domingo, 20 de diciembre de 2009

LA NAVIDAD SE HACE OBRA DE ARTE EN LOS PESEBRES


La Nación, Buenos Aires, Argentina, 20Dic09
Cuatro museos porteños exhiben nacimientos e íconos religiosos
FOTO: El Museo Larreta muestra pesebres peruanos y retablos hechos con cerámica, piedra, madera y barro Foto: Hernán Zenteno.
Laura Casanovas
LA NACION
La Navidad también se puede vivir a través del arte. Es la consigna que por estos días recorre la ciudad de Buenos Aires, que ofrece varias exposiciones en distintos museos, para reflexionar sobre esta fecha del calendario religioso por medio de distintos estilos artísticos, materiales, épocas y técnicas. Las figuras en barro de rasgos aborígenes del pesebre del artista peruano Edilberto Mérida tienen los pies y las manos demasiado grandes en relación con el resto de su cuerpo. Sucede que con los pies "se aferran a la tierra, que es lo único que los ha mantenido vivos" y sus manos "tienen la forma desesperada del ruego", según palabras del artista que se reproducen en la muestra.

Es uno de los pesebres que integran la destacada exposición "Nacimientos peruanos. Manos artesanas celebran la Navidad", que se puede ver hasta fines de enero en el Museo de Arte Español Enrique Larreta (Avda. Juramento 2291). También hay retablos y distintas figuras vinculadas con la Navidad realizadas con hilos, cerámica, piedra, madera y otros materiales.
La exposición reúne más de 80 piezas contemporáneas de las regiones de la costa y la sierra del Perú, pertenecientes a dos coleccionistas argentinos, que permiten ver cómo cada artista toma las escenas y figuras que remiten a la fecha religiosa y les imprimen su particular estilo que, a su vez, tiene características propias del lugar, ya sea en las vestimentas, los oficios laborales de los Reyes Magos o los alimentos que le acercaron al recién nacido niño Jesús (chicha, maíz, papa).
Al respecto, las pequeñas esculturas de Hilario Mendívil, como la de la Virgen o los Reyes, tienen un cuello muy alargado por inspirarse en la forma de la vicuña. También forman parte de la muestra dos nacimientos del siglo XIX con rasgos más europeos. "Se atribuye la creación del pesebre a San Francisco de Asís, en el siglo XIII.
En el siglo XVIII, tuvo una gran difusión, que está muy de acuerdo con el espíritu festivo de esa época, cuya máxima expresión son los pesebres napolitanos que llegaron a tener miles de figuras. También se difundió entonces por España y otras partes de Europa", explicó el historiador del arte Héctor Schenone, quien rescató las piezas de un nacimiento napolitano que guarda aquí el Museo Nacional de Arte Decorativo.
Schenone contó a LA NACION que el pesebre es una manifestación bien popular en la cual se expresa la alegría de la celebración. Y señaló que en América se siguió la tradición de manera artesanal y casera.

Tres iglesias
En el Museo de Arte Popular José Hernández (Avda. del Libertador 2373) tiene lugar el IX Encuentro de Iconografía Argentina, con pinturas realizadas por artistas de distintos talleres del país vinculados con las iglesias rusa, griega y católica. Se puede visitar hasta el 3 de enero.

El ícono es una pintura sacra con una técnica particular que nació en el Oriente bizantino. Los 106 cuadros exhibidos están realizados con pintura al temple (yema de huevos y pigmentos naturales) y representan las escenas de la Natividad, la Virgen y el Niño, la figura del Cristo Pantocrátor y de la Santísima Trinidad.
"El ícono es plano y se va del oscuro al claro, y la claridad se obtiene a través de sucesivas capas de pinturas", comentó el padre Hernán Pérez Etchepare, que ya hace varios años que convoca a este encuentro que acerca a las iglesias.
También hay pesebres y pinturas en el Museo de Arte Hispanoamericano Fernández Blanco (Suipacha 1422), que son parte del patrimonio de la institución. Estos "nacimientos", "pesebres" o "belenes" se podrán ver hasta marzo del próximo año.
Más de estas representaciones que remiten al misterio de la Navidad se exhiben en el Museo de Esculturas Luis Perlotti (Pujol 644). Se trata de las obras seleccionadas y premiadas en el XIII Certamen de Pesebres Escultóricos, convocatoria que realiza todos los años la institución para mantener viva la tradición del pesebre navideño.

jueves, 17 de diciembre de 2009

EL ANTEPASADO MÁS ANTIGUO DEL HOMBRE, HALLAZGO CIENTÍFICO DEL AÑO, SEGÚN 'SCIENCE'


