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lunes, 2 de marzo de 2009

UN SOFTWARE PARA NIÑOS HIPOACÚSICOS


La Nación, Buenos Aires, Argentina, 02Mar09
El programa Ecos, de Simedic, los ayuda a aprender a hablar; se vendieron 100 licencias

La tecnología fue puesta a disposición de la salud en el proyecto Ecos, una herramienta informática que asiste en la rehabilitación auditiva y verbal de chicos hipoacúsicos. La empresa que lo desarrolla, la entrerriana Simedic, retomó el año pasado la propuesta que comenzó a desarrollarse en 2003.
Aquel año, el equipo de socios sumaba ocho integrantes. Hoy quedaron dos: Leandro Dalinger y Diego Poggi, compañeros de la Facultad de Bioingeniería. "Los ocho queríamos hacer algo diferente. Nos juntamos en 2001, cuando el país era un desastre, y antes que irnos afuera optamos por crear algo", recordó Dalinger, de 36 años.
"Entonces decidimos armar cosas diferentes, con valor agregado. Empezamos con lo más vendible, tres aplicaciones que ya veníamos desarrollando por separado: un software de genética forense; uno para el campo, que hoy no lo estamos trabajando, y Ecos", agregó.
El equipo dedicó parte del tiempo a trabajar sobre sus "productos de autor" y debió recurrir al desarrollo de software a medida para financiarse. Las primeras puertas se abrieron con la aplicación de genética forense. Según Dalinger, el "programa BDGen permite de manera rápida calcular patrones genéticos; sirve para comparar muestras en casos delictivos o en pruebas de paternidad".
"BDGen además tiene una base genética con las personas estudiadas, lo cual es muy valioso para los juzgados que pueden cruzar muestras. Es una solución novedosa en el mercado latinoamericano y lo vendimos a laboratorios de México, Brasil, Puerto Rico y varios departamentos judiciales de la Argentina", destacó el emprendedor. Ecos siguió los pasos de su antecesor. En este caso, los socios buscaron "informatizar todo lo que los profesionales venían haciendo en forma manual, la muestra de imágenes, los datos recopilados y las estadísticas del progreso de los niños".
"Se empezó a vender en 2003 y después se frenó por la desvinculación de los socios. Ahora retomamos el proyecto y queremos potenciarlo, porque es algo que no tiene competencia en los países de habla hispana", dijo Dalinger.

A la caza de inversores
Por este último motivo, el dúo participó y obtuvo una mención en el Ciclo para Emprendedores Santiago Graffigna, y ahora está a la caza de potenciales inversores que apuntalen el proyecto. Ecos, que ya es utilizado por 100 clientes en el país, "estimula a los niños hipoacúsicos con sonidos, vinculándolos con palabras y frecuencias que estimulan distintas partes del oído".
"Detrás de ese juego de palabras hay una tecnología, que es la que hacemos nosotros. Se reeduca el oído, y los profesionales nos dicen que se aceleran los tiempos en los que los chicos vuelven a hablar", explicó Dalinger. "Además, los padres pueden tener una versión del programa y así pueden participar de todo el proceso. También se gestiona una base de datos con todos los progresos de los chicos", añadió.
Este año, los socios esperan una facturación de $ 100.000 sólo por la venta de Ecos. "La idea es sumar inversores para llevar el producto al resto de la región, que tiene un mercado estimado en 80 millones de dólares", concluyó Dalinger.
Mercedes García Bartelt
emprendedores@lanacion.com.ar

jueves, 15 de enero de 2009

CARL HONORÉ: “PRESIONAMOS TANTO A NUESTROS HIJOS QUE NOS LES DEJAMOS ELEGIR SU CAMINO”


La Vanguardia, Barcelona, España, 04Ene09
Texto de Ima Sanchís
Fotos de Carlos González Armesto
El inspirador de muchos de los movimientos slow, el escocés Carl Honoré, alerta ahora en su nuevo libro dedicado a la educación de los hijos sobre el exceso de exigencia y perfeccionismo. Bajo presión reclama calma, mucha calma, y el autor insiste en la necesidad de perder el miedo, confiar en uno mismo y en la propia capacidad para educar sin echar mano de mano

