sábado, 28 de noviembre de 2009

EL BALCÓN QUE VOLVIÓ DEL PASADO


La Nación, Buenos Aires, Argentina, 28Nov09
Roa Bastos, Pezzoni, Bianco, Francisco Petrone y Fuentes, 47 años atras, en Buenos Aires
Tomás Eloy Martínez
LA NACION
Tantas veces he contado cómo conocí a Carlos Fuentes a fines de la primavera austral de 1962, en un balcón de Buenos Aires vencido por los años, que ya la anécdota se ha convertido en una leyenda con la que el tiempo hace lo que quiere. A veces la vuelvo a oír tan desfigurada que me pregunto si de verdad estuve en ese balcón, y si todos los que coincidimos allí éramos tan jóvenes y felices como se empeña en creer nuestra memoria.

Por eso, cuando Fuentes volvió a pasar por Buenos Aires a fines de este noviembre, le propuse que recuperáramos el balcón para mostrárselo a Silvia Lemus, su esposa. Nos costó dar con él porque no encontrábamos balcón alguno que amenazara precipitarse sobre la calle. Con buen tino, Silvia dijo que sin duda ya lo habían restaurado y propuso que dejáramos el recuerdo allí donde la vida lo había dejado: con las grietas de otros tiempos, melancólico, empañado por el aura de una Buenos Aires que ya no existe.
La casa del balcón -en verdad, el séptimo piso de un lujoso edificio de departamentos en la zona de la Recoleta- estuvo para mí siempre en la calle Arenales. Ahora Fuentes lo ubicó en la avenida Quintana, a pocos pasos del hotel Alvear -su refugio favorito en los viajes a la Argentina-, y contó que los invitados éramos unos quince o veinte: escritores, músicos, actores de cine. Yo carecía de méritos para estar entre ellos: desde hacía un año no era ya crítico de cine del diario LA NACION, sobrevivía colaborando con Augusto Roa Bastos en los diálogos de sus películas y escribía desde la medianoche hasta el amanecer una novela que nunca terminé. Durante años supuse que fue Roa Bastos quien me había llevado al balcón, aunque José Bianco me dijo, la última vez que lo vi, que fue él quien llamó esa mañana por teléfono a mi casa de Adrogué para que no olvidara la invitación.
Llegué al departamento de la calle Quintana cuando caía la tarde. Aunque Carlos Fuentes era el centro de atención, advertí que la conversación fluía distraída, como si la dispersaran otros imanes que no estaban a la vista. Todos los invitados habíamos leído y admirado La región más transparente en la única edición que circulaba entonces en Buenos Aires -la de la Colección Popular del Fondo de Cultura Económica-, y aún puedo oír la voz de Enrique Pezzoni repitiendo algunas frases del monólogo inicial de Ixca Cienfuegos con artificial entonación mexicana: "Tus héroes no regresarán a ayudarte. Has venido a dar conmigo, sin saberlo, a esta meseta de joyas fúnebres. Aquí vivimos".
La conversación de Fuentes era ingeniosa, deslumbrante, llena de fuego político, de pasión por la justicia y de una sabiduría intelectual asombrosa para sus años. En las reuniones de Buenos Aires era habitual entonces lanzar al aire citas de Sartre, de Breton, de Jean Génet, de las grandes películas que amábamos -Fellini, Billy Wilder, Ingmar Bergman-: Fuentes nos las devolvía todas, enriquecidas siempre con algún detalle que habíamos pasado por alto. Nos habló con entusiasmo de Pedro Páramo y nos deslumbró entretejiendo al azar versos de juventud de José Gorostiza, Salvador Novo y Jaime Torres Bodet hasta componer la música de un poema que era de ninguno de los tres, pero que en modo alguno los desmerecía.
En el balcón coincidimos Roa Bastos, Enrique Pezzoni, José Bianco y el gran actor Francisco Petrone, al que Fuentes admiraba desde que lo vio en Prisioneros de la tierra , el clásico film de Mario Soffici, y en La fuga , una joya rara de Luis Saslavsky. Aunque yo también compartía la admiración por esas obras, apenas abrí la boca. Las había visto muchas veces, pero Fuentes y Bianco las conocían mejor. A pocos pasos del balcón, en el enorme living, Ernesto Sabato se afanaba explicándole a la dueña de casa las teorías del nouveau roman reflejadas en las novelas de Alain Robbe-Grillet. Ella daba la impresión de no entender una sola palabra, pero Sabato lograba mantenerla suspendida en el éxtasis de un lenguaje lleno de citas francesas y de referencias científicas.
Casi enseguida advertí que Petrone, hipnotizado por la belleza celestial de aquella mujer, trazaba en el aire la silueta de su nuca perfecta, del lánguido pelo esponjoso que le caía hasta la cintura, suspiraba sin recato, y muy pronto todos, incluyendo a Fuentes, clavamos nuestros ojos en ella. Luego la vimos perderse en la penumbra de la tarde, guiada por un Sabato solícito. Eso fue todo.
Creí que el encantamiento se había disipado para siempre hasta que muchos años después, hacia 1998, la historia salió de su letargo y reapareció con las mismas melodías del pasado. Una mañana de otoño, cuando caminábamos con Fuentes por una calle cercana a Gramercy Park, en Manhattan, descubrimos al mismo tiempo, en el décimo piso de un edificio de los años 20, varios balcones abombados, de mampostería, que parecían colgar peligrosamente sobre el abismo.
"Esos balcones -dijo Fuentes-, ¿no son exactamente iguales al balcón de Buenos Aires donde toda la literatura latinoamericana se enamoró al mismo tiempo de las espaldas de mujer más hermosas del mundo?" No eran iguales (los de la avenida Quintana son rectangulares), pero la invocación bastaba para que la escena de treinta y seis años antes volviera intacta a mi memoria. Recordé el lugar, recordé la luz dorada del atardecer, la tierna brisa de noviembre que acariciaba la ciudad.
Declinaba, como dije, la primavera de 1962. Fuentes acababa de llegar a Buenos Aires luego de asistir al Congreso de Intelectuales, organizado por la Universidad de Concepción, en Chile, donde había deslumbrado a colegas cuyo lenguaje habitual -entonces como ahora- es el lenguaje del desdén. Serían las siete, tal vez las ocho de la tarde. El crepúsculo tardaba en volverse noche. Fue entonces cuando vimos pasar, bajo esa luz imprecisa, a la mujer con las espaldas más hermosas del mundo. Eramos (yo no lo sabía) huéspedes de su casa. La mujer había enviudado un año antes del investigador médico Carlos Galli Mainini, discípulo del fisiólogo Bernardo Houssay. Galli se había hecho famoso al crear un nuevo método para el diagnóstico precoz del embarazo, inyectando orina de mujer en batracios machos. Lo que ahora suena vetusto y anacrónico entonces era revolucionario. El investigador estuvo casado menos de dos años con aquella diosa inolvidable. Murió cuando acababa de cumplir 47. Las fotos que han quedado de él lo revelan buenmozo y feliz.
Fuentes recuerda las espaldas de la viuda con tanta nitidez como yo: el dibujo suave de las venas bajo la piel traslúcida, el coqueteo de los bucles dorados sobre las orejas. Tenía un pelo largo, fino y melodioso, que se plegaba y desplegaba al compás de sus movimientos, como el telón de un teatro prodigioso. Las espaldas, que el vestido dejaba al descubierto, son difíciles de describir: sensuales, cálidas, inolvidables.
Bianco reveló entonces su nombre: "Se llama Laura", dijo (o Beatrice, o Francesca, cualquier apelativo mítico da lo mismo). Y a continuación enunció un apellido que no supimos retener. "Es famosa por su belleza", nos dijo Bianco. "Más de una vez las revistas de modas de París han enviado corresponsales para tomarle fotos, pero ella siempre se ha negado."
Todos sentimos unos deseos irreprimibles de verla y quizá la hubiéramos perseguido por aquellos salones espaciosos si la pintora Lea Lublin, que andaba por allí y la conocía desde la adolescencia, no nos hubiera dicho: "Se ha encerrado en su cuarto. Todas las tardes, a esta hora, tiene un ataque de pena. Nunca vuelve hasta que se le pasa la melancolía".
Fue lo último que supimos de ella. Culpamos a Sabato por habérnosla arrebatado y durante algún tiempo no se lo perdonamos. Cuando caminamos con Silvia Lemus en busca del balcón, alcé los ojos, volví a ver las luces de aquella tarde de primavera, y detrás de las celosías reapareció la espalda después de su largo exilio en el paraíso. Reconocí el pelo de lluvia de la viuda bellísima, las nubes tiernas de su nuca, el perfil huidizo que temí perdido para siempre. Y en silencio le di las gracias por los dones de una memoria que seguía dentro de mí, por los amigos de aquel día, por las novelas y las películas con que me enriquecieron la vida.
La historia de los hombres se escribe con esos fragmentos hechos de viento. Siempre hay un instante de la vida en el que volvemos a ser lo que fuimos o en el que somos, misteriosamente, lo que nunca pudimos ser.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