El País, Madrid, España, 17Dic09
Avances en monopolos, el grafeno y la terapia génica, así como la reparación del telescopio 'Hubble' también están en la lista
M.R.E. - Madrid -
Ardi, una hembra que medía 120 centímetros, pesaba unos 50 kilogramos y vivió en la famosa región de Afar en Etiopía hace 4,4 millones de años pasó este año a formar parte de la breve galería de hitos individuales en la evolución humana. Ahora la revista Science considera el hallazgo, que publicó en octubre pasado, el avance científico más importante del año.
Foto: El antepasado más antiguo del hombre no era como los monos actuales

Ardi es el ejemplar más completo encontrado de lo que sus descubridores consideran el antepasado más antiguo de los seres humanos, el Ardipithecus ramidus, y fue presentado en sociedad con la pompa correspondiente al hallazgo de toda una generación en paleoantropología. El nuevo homínido significa un salto hacia atrás de más de un millón de años en el conocimiento de la estirpe del ser humano. Se añade al primer esqueleto de neandertal, el niño Taung de Sudáfrica, y la famosa Lucy, de 3,2, millones de años.
Las discusiones sobre cómo vivía, si verdaderamente andaba erguido, al menos parte del tiempo y lo que representó en la evolución humana no han hecho más que empezar, reconoce Science en su revisión anual. (Clic para nota en inglés)Nadie duda de que es un hallazgo importante, pero no todos los paleoantropólogos están seguros de que fuera un ancestro humano, o incluso un homínido, la familia que incluye a los humanos y nuestros antepasados pero no a los antepasados de otros primates actuales.
Los restos fósiles de Ardi y sus congéneres fueron excavados pacientemente en un terreno sumamente difícil por el equipo dirigido por el estadounidense Tim White, del que forma parte la española Nuria García. Ahora están siendo estudiados por otros equipos para intentar llegar a un consenso sobre su papel en la evolución humana.
El resto de los avances del año destacados por la revista, que muestra un claro sesgo hacia los de origen estadounidense, son los siguientes: (…)
CLIC PARA NOTA

EL FENÓMENO MILLENNIUM


La Gaceta, La Gaceta Literaria, Tucumán, Argentina, 13Dic09
Stieg Larsson tuvo la misma muerte que uno de los personajes de una trilogía que escribió y nunca llegó a ver publicada. Un infarto le impidió apreciar un éxito editorial conformado por 13 millones de ejemplares vendidos en más de 40 países. La reina en el palacio de las corrientes de aire, el último tomo de la trilogía Millennium, se mantuvo doce semanas en el ranking 2009 de libros más vendidos de LA GACETA Literaria. Por Juan Manuel Montero - Para LA GACETA, Tucumán.
Fotos: | Stieg Larsson y la “escuálida salander”. La joven que pasó gran parte de su vida en un psiquiátrico, amarrada noche y día, es una historia dentro de la gran historia que construyó Larsson. Por ello, ilustra las portadas de sus tres libros. ARCHIVO
Conan Doyle jamás habría imaginado a Lisbeth Salander como compañera de Sherlock Holmes. Si bien el sueco Stieg Larsson utilizó la consabida fórmula de detective-ayudante para su genial trilogía Millennium, la sola presencia de esta joven, la columna vertebral de los tres libros, le da a la obra un valor único. Puede decirse que Millennium no habría alcanzado la categoría de best seller si no fuera por esta mujer a la que el mismo Larsson definió como una "una sociópata con rasgos psicopáticos que no funciona como la gente normal. Ni siquiera tiene la más mínima consideración sobre lo que está bien o está mal".

Larsson tenía 50 años cuando culminó su trilogía. El 9 de noviembre de 2004, el primer libro, Los hombres que no amaban a las mujeres, aún no había visto la luz y él estaba manteniendo un frenético intercambio de e-mails con su editora, Eva Gedin. Había pasado ocho meses trabajando sin descanso. Sus amigos recuerdan que dormía tres horas al día, fumaba tres paquetes de cigarrillos y tomaba 20 cafés diarios. Ese día llegó al edificio donde está la revista Expo, en la que denunciaba a grupos nazis (lo que le valió no pocas amenazas), y el ascensor estaba roto. Eran las 13.30. Subió por la escalera los siete pisos y a la media hora sufrió un infarto. Murió cuando lo trasladaban en una ambulancia hacia un hospital. Dejó como legado una obra que se transformó en un éxito mundial, con más de 13 millones de copias vendidas en todo el mundo y con una regalías impresionantes que, como no podía ser de otra forma, hoy enfrentan a los padres del escritor con quien fue su compañera a lo largo de 30 años, Eva Gabrielsson.

