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martes, 8 de noviembre de 2011

LOS CABALLOS REALISTAS DEL ARTE RUPESTRE EN EL PALEOLÍTICO

Pinturas rupestre de caballos prehistóricos.en cuevas de Francia.| PNAS
EL MUNDO, Madrid, Rosa M. Tristán | Madrid.- Actualizado martes 08Nov11 12:45 horas.

Durante mucho tiempo se ha especulado que algunas de las pinturas prehistóricas, especialmente las de caballos de colores poco habituales, son prueba de la capacidad simbólica de aquellos primeros humanos modernos. Ahora, un estudio realizado con ADN antiguo ha puesto de manifiesto que estos caballos existieron realmente, y por tanto los habitantes de estas cuevas se limitaron a retratar lo que veían a su alrededor.
El equipo, dirigido por Melanie Pruvost, del Instituto Leibniz para la Investigación de la Vida Salvaje (Alemania), publica en esta semana en la revista 'Proceedings of National Academy of Science' (PNAS) que todas las variaciones en el pelaje de los equinos predomésticos que se ven en las pinturas de las cuevas paleolíticas existieron, incluido el caballo con manchas de leopardo.
Hasta ahora, otros estudios genéticos habían probado que en aquella época había caballos color canela y negros, pero no con manchas, por lo que algunos arqueólogos atribuían pinturas en las que éstos aparecen a creaciones simbólicas. Así se explicaba el caso de los caballos con manchas negras de las cuevas de Pech-Merle, en Francia, de hace unos de 25.000 años, similares a los modernos 'caballos leopardo'.
Los investigadores, entre los que está Arturo Morales-Muñiz, de la Universidad Autónoma de Madrid, analizaron el ADN rescatado de fósiles de caballos, de hace 35.000 años, encontrados en Siberia, Europa del este y en la Península Ibérica, en total en 15 yacimientos diferentes.
Cuatro de las muestras del Pleistoceno y dos de la Edad del Cobrecompartían un gen asociado a las manchas del leopardo, una evidencia de que los caballos con manchas existían entonces. Otros 18 caballos eran marrones y siete negros, una muestra completa del catálogo que fue retratado en las cavernas.
Manchas en la piel
"Nuestros resultados sugieren que, por lo menos para los caballos salvajes, las pinturas de cuevas paleolíticas, incluyendo las pinturas notables de caballos manchados, se basaron en el aspecto de la vida real de animales", confirma el profesor Michi Hofreiter, otro de los autores, de la Universidad de York. "La conclusión es que las pinturas son reflexiones sobre lo que los seres humanos de entonces veían en su entorno", añade.
Para Pruvost se trata de los primeros pasos en la aplicación de las herramientas genéticas en estudios sobre la vida en el pasado, incluso en temas tan dispares como el arte.
No se sabe con exactitud cuantos yacimientos paleolíticos contienen pinturas de animales, pues de algunas imágenes aún se discute su especie, pero sí que al menos hay 40 enclaves en la región de Dordogne-Périgord (Francia) y en la cornisa Cantábrica española. En casi todos ellos hay caballos.
La motivación que llevó a los artistas a retratar estos animales está todavía en discusión. Las pinturas de Pech-Merle particularmente han generado mucha discusión. "La gente dibujó lo que vio, y eso nos da mayor confianza en la comprensión de las pinturas paleolíticas de otras especies como si fueran ilustraciones", señala Pruvost.
Hoy la variación del caballo manchado sigue siendo popular, con razas como Knabstrupper, Appaloosa y Noriker. El hecho de que cuatro de cada 10 caballos europeos en el Pleistonceo fueran de este genotipo nos dice que no era raro, aunque el más común, como ahora, sí era el de color marrón, que también es el más habitual en las pinturas rupestres.

martes, 19 de abril de 2011

UN REPTIL, VÍCTIMA DEL DOLOR DE MUELAS MÁS ANTIGUO

Mandíbulas de 'Lambidosaurus', utilizadas en la investigación.| Reisz R R.Science Daily
EL MUNDO. Madrid, Rosa M. Tristán | 19Abr11, 16:48 hora española
PALEONTOLOGÍA | Investigación en Estados Unidos
Los temibles dolores de muelas que tantos quebraderos físicos, y económicos, provocan, tienen un origen muy lejano en la historia de la vida en la Tierra.
Según un equipo de investigadores de la Universidad de Toronto, dirigidos por el biólogo Roberto Reisz, hay que remontarse hasta la aparición de un reptil que vivió hace 275 millones de años, y es el caso más antiguo de infección dental que se conoce.


