sábado, 8 de diciembre de 2007

DESPERTÓ EL MITO DE EL DORADO


(Foto EFE)En el centro arqueológico La Joya, de Perú, protegido desde hace siglos por los nativos, resucitó el mito de "El Dorado", adnLa Nación, Buenos Aires, Argentina, Viernes 7 de diciembre de 2007.
LIMA (EFE).- El centro arqueológico La Joya, oculto en las cumbres boscosas del norte de Perú y protegido desde hace siglos por los nativos, ha resucitado de nuevo el mito de "El Dorado" después de que una expedición haya verificado su incalculable valor. Tras visitar la zona, la historiadora Maritza Villavicencio y el arqueólogo Wilmer Mondragón informaron de la existencia de al menos treinta ciudadelas con construcciones chachapoyas e incas que datarían de entre los años 1.200 y 1.400, además de enterramientos intactos y andenes únicos en Perú. Pero lo más sorprendente fue comprobar que hay grandes vetas de oro, explicó Villavicencio en una entrevista con Efe. "Se ha despertado el mito de El Dorado por la cantidad de oro que a simple vista se ve, y no sólo por lo que ya fue extraído y saqueado por escrupulosos saqueadores, sino por las vetas de oro", agregó al regreso de su largo y complejo viaje. La Joya se encuentra en el distrito de Chuquibamba, en la incomunicada provincia peruana de Chachapoyas. Para llegar, los expedicionarios tomaron un vuelo desde Lima a Chiclayo, luego viajaron durante quince horas por carretera, otras siete horas a caballo y otras tantas a pie hasta alcanzar las cumbres donde se encuentran estos tesoros, entre la maleza de la selva amazónica y a más de 3.600 metros sobre el nivel del mar. Un esfuerzo que no fue en vano, según la historiadora peruana, quien está convencida de que "podría ser comparable, sino superior, a Machu Picchu por su monumentalidad y magnitud". Impresionantes augurios para un lugar que desde su construcción ha sido protegido por los nativos, los que han decidido ahora recurrir a esta historiadora para mostrar el lugar al mundo. Y el motivo no es otro que la cada vez mayor presencia de saqueadores y buscadores de oro. Esta curiosa gesta comenzó en junio de 2005, cuando Villavicencio fue advertida por una asociación nativa y, tras dos años de investigaciones, se dispuso a poner rumbo al lugar, el pasado 19 de noviembre. Durante casi dos semanas, la expedición recorrió parte del centro arqueológico, "sólo un diez por ciento de toda la maravilla y monumentalidad que hay", según le reveló el líder comunal y quien le sirvió de guía, Segundo Vega Rojas. Visitaron la Torrera, una fortaleza con una extensión de unas diez hectáreas y donde aparecen edificaciones chachapoyas (circulares) en las partes superiores pero incas (rectangulares) en las inferiores. El siguiente destino fue Chanchillo, un supuesto cementerio de unas seis hectáreas con grandes farallones que incluyen construcciones adosadas a las rocas, además de nichos sellados. Por último, el equipo visitó Los Gentiles, posibles centros administrativos u oráculos. El complejo se encuentra por encima de los 3.600 metros y en las faldas de las montañas hay una sucesión de andenes, "únicos en Perú", así como socavones de oro, que por su disposición se entiende que se usaron técnicas mineras incas al haber lavaderos de oro. Ese lugar fue habitado por los chachapoyas, cuyo esplendor se extendió entre los años 700 y 1.500. Fue un pueblo guerrero que se defendió de la invasión inca, pero, como el resto de civilizaciones pre-incaicas, finalmente cayó en manos del imperio cuzqueño hasta la llegada de los españoles. La Joya es, en definitiva, "muy importante para la investigación y el esclarecimiento del pasado histórico de Perú", de acuerdo a Villavicencio. Ahora el desafío es investigar y proteger. Para ello la historiadora ha presentado al Instituto Nacional de Cultura (INC), en nombre de la comunidad nativa, una solicitud para catalogar la zona. "El riesgo es permanente tanto haciéndolo público como manteniéndolo en reserva. La comunidad ha decidido sacarlo a la luz porque ya no se bastan para protegerlo de los buscadores de oro", alertó al respecto. Mientras esta peruana, convertida en depositaria de la confianza de la comunidad, se ha marcado como objetivo "hacer un llamado a las autoridades" para que ayuden a los pobladores que siguen protegiendo el acceso este centro arqueológico, conscientes de que tras hacerlo público tendrán más dificultades para acometer su tarea.
Esther Rebollo