GRIPE A: POR QUÉ LOS MÉDICOS NO SE QUIEREN VACUNAR


El Mundo, Madrid, España, 19Nov09
Entre el 60% y el 70% de los galenos tampoco se inmuniza contra la gripe común
Sanidad puede encontrarse con un excedente de 25 millones de vacunas
MARÍA SÁNCHEZ-MONGE
MADRID.- El inicio de la campaña de vacunación frente al virus A/H1N1 ha desatado el debate sobre la negativa de los médicos y otros profesionales sanitarios a seguir las recomendaciones del Ministerio de Sanidad. Desconcertados, los pacientes se preguntan si les conviene aceptar algo que rechazan quienes les atienden. Sin embargo, las reticencias de la mayoría de quienes trabajan en los hospitales y centros de salud españoles tienen poco que ver con la seguridad y mucho con la tradicional resistencia de los galenos a protegerse frente a la gripe estacional.

Cinco doctores rebeldes y otros tantos individuos que van a vacunarse han explicado a ELMUNDO.es las razones que han guiado su decisión. El internista Javier Marco, del Hospital Clínico de Madrid, y el cirujano Pedro Cavadas, responsable del primer trasplante de cara en España, representan las dos caras de la moneda.
El primero ha dado el sí porque lo considera una responsabilidad. El segundo ha dicho que no por su condición de "ácrata sanitario".
Si la pregunta de moda hace unos meses era "¿estás en un grupo de riesgo?", ahora ha pasado a ser "¿te vas a vacunar?". Antes se contaban por millones quienes querían pertenecer al colectivo de personas con derecho a recibir el pinchazo frente al virus A/H1N1, pero en estos momentos son muchos los pacientes que, a pesar de presentar enfermedades que les hacen más proclives a sufrir complicaciones en caso de contraer la gripe A, dudan sobre la conveniencia de ser inmunizados. ¿Qué ha motivado este cambio de parecer?
Pasada la alarma inicial, la ciudadanía ha tomado conciencia de que se trata de una enfermedad leve, con una mortalidad inferior, incluso, a la de la gripe estacional. A esa constatación se une una percepción de que la vacuna no es del todo segura y la creencia de que, si muchos profesionales sanitarios no se la van a poner, por algo será. No obstante, la mayoría de los médicos y enfermeras reticentes a inmunizarse alegan que se trata de una decisión personal que no responde a las características del producto, que ha pasado todos los controles sanitarios. En definitiva, señalan que sí se vacunarían si tuviesen algún factor de riesgo (enfermedades cardiovasculares o respiratorias crónicas, diabetes, obesidad mórbida...).

Gripe estacional
Muchos expertos se han llevado las manos a la cabeza al comprobar el escaso porcentaje de trabajadores de la sanidad que están dispuestos a inocularse la vacuna. Sin embargo, la cifra de objetores de esta temporada será muy similar a la de quienes declinan protegerse frente a los virus gripales que nos visitan cada año: entre el 60% y el 70%.