Libros que no se pueden dejar
Pero, ¿qué es lo que convirtió a esta trilogía en semejante éxito? En Suecia no se tenían demasiados antecedentes de semejante boom editorial desde Henning Mankell. Hay quienes advierten que el secreto de Millennium no está tanto en la forma de escribir de Larsson, sino en la historia. Pero esto es quitarle mérito al autor. Larsson construyó evidentemente una formidable narración, y lo hizo, como le sucede a muchos escritores, cuando comenzaba a aburrirse. Fue justamente Gabrielsson quien lo instó a continuar un relato que había publicado en 1997, en el cual un hombre recibe cada día de su cumpleaños una flor de un remitente anónimo. Larsson, que en ese momento disfrutaba junto a su novia de unas vacaciones en el archipiélago de Estocolmo, incluyó esa escena en el inicio del primer libro. Así comienza la historia que a lo largo de las 2.250 páginas que conforman la trilogía, mantiene amarrado al lector de una forma casi obsesiva. Se trata, ni más ni menos, del típico libro que uno no puede soltar hasta que lo termina.
La obra gira alrededor de dos personas, el periodista económico Mikael Blomkvist y Salander. Los dos se conocen a partir del pedido de un multimillonario, presidente de una gran empresa sueca, quien, antes de morir, pretende saber qué pasó con su sobrina, desaparecida hace más de 30 años. Las vidas de Blomkvist y de Salander se cruzarán cuando él vea en ella la persona adecuada para secundarlo en la investigación. Pero Salander es una historia dentro de la gran historia. Es una joven que pasó gran parte de su vida en un psiquiátrico, amarrada noche y día en una camilla, de baja estatura y casi escuálida, con el cuerpo lleno de tatuajes y de piercings, medio autista, bisexual y con la ira a flor de piel. Reniega de cualquier tipo de control y, ante todo, desconfía de las instituciones, comenzando por la Policía y la Justicia. Desdeñada por sus compañeros de trabajo, su jefe, propietario de una empresa de seguridad privada, encuentra una ocasión especial para hacer que ella colabore con el periodista.
Salander es una verdadera outsider, pero esa es una de sus cualidades. Puede entrar donde quiera. Y además, cuenta con una virtud absolutamente necesaria en épocas como las que corren: es una experta hacker, lo que a Blomkvist le resultará imprescindible para su trabajo. El periodista, por su parte, tiene como principal virtud la perseverancia, a la que acompaña con una alta dosis de inteligencia y de ego, fundamental para su profesión. Ambos se unen para descubrir qué pasó con la joven desaparecida y entablan una relación muy especial, que se desarrolla a lo largo de los tres libros.
La historia tiene todos los condimentos necesarios para convertirse en un gran policial: crímenes, conspiraciones, perversiones sexuales, persecuciones, trampas financieras. Pero no deja de ser menos protagonista la misma Suecia, tanto con sus invernales paisajes, como por sus cálidos veranos, rodeados de montañas, ríos y por la fascinante Estocolmo. Todo esto está narrado impecablemente por Larsson, que se detiene en los detalles y pinta paisajes y costumbres de cada personaje (que son muchos), incorporándolos naturalmente al relato.

La continuación de la historia
A Los hombres que no amaban a las mujeres le siguió La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, donde Larsson comienza a contar qué fue lo que le pasó a Salander para llegar a ser la persona hosca y oscura que ya conocemos, pero no es una novela rosa. En el medio, un periodista, compañero de Blomkvist, y su esposa, que investigaban la trata de personas, son brutalmente asesinados, al igual que el abogado nombrado por la Justicia como administrador y cuidador de la propia Salander, a quien la Policía acusa por los tres crímenes.
El tercer libro, La reina en el palacio de las corrientes de aire, es una neta obra de espionaje, en la que el pasado y el futuro de Salander convergen hasta que la realidad golpea a todos. Larsson, además, consigue algo que no es fácil: después de las .2250 páginas, cierra la historia con maestría, y no quedan cabos sueltos.
El éxito no se hizo esperar y, como no podía ser de otra forma, ya se filmó la primera película, rodada en Suecia y España bajo las órdenes del danés Niels Arden Oplev, y protagonizada por los suecos Michael Nyqvist y Noomi Rapace.
En los e-mails que Larsson se escribe con su editora, el sueco deja en claro que detesta las injusticias, y que por eso sus dos protagonistas no dudan en poner la vida en juego si es necesario para defender sus ideas. Larsson sabe bien lo que dice: fue trotskista y durante gran parte de su vida investigó los movimientos de extrema derecha en su país y las vinculaciones que estos tenían con las empresas suecas. En la última entrevista que publicó antes de su muerte, cuando el primer tomo aún no había sido publicado, Larsson dejó esta impresión: "escribir historias de detectives es escribir literatura ligera, puro entretenimiento. En principio no es como escribir propaganda política o literatura clásica. El género negro, ya se sabe, es una de las formas más populares de entretenimiento que existen. Si además intentas decir algo con ello… bueno, yo lo he intentado, por supuesto". Y le salió más que bien. Lástima que no sobrevivió como para gozarlo.