jueves, 6 de diciembre de 2007

LA BELLEZA DEL FONDO MARINO HECHA LIBRO

Periodista y realizadora, Claire Nouvian lleva 10 años recorriendo el mundo para rodar series de animales como 'Les Chroniques de la jungle perdue' o 'Les Nuits sauvages'. Su pasión por la fauna submarina y la inmersión le ha llevado a especializarse en este ámbito, y ahora recoge en 'Criaturas abisales' (Esfera de los Libros) una exclusiva selección de imágenes tomadas a miles de metros de profundidad.


Vampiros de los abismos, pulpos con orejas, monstruos de las profundidas, fósiles vivientes y frágiles criaturas bioluminiscentes. Un sinfín de fotos inéditas que comprometen las fronteras de nuestro saber y nos dejan sin palabras ante la diversidad de vida en la tierra.

«En 2001, después de ver una película de prodigiosa belleza proyectada en el Aquarium de Monterey de California, me sumergí en los fondos abisales. De la noche a la mañana y sin apenas advertirlo mi vida cambió de rumbo. Las imágenes, difundidas en bucle, mostraban animales que habían sido filmados por el instituto MBARI en los fondos del cañón de Monterey. Aparecían criaturas fabulosas, de formas sorprendentes, colores insospechados, que lanzaban amenazadores rayos de luz azul o por el contrario ondulaban con una gracia infinita, produciendo irisados destellos. Seres extraños, sin cabeza ni cola, se enroscaban y desenroscaban como cintas fluidas que ejecutaran una danza mágica», explica la autora en el prólogo de su obra.

«Una criatura me llamó la atención sobre todas: una especie de pulpo transformista rojo oscuro, provisto de dos grandes orejas cómicas que llamaban la atención. Parecía flotar en el espacio, entre las estrellas... Con inmensa elegancia y extremada lentitud, hinchaba el manto formando un globo y luego lo adelgazaba hasta semejar un disco; otras veces, sin embargo, lo levantaba por encima de la cabeza y se metamorfoseaba en calabaza abisal, luego reaparecía súbitamente, esta vez ensortijado en toda su longitud, semejante a una flor de enredadera replegada en la noche. Al final se alejaba tranquilamente en la negritud de su universo...», relata la autora.

Mis pensamientos seguían el bucle de la película: «No es posible... Estos animales no son reales... Estos efectos especiales están espléndidamente realizados, ¡lo nunca visto! Tiene que estar Tim Burton detrás de todo esto...» Y a medida que mis ojos desvelaban, no ya la marca de las imágenes de síntesis, sino la inimitable textura de la realidad, mis pensamientos cambiaron de naturaleza. «¿Cómo es posible que la Tierra albergue tales maravillas y que nosotros no estemos enterados?»