Las encuestas más optimistas señalan que en torno a la mitad de los sanitarios se vacunará frente a la nueva gripe, pero otras reducen la cifra a apenas el 30% o, incluso, menos. Sanidad adquirió un total de 37 millones del producto porque en un principio se pensó que iban a ser necesarios dos pinchazos para cada persona. Los ensayos clínicos han demostrado que sólo se precisa uno. Por lo tanto, únicamente se emplearán 10 millones de unidades para inmunizar a otras tantas personas que pertenecen a grupos de riesgo y colectivos diana, entre los que se encuentran, entre otros, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los facultativos y el personal de enfermería.
Pero, puesto que la vacunación es voluntaria y no goza de demasiados adeptos en ciertos sectores, Sanidad puede encontrarse con unos excedentes de más de 25 millones de viales.
Los motivos por los que menos del 50% de los trabajadores de los hospitales y centros de salud está dispuesto a seguir las recomendaciones del departamento que dirige Trinidad Jiménez son diversos.
No consideran que tengan una probabilidad de transmitir la enfermedad mayor que cualquier otra persona; juzgan que la decisión de incluirlos en la cobertura vacunal responde a intereses más políticos que sanitarios; consideran que el dinero que se ha empleado para este fin podría dedicarse a otras patologías más graves; algunos opinan que el producto no ha sido suficientemente probado en ensayos clínicos.
Es el caso de Juan Carlos Hidalgo, coordinador del Centro de Salud La Albuera de Segovia. "Esta gripe está siendo más leve que la estacional, de la que sí suelo vacunarme, pero en este caso hay una falta de ensayos clínicos y de información", añade.
Para el cirujano Pedro Cavadas, en cambio, no se trata de un problema de seguridad. "Si la Organización Mundial de la Salud recomienda que el personal sanitario se vacune me parece perfecto, pero yo no voy a hacerlo porque soy un ácrata sanitario", remarca contundente.
Julio Bonis, médico de familia de un centro de salud madrileño considera que los motivos de incluir a la profesión médica entre los grupos de vacunación no tienen que ver con el riesgo para los pacientes.
"Nos piden que nos vacunemos para que no contraigamos la gripe y faltemos al trabajo", asevera. Por su parte, el pediatra del Hospital Niño Jesús de Madrid, Aser García, subraya que no tiene intención de vacunares ya que no tiene ningún factor de riesgo. "Las personas que sí los presentan sí deberían inmunizarse", recomienda.

Responsabilidad ética
La otra cara de la moneda la ofrecen los representantes sanitarios que ven escandalosa la actitud de sus colegas rebeldes. Es el caso de Máximo González Jurado, presidente del Consejo General de Enfermería, quien recibió el pinchazo de la vacuna de la gripe A ante los medios de comunicación para dar ejemplo a sus compañeros de profesión. "Este panorama no es una novedad. Los profesionales sanitarios siempre nos hemos creído por encima del bien y del mal", afirma.

"Te acostumbras tanto a trabajar con riesgo que se te olvida que existe", agrega. "Somos los que estamos recibiendo a las personas enfermas y podemos ser transmisores de la infección a pacientes mayores, con enfermedades crónicas o inmunodeprimidos", subraya el enfermero. En su opinión, Sanidad podría haber optado por obligar jurídicamente a los sanitarios a inmunizarse, tal y como ha hecho Estados Unidos, para evitar que el sistema sanitario se resienta si contraen la infección muchos trabajadores al mismo tiempo. En todo caso, subraya que para él se trata de un deber "desde el punto de vista ético".
Tanto González Jurado como el presidente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), Luis Aguilera, coinciden en señalar que el hecho de que las tres vacunas que se han aprobado en España cuenten con el visto bueno de las agencias nacional y europea del medicamento es garantía suficiente de su seguridad. Aguilera también se va a vacunar por su condición de "profesional sanitario en contacto con enfermos".
La necesidad de cortar la diseminación de la pandemia es una de las razones que aduce Javier Haya, del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Santa Cristina de Madrid, para inyectarse el medicamento. Lo mismo opina Juliana Fariña, presidenta del Colegio de Médicos de Madrid, quien aleja cualquier temor sobre las sustancias que se han añadido al producto para que sea capaz de provocar una mayor respuesta inmune (adyuvantes). "Tienen algo que no gusta: que producen mayor dolor y reacción local", puntualiza.
El debate sobre los efectos adversos de dichos componentes químicos, que en España no se incluirán en las vacunas que van a recibir las embarazadas, sigue abierto. Así, un sondeo realizado en Alemania reveló que sólo el 12% de los ciudadanos de dicho país tenía intención de inmunizarse frente al virus A/H1N1 por las reservas de los expertos respecto a la seguridad de los adyuvantes.
El presidente del Colegio Alemán de Médicos Generales y de Familia declaró hace unas semanas que una de las vacunas no ha sido lo suficientemente probada para ser administrada a millones de personas, especialmente niños y mujeres embarazadas.
Albert Jovell, médico y presidente del Foro Español de Pacientes, no comparte ese temor. De hecho, fue de los primeros en vacunarse el lunes pasado. Lo hizo, explica, por responsabilidad institucional y porque tiene plena confianza en sus compañeros de Medicina Preventiva que han desarrollado esta inmunización "valorando sus riesgos y beneficios".

Administración por ley
Aunque se trate de una enfermedad que curse con síntomas leves en la mayoría de los casos, Jovell considera que la sanidad no se puede permitir una epidemia de bajas. "La población no puede llegar a unas urgencias que estén desatendidas", alega. El carácter benigno de la patología es, precisamente, la principal razón por la que el Ministerio ni siquiera se ha planteado la obligatoriedad de la inmunización. En cambio, Estados Unidos sí que lo ha hecho, para satisfacción de algunos especialistas y disgusto de otros.

