mis párpados,
óyeme como quien oye llover,
el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,
es la niebla errante en la noche,
como quien oye llover
es la noche dormida en tu cama,
es el oleaje de tu respiración,
tus dedos de agua mojan mi frente,
tus dedos de llama queman mis ojos,
tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,
manar de apariciones y resurrecciones,
óyeme como quien oye llover,
pasan los años, regresan los instantes,
¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?
no aquí ni allá: los oyes
en otro tiempo que es ahora mismo,
oye los pasos del tiempo
inventor de lugares sin peso ni sitio,
oye la lluvia correr por la terraza,
la noche ya es más noche en la arboleda,
en los follajes ha anidado el rayo,
vago jardín a la deriva
entra, tu sombra cubre esta página.
Octavio Paz

miércoles, 23 de enero de 2008

VERSOS DE UN AMIGO


RECUERDOS

De los charcos hace la luna
panderos de plata silenciosos.
Sombras de dedos hermosos
los tañen sin música alguna

No te asustes niña hermosa
de la sombra que se mece.
Es el sauce que estremece
su cabellera sedosa.

Baila lánguida su sombra
al compás de la brisa serrana,
que a los hados hermana
con las luciérnagas en tromba.

Sus linternas luminosas
danzan al son del aroma,
a sierra, a alfalfa de la loma,
a acequias perezosas.

La música silenciosa
de las argentinas cajas
juega con el agua entre las lajas
donde te miras esplendorosa.

Susurra el viento en el porche
y tu suspiras en los lazos
de los lánguidos brazos
del lúbrico duende de la noche.

Y ese suspiro arranca
el eco del aljibe envidioso
que se estremece temeroso
de tu púdica risa franca

¿Suspiras?, sí, conmovida
por aquello que es sólo sueño,
del tiempo del que no soy dueño;
de la lejana juventud vivida...

Tiempo que como la arena
pasó mil veces por las ampolletas
y escapó arisco haciendo piruetas
dejando atrás una vejez serena.

Octavio Ochoa (a) “el 88”

sábado, 24 de noviembre de 2007

UNA REUNIÓN DE AMIGOS, Y ALGUNOS VERSOS DE LOS MUCHOS QUE DESCUBRIMOS


UNIÓN, AMISTAD, COOPERACIÓN

Con Luis a visitar, los dos fuimos al amigo,
y no dimos, recibimos. ¿Porqué- me digo-
volvimos teniendo más, si fuimos a dar AMISTAD?
Y la duda me contestó, que la amistad es UNIÓN,
y que de esa conjunción, nace sólida COOPERACIÓN,
ya que las tres acrisoladas, se alean en hermandad.
Octavio Ochoa (a) “El 88”


La Redacción debe aclarar que de la decenas de versos que hallamos; sólo seleccionamos tres, ya que pese a la libertad que nos dio Hugo, mantuvimos en su intimidad aquellos que nos parecieran que merecía ser respetada.
Los versos no tienen nombre, y como tal los publicamos. Como guinda del postre descubrimos un mural también de la mano de Hugo, cuya foto encabeza estas líneas. ¡Gracias Hugo por la llaneza con que te brindaste!

ALGUNOS VERSOS DE GIBERTI

Hoy nació Martina,
Con ansiedad la esperamos:
Jessy, Nacho, Eugenia,
Yo nervioso y Delfina.
Ya tengo el cuarteto,
Un varón y tres niñas
Son gracias de mi vida
¡Gracias Marcia querida!
18-Ago-07

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Cuando ellos están
Es hogar que vive
Y hasta en las paredes
Sus voces se inscriben
Cuando ellos se van
Todo se detiene.
¡¡Y todo vuelve a ser
la nada que contiene!!

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Confié en la sonrisa,
Hace muchos años
Y a pesar de todo,
La tengo en mis labios.
Nunca tengo tristeza
Si estoy con mis nietos
Ellos son un motivo
Para seguir siendo.
En la sonrisa de ellos
Está mi sentimiento
Ellos me reviven
Y sonrío por dentro.

Hugo Giberti

domingo, 2 de septiembre de 2007

DIVERTIMENTO, SÓLO ESO ES LO QUE AHORA PUBLICAMOS.


La Redacción cree conveniente
no privar a los lectores,
sin por ello ser aduladores,
de este pensamiento eminente.