Fascinada por el fondo del mar, Nouvain quiso compartir los secretos encerrados tras los muros bien custodiados de los institutos de investigación oceanográfica. Solicitó la cooperación de los más grandes investigadores internacionales y, en tres años de trabajo, reunió todos los negativos de las fotografías más recientes tomadas por los escasos sumergibles y robots capaces de una inmersión hasta los 5.000 metros de profundidad. De esta exclusiva colección, única en el mundo hasta hoy, seleccionó las imágenes más espectaculares.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

UT PORTET NOMEN MEUN (Novela breve en fascículos)



Entrega 20 y última
-Ese debe haber sido quizás el pecado que avasallaba a D. Martín Suárez de Toledo- se me escapó el pensamiento en un susurro, sorprendiendo al dolorido duende y al escribano.
-¿Algún dictado para incorporar a vuestra disposición?- dijo el fedatario, mirándome por entre los barrotes de sus cejas.
-¿Martín Suárez de Toledo?- me susurró al oído el trasgo, sentado en mi hombro.
-Nada notario, no deis crédito a mis palabras, sólo un pensamiento en voz alta- dije con acento imperativo, impulsándolo a terminar de una vez por todas con su escrito, cuya extensión comenzaba a preocuparme.
-¿Quién es D. Martín Suárez de Toledo?- insistió en mi interior el genio.
-El segundo marido de mi madre, la hija de Dña. Mencia Calderón- respondí, debiendo echar mano a los restos de mi paciencia para mantener la calma.
-¿El que os apartó de vuestro mayorazgo?- preguntó el espectro, insidioso como siempre, y con la voz deformada por una risa que pugnaba por estallar.
-Sí- dije, sin darle importancia a su falta de cortesía.
-¡MST!- sus palabras se arrebujaban en un manto de crueldad.
-¿Qué dices?- contesté mirando a su rostro, que era ahora la representación de la crueldad.
-Las iniciales en el anillo, ¿recordáis señor nuestro hallazgo en la cripta?- me molestó el “nuestro”, me molestó lo descomedido del tono, me molestó la forma en que parecía regocijarse cuando descubría algo que podría serme desagradable.
Todo él me molestaba, quizás por la certeza con que arrojaba sus estocadas, y esta vez me molestaba más que nunca:
-Los únicos anillos que guardó vuestra madre, envueltos en el pañuelo de “La Adelantada”, fueron los de su padre, y el de su segundo marido- el fantasma, más espectro que nunca, lanzó sin tapujos una risotada tan cruel como plebeya- ¡De D. Hernando de Trejo, vuestro padre, nada!
Lo miré sin responderle, mientras en lo profundo de mi ser rezaba un Ave María, para apartar de mí esas dudas que de tanto en tanto me atormentaban, esos pensamientos que no eran propios de un buen cristiano, y que pese a haber dominado en mis manifestaciones externas se encarnaban en los dichos del duende; sus palabras nacían del estigma que yo llevaba en el fondo de mi alma.