Alexandra Stewart, de la Universidad George Washington, comenta en el último número de 'The New England Journal of Medicine' la pertinencia de esta medida. Cree que el Gobierno y los órganos jurídicos deben tener en cuenta la autonomía personal de los profesionales sanitarios, reconocida en la Constitución estadounidense, pero, en caso de que se presenten demandas judiciales, no sería la primera vez que los tribunales dan preferencia a la salud de los pacientes.
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Texto elaborado con información de Ángeles López, Laura Tardón y María Valerio.

lunes, 23 de noviembre de 2009

UNA LARGA TRAVESÍA PARA DARLE AL BALLET SU TRAVIATA

La Nación, Buenos Aires, Argentina, 23Nov09
Tras dos años de trabajo, el bailarín platense estrenó en Salta una versión coreográfica de la ópera de Verdi, que lo tiene como creador, director y protagonista; se verá en el Coliseo desde el 11 de diciembre
Por Constanza Bertolini
Enviada especial
SALTA.-


Estaba en la Het Muziek- theater Opera House holandesa, donde habitualmente baila, pero aquella vez se ubicaba en la platea, para ver una puesta de La traviata con riesgo artístico, fuera de su época, recontraminimalista. Por ser de esos bailarines que frecuentan la lírica, no quería perdérsela. Igual que en su nueva hazaña, la introducción pasó a telón cerrado. Como sus ojos esa noche, cuando una idea empezaba a sonarle en la cabeza. Era un mantra: tenés que hacer algo con esta música. "Y se abrió el telón y no me preguntes qué pasó porque no vi nada de lo que se puso en escena. Sólo los pasos, que se me venían a la cabeza, todos de una vez. La traviata era, entonces, un sueño que jamás creí que iba a realizar".
Iñaki Urlezaga acaba de estrenar en la ciudad de Salta su versión para ballet del clásico de Verdi, en el Teatro Provincial. Tras el debut para invitados del jueves, las funciones del viernes y anteayer estuvieron agotadas, y en escena, Ballet Concierto (el team que creó y dirige el platense, de 33 años, desde hace diez) se sintió más cómodo y suelto, como perdiendo los nervios de concretar una ilusión cobijada tanto tiempo. "Fue una travesía muy larga", repite el bailarín, junto a la ventana de un bar vecino a la Plaza 9 de Julio, y se embarca en un relato por esos dos años que pasaron desde que le confesó sus ganas de innovar al director de orquesta Luis Gorelik. "Si vos te animás, yo te acompaño con los arreglos musicales", me dijo.

-¿No le pareció un disparate reemplazar la voz por el movimiento?
-Nunca. Yo tampoco le tenía miedo a eso; se han llevado óperas al ballet, como Carmen , y de la mano de una persona creativa sabía que se podía lograr. Pero te metés con un monstruo. Lo que se me hacía difícil era encontrarle una dinámica musical: si un cantante tarda 32 compases en llegar de un chezlong a otro, un bailarín lo hace en cuatro. La estructura de la obra fue lo más complejo.
-En dos actos, en vez de tres, sin modificar la historia original.
-Sacamos música. La historia es muy sencilla y concreta, pero sanguínea. No soy de los que creen que La Gioconda con los años se puede alivianar y darle una nueva mirada. Si uno le quitaba la estirpe a la obra, no iba a ser lo que es: una obra maestra. Hoy me doy cuenta de que sacándole la voz a Verdi, la música suena como si hubiera sido escrita para ballet; yo no extraño la voz; la música es tan poderosa que para mí no falta nada.
-¿Cómo te llevaste con el multistasking ? Acá sos el coreógrafo, el director, el protagonista.
-No fue fácil. Me enfermé, me engripé, me quedé sin voz y siempre me recuperaba, a pesar del gran estrés que genera hacer esto en un país tan difícil, donde no tenés ayuda económica. Tuve el aporte de Salta, para hacerlo con la Orquesta Sinfónica, que también tocará en Buenos Aires. Siempre digo: tanto le da uno al país, y los gobiernos, a veces, qué ingratos son. Defienden tan poco a los artistas. Pedí ayuda a la provincia de Buenos Aires, a Presidencia, y no se me cayeron los brazos. Pero el arte no va con los tiempos políticos, y éste era un proyecto que ya tenía procesado y lo quería sacar. Ahora, ojalá el público acompañe con la venta de entradas; si no, me fundo para siempre.

La última frase no llega en tono publicitario ni suena a graciosa exageración. Más tarde, Marianela Urlezaga ("mi hermana es todo"), mujer orquesta en la empresa Ballet Concierto -que, para sumar familiaridad, tiene a la tía Lilian Giovine en la dirección artística-, confesará que esta producción costó un holgado millón y medio de pesos. Claro que sin los vestidos de Verónica de la Canal o las escenografías de Daniel Feijoo, decididamente, esta t raviata no hubiese sido lo mismo.
Extraño caso de frescura, a Iñaki uno le cree su optimismo empedernido ("la vida siempre te da otra oportunidad") y sus buenas intenciones ("lo que más me alegra es darle al mundo de la danza una nueva obra, desde un lado no egoísta") tanto como las críticas que emite, sin dobleces. "En el Colón se va un director y viene el siguiente y no le importa los desastres que dejó el anterior", apunta, por ejemplo, tras la experiencia de haber hecho en 2008 una Carmina Burana en coproducción con el teatro que, según cuenta él, terminó con incumplimientos económicos. A otra escala, también sin rubores, opina: "Las ideas, la creatividad, las preguntas que uno se hace contribuyen a que la vida siga siendo fresca y nueva, porque sino te morís de aburrimiento. Si toda la vida bailara La b ella durmiente, Don Quijote y El cascanueces estaría muerto en vida". Por momentos, la ex primera figura del Royal Ballet es contundente ("Nunca más le daría a un director las riendas de mi carrera"); en otros, generalmente después de las seis de la tarde, se convierte en el ser más informal del planeta. "Pierdo el celular cinco veces por semana; me olvido las llaves de casa; nunca sé dónde están las tarjetas de crédito. Toda la estructura que tengo para la danza (son cinco minutos de pausa y si son seis, me vuelvo loco), no es para mi vida personal. Porque las llaves siempre aparecen y el vuelo se retrasa e igual me va llevando.