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PARA NOSOTROS UN SERVIDOR,
ALGA DE ALVARENGA
COMO DICE LA ACADEMIA DE LA LENGUA,
LIMPIA, FIJA Y DA ESPLENDOR.


No por mis ganas de hablar,
que ustedes lo saben bien,
yo les voy a demostrar
que es preciso meter mano
al idioma castellano,
donde hay mucho que arreglar....
¿Me quieren decir por qué,
en tamaño y en esencia,
hay esa gran diferencia
entre buque y un buqué?
¿Por el acento? pues yo,
por esa insignificancia,
no concibo la distancia
de presidio y presidió,
ni de tomas a Tomás
ni de topo al que topó.
Mas dejemos el acento,
que convierte, como ves,
las ingles en un inglés
y pasemos a otro cuento.
¿A ustedes no les asombra
que diciendo rico y rica,
majo y maja, chico y chica,
no digamos hombre y hombra?
Por eso no encuentro mal
si alguno dice cuala,
como decimos Pascuala,
femenino de Pascual.
¿Por qué llamamos tortero
al que elabora una torta
y al sastre, que trajes corta,
no lo llamamos trajero?
¿Por qué las Josefas
son por Pepitas conocidas,
como si fuesen salidas
de las tripas de un melón?
Este asunto y otros mil
en nuestro idioma son vaguedad,
de largo sacan largueza
en lugar de larguedad
y de corto, cortedad,
en vez de sacar corteza.
De igual manera me quejo
de ver que un libro es un tomo,
será tomo, si lo tomo
y si no lo tomo, lo dejo.
Si se le llama mirón
al que está mirando mucho,
aunque mucho ladre un perro
no se lo llamará ladrón.
Porque el sufijo "on"
indica aumento, es extraño que a un ramo
de gran tamaño no se lo llame Ramón.
Y por la misma razón,
si los que leyendo
un gran rato están pasando,
están pasando un ratón.
El idioma castellano tiene mucho que arreglar................

Alga de Alvarenga,
el que nunca anda con una renga,
más si es menester, sale con la que venga.

lunes, 27 de agosto de 2007

DOS VIDAS RESUMIDAS EN UN POEMA


Vos y Yo - Yo y Vos
La vida, como arroyo de montaña, a veces angosta, a veces torrentosa, siempre renovada y siempre cambiante, nunca la misma.
Nosotros dos, en permanente travesía, cruzando por las piedras en la corriente, dándonos la mano, uno apoyado en el otro, alertando sobre el paso difícil y afirmando sobre el pisar seguro.
Cruzando y cruzando, la otra orilla no importa, sólo nosotros dos amándonos sobre el arroyo de esta linda vida.
Nunca eres tú, siempre eres todas las otras, como en mis sueños te veo.
Nunca soy yo, siempre soy todos los otros, como en tus sueños me ves.
Nunca fuimos dos, siempre fuimos uno.
La vida pasará, pero mi eternidad será la tuya y yo, de todos, tuyo yo.
Mis hijas, nuestras hijas, sus hijos nuestros hijos, sus amores son los nuestros. De todas partes son, los lazos del amor.
Siempre tu y yo, y los demás también.
Atrás hay todo, futuro también, presente es amor.
Sólo se que te quiero, objeto de mi alma, eres una ráfaga real en mi sueño que me hace vivir.

Alberto a Kika

viernes, 17 de agosto de 2007

UN AMIGO NOS ENVÍA UN POEMA DE ADHESIÓN A NUESTRO HOMENAJE AL PADRE DE LA PATRIA


17 DE AGOSTO

SE DURMIÓ EL SOLDADO.
VELARON SU SUEÑO
LOS QUE AMÓ Y LO AMARON.

EL SE FUE MUY LEJOS
A OCULTAR SU GLORIA
CUANDO LO NEGARON.

SOLO PEREGRINOS FUERON A BUSCARLO
PORQUE ÉL ERA UN TEMPLO.

SU VIDA FUE UN VUELO
QUE ALCANZAR NO PUEDEN
LAS ALAS NI EL TIEMPO.

SU EJEMPLO ES ETERNO,
TANTO EN LAS HAZAÑAS
COMO EN SU SILENCIO.

NO HA MUERTO EL GUERRERO,
A DIARIO NOS DICE
COMO SEGUIR SIENDO

HUGO ALFREDO GIBERTI