-Hernado, igual que vos, señor, le puso a “su” primogénito- el “su” venía diabólicamente sazonado por el destello de los ojos del trasgo- Y para colmo no fue un don nadie, ya sabemos lo que significa en el Río de la Plata el caudillo en que se convirtió... ¿Quién no conoce a “Hernandarias”(1) en estos reinos?- la risita mefistofélica volvía a apuñalar mis carnes interiores, lacerándome hasta casi interrumpir la profundidad en que intentaba sumergirme para apartar de mí ese pensamiento cruel que, de tanto en tanto, salía de las cavernas del infierno interior que cada uno lleva consigo.
Gracias a Dios, algo dijo el notario liberándome de los sufrimientos íntimos que me atenazaban. Retornando a la superficie de la realidad me encontré con el fedatario que me extendía los folios producto de su trabajo, pidiéndome que los leyera antes de suscribirlos. Confiado en su meticulosidad, los ojeé en forma rápida, una vez más con mi inquisidor trepado sobre mi hombro haciendo, de tanto en tanto, algún comentario al que no prestaba ninguna atención.
-Bien señor notario, habéis interpretado al pie de la letras las instrucciones que os di- dije, agradeciendo en mi interior a Nuestro Señor que me hubiera permitido dar ese paso tan deseado en este invierno de 1613, y empuñando la pluma que me tendía solícito y halagado el escribano, estampé al pie mi firma: Hernando de Trejo y Sanabria Episcopus Tucumanae. (2)
Dejé en libertad al funcionario y, charlando como lo había hecho a mi llegada, me despedí de D. Francisco de Mendoza, agradeciéndole su gentileza en prestarme su encomienda y su reserva para esos menesteres que quería conservar en la mayor intimidad posible, ingresando, previo paso por la capilla, al túnel donde me aguardaba mi guía, antorcha en mano. Caminé en silencio un lapso, mis pensamientos no bullían ahora en el caldo del pasado, sino que se habían disparado espontáneamente al futuro, hacia el fruto de todo lo que me había conmovido en las últimas horas, hacia esa universidad que brillaba como la antorcha en el túnel que transitaba, pero esta vez en un túnel horadado en el tiempo; un laberinto apenas esbozado hacia el futuro, que más que transitarlo habría que construir, y en cuya trazado esa casa de estudios soñada sería la brújula marcando el rumbo: “Ut portet nomen meun coram gentibus” “Univertas Cordubensis Tucumanae”. (3)
-Eminencia- por primera vez el duende empleaba el tratamiento que me correspondía- ¿Quién puso nuestro hallazgo dentro del muro?- no me importunó lo más mínimo la pregunta, ni aún el “nuestro” que solía molestarme, y contesté con un indiferente encoger de hombros.
-Eminencia- insistió el gnomo- ¿Os acordáis de los dientecitos en el tubo de plata, los que seguramente habían pertenecido a un infante muy querido, sin duda al predilecto de la prole?- su voz ahora era meliflua, halagadora, casi obsecuente, lo que me hizo poner en guardia.
-Sí.
-¿Serían de Hernandarias o vuestros, Eminencia?- sin esperar mi respuesta el duende, de un salto, huyó a cobijarse en los obscuros vericuetos de mi espíritu. (4)