Juan Manuel Montero - Editor de la sección Policiales de LA GACETA.

Perfil

Stieg Larsson nació en Skelleftehamn (Suecia), en 1954. Cuando tenía 14 años vio cómo unos amigos suyos violaban a una chica en un camping. Este hecho, que recrearía en una de sus novelas, lo marcó para siempre. Se convirtió en un firme defensor de los derechos de la mujer y en un luchador contra el racismo y los movimientos de extrema derecha. Esa lucha lo llevó al periodismo y, en 1999, a dirigir la revista Expo, dedicada a estudiar las tendencias antidemocráticas en la sociedad. Publicó varios libros sobre las actividades de grupos neonazis en Suecia y sobre las conexiones de estos grupos con el mundo de la política y las finanzas. Recibió numerosas amenazas derivadas de sus investigaciones y, a raíz de las primeras y de la muerte de un compañero suyo en un atentado, decidió no casarse con su pareja para que su nombre no estuviera asociado al de ella en ningún registro público. Durante 2001 empezó a escribir una historia, casi secretamente y durante las noches. Los protagonistas eran la investigadora Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist, periodista de investigación de la revista Millennium. Completó tres libros de su historia y se los pasó a una editora amiga. En el tercer tomo, basándose en los padecimientos que sufría a causa de los tres paquetes de cigarrillos que consumía diariamente, combinados con las escaleras que debía subir para llegar a su departamento de 56 metros cuadrados, incluyó un personaje que moría de un infarto a raíz de un esfuerzo análogo. Esa muerte lo esperó, pocos meses después de imaginarla y antes de que se publicara el primer título de la serie, a causa de un ascensor fuera de servicio que normalmente lo llevaba al séptimo piso en el que se encontraba la revista en que trabajaba. A los 50 años, Stieg Larsson se despedía de una vida que le tenía reservado un éxito arrollador, que se traduciría en 13 millones de ejemplares vendidos que jamás vería. Mario Vargas Llosa le dio la bienvenida a ’’la inmortalidad de la ficción’’ y Joaquín Estefanía, ex director del diario El País, de Madrid, sostuvo que en la Millennium se desarrollan algunas de las mejores reflexiones que se hayan hecho sobre el periodismo moderno. Mientras se estrenan, con gran éxito de taquilla, las primeras dos películas derivadas de la trilogía y se prepara una serie de televisión, los lectores siguen devorando las más de 2.000 páginas urdidas por el talentoso sueco.