-¿Ya tenés en mente tu siguiente proyecto? -No, pero si pudiera ponerme desnudo en el escenario con una silla de hierro y un taparrabos? Será lo opuesto a esto, algo despojado, que no tenga 120 personas ni grandes escenografías. ¡Se me vienen a la cabeza los corsets de Verónica de la Canal!
-¿Cómo creés que recibirá la obra el público del ballet y de la ópera?
-Anoche estaba todo el mundo de pie y, si soy honesto, tengo que decir que me sorprendí. Traté de hacer un producto bueno. A uno le puede gustar o no lo que ve, pero con ciertos parámetros no se puede dejar de apreciar si es bueno o malo. No sé... Tenés un Víctor Hugo Morales que me imagino que le va a encantar, porque lo veo como una persona abierta. Y a esa gente que no acepta que La t raviata no esté cantada por la Tebaldi, menos le va a gustar verla en ballet.

El vestuario y la escenografía, pilares de la producción
Es la historia de un amor como no hay otro igual. O sí, porque el romance, el engaño y la muerte que viven Alfredo y Violeta en La traviata de Verdi/Urlezaga, como en la ópera, es la misma que Dumas escribió en La dama de las camelias . Existe un antecedente coreográfico en Moscú que no fue base ni influencia de esta versión coreográfica. Aquí, al principio, se percibe un perfume a Romeo y Julieta y, al final, otro a Manon . En el medio, un grupo de toreros (¡cómo olvidar el film de Franco Zeffirelli, con Vassiliev y Maximova!) se mueven alla Don Quijote . Ni una ni otra ni la última son citas literales, pero la novedad, evidentemente, lleva la autoría de quien tiene muy transitado, y aun en el cuerpo, las grandes obras del ballet.
En una producción donde la escenografía y el vestuario adquieren gran presencia (brillo, arañas, escaleras y muchos espejos), Ballet Concierto sale a escena con refuerzos en sus filas y figurantes para cubrir los roles que la pieza demanda. Del brindis y los amigos a pasajes más íntimos, el trabajo de Eliana Figueroa, bailarina principal de la compañía, se pone de relieve en la construcción de Violeta. Ella e Iñaki, como Alfredo, muy dramáticos.
"La danza clásica cuenta con pantomimas y yo no quería eso; tampoco, un contacto con el público; buscaba que la obra transcurriera como en el teatro. Mi ambición era lograr un caudal de expresión que acompañara la música y supiera explicar lo concreta y fuerte que es esta historia." De todas, esta voz corresponde al Urlezaga coreógrafo, que concluye: "Tal vez en algunos años algo cambie, pero hoy no le modificaría ni una coma". Entre sus influencias, señala la estructura de las obras tradicionales (protagonistas, personajes, cuerpo de baile) y la forma de narrar, el "hilván" de los ingleses.
Así transcurre: de la fiesta en la casa de la protagonista a un segundo cuadro más íntimo, en el campo, donde el bailarín tiene un solo de lucimiento. Tras el intervalo, otra fiesta exuberante. Al final, en la habitación de Violeta, Urlezaga baila con el peso muerto de su amada en brazos, mientras un desfile de carnaval, a la vera del lecho, enciende el momento cumbre de la puesta.

Cómo será la puesta en Buenos Aires
A partir del 11 de diciembre, a las 20.30, y en tres funciones consecutivas, La traviata , ballet en dos actos y cuatro cuadros, con música de Giuseppe Verd y coreografía de Iñaki Urlezaga, subirá en escena en el Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125. Como en Salta, la interpretarán Ballet Concierto y la Orquesta Sinfónica de esa provincia, que dirige Luis Gorelik. En esta ocasión, la escenografía de Daniel Feijoo y el vestuario de Verónica de la Canal y Iaia Cano subirán su apuesta, con más arañas, ampliaciones en decorados y nuevos trajes. Las entradas están en venta en la boletería del teatro y por Ticketek, entre 60 y 240 pesos. La producción hará su primera escala internacional en Madrid en mayo de 2010.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

"INTERNET Y LA TV PUEDEN ACELERAR EL ODIO Y LA INTOLERANCIA"


La Nación, Buenos Aires, Argentina, 18Nov09
Mori Ponsowy
Para el escritor norteamericano, en esos medios los valores humanos están en retroceso.
Para LA NACION
George Saunders era un escritor de culto en los Estados Unidos hasta que su último libro de ensayos, The Braindead Megaphone (algo así como El megáfono descerebrado), salió a la luz y se convirtió, casi inmediatamente, en un best seller.
El libro desarrolla la idea que Saunders expuso en la entrevista con La Nacion: "La era de la hipercomunicación, con Internet y la televisión, puede acelerar el odio y la intolerancia". De un día para otro, este autor de cuentos y novelas que satirizan la cultura corporativa y el consumismo recibió invitaciones para ir a decenas de programas de radio y televisión... para hablar de un libro cuyo eje central es, precisamente, la creciente banalidad de la televisión norteamericana y el daño que puede causarles a los espectadores.

"Imaginemos una fiesta. Los invitados hablan sobre temas que les interesan, dan voz a sus opiniones y escuchan atentamente las de los demás -escribe Saunders al comienzo del ensayo que da título al libro-. De pronto entra un tipo con un altoparlante. No es el más inteligente de la fiesta, ni el más experimentado, ni el más articulado. Pero tiene ese megáfono." Intuitivo, informal: así es este hombre de 51 años. Saunders no es un filósofo ni se dedica a crear un pensamiento sistemático, sino un escritor y ensayista sensible que intenta transmitir los temores que el mundo actual le inspira.

-Cuando nuestros hijos sean adultos habrán visto una inmensa cantidad de asesinatos y muertes en la televisión, el cine, los videojuegos. ¿Cree que esto afectará de algún modo su sensibilidad y su relación con el prójimo?
-Me parece que debe afectarlos, ¿no cree usted? Cuando mis hijos eran pequeños, hice todo lo posible por restringir la cantidad de violencia que veían. Luego, mi esposa y yo pensamos que los estábamos formando mal, y aflojamos las restricciones. Nunca olvidaré lo que sucedió después. Les mostramos lo que, para mí, era una película bastante inocua, Los cazadores del arca perdida . Y nuestra hija, que tendría diez años, se puso a llorar cuando vio el cadáver del ayudante de Indiana Jones. El tipo muere cuando una lanza le atraviesa el pecho. Y yo pensé: "Dios mío, le he mostrado adrede un asesinato a mi hija como si no fuera gran cosa, ella reaccionó de la manera en que cualquier ser humano decente reaccionaría ante un asesinato... ¡y mientras tanto yo estaba sentado a su lado, comiendo pochoclos!"