(1)Hernando Arias de Saavedra, no es de extrañar que en esta época los hijos no tomaran el apellido de sus padres. Esto no significaba desprecio para sus progenitores.
(2)Los medio hermanos Hernado de Trejo y Sanabria y Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, fueron hitos del americanismo en el Río de la Plata; el uno, primer criollo consagrado obispo y fundador de la Universidad de Córdoba, en cuya empresa fue secundado magistralmente por el provincial de los jesuitas, Diego de Torres; el otro, primer criollo designado gobernador, y caudillo indiscutido de estas tierras.
(3)El lema de la Universidad de Córdoba no le fue impuesto por el obispo Trejo y Sanabria.
(4)El obispo D. Hernando de Trejo y Sanabria salió al año siguiente (1614) a misionar a las sierras de Córdoba, retornando enfermo. Acompañado entre otros por su confesor, el padre Juan Darío, inició viaje a la sede de su diócesis en Santiago del Estero, pensando que el clima de esa villa lo reconfortaría. Falleció a sólo ocho leguas de su partida, el 24 de diciembre de aquel año.
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Alfonso Sevilla

domingo, 25 de noviembre de 2007

UT PORTET NOMEN MEUN (Novela breve en fascículos)


Entrega 19 y penúltima
Encaramado en el hombro del notario, quien por supuesto no podía percibir su presencia, leía el escrito dirigiendo hacia mí sus ojos, ora alarmados por el contenido de determinadas partes del texto, ora interrogantes en los momentos en que, me pareció, el decir hermético propio de la profesión notarial, labraba párrafos para él (y para muchos) incomprensibles, hasta que de pronto se deslizó reptando hasta encaramarse en mi hombro, susurrándome al oído:
-¡¿Toda la herencia?!
Divertido, asentí con mi cabeza.
-¡¿Al padre Diego de Torres?!
-¡Claro que sí! ¿Porqué no a él? ¡Y ten mucho cuidado de faltar al respeto al provincial de los jesuitas, bellaco!- contesté en mi interior. Por la proximidad con que ahora lo contemplaba, o tal vez acentuada por mi admonición, pude ver lo profundo que había calado la transfiguración en el rostro del trasgo, que antes sólo percibida en sus movimientos: sus ojos habían trocado su habitual brillo picaresco por un toque de sombra angustioso subrayado por profundas ojeras, no existía más en ellos ese signo de interrogación que arrastraba a seguirlo en sus sugerencias, en su lugar ahora flotaba un ambiguo aguaitar desesperanzado; sus labios, en el sótano curvados por un gesto alegremente irónico, habían dejado caer sus comisuras cargadas por el peso de la decepción; el sino del duende había dejado de ser la curiosidad arrolladora, siempre plena de vida, optimista, ansiosa de futuro, para virar hacia su contracara: la duda. No era más un gnomo, me atrevería a decir que ahora era un espectro. Dejé a un costado al ser fantasmal, para meditar sobre mi legado, llegando una vez más a la conclusión que para nada me arrepentía de lo que había dispuesto. Este era un tema que no había surgido sorpresivamente, había sido analizado largamente en el interior de mi conciencia, y madurado en mis conversaciones con el padre Diego; no había improvisación, ni arrebato de magnanimidad: así como en Santiago del Estero había fundado el primer seminario del Tucumán, ahora quería ver una casa de estudios superiores, tal la universidad que había conocido en Lima, pero esta vez en Córdoba de la Nueva Andalucía.
Como siempre mis pensamiento bullían con mayor rapidez que mi capacidad para expresarlos o, como en este caso, de verlos desfilar ordenadamente ante los ojos de mi visión interior. De pronto, en un salto atrás de mis recuerdos, me vi escribiendo un párrafo de la carta que hacía dos años había dirigido al sabio seguidor de San Ignacio “...me obligo dar para ella veinte mil ducados de Castilla y cumplidos entregados al Padre Provincial que eso fuera de esta provincia o al Rector desta casa...” Cada vez que recuerdo este hecho siento el latigazo del remordimiento por un acto que con el tiempo juzgué motivado por la vanidad, y que para mi tranquilidad y salud de mi alma, he reparado con el sentido arrepentimiento; sin duda caí en pecado cuando terminé el párrafo escribiendo: “... el Padre General me ha de recibir por fundador de dicho colegio.” Vanidad, pensaba mientras el notario parecía a punto de terminar su escrito, cuantos pecados arrastra tras su cola esa horrible palabra; y como siempre me sucedía, una idea arrastraba a otra en una extensa cadena que terminaba distante del motivo que había dado origen al primer eslabón. Muchas veces el final inesperado estallaba con luz propia iluminando una realidad que por momentos me dejaba perplejo.
CONTINUARÁ- LA ÚLTIMA ENTREGA SE HARÁ EL MIÉRCOLES. Si desea leer reunidas todas las entregas busque en la columna de la derecha, en ETIQUETAS y cliquee en NOMEN.
Alfonso Sevilla

sábado, 24 de noviembre de 2007

UNA REUNIÓN DE AMIGOS, Y ALGUNOS VERSOS DE LOS MUCHOS QUE DESCUBRIMOS


UNIÓN, AMISTAD, COOPERACIÓN

Con Luis a visitar, los dos fuimos al amigo,
y no dimos, recibimos. ¿Porqué- me digo-
volvimos teniendo más, si fuimos a dar AMISTAD?
Y la duda me contestó, que la amistad es UNIÓN,
y que de esa conjunción, nace sólida COOPERACIÓN,
ya que las tres acrisoladas, se alean en hermandad.
Octavio Ochoa (a) “El 88”


La Redacción debe aclarar que de la decenas de versos que hallamos; sólo seleccionamos tres, ya que pese a la libertad que nos dio Hugo, mantuvimos en su intimidad aquellos que nos parecieran que merecía ser respetada.
Los versos no tienen nombre, y como tal los publicamos. Como guinda del postre descubrimos un mural también de la mano de Hugo, cuya foto encabeza estas líneas. ¡Gracias Hugo por la llaneza con que te brindaste!