Hace tres años, este curioso historiador escocés que ejercía de periodista para el The Globe and Mail, el National Post, The Guardian, The Observer y The Economist, sorprendió al mundo con su libro Elogio de la lentitud, traducido a treinta lenguas, que se inspiró e inspiró todo tipo de movimientos mundiales en contra de la rapidez, desde el Club de la Pereza en Japón, la Sociedad de la Ralentización del Tiempo en toda Europa y el Movimiento por el Sexo Lento. Ya son 35 las poblaciones europeas que se han sumado a los principios de Petrini: “El placer antes que el beneficio, los seres humanos antes que la oficina central”.
Ahora lo vuelvo a tener frente a mí, tras recorrerse el mundo para analizar nuestro moderno enfoque de la infancia que esta dando como resultado niños hiperactivos, deprimidos, obesos, violentos e insatisfechos. Bajo presión nos muestra los estudios científicos más significativos sobre fracaso escolar, neurología, sociología y psicología, mezclándolos con tendencias educativas. Una mirada inteligente que nos advierte de los peligros de esta sociedad superexigente y mitificadora. De nuevo Honoré llama a la calma y al placer de la vida inteligente y emotiva, baluartes de lo humano, en contra del exceso de presión por hacer de nuestro hijos niños alfa, porque, tal como dijo Einstein, la educación es lo que queda cuando se ha olvidado todo lo aprendido en la escuela.

Cuarenta años y dos hijos de siete y nueve años, ¿qué le preocupa?
Para mí, el desafío más complicado es dejarles salir a la calle solos. Pese a todas las estadísticas que demuestran que nunca los niños habían vivido tan seguros y mi denuncia de absurdas medidas que les coartan toda libertad, yo también soy presa de los temores.
En una escuela inglesa han sustituido las corbatas tradicionales por otras sujetas con ganchos a fin de reducir el riesgo de ahogarse.
Sí, las preocupaciones sobre la seguridad de los niños han llegado al paroxismo. Otra escuela de enseñanza primaria de Attleboro, Massachussets, concluyó que el corre que te pillo suponía un riesgo para la salud y lo prohibió, le imitaron varios colegios. En muchas escuelas de Canadá y Suecia se han prohibido las peleas con bolas de nieve por cuestiones de seguridad. Profesores de todo el mundo informan de que, cuando las clases se van de excursión al campo, algunos padres les siguen en coche para asegurarse de que el pequeño está bien.

¿Al niño del siglo XXI se le cría en cautividad?
Sí, se le encierra en espacios interiores y se le traslada de un sitio a otro en el asiento trasero de un coche. Muchas escuelas de Suecia ya no dejan que los niños de 11 años vayan y vuelvan a casa en bicicleta solos.

¿Qué pasa?
Que cuanto menos hijos se tienen, más preciosos son y más se rechazan los riesgos; que los apretados programas que todos llevamos nos mantienen separados: cuanto más tiempo pasan juntas las familias, más fácil les resulta a los padres confiar en la capacidad de sus hijos de enfrentar los riesgos.

¿Y qué dicen los psicólogos?
Que cuando los niños están sobreprotegidos, es decir, cuando cada instante de su día está reglamentado y supervisado, la probabilidad de que de mayores sufran ansiedad y temores sube, y también el riesgo de que se busquen estímulos en las drogas, el sexo o la violencia.

Si el miedo paterno no se corresponde con la realidad, entonces, ¿cuál es el problema de los padres?
La pérdida de confianza en la capacidad de educar a nuestros hijos sin recurrir a los manuales. En realidad, todos conocemos a nuestros hijos mejor que nadie, pero la cultura del perfeccionismo nos insiste en que en algún sitio hay una receta perfecta para educarlos, y eso es un mito, una mentira.
La ONU advierte de que uno de cada cinco niños sufre algún desorden psicológico, y en Gran Bretaña cada 28 minutos un adolescente trata de suicidarse.
Estas cifras subrayan que el modelo actual de la infancia está fracasando, pese a que estamos invirtiendo más dinero, más energía y más tiempo en nuestros hijos que jamás en la historia. Hemos profesionalizado la paternidad, todo muy bien intencionado, pero no funciona. Para mantener el ritmo de ese exceso de actividad y exigencias sociales, los niños acaban medicados. El famoso Ritalin, un psicotrópico para frenar la hiperactividad, ha llegado a niveles epidémicos (más de seis millones de niños lo consumen en EE.UU.). Y hay un dato relevante: la depresión, la ansiedad infantil, el abuso de drogas y el suicidio son fenómenos más comunes en las clases adineradas que en las clases más humildes.