-¿Piensa que la violencia, la política y la moral son diferentes ahora que en el pasado? ¿Qué hace, a su juicio, que nuestra época sea tan distinta de las anteriores?
-Tal vez nada haya cambiado. Pero parte de la dinámica del mundo ha sido siempre que el sector con tendencia hacia la tolerancia y la empatía ha estado diciendo "¡alerta!". Así que tenemos que seguir haciendo eso, aunque más no sea para conservar el equilibrio. Sin embargo, tengo la sensación de que nuestro increíble poder de comunicación acelera las cosas: acelera el odio, acelera la intolerancia. Tal vez esto obedezca simplemente a que el número, la frecuencia y la capacidad de seducción de nuestras comunicaciones electrónicas empiezan a opacar las comunicaciones de escala más humana. Caminamos todo el día por ahí sin prestarles atención a pequeños actos de generosidad, actos humanos, que muchas veces ocurren frente a nuestras narices. Esto nos debilita y nos hace pasivos. Cuando reviso mi e-mail , cosa que hago unas 400 veces diarias, la página de AOL siempre está ahí vociferando algo monstruoso: "¡Un hombre devoró a su propio cachorro!" "¡Asesino asesina a otro asesino!" La frecuencia y el grado de espanto son mucho más altos que en la vida real. Es una especie de retrato animado megaviolento acerca de la vida. ¿Y por qué? Por el rating.

-Usted ha escrito mucho acerca de la "falsa urgencia" de los medios norteamericanos y, sobre todo, de la televisión. En su opinión, ¿cuáles son las cosas realmente importantes de las que los medios deberían estar hablando?
-Creo que no se trata tanto de qué hablan los medios, sino de cómo lo hacen. No sé cómo son las cosas en la Argentina, pero en los Estados Unidos parece que el principal objetivo de los canales que transmiten noticias las 24 horas es dejar al espectador agitado, molesto, resentido y enojado con aquel que se percibe como "otro". ¿Y por qué? Bueno, por el rating. Esto es tremendamente cínico y no tiene nada que ver con construir un mundo mejor. Se trata, simplemente, de un entretenimiento perverso.

-No podemos legislar contra la banalidad de los medios audiovisuales, pero quizá podríamos legislar para tener una mejor educación. ¿Qué sucedería si los niños fueran advertidos sobre el poder del rating? ¿Cree que esto sería posible?
-Me parece una gran idea. En Estados Unidos, en el nivel universitario, hay algunas materias relacionadas con lo que usted plantea. Pero creo que sería bueno que también en las escuelas primarias y secundarias se hablara sobre esto. Y es que hay un arma gigantesca, millonaria, seductora y muy poderosa apuntada hacia nosotros. El propósito de esa arma es enriquecer a quienes controlan el arma. A veces esa arma parece atentar contra nuestra humanidad más básica. Así que, ¿por qué no habríamos de protegernos aprendiendo acerca del arma? Quién la controla, cómo funciona, cómo es la índole de sus distorsiones, quién se aprovecha de ella. Esto, me parece, es la base de una buena ciudadanía.

-En uno de sus ensayos, usted habla sobre la necesidad de resistir la tendencia a generalizar. ¿No es eso lo que hace la buena literatura? ¿Quizá la política sea el arte de generalizar y la literatura de lo específico?
-Me parece que tiene razón: lo específico, lo singular, es la literatura. Cuando imaginamos completamente, en detalle, nuestra tendencia a odiar a un "ellos" abstracto se desvanece. Para mí, el secreto está en tratar de recordar que la otra persona, quienquiera que sea, es muy parecida a mí. Que es casi igual que yo. Y de esto trata la literatura: de proporcionar una especie de meditación guiada hacia dentro de la cabeza de otra persona, hasta lograr que esa persona nos importe.

El personaje
GEORGE SAUNDERS
Escritor
Edad : 51 años.
Nació en : Texas, Estados Unidos.
Estudios : comenzó con ingeniería geofísica, pero luego obtuvo un máster en Creación Literaria.
Profesor : enseña Escritura Creativa en la Universidad de Siracusa, Estados Unidos.
Premios : sus cuentos fueron galardonados con el National Magazine Award, en 1994, 1996, 2000 y 2004. En 2006, recibió una beca Guggenheim. 

martes, 17 de noviembre de 2009

UNA VISITA GUIADA POR LA CASA ROSADA


La Nación, Buenos Aires, Argentina, 17Nov09
Se realizan todos los sábados, domingos y feriados de 10 a 18, cada treinta minutos, es conducida por los granaderos y no se exige DNI para ingresar. Durante el recorrido, que dura aproximadamente veinte minutos, se puede conocer el Salón de los Bustos, los Patios, el Ascensor presidencial y los Salones del primer piso. La entrada es gratuita y se accede por Balcarce 50.
Por: Por Cecilia Profetico
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PAUL HOBBS, REY DE TINTOS


La Nación, Revista, Buenos Aires, Argentina, 16Nov09
Fue el experto extranjero que le dio fama mundial al malbec argentino. Ahora va por nuestro cabernet.
Por Sabrina Cuculiansky
Traducción: Gabriel Zadunaisky

Foto: Daniel Pessah
Nació en el norte de Nueva York, en el seno de una familia de granjeros, y aunque su madre prohibía el alcohol en la casa él plantó una vid en el fondo.
Más tarde se convertiría en uno de los enólogos que hicieron famoso el Napa Valley, en California, por sus vinos del Nuevo Mundo. En esa región, fue uno de los protagonistas de la elaboración de vinos en la bodega de Robert Mondavi. En 1985, llegó desconfiado a Mendoza y se enamoró: del paisaje, de las tierras y de las mujeres...
Con sus vinos, logró posicionar la uva malbec, despreciada en Europa, como una de las más buscadas, e impuso esta variedad como el vino argentino en el exterior. Era un soltero empedernido, abocado a la investigación de los terruños, que pensaba llegar a viejo en la viña. Pero va por su segundo matrimonio con argentinas y tiene una hija que vive en Mendoza.