ALGUNOS VERSOS DE GIBERTI

Hoy nació Martina,
Con ansiedad la esperamos:
Jessy, Nacho, Eugenia,
Yo nervioso y Delfina.
Ya tengo el cuarteto,
Un varón y tres niñas
Son gracias de mi vida
¡Gracias Marcia querida!
18-Ago-07

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Cuando ellos están
Es hogar que vive
Y hasta en las paredes
Sus voces se inscriben
Cuando ellos se van
Todo se detiene.
¡¡Y todo vuelve a ser
la nada que contiene!!

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Confié en la sonrisa,
Hace muchos años
Y a pesar de todo,
La tengo en mis labios.
Nunca tengo tristeza
Si estoy con mis nietos
Ellos son un motivo
Para seguir siendo.
En la sonrisa de ellos
Está mi sentimiento
Ellos me reviven
Y sonrío por dentro.

Hugo Giberti

miércoles, 21 de noviembre de 2007

UT PORTET NOMEN MEUN (Novela breve en fascículos)


Entrega 18
En la quinta había varias construcciones de adobe con techos de paja. La más importante, hacia la que nos dirigíamos, parecía ufanarse de su galería anterior sostenida por rústicos parantes de madera, casi troncos; no obstante, la casa la ostentaba orgullosa, como símbolo distintivo de su posición social en medio de sus congéneres: ser la morada del amo, D. Francisco de Mendoza. En nuestra plática caminando hacia ella revistamos las novedades políticas, yo comentaba lo acaecido en Santiago del Estero, con figura central en el gobernador, D. Luis de Quiñones Osorio, y él relataba los sucesos en Córdoba, siendo la diana de sus afiladas flechas el Teniente Gobernador, D. Fernando de Toledo Pimentel. El último tramo de nuestro andar lo hicimos a la vera de un ancón, de donde nacían acequias espejadas por el sol jugueteando entre las cabelleras de los sauces, y acompasadas en su corretear por los quejidos de algunas norias trasegando las aguas hacia los cuadros de cultivo.
-Os aguarda el notario- me dijo D. Francisco, a punto ya de entrar a la vivienda.
Hubo saludos protocolares, exagerados por el fedatario, especie que, creo, siempre le gustó desplegar hasta la exageración tanto las reverencias como los latinajos. Ya sentados alrededor de una rústica mesa, y después de tomar una taza de soconusco, que me supo como nunca sazonado por el frío del invierno cordobés, se retiró el encomendero aduciendo la necesidad de atender tareas en la quinta, lo que evidentemente era mero pretexto para dejarnos en soledad trabajar.(1)
El letrado había abierto su escribanía portátil y de su interior sacaba los instrumentos de su oficio: tintero, plumas de ganso, y folios cuyo número me hicieron temblar al pensar que si pensaba llenarlos a todos me pasaría el día entre obviedades, frases hechas y otras menudencias a la que son tan afectos los de su menester. Con suma atención revistó el corte de las plumas, sus ojos de aguilucho brillando bajo unas cejas que trepaban tormentosas hacia lo alto, como si de un general se tratase, pasando minuciosa inspección a las espadas de su tropa en la hora crucial que preludia la batalla. Acarició los folios, campo donde libraría el combate, hasta que finalmente seleccionó uno al que contempló satisfecho; levantó el mentón entrecerrando sus ojos como si se tratara de un artista buscando su musa, o un sacerdote a la hora de la consagración, abrevó la pluma en el tintero y dejó flotar un instante la mano portando su arma, hasta que, en forma decidida, la dejó caer sobre el papel donde trazó la señal de la cruz, dejando fluir la pluma portadora de su sapiencia: “En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios Verdadero, y de la Gloriosa Virgen María su madre, Nuestra Señora, a quien toma por abogada, en el asiento de la Ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía....”... El escribano susurraba lo que escribía, pausando su letanía en los lapsos en que, concentrado en un concepto o en el tallado de una filigrana, sacaba la punta de la lengua por una comisura de sus labios y entrecerraba sus ojos modificando la posición de su cabeza sobre la blanca peana de seda alechugada.
El monótono hacer del notario, y mi poco protagonismo, ya que había entregado al notario una minuta con las bases del escrito que necesitaba, me condujo rápidamente al ensimismamiento que caracteriza mi manera de ser; no me cuesta confesarlo, ni trato de corregirlo; antes bien, gozo apurando el proceso cuando lo sé a punto de acaecer, y en aquella oportunidad hice como siempre, empujándome a las profundidades de mi ser. Esta circunstancia hizo reaparecer al geniecillo, ahora instalado en el escenario en que se movían mis pensamientos, aún cuando sus modos fueran otros; en casa ajena, el trasgo parecía cohibido, sus movimientos, antes vivaces y contagiando permanentemente un dinamismo que invitaba a avanzar sin freno hacia lo desconocido, ahora se habían vuelto calmos, temerosos, calculadores; las cabriolas habían desaparecido y ahora, extremadamente sigiloso, caminaba en puntas de pie acercándose al escriba. De tanto en tanto, mientras acortaba la distancia, me miraba buscando mi aprobación... o complicidad, haciéndome reír en mi interior.
(1) La quinta es el origen de un barrio tradicional cordobés, “Quinta Santa Ana”, en el que existe aún la capilla en donde se sigue oficiando el culto.
CONTINUARÁ- LAS ENTREGAS SE HARÁN LOS MIÉRCOLES Y DOMINGO. Si desea leer reunidas todas las entregas busque en la columna de la derecha, en ETIQUETAS y cliquee en NOMEN.
Alfonso Sevilla