Los científicos han encontrado claras evidencias de huesos mandibulares afectados por infecciones en reptiles del Paleozoico, que fue cuando comenzaron a adaptarse a vivir en la tierra. Hasta ahora, las pruebas más antiguas de un dolor bucal en un vertebrado terrestre eran 200 millones de años más modernas, según señalan en las conclusiones de su trabajo, publicado en la revista 'Naturwissenschaften' (La ciencia de la Naturaleza).
El hallazgo, según explica Reisz en el portal Science Daily, no sólo es importante porque amplia la comprensión de la enfermedad dental: "También revela las ventajas y las desventajas a las que ciertas criaturas hicieron frente cuando sus dientes se desarrollaron para alimentarse tanto de carne como de plantas". Como en los seres humanos mucho después, esta adaptación dental habría aumentado su propensión a sufrir dolores dentales.

Para este trabajo, analizaron las quijadas de varios especímenes fosilizados, muy bien conservados, de la especie 'Labidosaurus hamadu', un reptil terrestre que vivió hace 275 millones de años en Norteamérica. Entre ellos, destacaba un ejemplar al que le faltaban los dientes, lo que se asoció con una erosión del hueso de la quijada.
Gracias a una tomografía computarizada, descubrieron que lo que sufrió el 'Labidosaurus' fue una infección masiva, que le causó la pérdida de varios dientes, así como la destrucción del hueso, que llegó a perder parte de su tejido.
La historia evolutiva de estas especies de reptiles hizo que, para poder vivir en tierra, tuvieran que desarrollar unas características craneales y dentales que les permitieran incorporar a su dieta vegetales y semillas, que tienen un alto contenido en fibra y son costosos de masticar.

Ensamblaje de los dientes
Por ello, el patrón dental anterior, por el cual los dientes estaban poco fijos a las mandíbulas y eran sustituidos continuamente, tuvo que cambiar y se ensamblaron más fuertemente a las quijadas, con lo cual el reemplazo dental comenzó a ser o muy escaso o nulo.
Se trataba de una gran ventaja para aquellos reptiles primitivos, dado que les permitía masticar un largo rato el alimento y, así, mejorar la absorción de los nutrientes. Es más, los científicos apuntan que aquella adaptación puede estar detrás del éxito de la especie 'Labidosaurus', que fue muy abundante en todo el globo.
Pero también tuvo su obstáculo: como perdió la posibilidad de cambiar a menudo sus piezas dentales, aumentó la probabilidad de sufrir dolorosas infecciones en la mandíbula, dado que la exposición prolongada de la cavidad dejada por el diente era presa de bacterias en mucha mayor medida que si rápidamente hubieran sido sustituidos por otros.
Reisz y sus colegas ven paralelismos entre esta adaptación y la susceptibilidad humana a las infecciones orales, dado que nuestra especie también se tuvo que adaptar a una dieta omnívora. "Nuestros resultados sugieren que nuestro propio sistema humano de tener apenas dos momentos de reemplazo de dientes -el de los bebés y el permanente-, aunque es una ventaja obvia porque aumenta la capacidad de procesar diversos tipos de alimento, también nos hace más susceptibles a las infecciones que nuestros antepasados, con un ciclo continuo de reemplazo de los dientes".

jueves, 18 de junio de 2009

UN DINOSAURIO 'CASCANUECES' CON PICO DE LORO


El Mundo, Madrid, España, 18Jun09
Cabeza de un loro y del 'Psittacosaurus gobiensis'. / Paul Sereno
Las arenas del Gobi escondían la nueva especie de 'Psitticosaurus'
Su cráneo es muy similar al de los loros actuales
Rosa M.Tristán | Madrid
El equipo del paleontólogo estadounidense Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, ha descubierto una nueva especie de dinosaurio-loro, al que ha llamado 'Psittacosaurio gobiensis', por ser el desierto del Gobi, en Mongolia (China) donde ha dado con sus huesos. Sereno, especializado en este género, explica que la forma de su cráneo, recuperado casi totalmente, tiene estructuras muy similares a las de los loros vivos. "Es la primera vez que se logra determinar la dieta concreta de un dinosaurio de este tipo, que en este caso era de nueces y semillas", explica Sereno en declaraciones a elmundo.es