¿La presión?
Sí, sobre todo en las clases sociales adineradas, la niñez se ha transformado en una carrera contra reloj, y la paternidad ha pasado a ser un cruce de desarrollo de un producto y deporte competitivo, eso implica una presión aplastante y sofocante. Es algo que parte de la cultura del consumo y de que tenemos muchos recursos financieros para invertir en nuestros pocos hijos, que queremos convertir en niños alfa.

¿Habrá un punto medio?
En nuestra cultura parece que sólo hay dos caminos: o nuestro hijo va a la mejor universidad, toca el piano y es seleccionado por el mejor club de deporte, o es un desgraciado. Es una filosofía que afecta a todo, el cuerpo tiene que ser perfecto, las vacaciones, los dientes…, es una presión feroz. A muchos niños se les diagnostica déficit de atención e hiperactividad por motivos equivocados: en la actualidad, antes que cambiar el entorno donde vivimos, preferimos alterar nuestros cerebros para que se adapten al entorno. Consideramos la timidez, la tristeza, la duda, la culpa o la ira como enfermedad en lugar de rasgos inherentes a la condición humana. De hecho, cada vez más padres llevan a sus hijos de uno o dos años al psicoterapeuta para que les curen las rabietas.

Una cultura de mitos que empieza en el vientre de la madre…
El mito central es que si una cosa es buena para el niño, más y más pronto es mejor. El famoso efecto Mozart (unos investigadores averiguaron en los años 90 que escuchar música de Mozart mejoraba el razonamiento espacial de los universitarios) inundó las guarderías de música de piano, incluso los hospitales del estado de Georgia enviaban a todos los bebés a casa con un CD con piezas de Bach y Mozart. Resulta que ese efecto no dura más de 20 minutos y no hay prueba alguna de que afine el cerebro de los bebés.
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sábado, 25 de octubre de 2008

NEOLOGISMOS EN LA PRENSA ARGENTINA: DIME CÓMO HABLAS... (2 y última)


(Nota de Clave 88: Dada la extensión de la nota se publica en dos entregas. Para ir a la entrega 1 hacer clic aquí)
Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur, 22Oct08
Un diccionario publicado por la Universidad Nacional de General Sarmiento reseña 1.300 neologismos aparecidos en la prensa nacional entre 2003 y 2005. Abundan los vocablos referidos a la economía y a los derechos humanos. Su análisis permite leer los cambios sociales, las tensiones políticas y las modas que atravesaron el país en los últimos años.
Diego Rosemberg
Periodista.
© LMD ed. Cono Sur


Uso acrítico del lenguaje

La creación de eufemismos es otra de las técnicas habituales que se utilizan para generar corrientes favorables de opinión o, al menos, para evitar las negativas. Así nació en el Departamento de Estado estadounidense la expresión “daños colaterales”, con la intención de evitar mencionar a las inexplicables muertes de civiles ocasionadas por las operaciones bélicas. En Argentina y América Latina es posible rastrear el mismo mecanismo en la expresión “flexibilización laboral”, un neologismo que generó interesantes tensiones de sentido. Al principio fue difundido desde esferas gubernamentales como un eufemismo que permitía disimular que la nueva legislación del trabajo no significaba otra cosa que la precarización y la anulación de históricos derechos adquiridos por los trabajadores. Pero más tarde, el uso corriente terminó por darle a la expresión una valoración negativa cuando la realidad se encargó de despejar todo tipo de dudas sobre qué consecuencias trajo aparejada la puesta en práctica de la normativa. Fue un periodista deportivo, Ezequiel Fernández Moores, quien en plena crisis de 2001 pudo tomar distancia sobre el trabajo de sus colegas y describir con lucidez el uso de los eufemismos y la incorporación acrítica del lenguaje de las fuentes: “Es notable como en los medios de comunicación –señaló Moores en una charla pública– se incorpora dócilmente un tipo determinado de lenguaje: podemos decir con facilidad que los pobres saquean supermercados pero no que los bancos saquean ahorros. Al saqueo de los bancos lo llamamos "corralito”. El diccionario 1.300 neologismos en la prensa argentina no se propuso como un trabajo exhaustivo, se realizó tomando un muestreo azaroso sobre tres decenas de ejemplares del diario Clarín y otras tantas del diario La Nación, por lo que se presume que la cantidad de nuevos términos es aun mucho mayor. “Elegimos analizar los neologismos del periodismo porque hoy usa un lenguaje muy cotidiano, está en un punto intermedio entre lo coloquial y lo técnico, sin llegar a ser excesivamente jergático”, explica Adelstein que, junto a Kuguel, ahora trabajan en una investigación más abarcativa sobre la terminología que los argentinos emplearon en los últimos 25 años.