martes, 20 de noviembre de 2007

SELECCIONE LO QUE SE PUBLICÓ EN ENTREGAS Y LEALO TODO REUNIDO.


DESPUÉS DE UN TIEMPO DE QUE NUESTRO BLOG DESARROLLARA OBRAS POR ENTREGAS LE RECORDAMOS QUE UD. PUEDE LEERLAS REUNIDAS. EL PROCEDIMIENTO ES SENCILLO E INCLUSO LE PERMITE AHORRAR TIEMPO EN SU CONEXIÓN CON LA RED, SI ESE ES UN PROBLEMA. VAYA EN LA COLUMNA DE LA DERECHA A "ETIQUETAS", Y ALLÍ CLIQUEE LAS SIGUIENTES OPCIONES: "BEATRICE", "CUENTOS", "DANTE", "NOMEN" (Ut portet nomen meum), U "OSCURIDAD". UNA VEZ OBTENIDA LO OBRA COMPLETA SE PUEDE DESCONECTAR DE LA RED LO QUE LE PERMITIRÁ LEERLA SIN QUE CONSUMA TIEMPO EN LA RED, SI ES QUE ESO SIGNIFICA UN PROBLEMA. RECUERDE QUE SIEMPRE APARECERÁN LAS ENTREGAS EN EL ORDEN INVERSO AL QUE FUERON PUBLICADAS, ES DECIR QUE LO PRIMERO QUE APARECERÁ SERÁ LA ÚLTIMA ENTREGA, Y HACIA ABAJO EL RESTO. PUEDE VOLVER A CONECTARSE A LA RED EN EL MOMENTO QUE LO CONSIDERE CONVENIENTE. TAMBIÉN LE RECORDAMOS QUE SI DESEA GOZAR DEL POEMA "EL VINO" DISFRUTANDO DE LA VOZ Y LA GUITARRA DEL AUTOR, ALBERTO CORTEZ, PUEDE SOLICITARLO A somosloslibresdelsur@gmail.com
Y LE SERÁ ENVIADO POR MAIL A VUELTA DE CORREO. GRACIAS POR VISITAR ESTE BLOG. ESTAMOS TRABAJANDO PARA UD. LA REDACCIÓN