El 'psittacusaurio fósil, del que se ha recuperado casi todo el esqueleto, fue encontrado en una formación rocosa de hace 110 millones de años en 2001, durante una expedición chino-norteamericana encaminada al hallazgo de nuevos dinosaurios. Aunque son muchas las especies de este género que se conocen, los investigadores se sorprendieron del increíble estado de conservación del cráneo y la mandíbula, que sugieren que tuvo unos músculos muy fuertes y que mordía con energía. Por ello, y a que se han encontrado numerosas piedras grandes en su estómago, los investigadores, dirigidos por Paul Sereno, sugieren que estos psittacusaurios tuvieron una dieta en la que dominaban las semillas y los frutos secos. José Luis Sanz, catedrático de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid y experto en dinosaurios, señala que este género de lagartos-loros son muy conocidos. "Todos se han encontrado en Asia. Tenían ese pico porque es una estructura muy versátil", señala Sanz.
De hecho, se conocen más de 400 especímenes de 'Psittacosaurus' de ocho (ahora nueve) especies diferentes. Se trataba de dinosaurios de pequeño tamaño, que andaban sobre dos patas y eran herbívoros. Con tantos ejemplares en los museos, de diferentes edades, resulta más fácil que en otros casos determinar cuando se trata de un animal no visto hasta ahora.

Análisis comparativo
Sereno, que publica sus resultados en la revista británica 'Proceedings of the Royal Society B', hizo su tesis sobre este género de pequeños dinosaurios, hace un análisis comparativo entre los otros especímenes hallados antes (algunos por él mismo) y su último descubrimiento, detectando diferencias en las formas de su cráneo y en sus mandíbulas. También lo compara con las aves actuales que tienen el pico-loro. De hecho, Sereno destaca "el destacable paralelismo entre el cráneo de los loros y estos dinosaurios". Técnicamente, se trata de una especie interesante porque muestra una nueva forma de masticación, un estilo inusual que era un misterio hasta ahora. Parte del estudio consistió también en analizar los restos fosilizados del estómago, los llamados grastrolitos, de lo que encontraron unos 50, de un diámetro de cinco milímetros, lo que indica que su dieta la componían frutos con cáscara o semillas con un alto contenido en fibra. "El género 'Psittacosaurio' es excepcionalmente diverso en especies pero muy conservador en la estructura craneal, postcraneal y de sus dientes. Incluso hay evidencias de que convivían dos especies diferentes en la misma área, lo que sugiere que tenían una especialización grande en su dieta", señalan los investigadores.

miércoles, 4 de febrero de 2009

PALEONTOLOGÍA: UN FÓSIL HALLADO EN EL AÑO 2000


El Mundo, Madrid, España, 04Feb09
Las ballenas parían en tierra hace 47 millones de años
En la imagen reconstrucción de 'Maiacetus inuus'. | PLoS
Descubren en Pakistán el fósil de una hembra con un feto
El hallazgo aclara la transición de las ballenas de la tierra al mar
Miguel G. Corral | Madrid
Uno de los momentos clave en la historia de la Evolución fue la transición desde los grandes peces con las primeras adaptaciones a la vida en tierra firme hasta los híbridos entre pez y reptil que poblaron por primera vez los continentes.

Ese paso fundamental ocurrió en el Devónico, hace entre 380 y 360 millones de años, y casi todo el mundo mantiene en su imaginario la instantánea de ese híbrido -recientemente identificado como 'Tiktaalik roseae'- saliendo de las aguas y caminando por una orilla con sus aletas a media transformación en patas, algo que no ocurriría hasta la aparición del Acanthostega.
Sin embargo, el regreso de los grandes mamíferos al agua, más de 300 millones de años después, ha pasado ampliamente desapercibido en los manuales de biología. Un grupo de investigadores liderados por Philip D. Gingerich, director del Museo de Paleontología de la Universidad de Michigan, publica hoy en la revista científica 'PLoS' el hallazgo de dos nuevos fósiles que revelan datos esenciales sobre la evolución de las características necesarias para la transición de las ballenas de la tierra al mar.
«Hay muchos fósiles, la mayoría muy fragmentados, que documentan esa transición. Pero los ejemplares que describimos son los primeros que aportan datos sobre el nacimiento, el crecimiento y el desarrollo de estos animales», afirma Gingerich a elmundo.es.
Los fósiles, hallados en Pakistán, corresponden a un macho y una hembra con un feto en su interior, lo que ha motivado que los investigadores bauticen a la nueva especie como 'Maiacetus inuus' (en referencia a las palabras madre ballena y a un dios romano de la fertilidad).
El feto estaba colocado cabeza abajo como ocurre en los mamíferos modernos, y al contrario de lo que ocurre en las ballenas. «Esto evidencia que estos animales daban a luz en tierra», dice el investigador. Además, los fósiles poseen grandes dientes bien preparados para cazar y comer peces, lo que sugiere a los científicos que estos ejemplares vivían en el mar y que, probablemente, salían al exterior para descansar, aparearse y parir.
«Casi todo, excepto la respiración, cambió durante esa transición. Poseían cuatro patas modificadas para la natación y, aunque podían soportar su peso en tierra, no podrían llegar muy lejos», dice.