Recuperación democrática
Dentro del vocabulario surgido desde que se recuperó la democracia, las especialistas encontraron que en el área de derechos humanos se registran numerosas resemantizaciones, es decir viejas palabras que cobran nuevos significados. Tal es el caso de “madres”, “abuelas”, “hijos”, “hermanos” o “desaparecido”. También nacieron palabras para designar situaciones hasta el momento inexistentes, como es el caso de “escrache”, la manera que la población inventó para condenar socialmente a los represores de la última dictadura mientras la condena judicial era inexistente. “Muchas veces el periodista crea palabras para generar nuevos sentidos o para condensar gran cantidad de información en poco espacio. En ese sentido, el caso más paradigmático de estos tiempos tal vez sea el término ‘K’: ‘radical k’, ‘transversal k’, ‘estilo k’, ‘modelo k’”, grafica Kuguel. Asimismo, las dimensiones de la crisis del 2001 fueron directamente proporcionales a la impronta que ésta marcó en la lengua. Por ejemplo, cuando se hizo necesario designar nuevas formas de protesta nació –entre otros– el término “acampe”, ya no para definir una actividad de campamento sino para referirse a las manifestaciones en espacios públicos que incluyen las instalaciones de carpas. Las ingeniosas ocupaciones que surgieron para combatir los récord de desocupación también necesitaron de nuevas palabras. De pronto, los medios de comunicación comenzaron a hablar de “cuidacoches”, “paseaperros”, “limpiavidrios” o “cartonear”. Y el debate que al mismo tiempo se desató sobre la seguridad dejó sus huellas con novedosas expresiones como “gatillo fácil” o “meter bala”, según se denunciara o se fomentara el abuso de armas de la policía. Un repaso agudo por cada una de estas novedosas expresiones permite advertir rápidamente por qué caminos transita Argentina.
D.R.

jueves, 23 de octubre de 2008

NEOLOGISMOS EN LA PRENSA ARGENTINA: DIME CÓMO HABLAS... (1)


(Nota de Clave 88: Dada la extensión de la nota se publica en dos entregas)
Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur, 22Oct08
Un diccionario publicado por la Universidad Nacional de General Sarmiento reseña 1.300 neologismos aparecidos en la prensa nacional entre 2003 y 2005. Abundan los vocablos referidos a la economía y a los derechos humanos. Su análisis permite leer los cambios sociales, las tensiones políticas y las modas que atravesaron el país en los últimos años.
Diego Rosemberg
Periodista.
© LMD ed. Cono Sur

“El trabajo revela la sociedad post crisis”, define Andreína Adelstein, coautora de 1.300 neologismos en la prensa argentina, junto a Inés Kuguel y Gabriela Resnik (1). La cantidad de nuevos términos económicos que se incluyeron en del lenguaje cotidiano habla de la importancia que tuvieron las finanzas en todos estos años. “Riesgo país”, “default”, “megacanje”, “tercerización”, “formador de precios”, “base monetaria”, “cuasimoneda”, “off shore, “holdout”, son apenas un puñado de ejemplos que se suman a otros preexistentes pero que las investigadoras consideran también neologismos por no haber sido incluidos en ningún tipo de diccionario de español o de argentinismos hasta esta publicación, como son los casos de “hiperinflación”, “deuda externa”, “convertibilidad” o “microcrédito”.