Paul Hobbs es íntimo del influyente crítico de vinos Robert Parker y comparte copas con Michel Rolland cada vez que lo cruza en algún continente. En el top 5 de los winemakers internacionales, aunque no le gusta que lo llamen fly winemaker, viaja por el mundo asesorando bodegas.
Hace un par de años que Hobbs experimenta en nuestro país con el rey de los tintos, el cabernet sauvignon, y asegura que el argentino está entre los mejores del mundo, junto con el francés y el de los Estados Unidos. Su próximo paso: obtener 100 puntos con el vino y llevarlo triunfante por las góndolas internacionales.
-¿Qué diferencia a un vino bueno de uno malo?
-Los buenos vinos tienen fruta, tienen complejidad y tienen encanto, lo que significa que son una bebida que se disfruta, que da placer. Los "vinos malos" serían lo opuesto: difíciles de tomar. Extremadamente ácidos, tánicos, faltos de fruta o con características desagradables. Eso difiere para cada individuo y es altamente subjetivo. Por eso, incluso los mejores vinos sólo lo son para algunos paladares.
-¿Qué es un vino con arte?
-Son los que muestran más complejidad y personalidad. Tienen un componente artesanal, son más elegantes, más pulidos, se puede ver el equilibrio. El vino producido artísticamente tiene un equilibrio que no se logra en una gran producción. Igual que cuando se pinta un cuadro o se hace una pieza de joyería. Tiene algo que lo distingue; algo único que no puede recrearse ni reproducirse y hace distinto a cada vino.
-¿Cuál es la principal diferencia entre los vinos del Viejo Mundo y los del Nuevo Mundo?
-Lo del "Nuevo Mundo" es difícil de definir: significa pureza y protagonismo de la fruta y, comúnmente, bodegas más limpias. Es una actitud filosófica y mental que pone énfasis en la fruta y en el cultivo de alta calidad. El estilo del Viejo Mundo ha estado cambiando desde hace veinte años, y hoy se acerca cada vez más al del Nuevo Mundo. El público y la prensa están prestando más atención a la fruta y menos a las características típicas que solían tener sus vinos, como el olor animal, a cuero, a caja de cigarros. Para algunos, los componentes no frutales son el verdadero estilo del Viejo Mundo. A mí me gustan ambos. En la variedad está el gusto.
-¿Hay un momento para cada vino?
-Depende de la cocina, del público y del ambiente. Para dar un ejemplo: si estoy en Miami, quiero un vino frutal muy poderoso, lo que no se apreciaría con un vino fino europeo. Pero si estoy en algún lugar de Francia o en Italia, comiendo un foie delicado, quiero algo sutil, con más carácter de madera y notas herbales o florales.
-¿Prefiere la bodega o el viñedo?
-Soy un chico de granja, me gusta el viñedo, pero también disfruto del ambiente técnico. Me gustan las herramientas. Yo quería ser cirujano, me gustan los instrumentos quirúrgicos, los de laboratorio, y la precisión que requiere una bodega.
-¿Y también pensar en el mercado?
-El mercado es estimulante, nos mantiene vivos; es la economía. Hacer vino no es como fabricar cerveza. Es importante pensar qué va a suceder con la economía en el futuro, más cuando uno trabaja con un producto que no va con la moda, que es muy clásico y tradicional.
-Fue el creador del gran malbec argentino que se exportó y que conoció el mundo. ¿Qué le falta lograr?
-Estamos trabajando en darle más estructura y conocer otras regiones de Mendoza para ver qué sucede. Aún hay muchas cosas que no sabemos de la Argentina. Hay mucho trabajo por delante, para estudiar la diversidad y, después, cómo producirla. Y puede llevar cientos de años.
-Después del malbec, le llegó el turno al cabernet sauvignon.
-El cabernet clásico es el de Bordeaux varietal. Si alguien puede competir haciendo un cabernet de nivel internacional se ubicaría con los mejores. Es como el polo: si uno es capaz de jugarlo en la Argentina y en Inglaterra, entonces está al nivel de los campeones. La variedad argentina es un desafío. Es como una variedad de pura sangre; hay que saber trabajarlo para no destruirlo y destruirse. Por eso lleva tiempo desarrollarlo en la Argentina. Michel Rolland me dijo una vez: "Todavía no hay nadie que entienda aquí el concepto de viña de calidad". Pero eso ha cambiado mucho; yo veo una oportunidad y grandes perspectivas para su desarrollo aquí.
Lo otro que hace que el cabernet tarde en imponerse es el dominio del malbec a nivel internacional. Pero hacer un gran cabernet aquí es esencial para poner a la Argentina al nivel de los mejores del mundo. Con el malbec nadie compite con la Argentina, y eso es algo muy importante. A Chile le gustaría tener esa ventaja.
-¿El cabernet argentino tiene que ser premium o para consumo masivo?
-Masivo. Creo que la Argentina con el tiempo será el líder mundial en producción masiva de cabernet. Por supuesto que se necesita un cambio de mentalidad en el mercado, porque cuando se habla de cabernet todavía no se piensa en la Argentina. Pero la Argentina tiene condiciones superiores a las de Francia y de California. Cultivar cabernet es caro, y Francia y California son muy caras. Los costos son enormes y la mano de obra es mucho más cara. Argentina sigue siendo competitiva en términos financieros; el problema es transmitir el mensaje al consumidor. Porque una botella de cabernet argentino de 20 dólares ya es tan buena como una de vino de 40 o 50 dólares. No me gusta decirlo, porque también tengo una bodega en California, pero es cierto.
-¿Es realmente probable que el cabernet argentino sea tan bueno como el francés o el de Estados Unidos?
-Bordeaux y California son los dos lugares reconocidos en el mundo en producir cabernet sauvignon, y la Argentina va a estar al mismo nivel. No estamos tan cerca de eso hoy porque la gente está concentrada en otras cosas. Hay pocos productores trabajando en cabernet de alto nivel. Eso va a cambiar si la gente empieza a decir "queremos ver qué más puede hacer la Argentina". Que se empiece a conocer el torrontés...
-¿Le gusta el torrontés?
-Sí, pero sólo un vaso: es muy poderoso. De todos los vinos de ese estilo, creo que es uno de los más exitosos, por su perfume. Por su sequedad se puede beber un poco más. La mayoría tiende a ser dulce. Por lo que pienso que el torrontés, que sólo se da en la Argentina, tiene un gran futuro. En un nicho, pero con un gran futuro.
En casa de herrero... pinot gris
-¿Grandes vinos o para todos?
-Es importante el vino para todos. Pero se necesita también un Porsche, un ícono al cual aspirar. Hay que producir buenos vinos en todos los niveles. El vino es una bebida social que, en un mundo acelerado, da tiempo para estar con amigos o en familia. Esa es una de las cosas bellas del vino, incluso de los baratos.
-¿Con qué comida y qué vinos se siente en casa?
-En la Argentina como más carne. En California no hacemos tanto bife, por lo que no tomamos tanto cabernet. Hacemos sushi, y mi hija y mi novia prefieren vino tinto, pinot noir. Yo, aunque no lo fabrico, me inclino por el pinot grigio, bien vivificante. No necesariamente tomo vino para acompañar comidas, sino como algo refrescante. Y me gustan muchos tipos diferentes de blancos secos.
Agradecimiento: Hilton Buenos Aires
Más datos: www.paulhobbs.com
www.vinacobos.com