martes, 15 de diciembre de 2009

LA PUNTA DEL ICEBERG


La Nación, adnCULTURA, Buenos Aires, Argentina, 15Dic09
Casi 1900 artistas participaron este año del Salón Nacional de Artes Visuales, un concurso que se distingue por sus premios y por las polémicas que despierta. Anteayer terminó de presentar su 98a edición, en el Palais de Glace, y va por más
Ilustración: PABLO PÁEZ RIVA. Perspectiva meteorológica, Gran Premio de Dibujo 2009
Por Elba Pérez
Para LA NACION - Buenos Aires, 2009
Es usual que cada año se espere el Salón Nacional de Artes Visuales, y también que se polemice antes, durante y después de cumplirse la exposición. Entre los artistas, los ardores se inician con la convocatoria misma y se centran en aspectos reglamentarios o en la elección de los jurados actuantes en las distintas disciplinas. No faltan, claro está, apuestas sobre el otorgamiento de los premios y otras suspicacias condimentadas con cábalas y algún conjuro. Artistas y amateurs de las artes visuales (ex bellas artes, ex artes plásticas) conforman una parcialidad -nunca más preciso el término- que sostiene analogías con las bipolaridades irredimibles del público de ópera (¿Verdi o Wagner?) y con los muchachos -y no tanto- del tablón futbolero. Ha sido así desde el Centenario de la Emancipación, fecha en que se inauguró el primer Salón, y es así en esta edición número 98, en vísperas del Bicentenario
.
La organización demanda infinitos requisitos y la concertación multidisciplinaria. Es, en rigor, una construcción cultural muy compleja, donde cada interviniente cumple un rol exclusivo y complementario, a menudo desapercibido por los artistas y el público. Lo hecho y lo omitido será pasible de críticas, y cabe recordar la previsible tribulación de los cantantes e instrumentistas que en la Ópera de Parma son recibidos, en la calle y antes de la función, por un público provisto de silbatos.
La crítica, curiosamente excluida de la conformación de los jurados, sobrelleva y carga con lo suyo. Ejercer esta función es tarea ardua, máxime cuando la masiva presencia de obras y la diversidad de poéticas a ponderar y comparar exige respeto, tiempo y dosis considerables de energía intelectual, sensible y física. Es una labor que no puede hacerse a vuelo de pájaro, por respeto al esfuerzo y las expectativas de los autores de cada trabajo.
Este año participaron 1893 artistas, en las disciplinas Dibujo, Grabado, Pintura, Escultura, Fotografía, Arte Cerámico y Textil, Nuevos Soportes e Instalaciones. Las mujeres representaron el 56% de participantes y se hicieron acreedoras del 46% de los premios. El aporte femenino fue preeminente en las categorías Grabado, Arte Textil y Arte Cerámico, que se presentaron anteayer; los grandes premios, respectivamente, se los llevaron Rodolfo Cavilla, Susana Dragotta y Dora Isdatne.
Las obras aceptadas y expuestas constituyen el ápice de un iceberg, cuyo volumen sumergido es infinitamente mayor. En el Salón, las obras no aceptadas conforman una presencia virtual. Así lo hacía notar Aldo Galli, el inolvidable crítico y excelente músico que por décadas dio cátedra de periodismo en los diarios La Prensa y LA NACION. El señalamiento de Galli apuntaba a la necesidad de argumentar con conocimiento, fundamentar y enunciar sin apartarse del recto criterio. El Salón se realiza anualmente desde 1911, y desde 1932 tiene su sede en el Palais de Glace. En su 98a edición se exhibieron hasta el domingo último las categorías Escultura, en la planta baja, y Dibujo en el primer piso. La arquitectura del edificio representó un desafío para el responsable del montaje, Gustavo Vázquez Ocampo, y su equipo, pero la tarea fue cumplida con mano maestra.
La categoría Escultura presentó un panorama interesante por la variedad de materiales (y las técnicas empleadas).
Maderas talladas, ensambladas, torneadas; mármol tallado y pulido, cemento, chapa de hierro (batida, soldada, esmaltada), cemento, resina, vidrio, cáñamo, yute, tansa, todas las materias y mixturas se pusieron en juego. Son aptas para concitar el espacio, la forma, la masa pesante, rotunda o cribada de la especialidad. Y al aspecto propio de los materiales se sumó la policromía, ya que el color avanza, incontenible, en el lenguaje escultórico.
Las piezas de Oscar Stáffora, Claudia Aranovich, Betina Sor, emplazadas en el anillo central del Palais, fueron reconocidas con los premios mayores del Salón. Formas cerradas o asaetadas, serenidades clásicas (incluidos concretos y derivados), crispaciones expresionistas, regustos arcaicos, resignificación de símbolos, poéticas casi minimalistas se dan cita en la escultura argentina contemporánea.
En dibujo actuaron Ana Eckell, Ernesto Pesce, Armando Sapia, Luis Sacafati y, designado por la Secretaría de Cultura, Alejandro Boim.
Un jurado de lujo para un lenguaje que tiene honrosa tradición en la Argentina. Los participantes, en atención al marco de la exposición, maximizaron las dimensiones del soporte. Esta cuestión de tamaño suma exigencias a las demandas creativas y técnicas.
También en el lenguaje gráfico las definiciones borran fronteras entre dibujo y pintura, trazo cromático y prevalencia del color. El jurado acertó en el equilibrio de las definiciones estéticas en la certeza de que, más allá del todo vale de los desaprensivos, la libertad expresiva tiene límites que aseguran pluralidad sin desnaturalizar la esencia.
Enigmáticas, seductoras, ominosas, irónicas, caligráficas, esgrafiadas o gestuales, las imágenes seleccionadas trazaron un panorama de gran nivel. Pablo Páez Riva, Carlos Fels, Gabriel Mirocznyk, Sebastián Chillemi se hicieron justos acreedores de los primeros premios.
Como en el caso de la escultura, es imposible en el contexto periodístico reseñar y analizar todas y cada una de las obras presentadas. Esta cuestión de límites del soporte crítico no puede -Galli dixit- rebasar el centimetraje acordado a la nota.

domingo, 13 de diciembre de 2009

"EL MURAL", LA HISTORIA DE UNA GRAN OBRA

Clarín, Buenos Aires, Argentina, 12Dic09, 09:10 hora argentina.