Campo de disputa ideológica
Muchas de estas nuevas palabras o expresiones no fueron acuñadas por los propios periodistas, sino absorbidas sin filtros del lenguaje utilizado por sus fuentes. Y, se sabe, las fuentes siempre son interesadas: intentan seducir a la prensa con sus relatos de los hechos para que los medios instalen en la opinión pública sus puntos de vista sobre la realidad. “Cuando consultamos a algunos economistas para que nos especifiquen las definiciones de estos neologismos, nos comentaban que la primera vez que los habían visto no era en los diarios, sino en los documentos que hacían circular los organismos internacionales para sugerir las políticas que se debían aplicar en el país”, señala Kuguel. No parece casual, entonces, que las investigadoras hayan descubierto que buena parte de estos términos connotan pesimismo y sensaciones de temor. En su última visita a Argentina, la periodista canadiense Naomi Klein manifestó que el ex ministro de Economía Domingo Cavallo le había admitido en una entrevista que a los capitalistas les entusiasma que la población tenga miedo en situaciones de crisis porque pueden avanzar más fácilmente con sus programas y sacar mayores ventajas. El contagio del habla social con la jerga económica llegó al contrasentido de definir como un “banco de alimentos” a un proyecto solidario que recibe donaciones de comida para distribuirlas en zonas carenciadas. ¿Existe alguna institución menos solidaria que esas entidades financieras a las que se llama “banco”? El lenguaje es un campo más –aunque no menor– de disputa ideológica. Por eso, en algunos casos aparecieron dos neologismos diferentes para designar a una misma situación. El ejemplo más claro tal vez sea el de “capitales golondrina” o “fondos buitre”, según se quiso connotar de manera positiva o negativa a los capitales invertidos de manera especulativa y por breves lapsos en la economía de un país. El uso sutil de las palabras para fijar posición sin que la opinión quede expuesta de manera explícita no es un recurso novedoso en la prensa argentina. Desde los años ’80, por ejemplo, en la mayoría de las crónicas sobre conflictos gremiales suele expresarse que los trabajadores “acatan” las medidas de fuerza, utilizando para informar un verbo que connota sumisión a una orden de la autoridad. Rara vez, en cambio, los periodistas hablan de “adhesión” a los paros sindicales, expresión que significaría que los trabajadores se suman y participan de manera voluntaria en las huelgas. Uno de los neologismos que aparece en el trabajo publicado por la Universidad de General Sarmiento sirve de ejemplo para mostrar cómo las nuevas construcciones muchas veces pretenden guiar las lecturas. Los medios de comunicación utilizan con frecuencia el neologismo “globalifóbico” para referirse a los militantes que tienen una posición ideológica contraria a la actual globalización. El nuevo vocablo asocia a estas personas con una fobia que, como indica el diccionario, es un temor irracional. De esta forma, sus acciones no pertenecerían al universo de la política sino al de la salud mental. “Sería bueno saber con qué grado de conciencia se utilizan estos términos. En medio del conflicto del campo escuchaba decir ‘piquetero rural’ o ‘golpismo’ y yo me preguntaba si los periodistas estaban diciendo lo que realmente querían decir. Por momentos la sensación es que cualquiera dice cualquier cosa y a quien trabaja con la palabra como materia prima se le podría exigir mayor responsabilidad”, opina Adelstein. En el reciente conflicto desatado por la implementación de las retenciones móviles resultó interesante analizar cómo algunos medios fijaban posición utilizando la palabra “paro” o la expresión “lock out”, según editorializaban a favor de los ruralistas o del gobierno respectivamente. También fue sustancioso observar cómo comenzó a expandirse el neologismo “agronegocio”. Hasta hace unos años, los economistas argentinos hablaban de “agricultura” para designar a una rama de la economía que –sin desconocer la disputa de intereses que allí se daba– aún conservaba algún apego a los modos de vida y las costumbres regionales. Los organismos oficiales, sean ministerios o secretarías, todavía utilizan ese vocablo en su propia denominación. En cambio, el neologismo “agronegocio”, un término que fue propalado con admiración por los suplementos rurales de los diarios, parece ostentar atributos positivos de modernidad y encripta en su connotación una forma de explotación rural que incluye a los fondos de inversión (buitres o golondrinas, según quien los mire), los “pools” de siembra, los fideicomisos y las semillas trangénicas.
(1) 1.300 neologismos en la prensa argentina, Universidad General San Martín, Buenos Aires, mayo de 2008, 208 páginas, 18 pesos.