domingo, 15 de noviembre de 2009

LA Ñ, PROTAGONISTA DE LA FERIA DEL LIBRO DE MIAMI


El Mundo, Madrid, España, 16Nov09
Desde el 8 de noviembre hasta el 15 de noviembre
Jorge Barreno | Miami
Sol radiante, azul celeste, puestecillos de colores, niños, olor a papel y a letras, muchas letras. Algunas en español, otras en inglés. La Feria Internacional del Libro de Miami es el festival literario más grande de Estados Unidos. Cada año atrae a más de 300 escritores y a unos 300,000 amantes de los libros.
Los precios económicos y las editoriales raras hacen de este evento todo un espectáculo, a caballo entre el mundo latino y el mundo ‘yanki’. Este año, la Feria, que comenzó el pasado 8 de noviembre y se extenderá hasta el 15 de noviembre.

‘¡Maten a Fidel! o ‘Las aventuras de Buchón’ son sólo dos de los raros títulos de esta insólita concentración librera. El viernes, como no podía ser menos en Miami, meca de la cultura gay, Isabela Rossellini estuvo hablando sobre su porno verde y lo locas que se vuelven los homosexuales cuando llega San Valentín y no tienen pareja.
“Escritores de América Latina, España y otras partes del mundo quieren estar en Miami, sienten una curiosidad por saber cómo en una ciudad que es más bien liviana, light, de la farándula, donde los paparazzi siguen a los artistas en los aeropuertos, existe de pronto un evento cultural de estas dimensiones, con los mejores escritores del mundo”, manifiesta orgulloso Alejandro Ríos, responsable del Miami Dade College, organizador principal del evento.
Entre los escritores ilustres en lengua castellana, además de innumerables narradores cubanos, este año se han dejado ver en la capital latinoamericana Andrés Neuman, Roberto Ampuero, Juanita Castro, Boris Izaguirre, Edmundo Paz Soldán, Cristina Rivera Garza, Carmen Posadas y Angela Becerra.
Al otro lado de la ñ, han estado Margaret Atwood, Al Gore, Barbara Kingsolver, Dr. Sanjay Gupta, Ralph Nader y el Premio Nobel turco Orhan Pamuk.

“Es una de las pocas ferias del mundo que tiene un programa en español y otro en inglés de similar calidad. Miami es la capital literaria de los Estados Unidos durante estos días”, explica Alejandro. “Ha venido gente de otros estados para reproducir la feria y no lo han podido hacer, por algo será, Miami tiene algo. Por eso la conocen como la ciudad mágica. Normalmente son noticias oscuras las que la rodean pero hoy se puede dar una optimista. Que tiene una feria del libro desde hace más de 26 años”, añade el trabajador del Miami Dade College.

Historia de un monstruo
Fue en el año 1984 cuando un grupo de libreros y de bibliotecarios del centro de Miami se acercaron a Eduardo Padrón, actual presidente del Miami Dade College y le dijeron: “Vamos a hacer un evento con libros y autores que se va a llamar Books by the bay”. “A partir de ahí empezó a crecer, y a crecer y a crecer y se ha convertido en el monstruo que es hoy, con más de 300 autores y cientos de miles de visitantes”, concluye Alejandro Ríos. Entre los minilibros, las editoriales pro y anti castristras, las faldas cortas, las hamburguesas a dólar, los niños obesos, las barbies de plástico, las guías espirituales de cualquier religión o secta, los escritos árabes, chinos y judíos, otro elemento llama la atención: el monorraíl azul cielo. “Vengo de Tampa y lo que más me gusta de Miami es el trenecito volador que recorre el centro, es tan chévere”, manifiesta Aurora, una adolescente de 14 años que ha venido a pasar el día.

“Me he comprado ‘The Last Paper Boy’ de Sue Corbett. Me lo ha recomendado un señor llamado Álvaro Vargas Llosa. Me ha dicho que, como dice la autora, dentro de pocos años ya no existirán los periódicos”, comenta intrigada Aurora.
El evento incluyó también mesas redondas sobre democracia en América Latina, nueva perspectiva literaria, diálogo sobre la inmigración en los Estados Unidos o literatura negra iberoamericana. En la Callejuela de los niños hubo cuenteros cubanos, bailes tradicionales, teatro de marionetas o poesía callejera. Toda una fiesta de palabras, en inglés o en español.