Héctor Olivera filma la historia del mural que pintó en la Argentina el mexicano Siqueiros. La película cruza a Natalio Botana con Pablo Neruda, Antonio Berni y otros grandes artistas. En el elenco están el mexicano Bruno Bichir, Carla Peterson, Ana Celentano, Luis Machín y Sergio Boris.
Por: Diego Papic. Especial para Clarín.
El despacho de Natalio Botana, legendario director del diario Crítica, tiene la apariencia típica de los años '30: el escritorio pesado, los sillones mirando el hogar, la biblioteca repleta de libros gastados y el cuadro que retrata al excéntrico millonario con gesto adusto. Botana le ofrece un habano a un joven David Siqueiros: el muralista mexicano quiere pedirle ayuda económica para un proyecto artístico de contenido social. "Yo hago periodismo, no política", aclara Botana. "Creí que eran la misma cosa", retruca Siqueiros.

En el centro de la habitación, una cámara montada sobre un dolly es el intruso que delata que esto no es un viaje de setenta años al pasado, aunque lo parezca, sino el rodaje de una película. El mural, dirigida por Héctor Olivera, cuenta la historia de la realización del célebre Ejercicio plástico, que Siqueiros pintó por encargo de Botana. Una historia fascinante en la que, además, hay pasiones cruzadas y personajes históricos que formaron parte esencial de la cultura latinoamericana.
Luis Machín es Natalio Botana y el mexicano Bruno Bichir es David Siqueiros. A ellos los acompañan Carla Peterson (Blanca Luz Brum, la mujer y musa de Siqueiros), Ana Celentano (Salvadora Medina Onrubia, la mujer de Botana) y Sergio Boris (que interpreta al poeta chileno Pablo Neruda, que fue amante de Blanca Luz Brum).
El lugar de la reconstrucción del diario Crítica son los legendarios estudios Baires, ubicados en Don Torcuato. En uno de los bancos del jardín, bajo el sol de la tarde, Héctor Olivera charla con Clarín acerca de este proyecto que viene gestando en su cabeza prácticamente desde que empezó su carrera, cuando trabajó como ayudante de Eduardo Bedoya, que había sido socio de Botana en Crítica.
"Bedoya contaba anécdotas de Botana, de Salvadora, y de Crítica, recuerda Olivera. Cuando en 1956 formamos Aries Cinematográfica con Fernando Ayala, todos los años, cuando considerábamos el plan de filmación del año siguiente, surgía "los Botana", que era un temazo. Pero era carísimo, imposible de hacer para una película argentina. Recién cuando leí las memorias de Neruda, donde dice que en la torre de la piscina de "Los Granados" tiene una relación amorosa con Blanca Luz Brum, la mujer de Siqueiros, me di cuenta de que había una historia mayor que superaba a los Botana."
"Los Granados" era la mansión donde Siqueiros pintó el famoso mural. Para la película se utilizó una estancia de la zona de Tandil, de estilo español. Los propietarios, celosos de su intimidad, pidieron mantener en reserva el nombre para que no hubiera periodistas. Según trascendidos, la estancia es la Acelain, construida a principios del siglo XX por Enrique Larreta.
Colabora con Olivera, como directo adjunto, su hijo Javier (que realizó películas como El camino y El visitante). "Lo llamé porque como director soy muy audaz, pero como productor soy muy sensato y quería tener al lado de este director de 78 años a un joven, así en caso de un patatús mio me pudiera reemplazar de un día para el otro", bromea.