(Continuará.- La próxima entrega el domingo 26)

martes, 30 de septiembre de 2008

LA EDUCACIÓN HA PERDIDO VALORES FUNDAMENTALES COMO SON EL ESFUERZO Y LA DISCIPLINA"


La Vanguardia, Barcelona, España, 30Sep08
La filósofa y escritora publica su ensayo 'Creure en l"educació' con el que reclama que se vuelva a recuperar la fe en la tarea educativa

Lo tiene claro. El problema actual con el que se encuentra la educación hoy en día es la falta de fe de todos los actores implicados, que no son pocos. Victòria Camps es profesora de Filosofía moderna y política en la Universitat Autònoma de Barcelona y acaba de publicar el libro Creure en l"educació (Edicions 62). El ensayo huye del marcado tono catastrofista que impregna cualquier debate actual sobre educación para recamar la recuperación de valores instrumentales como la disciplina o la cultura del esfuerzo, hoy en día desterrados, según su tesis, a consecuencia de un exceso de proteccionismo sobre los hijos y una falta de autoridad que afecta a la unidad familiar y a los centros educativos. Una asignatura pendiente que, como ella mismo repite una y otra vez, "es responsabilidad de todos".

-La actualidad manda. La visión de su ensayo huye del catastrofismo que suele impregnar cualquier debate actual sobre educación en nuestro país, y más si hacemos caso a determinados informes. Con sinceridad, ¿en qué momento la educación pierde el norte y malbarata la tradición pedagógica que siempre ha imperado en nuestro país?
-Una cosa que ha pasado es que la educación se ha universalizado y en nuestro país esto ha sucedido en un periodo de tiempo muy corto. También hay que tener en cuenta la llegada de inmigrantes que distorsiona todo el sistema porque es gente que viene con otra cultura, y en muchos casos también con otra lengua. Para mí son hechos bastante objetivos. Pienso que ante todos estos cambios no hemos sabido reflexionar suficientemente sobre cómo se tenía que hacer, no hemos sido críticos para ir corrigiendo lo que no funcionaba, hemos hecho muchas leyes, pero no se han acabado de aplicar o no se han aplicado bien, invertimos poco en educación económicamente y culturalmente. Todo ha contribuido a crear la situación que ahora tenemos.
-Según usted, hemos pasado en cuestión de décadas, de una educación autoritaria a un dejar hacer. ¿Hay un eslabón perdido?
-Sí, es el de los valores instrumentales. Potenciar que el esfuerzo es positivo, la disciplina, un cierto sacrificio que comporta toda educación, el sentido de la autoridad…Todos estos valores son elementales para llegar a formar una persona académicamente y culturalmente, que para mí es aún más importante. Como antes éramos de una forma que no nos gustaba, los hemos eliminado del todo. Eso ha sido un error, la persona a la que se enseña se tiene que esforzar y debe sufrir un poco. Enseñando que todo es bonito y divertido no se educa a nadie.
-Es un debate complicado porque es evidente que intervienen muchos actores como la familia, la escuela, la sociedad e incluso la política. ¿La familia es y seguirá siendo siempre la base de cualquier pilar educativo?
-Evidentemente. La responsabilidad primera de la educación de los hijos es la de los padres. La escuela también contribuye pero lo hace de otra forma. La escuela se encuentra con un colectivo de niños muy heterogéneo y la familia puede tener una relación con sus hijos más directa. Aún así, las dos instituciones tienen que hacerse responsables de su parte. Pero hábitos como la forma de comer, el tiempo de ver la televisión o la hora de ir a dormir es cosa de la familia. No podemos culpar sólo a la televisión porque hacen programas que no son adecuados, la responsabilidad última de que el niño los vea es de la familia.
-Quizá esa está siendo la salida fácil a la hora de afrontar el debate. La escuela culpa a los padres, los padres a los hábitos sociales y a los políticos, y estos a la soberanía del mercado…
-La salida fácil siempre es culpar a otro, y la educación sufre de esta tendencia de irse tirando pelotas los unos a los otros. La escuela dice que los padres no se cuidan de sus hijos, los padres desconfían de la escuela, ambos dicen que con la televisión de hoy no pueden hacer nada.
-¿Entonces?
-Tenemos que asumir que estamos en la sociedad que estamos. Tenemos que integrar a los niños a esta sociedad pero formándoles de manera que tengan un espíritu crítico, que luchen contra los vicios de esta sociedad. Hoy en día estamos experimentando unos cuantos con la crisis económica.
-Hablaba antes de la pérdida de autoridad de la educación. ¿Esa pérdida es también extensible a la figura del padre dentro de la familia?