sábado, 24 de enero de 2009

PALEONTOLOGÍA: UN ALEMÁN DE HACE 3.000 AÑOS


El Mundo Madrid, España, 24Ene09
La fotografía es de una mascarilla fúnebre no proveniente de Alemania.
El ADN prueba que está emparentado con hombres de la Edad del Bronce
El análisis indica que su familia no se ha movido de lugar en tres milenios
Carlos Álvaro Roldán | Berlín

Rebuscando, seguro que hasta el más común de los españoles puede recordar ancestros de hace cuatro, cinco o seis generaciones o incluso remontarse algunos siglos atrás. Pero todo parecerá una broma en comparación con la lista familiar del alemán Manfred Huchthausen, un maestro de escuela de 58 años residente en el distrito rural de Osterode, en el lado suroeste del profundo bosque de Harz, en el centro del país.
Huchthausen es el ciudadano del planeta con la familia más antigua. Se ha convertido en una pequeña gloria local al demostrarse que tiene un abuelo de hace 120 generaciones. Exactamente un hombre que vivió en la Edad del Bronce en estas montañas y que estaba enterrado en una cueva junto a otros 40 humanos de hace 3.000 años. Y en realidad, Manfred no está solo. Su vecino Uwe Lange, un agrimensor de 48 años, también ha sabido que tiene los mismos ancestros. Los dos hombres se conocían de vista hasta que la antropóloga Susanne Hummel, de la Universidad de Gotinga, les reunió para darles la noticia.

Gracias a una prueba de ADN, se demostraba que ambos eran parientes de un cráneo encontrado en 1993 en la cercana cueva de Lichtenstein y datado por el carbono 14 en 3.000 años. Las pruebas han mostrado una total similitud entre aquellos hombres que vivieron entre el 1.000 y el 700 a. C. y entre los dos vecinos actuales del pueblo. El ADN viene a decir que, en 3.000 años, las familias de Manfred y de Uwe jamás se han movido de su pueblo, un monumental caso de arraigo al terruño documentado por la genética. La cueva está situada en un paraje de difícil acceso, pero era bien conocida por los paisanos. Manfred reconoce que había jugado en los pasadizos de niño. «Pero no me habría atrevido a entrar si hubiera sabido que mi tatarabuelo, o lo que sea, estaba allí enterrado», ha bromeado en algunas entrevistas. La cripta con los restos humanos prehistóricos no se halló hasta 2003. Cuatro años después, la investigadora Hummel y su equipo pudieron extraer material genético de los huesos encontrados. «Tuvimos una suerte increíble», ha declarado la experta, «el material estaba tan fresco como la sangre que los forenses recolectan tras un crimen».

Pruebas a 300 personas
A alguien se le ocurrió buscar alemanes que vivan hoy en aquellos parajes para ver si tenían relación genética con los primeros habitantes. Y colocaron un anuncio en la prensa local. Los desperdigados lugareños se lo tomaron con humor y unos 300 acudieron a la cita. Pacientemente y uno a uno les fueron tomando muestras de saliva con bastoncillos de algodón. Y aunque pocos de los científicos se lo esperaban, ya que era improbable que los familiares de aquel hombre hayan permanecido en la difícil orografía de Harz durante tres millares de años, dos de los vecinos, Uwe y Manfred, reflejaron similitudes genéticas con aquella calavera.
«A los que quieran saber cómo se siente uno pudiendo rastrear sus raíces familiares hasta 3.000 años, puedo decirles que es imponente, sensacional y fascinante», respondió Manfred en sus primeras entrevistas a medios locales. Tras visitar la cueva se declaró con una «extraña sensación». Pero lo que realmente le sacudió fue cuando le dejaron sostener los huesos de su antecesor, «¡120 generaciones en mis manos!». Manfred quiere ahora que la Edad del Bronce tenga un recuerdo en su aldea de Osterode en forma de un festival anual.