"Tenía mucha ilusión, años atrás, de poder interpretar a Siqueiros y jamás hubiera pensado que existía esta historia en la Argentina -cuenta Bruno Bichir, mientras pita un cigarrillo sin filtro, de los mismos que fuma su personaje en la escena con Botana. Siqueiros está en el inconsciente colectivo de los mexicanos, porque es una figura primordial para entender la cultura, las artes y una gran parte del movimiento revolucionario creativo que hubo, pero se le conoce más en la faceta de sus cincuenta años, no tan joven."
Todos los actores coinciden en la fascinación que les provocó interpretar a personajes que existieron y que marcaron el pulso de una época, que tuvieron vidas intensas y durante ocho meses, en Buenos Aires, cruzaron sus destinos. "Cada uno de los personajes de esta película merecería una miniserie", resume Ana Celentano, o Salvadora, sentada en su despacho del diario Crítica a medio construir.
"Es una mujer muy especial, muy contradictoria, muy controvertida -describe a su personaje. Sobre todo, porque tiene una historia de militancia anarquista, sentía que la mujer tenía que ser otra cosa que lo que era en esa época y fue muy consecuente con eso que pensaba. Y por otro lado se enamora de Botana y a medida que van pasando los años se convierte también en una señora burguesa con cierto grado de poder."
Luis Machín recorre con su mirada el paisaje de los estudios Baires y sentencia: "Filmar acá tiene como un plus". Claro, los estudios fueron construidos por el propio Botana, y a la sensación de estar interpretando a un personaje central de la historia cultural y política argentina se le suma la de hacerlo en un lugar con tanta significación. "Leí bastante sobre Botana, algunas cosas quería respetarlas como eran. Por supuesto que hay otras cosas que tienen que ver con mi lectura y con la de Héctor", reconoce.
Según cuenta, leyó varios libros sobre Natalio Botana. Principalmente se apoyó en la lectura de El tábano, de Alvaro Abós.
"Era una persona muy querida por sus hijos. Los aspectos que se conocen son los menos humanos, lo más políticos, y me gustó que se realcen en la película los otros porque son los que componen a cualquier ser humano", concluye.
Los tiempos del cine, se sabe, son lentos. La paciencia juega un rol fundamental. Mientras Bichir y Machín repiten la escena de la charla en el despacho de Crítica, Carla Peterson hace tiempo en su camarín. Maquillada y vestida como Blanca Luz Brum, alumbrada por la intensa luz proyectada por los focos que rodean el espejo, se sienta en el sillón y cuenta su personaje.
"Es una poeta uruguaya, una mujer muy moderna para su época, muy comprometida –recalca. Lo que tiene de raro es que hay mucho que no se sabe si es real, si es verdad o mentira sobre su vida. Tenía muchas contradicciones."
Blanca es la musa de Siqueiros, además de su mujer. Su cuerpo desnudo es el que aparece como motivo del mural. "Era una mujer que se daba todos los gustos -ironiza Peterson con picardía--. El día que se inaugura el mural se va a una torrecita y hace sus cosas con Neruda. Es amante de Botana también, es tremenda. Pero no se la puede juzgar."
A unos metros, Machín y Bichir repiten la escena. Olivera observa un detalle: la lámpara del escritorio está a la derecha. "Debería estar a la izquierda, sino haría sombra la mano del que escribe", analiza. Alguien del departamento de arte cambia la lámpara de lugar y busca algún objeto para poner en lugar de la lámpara. Y se repite la escena una vez más.