-Sí, creo que la familia sufre lo mismo que sufren los profesores. Quizá el problema es que se ha querido equiparar demasiado a los alumnos con los hijos. Hemos tenido un cierto complejo de aquella autoridad que era dogmática y que a la vez no explicaba nada. Se ha querido eliminar la distancia entre el que enseña y el que es enseñado, y eso ha sido un error. Estoy convencida de que los niños quieren tener en sus padres a una persona que vean como superior, como alguien a quien se tiene que imitar. Querer mantener, en el caso de los adultos, una rebeldía de cierta juventud que ya no tocaba, ha contribuido a perder cierta autoridad. Es lo que llamo cierta inmadurez de los adultos.
-En su libro lo deja bien claro. En casa, sobreprotección del hijo, en la escuela, identificación del profesor como un colega más…
-Sí, es así. ¿Por qué se han perdido los buenos modales? Porqué parecía que todo era demasiado convencional, incluso hipócrita, pero son una manera de actuar que finalmente nos hará la convivencia más fácil y agradable. Se puede saludar de muchas formas, lo que no se puede eliminar es el saludo. El problema es que hemos rechazado la manera de hacerlo de antes y lo hemos eliminado todo.
-Me ha llamado especialmente la atención una de las reflexiones que hace en su libro en este sentido. Permítame que la cite, "educar significa reprimir la espontaneidad". ¿Me lo explica?
-Sí, supongo que es una afirmación que no gustará mucho (sonríe). Es algo que no se acepta porque hay palabras como reprimir que querríamos eliminar de nuestro vocabulario. Pero eso es lo que hacen las normas. Lo ideal es que la persona lo controle y acabe teniendo aquellas normas que considere que son correctas y se las acabe aplicando sin que nadie le vaya detrás para castigarle. Pero vemos que esto, ni en el mundo adulto, funciona. A los niños se les tiene que enseñar a tener sus normas, y eso implica una normativa previa que se impone. Imponer quiere decir reprimir, no hay otra salida. Sino no estamos educando, simplemente dejamos que el niño haga lo que le parezca.
-Hablemos del papel de la escuela. ¿Qué ha pasado para que algunos padres le hayan hecho perder parte de su credibilidad?
-No es sólo culpa de los padres, es cierto que los padres protegen excesivamente a sus hijos y eso no ayuda a reconocer la autoridad del profesor. Pero los profesores también tienen que ganarse la autoridad y se tiene que intentar tenerla porque es reconocida de una forma más espontánea. También te digo que nuestra sociedad no ha llegado nunca a reconocer la función del docente. Cuando nos comparamos en el Informe PISA con Finlandia, parece que estemos muy alejados. Pero es que en Finlandia, uno de los hechos diferenciales, es que la carrera de profesor goza de un gran prestigio, hay bofetadas para entrar a estudiar la carrera. Cómo se llega a conseguir esto no lo sé, pero se tendría que intentar. Quizá un buen punto de partida sería introduciendo más competencia entre las escuelas.
-Hay cuestiones de modelo social que tampoco ayudan. Actualmente no hay apenas conciliación entre vida laboral y personal y las familias se ven obligadas a hacer auténticas peripecias para que sus hijos alarguen al máximo sus actividades extraescolares…
-La incorporación de la mujer en el mundo laboral, que es algo muy positivo, ha dejado un vacío en la familia. Tenemos un tema pendiente que es la conciliación de la vida laboral y familiar, para hombres y para mujeres. Ahora empezamos a hablar, pero hay muchos países que ya tienen, desde hace tiempo, bastantes soluciones para este problema. Esto deriva en que haya muchas parejas que tengan los hijos mucho más tarde o que muchos niños se queden solos en casa demasiado tiempo. Esto sí que es una política que debemos cambiar cuanto antes.
-¿Qué deben exigir padres y educadores a la política en materia de educación?
-Que además de hacer leyes procuren que las leyes se apliquen bien. Uno de los problemas que sufre el país es que parece que una vez que está hecha la ley el problema ya está resuelto. Lo más difícil es que la ley se aplique bien y haya un control. Y luego que encaren los problemas reales con más reflexión y autocrítica.
-Déjeme para acabar que le haga una pregunta como madre, no como especialista académica del tema. ¿Qué es lo que más le ha costado a la hora de educar a sus hijos?
-Creo que lo que más me ha costado es tener que decir que no. Es una cosa muy difícil, especialmente cuando tienes facilidad para decir que sí. La suerte que he tenido es que me han salido unos hijos bastante dóciles y entonces la tarea de educar me ha sido bastante más fácil (sonríe).