viernes, 11 de diciembre de 2009

LA FASCINACIÓN FRANCESA POR EL CULO


La Vanguardia, Barcelona, España, 12Dic09
Un programa del canal de televisión Artey varios libros devuelven al primer plano el culto a las nalgas | El documental 'La cara oculta de las nalgas' bate el récord de audiencia del canal cultural Arte
LLuís Uría | París. Corresponsal
Que en Francia se evite pudorosamente la palabra culo –y seprefiera hablar de fesses, nalgas– no significa que esta sulfurosa parte del cuerpo humano, más humana que cualquier otra, no ejerza una inconfesada fascinación entre los franceses. A fin de cuentas, ¿no fueron ellos quienes popularizaron en el siglo XVIII los cul-postiches, los culos postizos, ese armazón con el que las mujeres, previamente embutidas en el corsé, paseaban unas prominentes posaderas? ¿No fue acaso una francesa, Brigitte Bardot, la que escandalizó en 1963 a toda Europa –es decir, toda la que pudo ver la película de El desprecio– al pronunciar la ya célebre frase: Et mes fesses, tu aimes mes fesses?

Si alguien cree que la liberalización de las costumbres y la banalización del cuerpo desnudo ha hecho perder al culo su embrujo de antaño, está en un error. Y si no que se lo pregunten a los responsables de la cadena franco-alemana de televisión Arte, que la noche del jueves logró congregar ante sus pantallas a 1,3 millones de telespectadores, el 7,9% de la audiencia –un récord para este canal cultural–, con la emisión del documental La face cachée des fesses, (La cara oculta de las nalgas), realizado por los periodistas Caroline Ponchon y Allan Rothschild. ¡Ni el programa especial dedicado a Michael Jackson en junio movilizó a tal audiencia! El éxito estaba asegurado. Arte ya lo sabía y se había ocupado de preparar la comercialización del documental en DVD y la edición de un libro ilustrado, ambos ya a la venta al precio de 22,43 y 19,02 euros, respectivamente.
"Por algo han hecho ustedes un programa sobre el culo y no sobre la nuca o el codo", constata en el propio documental el escritor Jean- Luc Henning, autor él mismo de una Brève histoire des fesses (Breve historia de las nalgas), editado en 1995, traducido a una decena de lenguas y reeditado este año en Francia "El culo es una región demoniaca", apostilla.
El documental pretende explicar, durante 55 minutos y con gran profusión de imágenes, la percepción que las diferentes sociedades humanas han tenido del culo siguiendo como hilo conductor su tratamiento en la historia del arte. Una docena de especialistas –escritores, profesores, historiadores, antropólogos, artistas, fotógrafos, coreógrafos– contribuye a construir un relato a veces un tanto confuso y tortuoso. ¿De dónde viene este interés por las nalgas, que ha arrojado estas Navidades en las librerías francesas aún un libro más, Moon, bellamente ilustrado con más de 200 imágenes artísticas de los mejores fotógrafos del mundo con el culo como objeto central?
Claudine Cohen, profesora de Ciencias Sociales, proporciona la clave en el documental: "El hombre es bípedo gracias al culo, es lo que le permite mantenerse de pie. En esta postura el sexo de la mujer queda oculto, de ahí que el culo haya devenido un signo sexual secundario", explica. ¿Secundario? No para Jean-Paul Sartre, que un día dijo: "La patria, el honor, la libertad, no hay nada: el universo gira alrededor de un par de nalgas, es todo...".

jueves, 10 de diciembre de 2009

DE LA SOBERBIA A LA REDENCIÓN


La Nación, adnCultura, La Nación, Argentina
Por Hugo Beccacece
¿Quién no padece en algún rincón de su alma de esnobismo? El que lo niegue miente o se desconoce. El aficionado al tango que va a bailar a "su" milonga y la distingue de las "otras", pobladas por turistas, contaminadas por gente con pretensiones, así como el conocedor que frecuenta los locales ignorados, aquéllos donde está lo auténtico, y desdeña a los que se deslumbran con el tango acrobático de los grandes hoteles no es mezquino ni hosco: simplemente es esnob. Tanto como lo es el viajero novato que en Estambul va a ver bailar la "verdadera" danza del vientre, o en Sevilla a escuchar el "verdadero" cante jondo, aunque no pueda entender cuál es la diferencia entre las expresiones genuinas y las falsas
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Esnob de una causa equivocada es la señora que, para su conjunto de madrina de casamiento, viaja hasta Barrio Norte ilusionada por comprarse ropa en la misma boutique que la presidenta, donde se encarga un vestido con cinturón de hebilla enorme y cuadrada, el mismo tipo de hebilla que la primera mandataria exhibe orgullosa en las cumbres internacionales. Ésta, a su vez, posa al lado de las discretas Michelle Bachelet y Angela Merkel, esperanzada quizá con parecerse, así ataviada, a Carla Bruni o a Diana de Gales, aunque no tenga la misma figura ni tampoco los mismos gustos. En el fondo, ¿todo eso no es enternecedor? Somos tan iguales cuando queremos ser diferentes.
Hay esnobismos de distinta clase. El cultural puede tener consecuencias imprevisibles. El esnob que lee los textos considerados "imprescindibles" (el adjetivo a mano cuando a los críticos no se les ocurre otro), que ve las muestras "imperdibles", lo que le recomiendan los jueces más exigentes y sofisticados de las revistas culturales, aun cuando no disfrute de todo eso, aun cuando los libros se le caigan de las manos, se expone a un material que no es inocuo. Ignora que, a veces, los críticos, ávidos de novedad, esclavos de la teoría, se empeñan en elogiar lo que no lo merece porque piensan que un verdadero escritor, un verdadero artista deben aportar alguna innovación. Eso es también lo que busca el esnob: la novedad, de preferencia incomprensible, que excluya a un público masivo. Pero, a veces, contadas veces, el esnob se enfrenta a una obra innovadora, nacida del fervor sublimado de la sangre y del deseo (las únicas garantías de valor atendible). Al principio puede no entender lo que tiene delante, pero se da cuenta de que algo aún innominado late en su propia sangre, y la frivolidad desaparece. Cuando ocurre algo así, el esnob deja de serlo y reemplaza su vertiginosa carrera detrás de "lo último" por un diálogo con la obra. No se debe menospreciar a los esnobs. La redención, como el amor, los espera en el vernissage o en el libro menos pensado.
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